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Dinero, mordidas, y regalitos aceitan la maquinaria de extorsión en las aduanas nicas

Multas y coimas encarecen la actividad comercial en el país, pero los gestores y empresarios no tienen ante quien presentar una queja

aduanas Nicaragua

Control de aduanas en el paso fronterizo de Peñas Blancas. Foto: Tomada de La Nación de Costa Rica

Iván Olivares

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La discrecionalidad sigue cobrando peaje en las aduanas nicaragüenses. Gestionar un permiso o solicitar cualquier tipo de documentación necesaria para poder retirar mercadería propiedad de una empresa o cliente, puede conllevar a sufrir un cobro indebido.

La afectación puede ocurrir en la forma de una duda de valor, o una revisión con multa injustificada. También, una coima para el jefe, o darle un sobre, al funcionario encargado de obtener una firma o un sello para que el proceso siga adelante.

“Los empleados aduaneros no exigen nada ni piden nada, pero las agencias y los clientes saben que tienen que llevar algo de regalo”, narra a CONFIDENCIAL una fuente aduanera que pide mantener el más estricto anonimato. El regalito es casi un requisito ineludible cuando llegan a preguntar cómo va el trámite, la licencia, o la gestión que hayan presentado ante esos funcionarios.

Observa que si el personal aduanero no toma la iniciativa de pedir nada, no es por un alarde de integridad, sino porque ya ha habido despidos por esa causa. Fueron víctimas de represalias por tomar la iniciativa de cometer actos de ‘corrupción no autorizada’.

La corrupción es un problema de vieja data en las aduanas nicaragüenses. De forma sistemática, empresarios, dueños de agencias aduaneras, y gestores que trabajan para esas empresas, han reportado la existencia de esquemas corruptos que imponen de forma injustificada, multas y dudas de valor.

En algunos casos, la razón se explica con dos palabras: “voracidad recaudadora”. A veces, solo con una: “corrupción”.

Coimas para aceitar el sistema

Añade que “ellos no piden nada, pero todos sabemos que no es casualidad que cuando se les da ‘para la gaseosa’, los permisos, las licencias, los pagos u otros documentos que estamos gestionando, salen el mismo día”. Generalmente, el eufemismo ‘para la gaseosa’ se mide en múltiplos de cien córdobas.

Como resultado de esa dinámica, a veces el personal de gerencia llega a sospechar que los gestores no quieren hacer el trabajo, hasta que deciden hacer las gestiones ellos mismos. Ahí es donde comprueban cómo una burocracia coimera lo retrasa todo. “Ni hablar de los permisos: no te los dan porque falta una firma, no le han puesto un sello, o porque el personal está en una actividad del Gobierno”, detalló.

La fuente tiene casi una década de trabajar en el sector. En ese tiempo, ha podido comprobar que el esquema coimero los afecta a todos por igual es igual, sin importar para cual agencia aduanera trabajen.

Rememora que “hace unos años hicieron una purga masiva, y aunque muchos de los despedidos eran personal capacitado, actuaban igual que estos: retrasaban la entrega de los documentos, y había que darles algo”. En contraste, percibe que el personal actual tiene mucho menos dominio de su oficio. Como resultado “imponen rechazos con argumentos incoherentes que uno puede desmontar usando lo que dicen las mismas circulares, pero a ellos no les importa lo que uno diga”.

Esa dinámica genera algunos ganadores: el personal aduanero, sus jefes, y los jefes de sus jefes. También una legión de perdedores, encabezada por las propias agencias aduaneras, las empresas importadoras para las que trabajan, así como los clientes de esas importadoras.

Todo esto representa pérdidas para el cliente y para las empresas aduaneras, porque para el personal de las aduanas no es relevante si la causa de que un documento no se entregara a tiempo, son otras dependencias del mismo Gobierno.

Nada cambia, y no hay dónde quejarse

“Ellos igual imponen multas, o cobros adicionales por almacenaje, demora, etc. y uno no puede reclamar, porque responden que ellos tienen la potestad para poner una multa o retener el permiso, sea que te atrasen unas horas o una semana. Solo te dicen que no está, y da igual, porque no hay dónde quejarse”, describió.

La fuente explica que se afecta la reputación de las agencias de cara a sus clientes, que las eligen confiando en que sabrán hacer su trabajo de desaduanaje en el menor tiempo y con el menor costo posible. Y cuando eso no se cumple, el perdedor es el cliente final, o sea, el consumidor.

“Si los permisos no salen a tiempo, eso genera estadías adicionales en puerto o en frontera, y aumenta el coste final del producto. Y si puede, el importador le cobrará todos esos gastos al consumidor. Por eso es que muchas veces vemos en la pulpería, que el precio de un producto sube de un día a otro”, explicó.

Las aduanas son parte importante de la actividad comercial de un país, y una enorme fuente de recaudación tributaria. De ahí que la fuente opine que “se necesita mucha, pero mucha educación para los agentes, ya que no importa el Gobierno, ellos siempre van a querer sacar dinero al contribuyente”.

Una mejor formación debería apuntar a disminuir las coimas, las mordidas, y el chantaje, pero no sería suficiente. Tendría que existir la voluntad política para hacer lo correcto, y sancionar a los corruptos. Mientras eso no exista “esta institución siempre será así”, opina la fuente. Aunque eduquen a los trabajadores, les pongan cámaras, y estén en constante capacitación y rotación por las distintas dependencias aduaneras.

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Iván Olivares

Iván Olivares

Periodista nicaragüense, exiliado en Costa Rica. Durante más de veinte años se ha desempeñado en CONFIDENCIAL como periodista de Economía. Antes trabajó en el semanario La Crónica, el diario La Prensa y El Nuevo Diario. Además, ha publicado en el Diario de Hoy, de El Salvador. Ha ganado en dos ocasiones el Premio a la Excelencia en Periodismo Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, en Nicaragua.

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