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“Un gobierno dictatorial hipócrita, se asume como cristiano y persigue a la Iglesia”

Rubén Aguilar, exjesuita mexicano: en las confiscaciones “hay una venganza contra los que se pronunciaron, como el obispo Álvarez y los jesuitas”

Los “codictadores” Daniel Ortega y Rosario Murillo encabezan un acto oficial en Managua, el 8 de noviembre de 2025. | Foto: CCC

Carlos F. Chamorro

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Las confiscaciones ilegales de más de 39 propiedades de la Iglesia católica en Nicaragua, entre ellas colegios y universidades, centros de retiro y proyectos sociales, no tiene ningún precedente en América Latina en el siglo XXI.

El exjesuita mexicano, Rubén Aguilar, experto en comunicación política, considera que, quizás, podría compararse con lo ocurrido en México durante las expropiaciones de la reforma liberal en el siglo XIX o en las confiscaciones de los primeros años de la revolución cubana en los años 60 del siglo XX. Sin embargo, el investigador sobre las relaciones Iglesia-Estado en México y profesor de la Universidad Iberoamericana, aclara que el régimen Ortega Murillo en Nicaragua “es un gobierno dictatorial hipócrita, el asumirse como cristiano y perseguir a la Iglesia”.

“Es un proyecto de corte político que tiene como propósito eliminar cualquier pensamiento independiente y libre”, y, además, “hay elementos de venganza contra aquellos que lograron pronunciarse en algún momento contra del régimen dictatorial, aprovechan su poder y se vengan de esos personajes, como el caso claramente del obispo (Rolando Álvarez). o de los jesuitas”.

En una entrevista en el programa Esta Semana que se transmite en el canal de YouTube de CONFIDENCIAL, debido la censura televisiva en Nicaragua, Aguilar habló sobre la restitución de bienes confiscados a la Iglesia católica que ha realizado el Estado en Cuba, y la devolución masiva de propiedades confiscada a la Iglesia Ortodoxa de Rusia bajo el régimen de Vladímir Putin. “Una vez que sea derrocada la dictadura, si en el caso de Nicaragua llegase un gobierno democrático, una de las primeras cosas que tendría que hacer es devolver a las instituciones de la Iglesia, a las órdenes y congregaciones religiosas, sus bienes confiscados de manera ilegal por un régimen dictatorial”, afirmó.

Las confiscaciones contra la Iglesia de Nicaragua por parte de un régimen que se proclama “cristiano y solidario” son un hecho sin precedentes en el siglo XXI. Se puede comparar de alguna manera con lo ocurrido en otros momentos en América Latina, en Cuba, en los primeros años de la Revolución, o en México en los siglos XIX y XX.

En el caso mexicano es más semejante a lo que fueron los años de la reforma en la mitad del siglo XIX, en que llegan unos Gobiernos de corte liberal en un intento de modernizar el Estado mexicano y en la lógica del liberalismo, golpean a las tierras comunales de las comunidades indígenas. Probablemente fue el proceso de expropiación más grande de tierras indígenas en la historia moderna mexicana, en la época del presidente Juárez, también pues se atacan los bienes de la Iglesia para, supuestamente, que las propiedades circulen en el mercado, en la lógica de que va a modernizar el país y que eso va a traer una mejor condición para la economía del país y las personas. Había una ideología de corte liberal, y fueron confiscadas una brutal cantidad de propiedades en ese momento e incluso algunos de los patrimonios históricos más importantes del país monumentos, monasterios del XVI que fueron destruidos o quedaron abandonados.

En el caso particular de la cristiada mexicana de 1926 a 1929, fue una guerra, no fue propiamente confiscaciones, sino suspensión de los servicios y una persecución a los sacerdotes, expulsión, y violencia de la libertad religiosa. Me parece semejante también a lo que fueron los primeros años de la revolución en Cuba, confiscando los bienes de la Iglesia.

Pero en el caso de Nicaragua, este es un Gobierno que se autoproclama “cristiano” y algunas de sus víctimas son órdenes religiosas como los jesuitas y además la diócesis de Matagalpa y Jinotega, a cargo de monseñor Rolando Álvarez, bajo una lógica más bien de venganza o de castigo político.

Yo pienso que además es hipocresía. Es un gobierno dictatorial hipócrita, el asumirse como cristiano y perseguir a la Iglesia. Y entiendo que también ya ha habido cosas en contra de las iglesias evangélicas.

Es un proyecto de corte político que tiene como propósito eliminar cualquier pensamiento independiente y libre, que desde la dictadura eso es un peligro, y cualquier idea libre, independiente, autónoma, que no pueda ser controlada por el régimen dictatorial, lo ve como una amenaza. Y para poder mantener esa relación con un pueblo cristiano, se dice como hipócritamente cristiano y al tiempo golpea a las instituciones de la Iglesia para eliminar cualquier intento de disidencia. Hay elementos de venganza de aquellos que lograron pronunciarse, decir en algún momento su palabra que iba en contra del régimen dictatorial, aprovechan su poder y se vengan de esos personajes, como el caso claramente del obispo (Álvarez). o de los jesuitas.

También hay anulación de obras sociales educativas relacionadas con algunas órdenes religiosas y con la Iglesia, y hay un patrón para intentar lavar este crimen. Los bienes confiscados se reinauguran y luego se les pone otro nombre y se presentan como si fueran nuevas obras del Estado de Nicaragua.

No hay una preocupación clara porque el pueblo esté en mejores condiciones y que tenga mejores posibilidades, con este tipo de obras, para ellos el punto es control político y cualquier espacio de libertad que no logren controlar y que incluso tenga relación entre esas estructuras de la Iglesia católica con las bases sociales, pues debe ser absolutamente eliminada y una vez golpeada y expropiada, para que no ocurra esta relación entre la Iglesia y los sectores populares, a los cuales legitima la acción de la Iglesia porque está ayudando a los más necesitados.

Después se ven en la necesidad de reinaugurar las obras como obras nuevas, pero ya bajo control del régimen dictatorial y hacer lo que les dé la gana con esos bienes que se inscriben en la lógica de estar al servicio del Estado de Nicaragua, que es una dictadura.

Hasta hoy no existe ningún juicio o un reclamo ante la justicia internacional por estas confiscaciones. Pero dado que esta no es una política de Estado de Nicaragua, sino de la dictadura Ortega-Murillo, ¿Podrían eventualmente en el futuro estas propiedades ser reclamada y devueltas a las órdenes religiosas en una transición democrática? ¿Hay precedentes de que hayan ocurrido situaciones así en otros países?

Sí las hay, claramente, están los bienes que fueron restituidos en el caso de Cuba. Hay un ejemplo de corte mundial que ha ocurrido en la Rusia de Putin, donde con una muy buena relación de Putin con el patriarca de la Iglesia Ortodoxa rusa, han devuelto todos los bienes de la Iglesia confiscados por los regímenes de la revolución desde Lenin y luego Stalin, y después ha habido este proceso de restauración en algunas otras realidades históricas, en América Latina ha ocurrido restitución de los bienes. Una vez que sea derrocada la dictadura, si en el caso de Nicaragua llegase un gobierno democrático, una de las primeras cosas que tendría que hacer es devolver a las instituciones de la Iglesia, a las órdenes y congregaciones religiosas, sus bienes confiscados de manera ilegal por un régimen dictatorial.

El nuevo papa León XIV recientemente recibió en el Vaticano a los cuatro obispos exiliados y desterrados por la dictadura y los confirmó en sus cargos en un gesto de solidaridad y respaldo con la Iglesia. ¿Cómo evalúas los dilemas que enfrenta el nuevo Papa para lidiar con esta dictadura que persigue a la Iglesia católica y que ha impuesto un silencio a las órdenes religiosas y a la Iglesia que se mantiene en Nicaragua?

Como le pasó al propio papa Francisco y ahora al papa León XIV es una situación muy complicada en una institución de 2000 años de la Iglesia católica, con una enorme experiencia de corte político. Hay una posición de la Iglesia católica respecto a la dictadura, pero en el análisis que hace en su correlación de fuerzas, piensan que en la relación costo beneficio se haría un daño mucho mayor todavía a la Iglesia del que ya le ocurre, y aguanta, toma la actitud de resistir los golpes y de no denunciar, porque eso implicaría poner en riesgo más religiosas, religiosos, sacerdotes y a los fieles. Y que la Iglesia fuera más marginada todavía y que se abriera el espacio a otras expresiones del cristianismo a través de iglesias evangélicas que serían más fáciles de ser controlados por el gobierno y que la Iglesia católica fuese cada vez más, marginada, y me parece que eso es lo que está detrás en el razonamiento de las secretarías de Estado, tanto de León XIV como de Francisco.

Uno podría pensar que la Iglesia debería tener un rol más activo de denunciar la brutalidad de la dictadura de Nicaragua, la brutalidad de la acción represiva, violenta, de la libertad religiosa, pero en la lógica de los diplomáticos del Vaticano, esta doble condición del Vaticano de ser una jefatura de un Estado real, aunque pequeño y simbólico, y también de una estructura institución religiosa, han decidido que el menor costo, el menor mal, es aguantar, resistir y no denunciar.

Estas confiscaciones contra la Iglesia Católica en Nicaragua no tienen ningún precedente en el siglo XXI y, sin embargo, a nivel de la mayoría de los Gobiernos de América Latina se mantienen en silencio ante estas agresiones. ¿A qué atribuyes este silencio? ¿Es tolerancia o acaso es una actitud de resignación?

Me parece una pregunta muy pertinente, hay que hacérsela todo el tiempo, y tiene diversas respuestas. No es lo mismo la respuesta de la dictadura de Cuba o la dictadura de Venezuela, aliadas de esta dictadura en su condición de dictaduras, o estos Gobiernos pseudo izquierdistas como el de México o el de Colombia que hay una relación de justificar, o legitimar de manera absurda al régimen de la dictadura, y callan; y otros que por puro convencionalismo no quieren entrar en una disputa contradicción y mejor prefieren callar que entrar a una discusión. Pienso que hay una deuda pendiente de los gobiernos de América Latina que se dicen democráticos, de denunciar al régimen dictatorial de Nicaragua y en particular por su acción en contra de las iglesias, de manera específica de la Iglesia católica.

¿Y la Iglesia latinoamericana? Hemos visto en diferentes momentos que se ha que sí se ha pronunciado sobre la persecución a la Iglesia en Nicaragua. ¿La Iglesia latinoamericana se mueve bajo orientaciones del Vaticano o tiene una alguna autonomía en distintos países?

La Conferencia del Episcopado Latinoamericano tiene un gran espacio de decisión por su propia cuenta. De hecho, las históricas reuniones de la Conferencia del Episcopado Latinoamericano de Medellín en 1968, de Puebla, en 1979, de Aparecida, la última en Brasil, pues revolucionó incluso el pensamiento teológico del conjunto de la Iglesia. Fueron los obispos de América Latina los que más llevaron adelante con la reunión de Medellín el Concilio Vaticano II, sí hay un espacio de acción de la Iglesia latinoamericana por su cuenta.

Hay diócesis en América Latina también que su poder y su fuerza y su presencia le dan un espacio de libertad a algunos de los cardenales en particular, como pudiera ser el cardenal Aguiar en la Ciudad de México. Desde mi punto de vista y como analista político católico practicante, pienso que hay una actitud de debilidad de la Iglesia institucional para hacer frente a una acción en contra de sus hermanos obispos, de sus hermanos sacerdotes y de sus hermanos fieles y de Nicaragua. Es una actitud tibia y a veces el exceso de la prudencia se vuelve cobardía.

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Carlos F. Chamorro

Carlos F. Chamorro

Periodista nicaragüense, exiliado en Costa Rica. Fundador y director de Confidencial y Esta Semana. Miembro del Consejo Rector de la Fundación Gabo. Ha sido Knight Fellow en la Universidad de Stanford (1997-1998) y profesor visitante en la Maestría de Periodismo de la Universidad de Berkeley, California (1998-1999). En mayo 2009, obtuvo el Premio a la Libertad de Expresión en Iberoamérica, de Casa América Cataluña (España). En octubre de 2010 recibió el Premio Maria Moors Cabot de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia en Nueva York. En 2021 obtuvo el Premio Ortega y Gasset por su trayectoria periodística.

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