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Contracción en remesas amenaza a la economía nica en 2026

Nicaragua recibió alrededor de 6167 millones de dólares en remesas en 2025, después de captar 5243 millones en 2024, según cálculos de Manuel Orozco

Dos migrantes envían remesas familiares desde un local en Estados Unidos. |  Foto: Tomada de la VOA/Mitzi Macías

Iván Olivares

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El monto de remesas podría crecer solo 2.7% en 2026, después de haberlo hecho a un ritmo probable de 17.6% en 2025, según cómputos de Manuel Orozco, director del programa de Migración, Remesas y Desarrollo de Diálogo Interamericano.

De manera específica, calcula que Nicaragua recibió alrededor de 6167 millones de dólares en remesas en 2025, después de captar 5243 millones en 2024. El experto no puede citar una cifra oficial para 2025, porque la última vez que el Banco Central de Nicaragua (BCN), publicó ese dato fue en abril de 2025.

Orozco vislumbra dos escenarios de cara a 2026. Uno en el que el volumen aumentaría menos de 3%, lo que generaría un impulso que llevaría a que la economía creciera 2.8%. El otro es un año en el que las remesas apenas sí crecen, limitando el crecimiento económico a 1%. El presidente del BCN, Ovidio Reyes, proyectó un crecimiento de entre 3.5% y 4.5% para 2026, con tendencia a que sea de 4%.

El crecimiento de las remesas dependerá, en parte, de la fortaleza de las economías de origen, con Estados Unidos, España y Costa Rica, a la cabeza, además de Panamá, Canadá, México y El Salvador, en menor medida. La política de deportaciones del presidente del Gobierno de Estados Unidos, Donald Trump, y el comportamiento de la migración nicaragüense, también son variables importantes a considerar.

Un efecto directo de una probable desaceleración en el crecimiento de las remesas, es que unos 15 000 hogares podrían dejar de recibirlas. Esa cantidad es resultado de una combinación del aumento en el número de deportados, y de la disminución del número de nicaragüenses saliendo del país.

“En 2025 fueron 725 000 hogares receptores de remesas desde Estados Unidos. Este año, entre deportados y un decrecimiento de remesadores (ya que disminuye la migración), el número puede bajar a 710 000”, calcula Orozco.

A modo de ejemplo, explica que una disminución de 300 millones de dólares en remesas que no entraran a la economía “deprimiría el crecimiento del PIB a 1%. Esa desaceleración se reflejaría en una baja en el consumo, en importaciones, y en demanda de empleo e inversión local, en particular para el consumo”.

Otros obstáculos al crecimiento para 2026, son el potencial desaceleramiento de las exportaciones debido al arancel de 18%, al que se le podría añadir un 25% más, como castigo por la amistad del régimen con la de los ayatolás iraníes. Si hay una afectación a las exportaciones, y un crecimiento leve del 3% en las remesas, la actividad económica no será saludable en el 2026 porque, de todos modos, “la inversión pública contribuye poco a la actividad económica”, explicó.

Sectores e indicadores afectados

Dada la estructura de la economía nicaragüense, “el sector informal del comercio sería el más afectado”, asegura Orozco. Eso es especialmente cierto para los que tienen una comidería, o venden ropa y perfumes por catálogo. También para los pequeños negocios de venta de accesorios o reparación de celulares. Los que venden ropa y zapatos -nuevos o usados- y en general, cualquier cosa que no sea de primera necesidad, “se sentirán afectadas por esa contracción”.

Esto es así, porque la economía nicaragüense tiene tres grandes polos de crecimiento: la actividad informal (25% del PIB), las exportaciones (40% del PIB), y las remesas (30% del PIB). El gasto del Gobierno también suma, pero “se diluye entre salarios a trabajadores públicos e inversión pública en sectores de enclave económico”, como la construcción en actividades de menor impacto macro.

La economía informal es un sistema que se apoya del sector formal, se alimenta de la fuerza laboral que no logra entrar al mercado formal, y es el destino de una parte importante de las remesas que reciben los hogares. Se calcula que en 2025, las remesas representaron el 30% del PIB y el 40% del consumo privado. O sea, el que hacen las familias.

El consumo de los hogares que reciben remesas, permite que se mantenga una oferta de servicios generados desde la economía informal. Por eso, si la demanda de parte de esos hogares receptores disminuye, la actividad económica informal disminuirá.

El sistema financiero también se vería afectado. En su caso, en la forma de una disminución de créditos. Analizando información pública, Orozco advierte que la oferta crediticia se mantiene en menos de 200 millones de dólares en préstamos por trimestre, lo que equivale a menos de 5000 préstamos al mes. La cuarta parte de eso va al sector consumo, y 9% para compra de vehículos. “Si el ingreso se contrae, la capacidad de repago de los préstamos también puede sufrir”, explica.

Riesgo en remesas para 2026

En 2026, el flujo de las remesas estará determinado, igual que en los años previos, por dos variables clave. La primera, son los cambios en el número de migrantes. La segunda es la cantidad incluída en cada envío. Esas variables explican el 99% de los cambios observados de un año a otro.

Datos de varias agencias del Gobierno de Estados Unidos, muestran que el número de nuevos migrantes nicaragüenses en ese país (independientemente de su categoría migratoria), creció de forma consistente entre 2018 y 2024, mostrando un leve descenso en 2025. Esos mismos datos muestran un aumento en el número de remesadores, que crece hasta 2023, y disminuye en 2024 y 2025.

Esa disminución se explica por las deportaciones (1500 en 2024 y 8000 en 2025), y una disminución sin precedentes de nuevos migrantes, cuyo número se calcula en 2378 personas. Esa cantidad apenas sí supera a la de 2020 (cuando todo se frenó por la pandemia de covid-19), y solo representa el 1.06% de la gran masa de personas que entró a Estados Unidos en 2022.

La segunda variable, (o sea, los cambios en la cantidad enviada) se explican por temas como los salarios, la inflación, las fluctuaciones del tipo de cambio, y hasta las decisiones emocionales. Datos primarios recopilados por Orozco a partir de encuestas y reportes de empresas de envío de dinero sobre el promedio enviado, y el número de transacciones, muestran que el crecimiento de las remesas se explica por un aumento fuerte en el monto enviado.

El promedio de cada envío pasó de 340 dólares en 2024, a más de 420 en 2025. También creció la frecuencia de envíos, que pasó de 15 a casi 20 veces entre un año y otro, lo que explica esa proyección que supera los 6167 millones. Dado que no está creciendo el número de migrantes, ni el de remesadores, hay un gran riesgo de disminución para 2026, porque esta población parece estar enviando parte de sus ahorros o haciendo un sobreesfuerzo ante el temor de tener que regresar al país de forma voluntaria, o deportados.

Considerando esas variables, un escenario optimista para 2026 proyecta un crecimiento de 2.7% en las remesas totales recibidas en Nicaragua, y una disminución de 1.4% para 2027. En cualquier escenario, el país tendrá que detenerse a reflexionar sobre el uso que se le dio a más de 21 440 millones de dólares recibidos en los primeros cinco años de la presente década, y si se pudo haber hecho algo mejor con eso.

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Iván Olivares

Iván Olivares

Periodista nicaragüense, exiliado en Costa Rica. Durante más de veinte años se ha desempeñado en CONFIDENCIAL como periodista de Economía. Antes trabajó en el semanario La Crónica, el diario La Prensa y El Nuevo Diario. Además, ha publicado en el Diario de Hoy, de El Salvador. Ha ganado en dos ocasiones el Premio a la Excelencia en Periodismo Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, en Nicaragua.

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