Logo de Confidencial Digital

PUBLICIDAD 4D

PUBLICIDAD 5D

Morir fuera de Nicaragua: el largo camino para volver a casa

La repatriación de los cadáveres de muchos nicaragüenses se retrasa meses por la ausencia de familiares directos y la falta de recursos económicos

Ilustración repatriaciones

No existe estadística oficial de cuántos nicaragüenses han muerto en los últimos años fuera de Nicaragua o cuántos de ellos han sido repatriados. | Ilustración: Confidencial

Juan Carlos Bow

AA
Share

El cadáver del nicaragüense Bryan Rogelio Cruz Calderón (q. e. p. d.) permaneció más de once meses en la morgue de la Oficina del Médico Forense de San Francisco, en California. Nadie podía reclamarlo oficialmente porque no tenía familiares en Estados Unidos, ni documentos que facilitaran los trámites. Después de muerto seguía siendo un apátrida.

A miles de kilómetros, otra familia nicaragüense enfrentó una situación distinta, pero igualmente dolorosa. El cadáver de Francisco Antonio Lumbi Chavarría (q. e. p. d.) llevaba más de seis meses en una morgue de Jacksonville, Florida. Sus parientes habían reunido parte del dinero para repatriarlo, pero no lo suficiente. Sin el pago completo, ninguna funeraria aceptaría retirar el cuerpo. El tiempo avanzaba y la angustia también.

Bryan Cruz era un campesino torturado, desterrado y desnacionalizado por oponerse a la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo, mientras Francisco Lumbi era un ciudadano que buscaba el “sueño americano”. Sus historias terminaron conectadas por una realidad común: la soledad del migrante o exiliado que muere en el extranjero y la lucha de sus familiares para que sus restos regresen a Nicaragua.

Repatriar un cuerpo no es un trámite único ni rápido. Es una cadena de gestiones y gastos que varían en dependencia del país donde se muere. En Costa Rica, por la cercanía con Nicaragua, ronda los 2000 dólares; desde Estados Unidos puede llegar hasta 10 000 dólares; mientras que desde España se gastaría entre 6000 y 6500 dólares. Estos costos se reducen a la mitad si las familias deciden cremar el cadáver y repatriar las cenizas.

Un campesino torturado y desterrado

Bryan Cruz creció en las zonas rurales de Estelí, al norte de Nicaragua. No sabía leer ni escribir. Era un opositor al régimen de Ortega y Murillo, y participó en las marchas que la organización “Movimiento Campesino de Nicaragua” realizó, entre 2013 y 2017, en contra de la Ley 840 o Ley del Canal Interoceánico.

Se involucró, además, en las protestas masivas de abril de 2018, que fueron sofocadas a balazos por la dictadura orteguista, con un saldo de más de 350 nicaragüenses asesinados y miles de heridos, de acuerdo con organizaciones nacionales e internacionales de derechos humanos.

Tras las manifestaciones populares, policías y paramilitares del municipio Pueblo Nuevo, en el departamento norteño Jinotega, capturaron a Bryan Cruz en la comarca El Dorado, donde vivía una hermana. Lo acusaron sin pruebas del robo de un teléfono celular.

En la cárcel sufrió torturas, entre ellas una violación con una bayoneta que le perforó el colón y lo dejó al borde de la muerte. Incluso, fue trasladado a la morgue del hospital Victoria Motta, de Jinotega, donde el médico forense descubrió que aún estaba vivo.

Bryan Cruz fue el primer preso político que denunció torturas en las cárceles de Ortega y Murillo en 2018. Además de la violación, le desollaron la piel de los testículos y sufrió constantes maltratos, golpizas, falta de atención médica y encierro total como forma de castigo. Su esposa fue manoseada cuando llegaba a visitarlo. 

El nicaragüense nunca calló sobre las torturas y abusos que sufrió. “Mucha gente no dice que fueron violadas, pero él hablaba abiertamente de eso y dejaba que le tomarán fotos (de las secuelas de las torturas). Él decía que este Gobierno tenía que pagar todo lo que ha hecho”, recuerda Juana María Porta, una nicaragüense residente en California, que ayudó y acompañó a Bryan Cruz en el exilio.

La muerte de Bryan Cruz

El campesino fue excarcelado y desterrado junto a 221 presos políticos en febrero de 2023. Llegó a Washington con secuelas físicas graves, entre ellas una hernia estomacal producto de las torturas, de la que fue operado en Estados Unidos. Quienes lo conocieron recuerdan que la conmoción nunca lo abandonó.

En Estados Unidos, comenzó un proceso de adaptación “difícil”, pero esperanzador: aprendía a vivir solo en una ciudad nueva, lavaba platos y enviaba dinero a su familia en Nicaragua. Juana María Porta sostiene que Bryan alternaba momentos de entusiasmo con episodios de tristeza. A veces se sentía solo, especialmente en las noches. El trauma era como su sombra, iba siempre pegado a su cuerpo.

“Me llamaba a deshoras, como a medianoche o de madrugada, para ponerme canciones o videos de Karol G., porque sabía que me gustaba. Yo le contestaba por miedo a que fuera una emergencia, y le decía: — ‘¿Vos pensás que la gente no duerme?’, y él solo respondía: — ‘Ay, ay, perdóneme’. Creo que solo quería hablar con alguien”, relata la nicaragüense.

Bryan Rogelio Cruz Calderón
El nicaragüense Bryan Rogelio Cruz Calderón ( q. e. p. d.) posa con una bandera nacional y una camiseta con la imagen del símbolo patrio, en un apartamento en Estados Unidos. | Foto: Cortesía

Bryan Cruz murió a los 37 años el viernes 18 de abril de 2025, en un pequeño apartamento que el Gobierno estadounidense de Joe Biden le asignó en 2024 en el centro de San Francisco, California. No había signos visibles de violencia y la causa del fallecimiento fue registrada como “indefinida”, según Porta.

Horas antes de su muerte, Bryan Cruz estuvo en la casa de Juana María en Hércules —una ciudad a unos 30 kilómetros de San Francisco—, para que ella le ayudara con su trámite de su asilo. “Pasó la tarde en mi casa, estuvo chileando (bromeando) con unos muchachos que están acá. Se tomó fotos con ellos junto a la bandera de Nicaragua. Era algo que siempre hacía”, recuerda la nicaragüense.

“Cuando se hizo tarde —continúa— le di 100 dólares para el pasaje y como ayuda. Ya en su casa, me llamó para avisarme que había llegado bien y que al siguiente día volvería para buscar unos papeles. Fue lo último que hablamos”.

En un principio, las autoridades estadounidenses no emitieron un certificado de defunción porque Bryan Cruz era apátrida y no tenía familiares directos que pudieran representarlo legalmente. Por tal situación, el cuerpo del nicaragüense estuvo “a punto” de ser cremado y enterrado en una fosa común; ese destino se evitó gracias a la intervención de Porta y Anita Wells, otra nicaragüense en Estados Unidos que ayudó a Bryan Cruz.

Juana María Porta fue designada representante legal de la familia del campesino.

El sueño truncado de Francisco Lumbi

Francisco Antonio Lumbi Chavarría siempre fue guardia de seguridad en Nicaragua. Su último trabajo fue en la Empresa Nicaragüense de Acueductos y Alcantarillados (Enacal), en las oficinas de Juigalpa, Chontales, en el centro del país. Era originario de esa ciudad enclavada en una zona ganadera.

“Él soñaba con poner una crianza de cerdos, pero decía que con lo que ganaba no iba a poder. Entonces, decidió ir por esa aventura del famoso sueño americano”, relata Marjorie Lumbi Chavarria, hermana de Francisco.

El chontaleño partió de Nicaragua el 6 de diciembre de 2022 junto a un amigo, en uno de los grupos que, para esas fechas, se organizaban para salir en “tours”, guiados por coyotes, desde Managua hasta Guatemala; y de allí hacia la frontera entre México y Estados Unidos. También las llamaban “excursiones” y fue uno de los métodos que miles de nicaragüenses utilizaron para migrar hacia EE. UU., principalmente entre 2021 y 2022. 

La travesía de Francisco Lumbi, desde Nicaragua hasta la frontera estadounidense en Laredo, Texas, duró dos semanas. No tuvo ningún contratiempo y el 17 de diciembre se entregó a las autoridades estadounidenses para solicitar asilo por “razones políticas”.

“Él me habló el 19 de diciembre (de 2022) para avisarme que estaba saliendo (del centro de detención donde procesaron su solicitud de asilo). Me dijo que estaba bien y que había corrido con suerte porque unos gringos (estadounidenses) le dieron dinero para que él siguiera su camino hacia donde iba, hasta donde un tío en Jacksonville, en Florida”, recuerda su hermana.

Su vida en Estados Unidos estuvo llena de altibajos. En varias ocasiones se quejó de que algunos gringos no le “pagaban” por los trabajos que hacía, aprovechándose de que, por su estatus migratorio, no podría demandarlos. Él siempre trabajó como obrero en construcción, primero pegando masilla en las paredes y después en roofing (instalación y reparación de techos). “Cuando le iba mal, yo le decía ‘venite hombre, no tenés necesidad; aquí te estamos esperando’. Pero él me contestaba que era una ‘mala racha’, después cogía otro trabajo y todo volvía a la normalidad”, cuenta Marjorie Lumbi.

Francisco Antonio Lumbi Chavarría
Imágenes que muestran al nicaragüense Francisco Antonio Lumbi Chavarría (q. e. p. d.) trabajando en Estados Unidos. | Fotos: Cortesía

El nicaragüense siempre mantuvo sus planes de instalar una crianza de cerdo en su pueblo natal, pero ya no quería volver a su país. “Su idea era quedarse viviendo allá y venir solo de visita”, sostiene la hermana. “Él me decía que se sentía bien allá, que se había adaptado a ese modo de vida. Lo único era que siempre le golpeaba estar solo. Le hacía falta su familia, a veces lloraba cuando hablaba conmigo”.

Francisco Lumbi falleció a los 34 años el domingo 22 de septiembre de 2024, en un apartamento que rentaba en Jacksonville. Estaba pasando por una crisis porque no le habían pagado un trabajo, aunque estaba seguro de que lo superaría. Marjorie habló con él por videollamada, entre la noche del sábado y la madrugada del domingo. “Como le habían quedado mal con un pago, y yo le neceaba que se volviera (a Nicaragua), entonces, me dijo: ‘No, ya mañana estaré mejor, mañana ya me pagan y yo voy a hacer otro; será otra vida’”.

“Él murió el 22 a las siete de la mañana. No lo encontraron hasta el lunes (23) al mediodía en su cuarto. Murió solo. Nadie le brindó auxilio”, subraya su hermana. Marjorie Lumbi pidió omitir la causa de la muerte de Francisco.

Nicaragüenses muertos en el extranjero

Bryan Cruz y Francisco Lumbi eran parte de los casi 900 000 nicaragüenses que han salido de Nicaragua —obligados por razones políticas, de seguridad o económicas—, desde el inicio de la crisis sociopolítica que comenzó en abril de 2018.

No existe estadística oficial de cuántos nicaragüenses han muerto en los últimos años fuera de Nicaragua o cuántos de ellos han sido repatriados. CONFIDENCIAL pidió esa información al Ministerio de Relaciones Exteriores de Nicaragua, pero no hubo respuesta a la solicitud.

Semanalmente medios de comunicación en el exilio reportan la muerte de nicaragüenses en Estados Unidos, Costa Rica y España, que son los principales destinos de la migración de nicaragüenses. 

La oenegé Texas Nicaraguan Community (TNC) cifra en más de 1000 los nicaragüenses fallecidos en Estados Unidos entre 2019 e inicios de 2026. De los demás países solo se conoce lo que publican los medios de comunicación.

La repatriación es un proceso a cargo de dos funerarias: una en el país del fallecimiento y otra en Nicaragua. Estas se encargan de solicitar y tramitar la autopsia, el certificado de defunción, los permisos de traslado, la autenticación de los documentos. Además, embalsan el cuerpo y lo entregan y retiran de los aeropuertos. 

Primero debe obtenerse el certificado de defunción y confirmar la identidad del fallecido. Luego, la funeraria internacional se encarga de retirar el cuerpo de la morgue, preservarlo y prepararlo en un ataúd hermético apto para transporte aéreo.

El traslado requiere documentación específica: pasaporte del fallecido, autorizaciones familiares, guías de transporte internacional y cumplimiento de normas sanitarias.

Mientras lo anterior ocurre en el país donde murió el ciudadano, los familiares en Nicaragua deben coordinar la recepción del féretro, contratar una funeraria local y organizar el funeral.

El tiempo depende de varios factores. Si la muerte fue natural, el proceso puede tardar entre 20 y 25 días. Si hubo violencia o investigación judicial, puede extenderse durante meses.

En promedio —de acuerdo con las funerarias— una repatriación debería realizarse en dos o tres semanas, siempre y cuando la familia cuente con el dinero suficiente y el fallecido tenga sus papeles en regla. Ambos requerimientos no los cumplen muchas familias nicaragüenses, por lo cual el proceso se alarga durante varios meses. 

Si la familia no logra reunir el dinero a tiempo, existe el riesgo de que el cadáver sea cremado y depositado en una fosa común.

La tardanza en la repatriación representa también un gasto extra. Las morgues estadounidenses cobran un cargo diario por mantener un cuerpo en sus bóvedas. El costo varía si el cuerpo está en un hospital, en una funeraria privada o una morgue del condado (pública). No existe una tarifa, pero en promedio el cobro va desde 50 dólares hasta 150 dólares diarios.

La opción de las campañas de crowdfunding

La familia de Francisco Lumbi recibió la noticia de su fallecimiento sin información clara sobre las causas del deceso y sin recursos económicos para afrontar los gastos funerarios. Durante meses su cuerpo permaneció en una morgue mientras intentaban reunir el capital necesario para repatriarlo.

Ante la falta de dinero, las familias recurren cada vez más a campañas de crowdfunding (microfinanciamiento colectivo). Redes sociales y plataformas digitales se convierten en el principal mecanismo para financiar la repatriación.

En el caso de Francisco Lumbi, una campaña buscaba reunir 5000 dólares, pero apenas había alcanzado una fracción del objetivo meses después de su muerte.

Estas campañas suelen ser organizadas por familiares cercanos, amigos o miembros de la comunidad migrante. El tiempo de recaudación varía: algunas logran reunir el dinero en semanas; otras permanecen abiertas durante meses, mientras el cuerpo continúa en la morgue acumulando costos.

El apoyo monetario proviene principalmente de compatriotas en el extranjero, de personas que han vivido situaciones similares y de organizaciones comunitarias que difunden las campañas.

Ilustración costos de repatriación
Los costos de una repatriación se reducen a la mitad si las familias deciden cremar el cadáver y traer las cenizas. | Ilustración conceptualizada por CONFIDENCIAL, generada con Nano Banana de Gemini.

En Estados Unidos, Texas Nicaraguan Community es la que más ha respaldado campañas de crowdfunding, y, excepcionalmente, ellos las realizan. Por lo general, las familias se contactan con la oenegé a través de Messenger o WhatsApp, de acuerdo con Norlando Soza, integrante de TNC.

“Lo primero que hacemos es corroborar que la información de la familia y el fallecido sean ciertas, que todo esté en regla”, afirma Soza.

“Nosotros no hacemos campañas de recaudación. Han sido casos extremos en los que hemos hecho la recaudación por la familia. Por ejemplo, con gente que tiene cero recursos económicos y que vive en lugares rurales”, explica.

En la mayoría de los casos, TNC solo repostea en sus redes sociales las campañas de donación. Aunque sí apoya a las familias con el proceso de repatriación, poniéndolas en contacto con la funeraria con la que ellos trabajan en Houston, Texas.

El duelo “congelado” por la espera

La repatriación tiene una dimensión psicológica profunda. La espera prolongada impide cerrar el ciclo de “duelo” y puede convertirlo en “traumático”, de acuerdo con el Área de Documentación y Acompañamiento del Colectivo de Derechos Humanos Nicaragua Nunca Más, una organización que trabaja en el exilio para documentar la represión del régimen Ortega-Murillo.

La teoría psicológica detalla que el duelo se vive en diferentes etapas: 

  • Sorpresa
  • Negación
  • Miedo
  • Ira o enojo
  • Negociación
  • Depresión
  • Resignación
  • Aceptación

Las etapas no se sufren de forma lineal o secuencial, y cada persona las experimenta de manera distinta y única.

“El duelo se torna traumático cuando no haces el cierre para llegar hasta la aceptación, sino que empiezas a presentar síntomas: preocupación excesiva, mucho malestar emocional en el sentido de que tus emociones son incontrolables, de que explotas conductualmente, de que puedes tener conductas irracionales”, explican desde el Colectivo.

Agregan que “la situación se torna complicada”, cuando los familiares cercanos no pueden cumplir con el último deseo de su ser querido, como, por ejemplo, trasladarlo a su lugar de origen y hacer el ritual funerario, que también es parte del proceso de aceptación.

Para el sacerdote exiliado nicaragüense Edwin Román, expárroco de la iglesia San Miguel Arcángel de Masaya, las tradiciones religiosas como las “oraciones y misas por los difuntos, así como los funerales” son un momento para “confortar” a las familias dolientes.

“Las amistades te llaman o te visitan. Es un momento en el que la familia también se une, quizá familiares que están distantes. Es el momento de estar juntos, de compartir”, menciona el sacerdote. 

Ilustración sobre rituales de vela.
Rituales como la vela, las misas, la sepultura y el acompañamiento de familiares y amigos son esenciales para cerrar el ciclo del duelo. | Ilustración conceptualizada por CONFIDENCIAL, generada con Nano Banana de Gemini.

“Yo estuve en Monimbó, Masaya, y en muchos lugares la gente comparte una vela, lleva el café, el pan, unas flores o una ayudita (monetaria). También apoyan en el cementerio, a preparar la tumba”, describe.

“Es parte de la solidaridad —continúa—. La familia no está sola. En primer lugar, si es cristiana, está con Dios. Y tiene la amistad de los vecinos”.

Desde el Colectivo advierten que es difícil “iniciar un proceso de aceptación si no has visto un cuerpo, si no te has despedido, si no haces como ese cierre visual también con un cuerpo”.

La “agonía” por la demora del cuerpo

Marjorie Lumbi recuerda que fue una “agonía” el proceso de repatriación de su hermano; tardó nueve meses. “Estaba desesperada. Mi mamá y papá lloraban, y yo no podía llorar frente a ellos. Me venía a mi cuarto sola a coquear (pensar) ¿qué hago? Porque decía un día más y el cuerpo de mi hermano no viene. Temía que se perdiera el cuerpo de mi hermano”. 

La repatriación del chontaleño se alargó porque no tenía un familiar directo que se hiciera cargo de las gestiones. Tras la muerte de Francisco, una ciudadana mexicana —entonces pareja del nicaragüense— les aseguró a los parientes que ella lo haría. “Nosotros desconocíamos todo. Ella nos pidió el dinero (para la repatriación), pero se quedó con él. No pagó la funeraria y nos mantuvo engañados hasta diciembre (2024)”, recuerda la hermana.

“Ella (la mexicana) nos bloqueó de todas las redes y no nos contestaba las llamadas. Ese fue otro dolor, fue como empezar de nuevo la angustia”, narra la nicaragüense.

La familia de Francisco Lumbi inició la repatriación, realmente, en enero de 2025, tres meses después de su muerte. Un tío político del joven habló a la morgue estatal y pidió “clemencia” para que al nicaragüense no lo cremaran y enterraran en una fosa común.

Además de una campaña de crowdfunding, la familia vendió un pedazo de un terreno para completar los más de 5000 dólares que costaría la repatriación de Francisco. 

Cuando los familiares de Francisco Lumbi completaron el dinero, la funeraria encargada les avisó que “no era posible” llevar el cuerpo por las condiciones en que estaba, y le sugirieron cremarlo.

Las cenizas de Francisco Lumbi fueron veladas el sábado 7 de junio de 2025 y enterradas en la mañana del domingo 8 de junio en el cementerio de Juigalpa; 259 días después de su muerte en Jacksonville. Antes de salir hacia el camposanto su hermana le pagó a unos músicos para que cantaran Mi última caravana, del mexicano Gerardo Díaz y su Gerarquía. Era un deseo que había expresado su hermano.

“Yo me despedí de él y le dije —‘Te cumplí hermano, no te dejamos allá (en EE. UU.), y te despedí como vos querías”, sostiene Marjorie Lumbi.

Ilustración de una bandera de Nicaragua y una caja que guarda las cenizas de alguien que falleció fuera del país.
Para muchas familias, repatriar a un ser querido es más que un trámite. Es la promesa de traerlo de vuelta a casa. | Ilustración conceptualizada por CONFIDENCIAL, generada con Nano Banana de Gemini.

Sin derecho a una tumba en Nicaragua

Tras conocerse la noticia de la muerte de Bryan Cruz, fanáticos orteguistas amenazaron a familiares del campesino, con “quemar el cadáver” si lo repatriaban. Tal situación asustó y alertó a familiares y amigos de Bryan en Nicaragua y Estados Unidos.

En un video, publicado a finales de mayo de 2025 en la página de crowdfunding “Gofundme”, la madre y la hermana mayor de Bryan admiten que no volverían a verlo, por lo que solo pedían ayuda para darle “cristiana sepultura” en Estados Unidos.

El cadáver del campesino nicaragüense fue cremado a finales de marzo de 2026. Luego de once meses en la morgue pública de San Francisco. La cremación se logró después de que la Oficina del Médico Forense condonó la deuda por el tiempo que el cuerpo estuvo en una bóveda. Además, accedieron a incinerarlo gratis. 

“Solo se pagó el envío desde la morgue hasta mi casa”, afirma Juana María Porta, quien destaca: “El Jueves Santo (2 de abril de 2026), Bryan volvió a la misma casa de la que se fue, por última vez (la noche del 17 de abril (de 2025)”.

La condonación se dio después de varias cartas y gestiones que realizó la nicaragüense ante la Oficina del Forense, la Alcaldía de San Francisco y algunos legisladores estatales en Sacramento, California.

“La mamá de Bryan quería que sepultáramos su cuerpo en Estados Unidos, pero acá (en San Francisco) un entierro cuesta 20 000 dólares”, afirma la nicaragüense. “Inicialmente —prosigue—, la idea era cremarlo y enviar las cenizas a Nicaragua, pero tampoco se pudo”.

“El sueño de Bryan era regresar a Nicaragua, vivo o muerto; pero estaba consciente de que era un desterrado y de que la dictadura no lo quería allí ni vivo ni muerto”, recuerda.

“Es una injusticia más en contra de Bryan. Que no tenga un pedazo, en Nicaragua, donde le lleven  una flor”, opina.

Las cenizas de Bryan Cruz no se pueden enviar a Nicaragua porque era un apátrida y no tiene derecho a una tumba en el país. En febrero de 2023, el régimen orteguista lo declaró —junto a 221 excarcelados políticos— “traidor a la patria” y lo desnacionalizó. Para ingresar legalmente las cenizas de un cuerpo se requiere el pasaporte del fallecido, documento que él ya no poseía. El campesino fue el segundo de ese grupo de desterrados que falleció en el exilio, el primero fue el expresidente del Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep), Michael Healy, en enero de 2024.

Los destinos de Francisco Lumbi y Bryan Cruz fueron distintos hasta después de la muerte. El primero tiene un sitio en Nicaragua donde su hermana le puede llorar o cantar. Mientras las cenizas del campesino opositor esperan por un sitio donde le recen o le lleven una flor, Bryan aún aguarda para poder regresar a casa.


*Este reportaje se realizó con apoyo de la beca de producción periodística de DW Akademie y el Instituto de Prensa y Libertad de Expresión (IPLEX). La beca es parte del proyecto global “Space for Freedom” de la iniciativa Hannah Arendt, promovida por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Alemania.

PUBLICIDAD 3M


Tu aporte es anónimo y seguro.

Apóyanos para que podamos seguir haciendo periodismo independiente en el exilio. Tu contribución económica garantiza que todas las personas tengan acceso gratuito a nuestras publicaciones.



Juan Carlos Bow

Juan Carlos Bow

Periodista y editor en CONFIDENCIAL. Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Centroamericana (UCA). Máster de la Escuela de Periodismo de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) - El País. Finalista del Premio Latinoamericano de Periodismo de Investigación “Javier Valdez” del Instituto Prensa y Sociedad (IPYS).

PUBLICIDAD 3D