Logo de Confidencial Digital

PUBLICIDAD 4D

PUBLICIDAD 5D

Brooklyn Rivera: una conciencia encarcelada

Los carceleros Ortega y Murillo deben presentar prueba de vida de Brooklyn Rivera. Es un deber moral, costeño y patriótico pedir su liberación

Brooklyn Rivera, líder miskitu.

Yatama leader Brooklyn Rivera / Photo: Confidencial

Miguel González

AA
Share

El 29 de septiembre de 2023, agentes de la Policía Nacional irrumpieron en el domicilio de Brooklyn Rivera Bryan, en la ciudad de Bilwi, en la Costa Caribe Norte del país. Sin orden judicial, sin cargos formales presentados ante su familia, sin explicación alguna, se lo llevaron. Desde ese día, Brooklyn —histórico líder Miskitu, fundador del movimiento político YATAMA y referente indispensable de las luchas por la autonomía indígena en Nicaragua— ha permanecido recluido bajo las condiciones más opacas que admite la crueldad de un régimen que ha hecho del silencio y la impunidad sus armas más eficaces.

Más de dos años han transcurrido. Durante catorce de esos meses, Daniel Ortega y Rosario Murillo negaron incluso que lo tuvieran detenido. Fue solo durante el Examen Periódico Universal de la ONU, en noviembre de 2024, ante la presión de delegaciones de Brasil, Noruega, Canadá y otros Estados, que el régimen reconoció por primera vez la detención de Taupla Brooklyn. Lo acusaron, con la retórica habitual del régimen, de traición, conspiración y socavar la integridad nacional —cargos tan vagos como reveladores: el lenguaje del poder cuando no puede justificar lo injustificable.

No hay aquí ningún misterio político: Brooklyn Rivera representa todo lo que el régimen de Ortega-Murillo teme y desprecia.

Representa al pueblo Miskitu que no ha cedido, a una región que ha insistido en su derecho a gobernarse, a una voz que durante décadas ha resistido la lógica de la subordinación y el clientelismo. La Costa Caribe nicaragüense tiene una historia larga y dolorosa de lucha por su autonomía, y Rivera ha sido uno de sus rostros más visibles. Detenerlo no fue un acto impulsivo: fue una decisión estratégica para decapitar simbólicamente una resistencia que el poder central no ha logrado doblegar por otros medios.

La respuesta internacional ha sido inequívoca, y hoy reclama con mayor fuerza. Amnistía Internacional declaró a Rivera prisionero de conciencia y exigió su liberación inmediata e incondicional. La Unión Interparlamentaria, reunida en su 149ª Asamblea en octubre de 2024, escuchó el testimonio desgarrador de Tininiska Rivera, la hija de Brooklyn, quien suplicó ante parlamentarios de todo el mundo que exigieran prueba de vida para su padre.

El Consejo Directivo de la UIP respondió llamando a una delegación formal de investigación. Los mecanismos especiales de la ONU y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos también han sido interpelados, pese a que Nicaragua ha clausurado sistemáticamente el acceso de organismos internacionales a su territorio.

Pero las condenas y las resoluciones, por sí solas, no liberan a nadie. Los carceleros son Ortega y Murillo, y ellos deben presentar prueba de vida de Brooklyn. Excarcelaron a Elizabeth Henríquez, lo que celebramos, pero aún mantienen en sus cárceles a Stedman Fagoth y a Brooklyn.

Lo que hace este caso urgente —más allá de los principios, que ya bastaban— es que informes recientes señalan que la salud de Brooklyn Rivera se deteriora a un ritmo alarmante. Su vida está en riesgo. Un hombre que dedicó décadas a construir puentes entre su pueblo y el Estado, a defender derechos que la Constitución nicaragüense prometió, pero nunca garantizó, podría morir en una celda cuya existencia el régimen tardó más de un año en admitir.

Frente a eso, el silencio no es neutralidad. Es complicidad. Y para quien escribe, es un deber moral, costeño y patriótico pedir la liberación incondicional de Brooklyn.

Las voces que aún pueden alzarse —en los foros internacionales, en los parlamentos de la región, en los medios independientes— tienen una responsabilidad concreta: mantener vivo el nombre de Brooklyn Rivera, porque cuando un régimen entierra a sus prisioneros en el anonimato, o intenta humillarlos mostrándoles en sus cárceles, lo que persigue no es solo castigarlos a ellos, sino advertir a todos los demás, a sus familias y a sus comunidades. Que nadie se mueva. Que nadie hable. Que nadie recuerde.

No debemos dejar que lo logren.

La liberación incondicional de Brooklyn Rivera Bryan no es solo una exigencia de justicia para un líder y para su pueblo. Es una prueba de que la comunidad internacional todavía es capaz de hacer que sus valores signifiquen algo cuando se trata de los más vulnerables, de los que resisten lejos de las cámaras y los grandes titulares. El silencio también es una decisión. Y nosotros aún podemos elegir hablar, escribir.

PUBLICIDAD 3M


Tu aporte es anónimo y seguro.

Apóyanos para que podamos seguir haciendo periodismo independiente en el exilio. Tu contribución económica garantiza que todas las personas tengan acceso gratuito a nuestras publicaciones.



Miguel González

Miguel González

Miguel González (PhD, Universidad de York) es profesor asistente en el programa de Estudios de Desarrollo Internacional en la Universidad de York. Su investigación examina el autogobierno indígena y los regímenes autónomos territoriales en América Latina.

PUBLICIDAD 3D