Ortega y Murillo mantienen millonarios gastos para fallido proyecto canalero
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Douglas Castro y Dora María Téllez: La dictadura y la oposición en el espejo de Venezuela: “la política debe volver al territorio en Nicaragua”
Vista de un cartel con el nombre de Venezuela durante una sesión extraordinaria del Consejo Permanente de la OEA en Washington, el 6 de enero de 2026. | Foto: EFE/Lenin Nolly
¿Qué impacto tiene en la dictadura Ortega-Murillo la caída de Nicolás Maduro en Venezuela, como resultado de la intervención militar en Estados Unidos, y cómo afecta a la oposición nicaragüense la continuación de la dictadura chavista, ahora tutelada por la Administración Trump, sin que exista una hoja de ruta para una transición democrática?
En una conversación en el programa Esta Semana que se transmite en el canal de YouTube de CONFIDENCIAL, debido a la censura televisiva en Nicaragua, la historiadora Dora María Téllez y el politólogo Douglas Castro, analizaron los dilemas de la dictadura y la oposición ante el espejo de la crisis de Venezuela y la intervención imperial de Donald Trump.
“Daniel Ortega y Rosario Murillo, por primera vez, están convencidos de que esta animadversión (con Estados Unidos) en el caso de Venezuela pasó a los hechos. Maduro decía —vení sacame, que me vengan a sacar, y lo fueron a sacar. Lo mismo ha dicho Daniel Ortega, todos lo han dicho, creyendo que eso nunca iba a suceder. Por primera vez, ahora los Ortega Murillo tienen la certeza de que puede suceder y eso lo cambia todo, incluso el tema de la sucesión”, afirma Téllez, ex guerrillera sandinista y exrea de conciencia.
“Rosario Murillo es la sucesora de Daniel Ortega, y Ortega es un difunto, políticamente. Ella ya se encargó de poner en los anillos del poder a todos sus operadores incondicionales. ¿Por qué no nombran vicepresidente? Porque Rosario Murillo no quiere sombra, quiere seguir siendo la sucesora indiscutible de Ortega, que nadie piense que un vicepresidente va a subir a ser copresidente junto con ella. El riesgo de ella es que si pasa algo, cualquier cosa fortuita, que les dé un infarto a los dos, ellos no designaron a nadie en la vicepresidencia, y el papel le toca a Gustavo Porras”, advirtió Téllez.
Por su parte, el economista Douglas Castro, estudiante de doctorado en ciencias políticas en la Universidad de Oxford en Gran Bretaña, destacó que el reto de la oposición es convertirse en una “alternativa de poder”. Si en Venezuela, “a pesar de haber ganado (la oposición con Edmundo González) con más del 70% unas elecciones que fueron totalmente desiguales no es vista la oposición por Trump como esa alternativa para liderar esa transición, que se podría pensar para Nicaragua”, cuestionó Castro, “lo que se necesita realmente es una oposición más fuerte”.
“En ciertos sectores de la oposición se da por perdido Nicaragua a nivel territorial, pero la oposición no tiene que estar solo en el exilio, tiene que existir en el terreno. En Nicaragua hay opositores que no están organizados, que están pecho a tierra, pero tarde o temprano, ese tejido se tiene que levantar, esa sociedad que está desorganizada, que es mayoría social, se convierta en mayoría política”, afirmó.
Desde la perspectiva del régimen, están atravesando un momento de consolidación de la sucesión dinástica. Pero no sabemos si habrá o no elecciones en 2027, si nombrarán vicepresidentes, si Daniel Ortega permanecerá en ese rol ceremonial, o si puede desaparecer. ¿Qué expectativas de cambio existen frente a esta consolidación dinástica? ¿Y qué pasa si también desaparece del ejercicio de ese poder Rosario Murillo?
Douglas Castro: El 2026, como lo estamos viendo, es un año bastante largo, pueden pasar muchas cosas y de aquí al 2027 van a ser años aún más largos sobre todo para la dictadura, porque el contexto internacional está bastante movido. Es interesante el tema de la copresidencia y que ellos aún no han nombrado vicepresidente. Laureano no está en la línea de sucesión. Si hoy en día muere Ortega o a Rosario Murillo le sucede algo, el está en la línea de sucesión es Gustavo Porras. Habrá que ver qué van a hacer ellos en un futuro.
Rosario Murillo va a seguir profundizando el papel de Ortega como una especie de tótem de poder, una persona que le da legitimidad al ejercicio de poder de Rosario. Pueden terminar teniendo el rol de Robert Mugabe en Zimbabue, Grace Mugabe, ejerciendo el poder, sacando de vez en cuando a Mugabe como figura que lo legitima. Eso es lo que estamos viendo con Ortega, cada vez más degradado, con apariciones cada vez más esporádicas, como una fuente de legitimidad para que los sandinistas digan —”ahí está el comandante, el comandante está bendiciendo esto”. Pero cuando ya no esté, eso se pierde totalmente. En Zimbabue, eso fue lo que sucedió. En ese caso, el ejército que a diferencia de Nicaragua, que ha tenido un rol preponderante en casi todos los países africanos, descartó a Grace Mugabe.
Fuera Ortega del poder, todo el poder se desestabiliza, pero no hay que cantar victoria, que no esté Ortega, que no esté Rosario Murillo, inclusive, que no esté Laureano, no garantiza, una transición (democrática) en Nicaragua, va a generar más incertidumbre, mejores posibilidades de cambio, pero se tiene que hacer todo el trabajo para estar preparados para ese momento, para que en Nicaragua se haga una transición democrática.
Después de lo que está ocurriendo en Venezuela, supongo que Ortega y Murillo se ven en el espejo de Maduro, pero también la oposición nicaragüense tiene que verse en el espejo de esta intervención militar que no llegó para promover una transición democrática sino para imponer un tutelaje sobre la dictadura chavista para controlar los recursos petroleros y los intereses fundamentales de Estados Unidos ¿Cómo ven el impacto de la caída de Maduro en Nicaragua y las perspectivas del país en los próximo años, con estos cuatro pilares de control que mantiene de la dictadura?
Dora María Téllez: Los venezolanos están en un cruce de caminos, tienen un camino que ha planteado la Administración Trump, de un arreglo político con el chavismo, con la élite madurista mientras se aseguran los intereses petroleros, y el otro camino es el de la transición democrática, habrá que ver si una cosa lleva a la otra, que de momento no pareciera ser.
En el caso de Nicaragua, esto opera en doble sentido, por un lado, Daniel Ortega y Rosario Murillo, por primera vez, están convencidos de que esta animadversión en el caso de Venezuela pasó a los hechos. Maduro era el que decía —vení, sácame, que me vengan a sacar, y lo fueron a sacar. Lo mismo ha dicho Daniel Ortega, todos lo han dicho, creyendo que eso nunca iba a suceder. Por primera vez, ahora los Ortega Murillo tienen la certeza de que eso puede suceder y eso lo cambia todo, incluso el tema de la sucesión.
Está clarísimo que Rosario Murillo es la sucesora de Daniel Ortega, y Ortega aunque esté sano, es un difunto políticamente. Desde la perspectiva del ejercicio del poder está reducido al mínimo posible que ha tenido alguna vez. Rosario Murillo logró liquidar el poder político de Daniel Ortega, eso es una realidad que no tiene regreso porque ella ya se encargó de poner en estos anillos de poder a todos sus operadores incondicionales.
¿Por qué no nombran a un vicepresidente? Porque Rosario Murillo no quiere sombra, ella quiere seguir siendo la sucesora indiscutible de Ortega, que nadie piense que un vicepresidente va a subir a ser copresidente junto con ella, si Ortega sale del escenario por la razón que sea. Rosario Murillo se quiere quedar sola, ni siquiera admitiría un hijo como copresidente de ella, por eso no nombran a nadie. El riesgo de ella es que si le pasa algo, cualquier cosa fortuita, que les dé un infarto a los dos y ahí no hay vicepresidente, porque ellos no designaron a nadie en la vicepresidencia. Y como dice Douglas, correctamente, el papel le toca a Gustavo Porras. ¿Cuál es su nivel de confianza en Gustavo Porras? Pues yo tendría mis dudas, pero no sé Rosario Murillo sí las tiene, a menos que haya un sobre cerrado como había en la época del somocismo donde estaba el designado, y que ahí hay un papel firmado que diga, a partir de esta fecha Laureano Ortega Murillo es nombrado vicepresidente, en cuyo caso, Laureano podría suceder en el caso de infarto doble de ambos progenitores.
La situación de Venezuela los pone a ellos en una circunstancia compleja. Tienen que asegurarse todo el resto y tienen que enfrentarse al hecho de que, por primera vez, es creíble que los Estados Unidos lo pueden llegar a sacar.
Pero también pone a la oposición nicaragüense que está en el exilio, y que está aplastada junto a la sociedad civil en Nicaragua, frente a ese espejo, un cambio provocado por ese factor externo, que en este caso sería la presión de los Estados Unidos, no necesariamente quiere decir una apertura democrática. Puede significar también una continuación de la dictadura a través de otras vías. ¿Qué alternativas tiene la oposición, hay expectativa de un cambio democrático en Nicaragua?
Douglas Castro. El reto de la oposición es mostrarse con fuerza y como una alternativa real de poder, porque con la excusa de que María Corina no cuenta con el respaldo suficientes en Venezuela, en las Fuerzas Armadas y sectores del chavismo, para liderar esa transición, entonces lo que se necesita realmente es una oposición más fuerte. Si en Venezuela, a pesar de haber ganado con más del 70% unas elecciones que fueron totalmente desiguales con Edmundo González a la cabeza no es vista la oposición por Trump como esa alternativa, que se podría pensar para Nicaragua.
El reto pasa por mostrar ese músculo, mostrar esa fuerza y no renunciar a confrontar a la dictadura, a ejercer oposición, a recuperar preponderancia sobre todo en Nicaragua. Muchas veces en ciertos sectores de la oposición se da por perdido Nicaragua a nivel territorial, pero la oposición no tiene que estar solo en el exilio, tiene que existir (en el país). En Nicaragua hay opositores que no están organizados, que están pecho a tierra, pero tarde o temprano ese tejido se tiene que levantar. En Nicaragua tiene que existir esa fuerza de oposición en el terreno.
¿Qué hubiera pasado si María Corina (Machado) no se hubiera ido a Noruega a retirar el Premio Nobel?, si María Corina estuviera en Venezuela, creo que otro gallo cantaría. El reto es demostrar fuerza, ser una alternativa real de poder, también ser realista, ser pragmáticos, porque si vemos que Delcy Rodriguez está negociando con Trump, María Corina se está acercando con Trump, ese realismo y ese pragmatismo pasa también por otra forma de atraer a los sectores que están en la dictadura, que contrarían al dictador de turno. En el caso de Venezuela fue a Maduro, en el caso actual, es la dinastía, entonces se necesita establecer lazos de comunicación, pues esos sectores que podrían estar disconformes para debilitar a la dictadura.
Si hay un cambio abrupto, no solo tiene que verse la oposición débil, también tiene que verse la fragmentación a lo interno de la dictadura. No puede suceder que se dé un gran cambio y se vea que todos cierran filas con la dictadura, como pasa en Venezuela, y que se vea una oposición que no tiene esas conexiones, que se puede ver dividida. En ese momento se necesitan esas alianzas, esos canales de comunicación aceptados dentro de la oposición, pero también con aquellos sectores a lo interno de la dictadura, aunque sean marginales, que representan una alternativa para la misma. Ese es el principal reto.
Desde que se produjo la deserción y la ruptura política del magistrado Rafael Solís con la dictadura en 2019, no hubo figuras importantes del régimen que lo hayan abandonado de esa manera, ni tampoco que la oposición tenga la capacidad de incidir o de plantear si hay un espacio de participación del sandinismo no comprometido en crímenes o en corrupción, en un cambio político en Nicaragua. ¿Tiene capacidad la oposición de ofrecer una solución nacional?
Dora María Téllez: Debería tener capacidad, todavía no hay suficiente conciencia. Queremos una transición democrática, pero una democracia implica la capacidad de convivencia de la totalidad de los nicaragüenses. Hay gente dentro de la Policía, del Ejército, del propio Frente Sandinista y en todo el aparato de Estado, que quieren saber y tener la certeza de que la democracia significa que hay un espacio para ellos. Yo estoy convencida de que democracia significa que construyamos una Nicaragua en la que todo el mundo tiene un espacio para convivir en paz, para no estar sujeto de persecución, para no ser sujeto de venganza innecesaria.
Y no estamos hablando de justicia, porque ese es un caso aparte, los que han cometido crímenes de lesa humanidad, esos están en el tostador antes de que se sienten. Pero el resto, que no ha cometido crímenes de lesa humanidad, tienen derecho a querer que en un ambiente democrático puedan expresar su preferencia política o ideológica de cualquier índole.
Lo que nos ha hecho falta en la oposición es dar la certeza con toda claridad de que en una Nicaragua democrática, todos los nicaragüenses vamos a tener el derecho de coexistir con nuestra diversidad, con nuestras inclinaciones y con nuestros programas, la democracia no es nada más que eso. Quienes satanizan una ideología u otra, simplemente están descartando una parte de Nicaragua, y eso es más dictadura, no más democracia.
Uno de los temas importantísimos que muestra Venezuela, es la complejidad de una transición, la discusión, dos semanas después del secuestro de Maduro está en si sacan a todos los presos o no, y aún no se logra ese punto, y ahí vas a ver una cohesión grande. Pero cuál es el siguiente paso, la oposición venezolana, como la oposición nicaragüense, tiene ese dilema incorporar a la totalidad de los nicaragüenses a la democracia y aplicar la justicia a los crímenes de lesa humanidad como corresponde.
Pero mientras la oposición nicaragüense no sea clara, diáfana sobre eso y se siga dejando llevar por el sectarismo. —yo no firmo este comunicado con fulano porque me parece que voy a quedar mal aquí. No firmo este comunicado con zutano porque me parece que es de Unamos, o no firmo este porque es de Monteverde, o mejor Monteverde no firma, porque firma el otro. Esos son unos sectarismos inútiles, si comenzamos dentro de la propia oposición a descartar, pues el mensaje que se tira a Nicaragua es que todo el resto va a ser descartado también. Ese es nuestro dilema más fuerte en este momento.
Pero más allá de esas declaraciones, comunicados, o acciones de incidencia internacional, ¿qué puede hacer hoy en Nicaragua la oposición bajo el estado policial?
Douglas Castro: Hay que reconocer que es bastante fácil decir, desde afuera, organícense, salgan a la calle, conspiren, pero en el territorio eso realmente no es fácil, pero no se puede dejar de lado, se necesita sí o sí que vuelva la organización, la presencia en el territorio. Más del 70% de los nicaragüenses son críticos de esta dictadura, no están conformes, todos los comentarios de personas que están en las universidades, a pesar de estar, por ejemplo, en la UNAN, totalmente controlados por la dictadura, por todos sus operadores, siempre cualquier estudiante te dice —aquí la mayoría son opositores, pero lo que se necesita es que esa sociedad que está desorganizada, que es mayoría social, se convierte en mayoría política.
¿Cómo se hace eso? no sé, pero se tiene que hacer. Para mí eso no es discutible, que digan que no se puede hacer oposición dentro del territorio, que la gente no se quiere organizar, eso es prácticamente claudicar. La consecuencia de eso es que en Nicaragua no va a haber cambio político, si esa mayoría social de nicaragüenses que están en contra de la dictadura no se convierte en una mayoría política organizada.
Eso pasa por varios temas: moralizar, comunicar. De ahí que la dictadura trate de mantener, y en el artículo de CONFIDENCIAL se habla de todo el aparato de propaganda en qué tienen tanta presencia los hijos de Ortega, porque es bastante importante, hacerle creer a los nicaragüenses que no hay alternativa. Nuestro rol es hacerle creer a los nicaragüenses una verdad, que hay alternativa, pero eso tiene que ser más claro, todos estos funcionarios de la dictadura, que algunos son trabajadores públicos profesionales, necesitan escuchar eso.
Si no sos un criminal, no te van a perseguir, si vos crees en la democracia tenés que creer en la justicia, y la justicia pasa también por respetar el debido proceso y no andar quemando brujas como muchas personas podrían interpretar. Porque, efectivamente, sí hay ese tipo de discursos, sobre todo en redes sociales, entonces el primer paso a nivel de comunicación, es un mensaje claro, abierto, de esperanza, de lucha política y de que hay mucho por hacer, de que no todo está perdido.
La mayoría de los liderazgos de la oposición están en el exilio y aún así la dictadura actúa como que está contra las cuerdas. No deja de haber policías en todas las rotondas porque ellos tienen miedo de que en cualquier momento haya un estallido social en Nicaragua, porque saben que es perfectamente factible. Muchas personas se ríen de que Ortega parece loco con ese dispositivo de seguridad, pero tiene ese dispositivo porque él siempre ha creído de que es perfectamente factible que atenten contra él, y ya no digamos ahora, con lo que pasó con Maduro. Efectivamente, ellos saben de que hay una amenaza creíble de que les puede suceder, El Carmen puede transformarse en Fuerte Tiuna de la noche a la mañana.
Hay que tener claridad de que nos necesitamos todos, tiene que volver la política al territorio nacional. Nicaragua no puede ser la finca de los Ortega y esa apertura, es escucharnos. María Corina decía que ella está dispuesta a hablar con Delcy, ellas van a tener que hablar, inclusive si se puede hablar con los personeros de la dictadura, en un caso como el de Venezuela, que es tan dramático, como no se va a hablar con sectores de la oposición que tienen diferencias, que no son diferencias trascendentales, no son las verdaderas diferencias de lo que significa en Nicaragua la lucha política contra la dictadura, que es el cambio político, eso sí es trascendental.
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Periodista nicaragüense, exiliado en Costa Rica. Fundador y director de Confidencial y Esta Semana. Miembro del Consejo Rector de la Fundación Gabo. Ha sido Knight Fellow en la Universidad de Stanford (1997-1998) y profesor visitante en la Maestría de Periodismo de la Universidad de Berkeley, California (1998-1999). En mayo 2009, obtuvo el Premio a la Libertad de Expresión en Iberoamérica, de Casa América Cataluña (España). En octubre de 2010 recibió el Premio Maria Moors Cabot de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia en Nueva York. En 2021 obtuvo el Premio Ortega y Gasset por su trayectoria periodística.
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