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Nicaragua: la “bodega” de cocaína que burla el “muro de contención” del Ejército

Cinco países incautaron 4374 kilos de droga procedentes de Nicaragua entre 2024 y 2026, evidenciando la porosidad de la estrategia de seguridad oficial

Fotoarte de cocaína incautada de Nicaragua

Fotoarte con imágenes de algunos de los cargamentos de cocaína incautados que procedían de Nicaragua. | Fotoarte: Confidencial

Juan Carlos Bow

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Entre cajas de plátanos, sacos de café, en “caletas” o en lanchas rápidas. Más de 4300 kilogramos de cocaína rompieron el llamado “muro de contención”  del Ejército y salieron de Nicaragua, pero fueron detenidos antes de llegar a su destino: Estados Unidos y Europa, de acuerdo con los reportes de incautaciones de autoridades de El Salvador, Rusia, Italia, Honduras y Reino Unido.

Son exactamente 4374 kilos (kg) de cocaína los que salieron de Nicaragua entre enero de 2024 y abril de 2026. La droga —por un valor total de 283.86 millones de dólares— fue decomisada en cargamentos que iban en lanchas, contenedores y camionetas, según los registros de los cinco países.

Unos millonarios quiebres pusieron el foco sobre la porosidad y fragilidad del “muro de contención”, la cacareada “estrategia” de seguridad orteguista, encabezada por el Ejército y la Policía:

  • 1086 kilos incautados en enero de 2024, en Rusia
  •  943 kilos decomisados en marzo de 2026, en Reino Unido

Sin embargo, entre ambas incautaciones CONFIDENCIAL confirmó que hubo decomisos, que al aglutinarse suman otros 2345 kilos de cocaína:

  • 2147 kilos de cocaína incautados por fuerzas de seguridad de El Salvador entre junio de 2025 y febrero de 2026
  • 116 kilos en Italia, en 2024
  • 82 kilos en Honduras, en marzo de 2026

De acuerdo con expertos y criminólogos, esto confirma que Nicaragua ya funciona como una bodega del narcotráfico.

La “muralla” contra el “muro”: El Salvador vs. el Ejército

El ministro salvadoreño de Seguridad Pública y Justicia, Gustavo Villatoro, ha sido el encargado de anunciar los quiebres en su cuenta de X —antes Twitter— y en casi todos detalla que la cocaína siguió “el mismo trayecto y modus operandi: Nicaragua–Guatemala–Estados Unidos”.

Las menciones de Villatoro sobre Nicaragua valieron para que el Ejército de Nicaragua emitiera dos notas de prensa negando que la droga salió del territorio nicaragüense. Estas han sido las únicas ocasiones en que las Fuerzas Armadas o alguna institución de seguridad del país se refieren a un quiebre de droga con origen en Nicaragua. No han dicho nada sobre las millonarias incautaciones en Rusia, Italia o Reino Unido.

El ministro Villatoro “de manera reiterativa ha afirmado en cuatro ocasiones que dichos cargamentos de droga tienen procedencia de territorio nicaragüense, lo que rechazamos categóricamente, cuando está demostrado que la droga proviene del sur de la región, navegando en aguas lejanas de nuestros litorales”, afirmó la Comandancia General del Ejército de Nicaragua, en un comunicado el 14 de enero de 2026.

El ministro salvadoreño define a El Salvador como la “Muralla del Pacífico” y, en seis ocasiones, ha mencionado a Nicaragua como el origen de la droga incautada.

En una publicación, el 30 de julio de 2026, señaló a “estructuras regionales” y “grupos del crimen transnacional” por otra incautación de 688 kilos —por un valor de 17 millones de dólares—. La publicación tiene la misma forma que las anteriores,  aunque en esa ocasión no mencionó el nombre de Nicaragua.

El Ejército nicaragüense aseguró en sus comunicados que “en Nicaragua no existen carteles de la droga, no tenemos maras, no somos bodega del narcotráfico y continuamos fortaleciendo nuestra estrategia de Estado ‘Muro de Contención’ en la lucha contra el narcotráfico y crimen organizado”.

La técnica del “enfriamiento”: Por qué Nicaragua es bodega

Pese a que las fuerzas de seguridad nicaragüense insisten en el discurso del “muro de contención” y niegan que el país sea una “bodega” del narco, los 4374 kilos de cocaína de “Nicaragua” muestran otra realidad. “Nicaragua no produce cocaína, entonces esa droga estaba almacenada en el país”, opina un experto nicaragüense en temas de seguridad, que habló bajo anonimato.

El almacenamiento o “embodegamiento” de drogas se ha consolidado en los últimos años como una pieza clave dentro del engranaje del narcotráfico en Centroamérica. Más allá de ser un simple corredor de tránsito, la región —y particularmente países como Nicaragua— se ha transformado en un espacio donde los cargamentos permanecen ocultos, se consolidan y se redistribuyen según las necesidades de las redes criminales.

La criminóloga costarricense Marcela Ortiz sostiene que la región ha evolucionado hacia un modelo de “reexportación”, donde el “embodegamiento” o “almacenamiento estratégico” es la pieza clave para conectar la producción masiva de Sudamérica con los mercados hambrientos de Norteamérica y, cada vez con más fuerza, de Europa.

La posición geográfica de Centroamérica la convierte en un “puente natural” indispensable. El proceso, según Ortiz, comienza con la recolección de las mercancías ilícitas en países productores como Colombia, Perú, Ecuador y Bolivia. Una vez que el producto ingresa al territorio centroamericano, principalmente por vía marítima mediante lanchas rápidas o go-fast, inicia la fase crítica del “embodegamiento”.

“Acá se almacenan, se enfrían, por decirlo de alguna forma”, subraya Ortiz, quien fue directora general adjunta del Instituto Costarricense sobre Drogas (ICD). Este concepto de “enfriar” la droga implica ocultarla durante el tiempo necesario para que las autoridades “pierdan su rastro” antes de proceder a su “retransporte”.

La criminóloga costarricense Marcela Ortiz, exdirectora general adjunta del Instituto Costarricense sobre Drogas (ICD). | Foto: Confidencial

Logística criminal: El rol de los “transportistas”

De acuerdo con Alex Papadovassilakis, analista de Centroamérica en InSight Crime, el narcotráfico en la región ha estado dominado por grupos conocidos como “transportistas”. Estos operan como intermediarios logísticos al servicio de organizaciones más grandes, principalmente de México. “Es una relación de subcontratar a los grupos centroamericanos para mover cocaína a través de la región siempre con la intención de entregar un cargamento a México”, explica.

El investigador comenta que existen múltiples grupos de transportistas que compiten entre sí, sin que ninguno tenga un control absoluto. “Están enfocados en controlar un paso de territorio relativamente pequeño”, indica. Esta fragmentación, lejos de debilitar el sistema, lo hace más adaptable. El embodegamiento, como práctica, se inserta en esta lógica flexible: permite redistribuir riesgos, ajustar rutas y responder a las demandas cambiantes de los mercados internacionales.

El almacenamiento ocurre en zonas estratégicas. “Los grupos de transportistas van a embodegar los cargamentos en zonas aisladas”, detalla Papadovassilakis. Menciona que las regiones boscosas o montañosas son los lugares ideales para ocultar la droga. Allí, los cargamentos pueden permanecer ocultos durante un tiempo, mientras los grupos esperan la llegada de más droga para consolidar envíos más grandes.

La lógica es simple pero efectiva: acumular, reorganizar y luego mover. Este proceso permite reducir riesgos y optimizar el transporte, especialmente cuando se trata de envíos hacia el norte del continente.

En otros casos, el narcotráfico recurre a métodos más sofisticados, como los semisumergibles. Estas embarcaciones, aunque más lentas, permiten transportar varias toneladas de droga con mayor discreción. Cuando estos cargamentos logran acercarse a destinos como Guatemala, el proceso de almacenamiento se repite en tierra firme. “Un grupo de transportistas lo recibe y después lo esconde en una casa, en un pueblo de la playa”, explica Papadovassilakis, subrayando que no se requieren infraestructuras complejas, sino discreción y control territorial.

El siguiente paso vuelve a ser la acumulación. “Guardar la droga, esperar a tener una mayor cantidad y después ponerlo en el furgón para llegar a México”, añade, evidenciando la función clave del embodegamiento como etapa intermedia antes del traslado final.

El papel estratégico de Nicaragua

Nicaragua juega un rol preponderante en este engranaje de almacenamiento. El experto en temas de seguridad señala que, en el territorio nicaragüense, las estructuras internacionales cuentan con redes locales de apoyo situadas en puntos fronterizos y costeros clave. 

Estos grupos —de acuerdo con el investigador nicaragüense— se localizan principalmente en “Rivas, costas de Managua, en el norte, principalmente en la zona fronteriza de Madriz y Nueva Segovia, y también al occidente, León y Chinandega”,y las regiones del Caribe Norte y Sur.

Las incautaciones de El Salvador revelan que la franja del Pacífico es la principal vía de salida de la droga en Nicaragua. También en ese litoral se encuentra Puerto Corinto, que es la principal terminal marítima de carga de contenedores del país.

La operatividad en Nicaragua se disfraza bajo la legalidad. Estas redes “brindan protección o seguridad a los grandes cargamentos bajo la fachada de empresas exportadoras, bodegas y empresas de transporte”. Estas centrales operativas no solo facilitan el tránsito, sino que el pago por sus servicios se realiza con la misma mercancía: “les pagan con drogas que se comercian en el mercado interno”.

En cuanto a los tipos de droga, la cocaína sigue siendo la principal sustancia almacenada en la región. No obstante, también han ganado espacio las drogas sintéticas. “Las drogas que más se embodega es la cocaína en primer lugar y las sintéticas como la metanfetamina o fentanilo”, precisa el especialista local.

Nicaragua, en particular, no es un productor de cocaína, pero sí juega un rol clave en su almacenamiento. “La coca se embodega en Nicaragua por algún tiempo, mientras las operaciones deciden cuándo sacarla”, explica. Este tiempo de espera responde a factores logísticos, de seguridad y de mercado, que determinan el momento más conveniente para continuar el traslado.

El “efecto cucaracha” y la respuesta regional

La criminóloga costarricense advierte sobre la inutilidad de las respuestas aisladas de cada país. Al intentar contener el problema en un punto, este simplemente se traslada a otro fenómeno conocido como el “efecto cucaracha” o “efecto globo”. “Le echamos veneno a la cucaracha en esa esquina, pero se nos va para la otra. Apretamos el globo acá, pero nos explota allá”.

Esto explica por qué países que no son productores, como Nicaragua o Costa Rica, registran decomisos masivos de droga que estaba lista para ser exportada. Para la experta, la solución definitiva debe ser tan organizada y transnacional como el crimen mismo. “Por eso necesitamos siempre la cooperación técnica internacional, definitivamente”, concluye.

La sugerencia de Ortiz cae en saco roto en Nicaragua, cuyo Gobierno ya no coopera con la Administración de Control de Drogas (DEA) de EE. UU., desde junio de 2025. 

Nicaragua es, además, el único país de Centroamérica excluido del “Escudo de las Américas”, una iniciativa del Gobierno estadounidense centrada en “combatir el narcotráfico” y la migración irregular.

Un vocero del estadounidense Departamento de Estado comentó al diario La Prensa, en marzo de 2026, que Nicaragua “incumple” con sus “obligaciones internacionales en materia de control de drogas”. Asimismo, “a lo largo de la historia, ha ignorado las solicitudes de colaboración del Gobierno estadounidense para combatir el narcotráfico en su país y en toda nuestra región”.

El funcionario añadió que la dictadura orteguista y el partido oficialista FSLN han sostenido “vínculos con el narcotráfico de larga data”.

Europa crece como mercado

El panorama del narcotráfico experimenta, además, una mutación en sus destinos y productos. Mientras que los grupos mexicanos siguen siendo los principales proveedores de cocaína y drogas sintéticas como la metanfetamina y el fentanilo para Estados Unidos, los grupos sudamericanos están mirando hacia otros horizontes.

“Lo que hemos visto en el caso de Colombia, es que una porción más grande de la droga va yendo a Europa”, señala Papadovassilakis. Esto no implica un abandono del mercado estadounidense, sino una “diversificación de las rutas” para aprovechar una mayor demanda de cocaína en el viejo continente, mientras que en Norteamérica crece el consumo de sustancias sintéticas.

Esta nueva tendencia ha impactado directamente en países como Panamá y Costa Rica, donde los transportistas locales “ahora trabajan también con redes de Europa y aprovechan las rutas comerciales de navieras para mandar grandes cantidades de droga”, según el investigador de InSight Crime.

De los 4374 kilos kilos procedentes de Nicaragua que fueron incautados desde enero de 2024, unos 2145 kilos (el 49%) tenían como destino el mercado europeo: Italia, Reino Unido y Rusia.

Ortiz cree que una sobreproducción de cocaína en Sudamérica está reduciendo los precios, haciendo más atractivo su consumo en mercados donde tradicionalmente predominaban las drogas sintéticas. 

Lejos de sustituir al mercado estadounidense, Europa se suma como un destino adicional. “Eso no significa bajo en consumo, sino que hay más producción”, aclara la criminóloga costarricense.

Explica que la sobreproducción es impulsada, en parte, por la tecnología aplicada a los cultivos: “En los arbustos de coca han utilizado la tecnología para modificarlos genéticamente y ahora producen más hojas, más pequeñas, para ser no tan vistos por las autoridades, pero más cantidad de hojas”.

Esta eficiencia genética en el origen obliga a las bodegas regionales, como las nicaragüenses, a operar a máxima capacidad para dar salida al excedente hacia Europa.

Así, Centroamérica —y Nicaragua en particular— no solo sirve como puente entre productores y consumidores, sino como un espacio donde la droga se detiene, se reorganiza y se prepara para su siguiente destino, logrando romper los muros que pregonan contenerla.


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Juan Carlos Bow

Juan Carlos Bow

Periodista y editor en CONFIDENCIAL. Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Centroamericana (UCA). Máster de la Escuela de Periodismo de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) - El País. Finalista del Premio Latinoamericano de Periodismo de Investigación “Javier Valdez” del Instituto Prensa y Sociedad (IPYS).

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