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Otra vez el Caribe

La actual Administración republicana mezcla todos los enfoques belicistas, especialmente, en su abordaje de la cuestión venezolana

Vista del barco estadounidense USS Iwo Jima, uno de los navíos desplegados cerca de Venezuela. | Foto: EFE/Gabriela Téllez/Archivo

Rafael Rojas

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La condición entre imperios del Caribe vuelve a mostrar su rostro más peligroso en estos días. Una condición verificable a lo largo de la historia, desde las guerras atlánticas de fines del siglo XVIII hasta la Crisis de los Misiles de octubre de 1962, en Cuba, pasando por la guerra hispano-cubana-estadounidense de 1898. Puede que lo que sucede en estos días no derive en una confrontación regional, pero revela una situación explosiva en varios frentes a la vez.

En el Caribe se superponen no pocos escenarios conflictivos. Por un lado, está el rebasamiento del Estado en Haití con una secuencia interminable de violencia, bandas criminales y emigración incontrolada. La ingobernabilidad en Haití genera todo tipo de iniciativas de auxilio, desde foros regionales o internacionales, incluyendo la ONU y la FAO, que no dan abasto en su gestión. Estados Unidos y Francia tienden aumentar su presencia en la región a partir de la crisis haitiana.

Por otro lado, está el conflicto puntual entre Venezuela y Guyana, que sube de temperatura conforme avanza el proyecto de Nicolás Maduro de anexar el territorio del Esequibo. La ONU y la Corte Internacional de Justicia han logrado muy poco en sus intentos de mediación, por lo que, otra vez, diversas potencias como Estados Unidos y Gran Bretaña promueven cada vez más apoyo a Guyana.

A esas tensiones habría que agregar la permanente fricción de Cuba, Venezuela y Nicaragua con Estados Unidos. Esa fricción, en la que convergen la crisis migratoria y el tráfico de drogas, genera de tiempo en tiempo amagos de relanzamiento de alianzas militares entre los regímenes bolivarianos y potencias rivales de Estados Unidos, como Rusia, Irán y, en mucho menor medida, China.

A diferencia de las dos últimas administraciones demócratas, las de Barack Obama y Joe Biden, el Gobierno de Donald Trump enfrenta esa múltiple conflictividad con grandes despliegues de fuerza naval, como los que vimos este fin de semana, y con un lenguaje intervencionista que recuerda tiempos muy anteriores a la Guerra Fría e, incluso, a la política del Buen Vecino, cuando la era de las cañoneras.

La actual Administración republicana mezcla todos los enfoques belicistas, especialmente, en su abordaje de la cuestión venezolana. Aplica a ese país la versión más agresiva de la guerra contra las drogas, tan desastrosa en Colombia y México, y la combina con un prometido y nunca cumplido proyecto de derrocamiento militar del régimen de Maduro, parecido al expediente de intervención virtual que en los 80 manejó el Gobierno de Ronald Reagan para Cuba y Nicaragua.

El resultado de esas nuevas variantes de viejas agendas es una mala copia de las pugnas imperiales en el Caribe, con Francia enviando buques para proteger a Guadalupe y Martinica, Trinidad y Tobago apoyando a Estados Unidos y Gran Bretaña, mientras Nicolás Maduro, Miguel Díaz-Canel y Daniel Ortega capitalizan la amenaza y llaman a la unidad, la lucha y el continuismo.

*Este artículo se publicó originalmente en La Razón de México.

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Rafael Rojas

Rafael Rojas

Historiador y ensayista cubano, residente en México. Es licenciado en Filosofía y doctor en Historia. Profesor e investigador del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) de la Ciudad de México y profesor visitante en las universidades de Princeton, Yale, Columbia y Austin. Es autor de más de veinte libros sobre América Latina, México y Cuba.

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