Dictadura difunde imágenes del preso político Steadman Fagot Müller
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Solo en el primer trimestre de 2026, 11 000 trabajadores fueron enviados al desempleo, según las cifras oficiales
Ilustración: Confidencial
Adolfo entraba todos los días a las seis de la mañana a una zona franca. Durante los últimos siete años trabajó ensamblando camisetas en un enorme galerón donde el ruido de las máquinas nunca se detenía. Conocía la rutina de memoria: marcar tarjeta, ponerse su pechera azul, revisar la línea de producción y esperar el sonido que anunciaba el inicio del turno. “Era mi rutina, pero era también parte de mi vida”, dice.
Siempre se quejaba de que el trabajo no era fácil, pero le daba estabilidad. Con ese salario pagaba el alquiler de una pequeña casa, la comida de su familia, la escuela de sus dos hijos y la mensualidad de una motocicleta que usaba para llegar al trabajo todos los días.
Todo cambió un lunes de enero de 2026. Los supervisores reunieron a decenas de empleados y el gerente habló durante pocos minutos: la empresa reduciría operaciones y muchos de los trabajadores quedarían despedidos. “Fue duro quedar desempleado de un momento a otro”, afirma.
Adolfo recuerda que el silencio fue inmediato. “Sentí que el piso se me movió”, cuenta y no alcanzó a escuchar toda la justificación de su despido. Ese día regresó a su casa más temprano de lo normal. Su esposa pensó que estaba enfermo y él tardó varios minutos en decirle que había perdido el trabajo.
Los primeros días sin empleo fueron de mucha incertidumbre. “Me levantaba temprano por la costumbre, pero ya no tenía adónde ir”, recuerda. Aunque buscaba trabajo, le costaba encontrar.
“Uno, no solo pierde el salario”, señala Adolfo. “También pierde la rutina, la seguridad y hasta la tranquilidad de dormir”.
Con el paso de los días comenzaron las preocupaciones económicas. La liquidación apenas alcanzó para cubrir los gastos de la casa.
Aun así, insiste en que no quiere rendirse. Ahora, hace trabajos ocasionales en una pequeña sastrería y vendiendo ropa, junto a su esposa. Gana menos, pero asegura que sigue buscando una oportunidad estable.
“Lo más duro es sentir que después de tantos años, uno puede ser reemplazado de un día para otro”, lamenta Adolfo.
Este hombre de 44 años, guarda la esperanza de que lo vuelvan a llamar. “En las zonas francas hay momentos en que las producciones bajan y necesitan menos personal, quizás la cosa mejore más adelante”, insiste.
María Elena llevaba casi 12 años trabajando en una empresa de manufactura, ubicada en una zona franca de Managua. Cada mañana, se levantaba antes que saliera el sol para preparar comida, alistar a su hijo y tomar el bus que la llevaba al parque industrial.
Detalla que en donde trabajaba ha habido recortes desde hace más de un año. “Pero eran pequeñitos, de apenas unas doce personas”, explica. Sin embargo, fue notando como los pedidos cada día eran menores.
“Empezaron a mandar a gente de vacaciones y ya se rumoraba que vendría una sacudida fuerte de personal”, menciona. Ella intentaba concentrarse en el trabajo, convencida de que su experiencia y dedicación serían suficientes para conservar su puesto. Se equivocó. En septiembre de 2025 se quedó desempleada.
El argumento que le dieron fue que la empresa trasladaría parte de su producción a otro país y por eso decenas de puestos serían eliminados. María Elena se afligió, pero trató de ser positiva. Ella antes había estado en otras dos empresas de zona franca. Una de ellas cerró hace varios años y en la otra también hubo un recorte.
“Las zonas francas son muchas veces inestables, así que ya estoy un poco acostumbrada. Sin embargo, esta vez la cosa se ve más difícil”, confiesa.
“Hay mucho miedo por los despidos constantes en las zonas francas, el ambiente es incierto, nunca se sabe cuándo van a correr o cerrar”, agrega.
Hoy, esta mujer trabaja vendiendo comida y comenta que le va “muy bien”. La empresa que la despidió, les prometió a los trabajadores volver a contratarlos de inmediato “si vuelven a incrementar los pedidos”. “Hay una promesa de volver, pero no sabemos cuándo”, dice María Elena que por ahora prefiere enfocarse en su negocio propio.
En Nicaragua, desde 2023 la cantidad de empleados en las zonas francas han disminuido considerablemente y actualmente hay menos de 100 000 empleados, ubicando al sector en generación de empleos prácticamente a niveles de 2011.
El promedio anual de trabajadores de zonas francas en 2025 era de 116 762 empleados y en el primer trimestre de 2026 el promedio bajó hasta los 96 201 trabajadores. Es decir, se han perdido, en promedio, más de 20 000 empleos.
Sin embargo, al analizar las cifras del Banco Central de Nicaragua (BCN) en detalle los despidos reales son mayores. Hasta diciembre de 2024, había 121 858 trabajadores y hasta marzo de 2026 los empleados reportados son 94 861. Es decir, entre 2025 y 2026 los despidos han sido de casi 27 000 personas.
Solo en el trimestre de 2026 se han perdido 10 954 empleos en las 168 empresas de zonas francas registradas en el país.
El incremento de despidos en lo que va de 2026, va rumbo a acercarse a los 16 043 despidos registrados en todo 2025.
La caída de empleos en las zonas francas se da en un contexto en el que se han perdido más de 43 000 puestos desde 2023, según datos oficiales.
Con respecto al número de empresas de zona franca activas, en los últimos tres años el número se ha mantenido estable. Hasta marzo de 2026 habían 168, una menos respecto al cierre de 2025. Sin embargo, la cantidad es lejana a las 191 que operaban en 2021.
El director ejecutivo de la Corporación de Zonas Francas (CZF), Fernando Sánchez, reconoció en abril de 2026, la crisis en el sector, explicando que los aranceles “recíprocos” impuestos por Estados Unidos en 2025, la disminución en las órdenes de trabajo y la dependencia de clientes únicos provocaron la pérdida de esas plazas laborales.
“Al cierre del año 2025, en el último trimestre, producto de los aranceles recíprocos que había impuesto el gobierno de Estados Unidos, muchas empresas sufrieron falta de pedido de trabajo (…) había unas 20 empresas que se quedaron sin trabajo eso produjo de una reducción en empleos de aproximadamente 15%”, indicó el funcionario.
Sánchez mencionó que el sector maquila, que constituye aproximadamente el 50% o 60% del total del sector de zonas francas, “fue afectado por caída de pedidos de trabajo”, además que muchas de las empresas “trasladaron algunas operaciones a El Salvador, Guatemala y Honduras”.
El funcionario insistió que la “meta” al finalizar el 2026 es tener 120 000 empleos, pero el desempleo ha seguido aumentando en el primer semestre del año.
“Las marcas que habían dejado de colocar pedidos ya están poco a poco volviéndolas a colocar. Había muchas empresas que al inicio de año estaban reduciendo espacios en parques industriales”, señaló Sánchez.
El 7 de marzo de 2026, el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, reformó la Ley de Zonas Francas de Exportación (Ley 917), vigente desde 2015, para que las empresas que ya operan en ese régimen fiscal obtengan beneficios similares —o mejores— a los que recibirán las empresas que operen con base en la Ley 1264 o Ley de Zonas Económicas Especiales de la Franja y la Ruta, vigente desde el 19 de diciembre de 2025.
Las Zonas Económicas Especiales (ZEE), ofrecen diez años prorrogables de exención de impuestos, mientras que las Zonas Francas de Exportación (ZFE), ofrecen 15 años de exención, pero por una sola vez. Los cambios ordenados hacen que ese período de 15 años sea prorrogable de manera indefinida.
La reforma ya vigente, según el director ejecutivo de la CZF, “llega a ampliar los beneficios” y a “motivar a los inversionistas, a las empresas existentes y, a nuevas, a trabajar en Nicaragua”.
Para Amelia, cuando escuchó esa noticia pensó que talvez la situación mejoraría para quienes trabajan en las zonas francas. “Decían que los inversionistas tendrían más facilidades al no pagar impuestos y con esos incentivos poder quedarse en Nicaragua, hablaban de crecimiento de empleos, pero nada de eso ha resultado cierto por ahora”, asegura.
Esta mujer que trabaja como supervisora en una zona franca del sur del país, señala que “la producción sigue bajando” y la empresa donde labora “sigue despidiendo personal”.
“Muchos compañeros que llevaban años trabajando fueron llamados a recursos humanos y salieron con una carta de despido. Algunas eran madres solteras, otros sostenían a familias enteras y nadie está haciendo nada por toda esa gente”, lamenta.
Un “temor generalizado” es el ambiente que existe todos los días en las zonas francas en los últimos meses, describe Douglas, quien lleva más de diez años laborando en varias manufactureras.
“Han corrido gente que tenía poco tiempo de trabajar, pero también personas que llevaban años en las zonas francas y es doloroso. Todos sabemos que podemos ser los próximos corridos, no hay ninguna garantía de estabilidad laboral”, menciona.
“Las empresas pueden seguir disfrutando de exenciones de impuestos durante años, mientras los trabajadores seguimos enfrentando contratos temporales, incertidumbre y el riesgo permanente de ser despedidos”, insiste Douglas.
Uno de los principales cambios para los trabajadores que no fueron despedidos es que, en algunas empresas de zona franca, incluyeron una nueva jornada nocturna.
“Se quedaron con menos trabajadores, pero los que quedamos tenemos que producir más, aunque eso implique jornadas más cansadas y mal pagadas”, comenta Josué, un operario de una zona franca en Masatepe.
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Confidencial es un diario digital nicaragüense, de formato multimedia, fundado por Carlos F. Chamorro en junio de 1996. Inició como un semanario impreso y hoy es un medio de referencia regional con información, análisis, entrevistas, perfiles, reportajes e investigaciones sobre Nicaragua, informando desde el exilio por la persecución política de la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo.
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