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Chontales renueva tradición taurina

El éxito de las montaderas fue el resultado de la combinación de esfuerzos de decenas de juigalpinos y el liderazgo del ingeniero Ryder Laguna Marín

Montadera en Juigalpa

Un sorteador improvisado es lanzado por los aires. Foto: Cortesía

Guillermo Rothschuh Villanueva

27 de agosto 2023

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A Rito Flores, “El Toro”, Joaquín Castro, “Calentura” y José María Hurtado, “Chema Come Cuero”, tres grandes representantes de la tradición taurina chontaleña.

I


Una vez más pude comprobar, que las pausas muchas veces se traducen en goce merecido. Después de cinco años de ausencia, regresé a la Monumental Vicente Hurtado, Catarrán, capital taurina de Nicaragua, como la bautizó con buen criterio, el escritor Arturo Barberena García. El motivo obedeció a que el alcalde, profesor Erwing de Castilla, anunció ante los medios de comunicación, la decisión de achicar sus dimensiones. Una pretensión que rechazan millares de chontaleños. Aun con su silencio, albergo la esperanza que al final se imponga la cordura. De empecinarse, en vez de avanzar, retrocederíamos. Sería un paso en falso. Como argumentó el doctor Freddy González: “Quién no ha estado en la Vicente Hurtado, ‘Catarrán’, no conoce Juigalpa”.

El éxito de las montaderas fue el resultado de la combinación de esfuerzos de decenas de juigalpinos y el liderazgo del ingeniero Ryder Laguna Marín. Conocedor a fondo de los ajetreos que supone organizar un ritual al que los chontaleños rinden culto, en un intento por renovar la tradición, introdujo algunas variantes. Mientras en otras plazas o barreras se empecinan en copiar los rodeos tejanos, Laguna Marín, invitó a un grupo de montadores provenientes de Santa Cruz, Guanacaste, Costa Rica, para que efectuaran montas similares a las escenificadas hace muchos años en las barreras chontaleñas. Una manera de dirigir la mirada hacia atrás y advertir que todavía hay mucho que ver de lo nuestro, sin necesidad de falsificaciones innecesarias. Un paso firme hacia adelante.

Alito Baltodano montó el “Humilde”, de la ganadería de Lenin Álvarez y se lució. Encajado en una albarda de cuero crudo, con estribos; grupera reforzada, polainas y espuelas corredizas, (las tradicionales, como las conocimos en las antiguas montas chontaleñas), ganó aplausos. Montó a la manera que lo hacía en San Pedro de Lóvago, Adolfo Hurtado, Cascarilla. Como recuerda Lenin Flores Fonseca, el más entusiasta era don Polo González. Para acompañar al montador, se lanzaba al ruedo a desafiar al animal. El “Humilde” una vez lazado, fue conducido al bramadero. Como hacían los viejos montadores (Policarpo Amador, Edgard y Chanito Montiel, Alejandro Castilla, etc.), Alito seleccionó a su coterráneo, Ricardo Castilla, para que le ensillara al toro.

Los invitados vivificaron viejos recuerdos, montaron a la vieja usanza, como gustaban montadores provenientes de las haciendas Hato Grande, San José, El Hatillo, Llano Grande, Las Ánimas, Quimichapa, La Auxiliadora, El Cóbano, La Palma, Cuapa, etc. Se fajaron sin utilizar la “berijera” y con espuelas corredizas, “chocoyas”, en el argot campesino. Sería ideal que ya no haya retroceso. La modalidad debería mantenerse. A directivos y ganaderos corresponde determinar, cuántos toros podrían montarse de esta manera, durante las festividades agostinas. Volver al bramadero y abrir la posibilidad para que surjan y se mantengan buenos lazadores. Esos mismos que alcanzaron prestigio y celebridad en nuestras barreras, durante las décadas cincuenta y sesenta.

Basta con recordar tres generaciones de campistos que se catapultaron en la barrera Catarrán. Solamente haré mención de aquellos lazadores que tuve la dicha de ver. Diestros en rubricar su firma con el lazo. En mi cotejo dos de los más emblemáticos, Concho Villagra, proveniente de la hacienda San José y el cuapeño Serapio Aragón. Concho hacía ostentación montando mulas, machos y caballos, que amaestraba con deleite. Por algo fue a Serapio a quien Concho entregó la estafeta. Otros de renombre, el zurdo Francisco Álvarez y César Pineda, indiscutibles maestros con el lazo. Dentro de esta apretada lista, destaca don Ramón Laguna Martínez, heredaría a sus dos hijos, esta pasión contagiosa. Una acostumbre persistente entre las familias chontaleñas.

El caso de la familia Laguna Marín, resulta peculiar, tanto que su hijo Rudy perdió las dos piernas mientras aseguraba la logística de la pólvora que se reventaría durante las celebraciones de 2013. En ese momento se desempeñaba como vicepresidente del comité festivo. La trayectoria de Ryder inicia en 2007 (lleva dieciséis años de participar como integrante de estos comités). Con la experiencia acumulada, previno a De Castilla, no cometer el error de cercenar la barrera. Como muchas personas vinculadas con las fiestas patronales, es un firme creyente qué de realizarse una encuesta entre los chontaleños, especialmente entre los juigalpinos, un 90% se opondría a reducirla. Aspira que la nueva construcción, no pierda autenticidad y su toque popular. Se trata de la barrera del pueblo.

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II

Los organizadores tenían programada una monta “cuape” o cara volteada. Sería realizada por los invitados de Santa Cruz. Dos personas disputarían con el animal, el reto de evitar que les desbarrancara. Una práctica que se estilaba en el pasado. Vi hacerlo en la barrera ubicada donde ahora es el Colegio Regina Mundi. Esta clase de montas fueron ejecutadas varias veces. Continuarían haciéndose en los años sesenta, en la Capital Taurina de Nicaragua, la Monumental Catarrán. Las autoridades edilicias, convencidas de la necesidad de contar con un lugar capaz de responder a la resonancia y expectativas generadas por estas montaderas, acordaron trasladarla a Pueblo Nuevo. Al final la actividad no pudo efectuarse. Los dueños de los toros vetaron a los montadores.

Tampoco pudo realizarse la monta de un macho y un caballo cerriles. ¡Impensable! Los montadores no se fajaron. Es probable que el próximo año —al volver a programarse— podamos apreciar un espectáculo parecido al que acostumbran realizar durante las fierras de ganado. Las montas tendrían otra vistosidad. Nadie se animó a encajarse sobre los lomos del macho “Chimpinilla” ni del caballo “Rififí”, ambos propiedad de Juan Villagra Barquero, dueño de la ganadería Los Ranchos. La programación de estos espectáculos produjo un regreso al pasado, una especie de inflexión, reafirmando lo nuestro, para no seguir copiando servilmente costumbres ajenas a la tradición chontaleña. Confiamos que las actividades se mantengan, con el ánimo de robustecer nuestras fiestas patronales.

Tipica escena durante las corridas de toros en la Monumental Catarrán, capital taurina de Nicaragua. Foto: Cortesía

La calidad de los toros es ostensible, las ganaderías de Dámaso Romano, Lenin Álvarez, Conchito González, J. E. Romero, Feliciano Robles, Miguel Martínez, Carlos Manuel Sándigo, Luis Manuel Taleno, Julio Espinoza, Sergio Argueta, Micael Mayorga, Polo Jirón y de la Asociación Taurina de Boaco, Camoapa y Rama, ratificaron su prestigio.  Disponen de animales de enorme quilataje. Uriel Téllez, “Pinolillo”, Osvaldo Ríos, “Macaco”, Bismarck Sánchez y Ariel Cajina, “Cucharita”, sobresalieron entre decenas de montadores. Dignos sucesores de Orlando Contreras, “El Diablito de Muhan”, Nelo Guido, “El caballero de la manga” y de Orling Enríquez, “El Güerejo”. Un toro excepcional —“El rey del Monte”— se rompió la pata trasera. Una pérdida lamentable.

La transmisión de las corridas a través de la televisión, han mejorado sustancialmente. Un grupo de mujeres, Linda Ortiz, Virgenza Obando y Jazmina Hurtado; igual que Mario Fletes, Francisco Villarreina y el comentarista Milton Carrillo, comandados por Auxiliadora Aragón Bermúdez, despuntaron con gran éxito. Aragón Bermúdez dirige la señal de Canal 17 MTV. El 14 de agosto utilizaron un dron, volviendo más atractiva su propuesta. Los drones fueron utilizados por vez primera en 2015, el periodista Yerry Hernández, sedujo a los televidentes. Mi primo, Carlos Villanueva Vargas, su cómplice, le proporcionó la nave, dando realce especial a sus transmisiones. En esa ocasión el dron se usó de manera indiscriminada. Aragón Bermúdez solo pudo hacerlo brevemente.

Como todos los años, al menos de los muchos que puedo dar testimonio, las lluvias irrumpieron el 14 de agosto, sin esperar a que terminara la canícula. El color de los capotes, rojo, amarillo, azul, gris, negro y verde, daban una tonalidad distinta. El agua se empozó frente a la manga y en la puerta de salida del Coso. Viajé hacia atrás y sentí que la lluvia empapaba mi cuerpo, una vivencia que disfrutamos en varias oportunidades. El palco en la antigua barrera, ubicada 100 metros al este de la iglesia parroquial, medía apenas 60 varas. El frente miraba hacia la cordillera de Amerrique. El color del capote de hule que estrenaban decenas de campistos con sus mulas, machos y caballos, era monocromático: marrón. Los aguaceros anegaban una barrera sonzocuitosa.

El último día —el 16 de agosto— estrenaron la canción Morir Soñando. La composición se debe a los jóvenes, Pedro Rivas, autor e interprete; Manuel Cienfuegos, hizo el arreglo musical y la producción corrió bajo responsabilidad de Milton Abaunza. El Morir Soñando, hunde sus raíces en Camoapa. Después de publicar una crónica, Andrés Mendoza, me aclaró que fue llevado a esa ciudad en 1948, por el juigalpino Servio Tulio Báez. Demetrio, el cantinero, mejoró la formula. Con su muerte, Pancho Papiro, heredó sus dones. En Juigalpa el Morir Soñando apareció hasta en los ochenta, por iniciativa de Francisco Medrano, Manuel Miranda, el “Chivo” y Goyo Mena. La diferencia estriba que el de Camoapa se prepara con maíz y el de Juigalpa con guaro de caña.

¡Sírvanme otro trago por favor! ¡Brindo por la salud de ustedes!

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Guillermo Rothschuh Villanueva

Guillermo Rothschuh Villanueva

Comunicólogo y escritor nicaragüense. Fue decano de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Centroamericana (UCA) de abril de 1991 a diciembre de 2006. Autor de crónicas y ensayos. Ha escrito y publicado más de cuarenta libros.

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