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Por treinta años más

El periodismo seguirá contando la historia, porque en Nicaragua hay gente que está dispuesta a ser la voz que denuncie, aunque sea desde el anonimato

La alcancía de Albanisa en el sitio web de Confidencial

La seire especial "La 'alcancía' de Albanisa", publicada en el sitio web de CONFIDENCIAL. // Mockup: CONFIDENCIAL

Iván Olivares

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Llegué a CONFIDENCIAL en septiembre de 2002.

Acababa de terminar un período de 12 años en La Prensa, de donde acababa de salir, y me planteaba cuál sería mi futuro profesional, porque en ese entonces me parecía que para un periodista generalista como yo, la única opción mejor que La Prensa era el Canal 2.

Claro que conocía CONFIDENCIAL, pero se trataba de un medio especializado en política y economía, y esas eran, casualmente, las dos especialidades en las que yo no tenía básicamente recorrido alguno… pero apliqué. Me presenté a una entrevista con Carlos Fernando Chamorro, de la que sólo recuerdo dos cosas: cuando me dijo que el medio no se refería a los personajes de la vida pública como “don Enrique” (en referencia al entonces presidente de nuestra República, Enrique Bolaños), y que él necesitaba un periodista que escribiera bien.

Decidí no responder al segundo requerimiento, y dejar que mi trabajo lo convenciera por sí mismo… si es que lo convencía.

Han pasado casi 24 años desde mi llegada a la oficina de Carlos Fernando, allá por el viejo Estadio Nacional de Béisbol “Dennis Martinez”. Fue difícil adaptarme al inicio. No por el equipo (todos desconocidos para mi hasta ese momento), ni por el carácter de Carlos Fernando, sino por otra razón. Algo que ahora sé que se denomina “Síndrome del Impostor”: siendo que yo nunca había escrito de economía, ¿cómo iba a comenzar a cubrir esos temas en un medio especializado?

Poco a poco lo logré, y aunque al inicio me aburría oyendo las explicaciones de los expertos, con el tiempo llegué a entender ese lenguaje extraño que hablan los economistas, y aprendí a traducirlo a algo más sencillo que pueda entender la mayor parte de las personas.

Los periodistas tenemos un sombrero que nos identifica. No se trata del clásico sombrero que usan los periodistas en las caricaturas, como el que usaba Clark Kent. No. El nuestro es simbólico, y es el que nos identifica al decir “Soy Iván Olivares, de CONFIDENCIAL”.

Aunque el lector que no pertenece al mundo periodístico no lo crea, esa frase abre muchas puertas (y nos cerró muchas otras a partir de la reafirmación de nuestra desgracia política como nación, inaugurada el 10 de enero de 2007).

Pero aún en el extranjero, ese sombrero que dice “trabajo para CONFIDENCIAL”, o “trabajo con Carlos Fernando Chamorro”, sigue siendo una llave magnífica para acceder a nuevas fuentes que nos permitan seguir contando nuestra historia, y desmontar las mentiras de las que se alimenta la narrativa oficial del régimen, para que la gente que nos lee en Nicaragua y el resto del mundo sepa, gracias al valiente periodismo nicaragüense, qué es lo que sigue ocurriendo dentro de nuestro país.

La oportunidad que tuve en CONFIDENCIAL para especializarme en reportear temas de economía, me permitió entender cosas que antes ni siquiera vislumbraba: la importancia de los organismos financieros internacionales, o la del Banco Central, y del Ministerio de Hacienda, pero también cómo funciona la Bolsa de Valores, qué es Producto Interno Bruto, recesión, depresión económica, mercados de futuro, etc., todo ello para explicar de dónde vienen el hambre y la pobreza; el desempleo y el subdesarrollo; las deudas (pública y privada; interna y externa).

Sí. Es verdad que no mencioné la corrupción de los políticos ni de los funcionarios públicos. Tampoco mencioné la voracidad de algunos empresarios. Pero es que esa ya la conocía. Está tan presente en la vida diaria de esa Nicaragua que amamos, que no fue necesario llegar a un medio especializado como CONFIDENCIAL para comprobar sus efectos nocivos sobre nuestra sociedad, historia y futuro.

Y ya que de corruptos hablamos, algo que aprendí (en una reunión internacional de periodistas de investigación) es que mientras nuestros corruptos se roban una sandía, sus pares de otras partes del continente se roban el sembradío entero. Los nuestros son absolutamente mediocres, usando como unidad de medida el tamaño y monto de lo robado. Los de ellos eran “raterías”, como una vez dijo Arnoldo Alemán tratando de defender alguna de las raterías que marcaron sus años como alcalde de Managua, y como presidente del Gobierno de Nicaragua… hasta que llegaron estos, que privatizaron la cooperación venezolana, y crearon un emporio empresarial que al inicio fue tan mediocre como ellos.

Ahí está la investigación La Pulpería de Albanisa, donde contamos qué uso contemplaban darle a la inmensa fortuna que de pronto había caído en sus manos: sembrar yuca en Masaya (propuesta original, ja ja ja) o algodón en Occidente (sí… originalísimo), en este caso, plagiando palabra por palabra una tesis universitaria que encontraron en una universidad peruana. Poner un Rent a Car, o inyectarle recursos a la fábrica de bloques de “Chico” López.

¡Es que uno no sabe cómo hacer para reír mientras te invade la indignación, o como indignarte mientras te burlas de semejantes mediocres!

Hoy CONFIDENCIAL, como todo el periodismo nicaragüense, está físicamente en el extranjero, pero nuestros corazones e intelectos siguen en Nicaragua. Estamos conectados con nuestra tierra para seguir narrando en libertad el sufrimiento de nuestra gente. El hambre de los más pobres. El desempleo de muchos, demasiados que, con títulos o sin ellos, siguen añorando irse del país a buscar un empleo en otra parte del mundo para mejorar su vida o las de sus familias.

También la hipocresía del oficialismo, la complicidad de los aduladores, el rentismo de algunos empresarios, el acomodo de quienes se llaman ‘periodistas’, pero solo se limitan a sostener los micrófonos durante los monólogos oficiales, porque no se atreven a preguntar nada. ¡Nada! ¡Ni siquiera en plan zalamero!

Acá hago la excepción de quienes saben lo peligroso que es pensar por su cuenta, y se limitan a cooperar porque ¡ni modo!, hay cuentas que pagar.

El periodismo seguirá contando la historia. No porque seamos ‘la mamacita de Tarzán’, sino porque dentro de Nicaragua aún queda gente que la ama, y está dispuesta a ser la voz que denuncie, aunque sea desde el anonimato.

Respecto a los dos requerimientos de Carlos Fernando el día de nuestra entrevista… nunca llamé ‘don Enrique’ al presidente Bolaños.

Acerca del segundo: aquí sigo… 24 años después.

Saludo al periodismo nicaragüense, y saludo a CONFIDENCIAL.

¡Por 30 años más! ¡Salud!


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Iván Olivares

Iván Olivares

Periodista nicaragüense, exiliado en Costa Rica. Durante más de veinte años se ha desempeñado en CONFIDENCIAL como periodista de Economía. Antes trabajó en el semanario La Crónica, el diario La Prensa y El Nuevo Diario. Además, ha publicado en el Diario de Hoy, de El Salvador. Ha ganado en dos ocasiones el Premio a la Excelencia en Periodismo Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, en Nicaragua.

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