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¿Biden o plan B?

La decisión sobre el futuro político de Biden descansa en el propio presidente, y es imposible saber qué es lo que hará

Ian Bremmer

9 de julio 2024

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A cuatro meses de la elección presidencial de 2024, los demócratas enfrentan una tormenta política perfecta. La actuación asombrosamente dispersa del presidente Joe Biden en el debate presidencial frente a Donald Trump hizo que las autoridades del partido, los principales donantes y muchos de los votantes que más probablemente votarían por los demócratas ahora exijan un cambio en la parte superior de la boleta electoral.

Hace unas semanas, se creía que la mejor esperanza de los demócratas era respaldar a Biden. Después de todo, no es fácil derrotar a un presidente en funciones. Desde 1932, solo Herbert Hoover, Jimmy Carter, George Bush padre y Trump no han podido obtener una reelección. Los escenarios en los que Biden se retiraría o enfrentaría un desafío creíble en las primarias parecían innecesariamente peligrosos. Cuando los demócratas Harry Truman y Lyndon Johnson optaron por no presentarse a una reelección —en 1952 y 1968, respectivamente—, los republicanos Dwight Eisenhower y Richard Nixon obtuvieron una victoria. De la misma manera, un desafío en las primarias demócratas por parte de Edward Kennedy en 1980 ayudó a debilitar la campaña reelectoral de Carter, lo que terminó con Ronald Reagan en la Casa Blanca.


Con esta historia en mente, la mayoría de los demócratas pensaba que era más seguro apoyar a Biden, un hombre que ya ha derrotado a Trump en una ocasión. Ningún demócrata que aspire a ser presidente algún día quiere ser el que perjudique a un presidente en funciones ya vulnerable.

Pero los crecientes temores sobre la edad de Biden —hoy tiene 81 años y tendría 86 al final de un segundo mandato— se han vuelto el tema central de la campaña, aun cuando Trump enfrenta una sentencia por un delito grave en Nueva York. (¿Qué tal este indicador de lo disfuncional que se ha vuelto la política en Estados Unidos?). Luego de la debacle de Biden en el debate, la junta editorial del New York Times, el periódico por excelencia del establishment de centroizquierda, instó al presidente a bajarse de la fórmula, y encuestas recientes señalan que alrededor de la mitad de los votantes del Partido Demócrata está de acuerdo.

Sin embargo, a menos que Biden decida abandonar la carrera, las chances de reemplazarlo son prácticamente nulas. Durante su recorrida en la temporada de campaña para las elecciones primarias, se garantizó el respaldo de los delegados que necesita para ser nominado en la convención del partido en Chicago en agosto. Estos delegados se comprometieron a respaldar a Biden a menos que él los libere de hacerlo. Asimismo, aun si los demócratas pudieran reemplazar fácilmente a Biden, ¿quién sería el nuevo candidato del partido? Encuesta tras encuesta revela que la vicepresidenta, Kamala Harris, no es más popular que Biden, pero hacerla a un lado en favor de otro candidato amenaza con alejar a un gran número de votantes femeninas y pertenecientes a las minorías.

En cuanto a las alternativas —el gobernador de California, Gavin Newsom, el gobernador de Michigan, Gretchen Whitmer, el secretario de Transporte, Pete Buttigieg, entre otros—, en general no han sido sometidas a prueba en el escenario nacional. Para entender lo rápido que puede tambalearse un candidato no testeado, basta con analizar el intento tan esperado, pero desastroso, del gobernador de Florida, Ron DeSantis, de derrocar a Trump en las primarias republicanas de este año.

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Hasta el momento, Biden no ha dado ningún indicio de que planea dar un paso al costado, y las manifestaciones públicas de apoyo de los expresidentes Barack Obama y Bill Clinton están destinadas a confirmar que el partido sigue adelante. El razonamiento para mantenerse en carrera es que el presidente todavía está en condiciones de derrotar a Trump. En el contexto político hiperpolarizado de Estados Unidos, millones de personas que les dicen a los encuestadores que Biden es demasiado viejo para ejercer un segundo mandato, de todos modos, votarán por él, aunque más no sea para mantener a Trump fuera de la Casa Blanca. Ambas partes creen que el futuro de la democracia estadounidense está en peligro, de modo que la participación de los votantes probablemente sea alta en general.

Pero la colina que Biden debe subir se volverá cada vez más escarpada en las próximas semanas en tanto un flujo constante de funcionarios demócratas anónimos adviertan en los medios que debe hacerse a un lado. Este goteo de cobertura negativa pesará en la capacidad del presidente para dar vuelta la página, al menos hasta la convención del mes próximo. La sola mención de la posibilidad de adelantar la fecha en la que Biden sea formalmente nominado alimentará la especulación de que está asustado, aunque no lo esté. Y todo esto sucederá cuando la campaña de Biden se proponía que la atención de los medios estuviera puesta en las muchas desventajas de Trump.

Por ahora, el Partido Demócrata está paralizado. Desplazar a un presidente en funciones sería una enorme apuesta política; respaldar a un presidente tambaleante podría ser aún más riesgoso. Trump, por su parte, ha gozado de unas semanas maravillosas de buenas noticias. Casi todos sus dolores de cabeza legales quedaron aplazados para después de la elección. Una sentencia ha sido demorada en el juicio de “silencio a cambio de dinero” de Nueva York. Los recientes fallos de la Corte Suprema han reducido la posibilidad de que vaya a la cárcel, y también les recordaron a los votantes conservadores que Trump llevó a la Corte hacia la derecha y que volvería a hacerlo en caso de ganar. Hoy por hoy, los medios están más dedicados a la búsqueda de Trump de un compañero de fórmula que a su propio comportamiento errático.

La decisión sobre el futuro político de Biden descansa en el propio presidente, y es imposible saber qué es lo que hará. Por ahora, parece decidido a permanecer en carrera e intentar cambiar de tema. Pero con cada día que pasa, la presión para un cambio en la cima de la campaña presidencial del Partido Demócrata aumentará. Es un atolladero sin precedentes en lo que ya era una elección presidencial particularmente disfuncional en Estados Unidos.

*Artículo publicado originalmente en Project Syndicate.

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Ian Bremmer

Ian Bremmer

Politólogo y escritor estadounidense. Fundador y presidente de Euroasia Group, una firma de consultoría e investigación de riesgos políticos, y de GZERO Media, una empresa de medios digitales. Miembro del Comité Ejecutivo de la Junta Asesora de Alto Nivel de las Naciones Unidas sobre Inteligencia Artificial.

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