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El secuestro de Miss Nicaragua: un nuevo rehén de la dictadura

Daniel Ortega y Rosario Murillo nunca podrán confiscar la alegría y la esperanza del pueblo, y la libertad de conciencia

Sheynnis Palacios, Miss Nicaragua, ganadora de Miss Universo 2023. Foto: Redes sociales

4 de diciembre 2023

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Las acusaciones delirantes que la Policía del régimen Ortega-Murillo ha lanzado contra la directora de la organización Miss Nicaragua, Karen Celebertti, desterrada la semana pasada, y contra su esposo Martín Argüello Leiva y su hijo Bernardo Argüello Celebertti, secuestrados y desaparecidos, han provocado estupor y una rotunda condena entre los nicaragüenses y en la opinión pública internacional.

A estos tres ciudadanos, que forman parte de la organización que promovió la coronación de Sheynnis Palacios, Miss Nicaragua, en el certamen de Miss Universo, y que por lo tanto son copartícipes de ese gran triunfo nacional, se les imputan sin ninguna prueba los delitos de “conspiración, traición a la patria, terrorismo, incitación al odio, crimen organizado, y lavado de dinero”, entre otras fabricaciones inventadas en el búnker de El Carmen.


En realidad, de lo único que son culpables es de haber trabajado con imparcialidad y profesionalismo para organizar el concurso de Miss Nicaragua, y de haber apoyado en su preparación a Sheynnis Palacios, quien, con su derroche de belleza, talento, y carisma, se convirtió en Miss Universo hace dos semanas en San Salvador.

Una reina de belleza que también está amenazada por este rosario de acusaciones demenciales, cuyo único delito ha sido devolverle la alegría y la esperanza al pueblo, y haberse coronado Miss Universo por su propio esfuerzo, y no “gracias al comandante Daniel y la compañera Rosario”, como ordena la propaganda oficial.

El comunicado policial redactado de su puño y letra por la vocera del régimen es un acto que deshonra a la misma Policía Nacional y que, sin ser una acusación penal, adelanta una sentencia de culpabilidad al calificar de “apátridas” a los acusados. Pero, en el fondo, revela la paranoia, el miedo, y la desesperación de una dictadura familiar que pretende controlarlo todo, pero no puede acallar la explosión de alegría que ha provocado Miss Universo, en las calles y en las redes, como tampoco ha podido aplastar la libertad de conciencia de monseñor Rolando Álvarez, el obispo de Matagalpa que durante diez meses ha estado encerrado en una celda de máxima seguridad en la cárcel La Modelo.

La integridad, la decencia, la solidaridad y la capacidad de indignación, los mismos valores que practicó y predicó el gran jurista que fue el doctor Roberto Arguello Hurtado, expresidente de la Corte Suprema de Justicia, padre, abuelo, y suegro de las tres víctimas, son su único blindaje en un país sin leyes ante una infame acusación.

Los nicaragüenses nunca hemos perdido la capacidad de asombro para condenar los crímenes de lesa humanidad de la dictadura, aunque estos sean cada vez más irracionales. Primero masacraron en masa al pueblo en 2018. Encarcelaron a miles de personas y mandaron al exilio a centenares de miles de familias. Nos despojaron del derecho a elegir y ser electos en 2021. Después eliminaron todos los espacios cívicos y las organizaciones de la sociedad civil. Confiscaron las universidades y los medios de comunicación independientes. Desataron una feroz persecución contra la Iglesia católica y la libertad religiosa. Y ahora intentan politizar un certamen de belleza para criminalizarlo al presentarlo como un supuesto golpe de Estado.

El asalto disparatado contra Miss Nicaragua y Miss Universo forma parte del legado del caos y el desastre que Daniel Ortega le pretende heredar a la sociedad nicaragüense: una dinastía familiar con una dictadura más totalitaria, aunque sin legitimidad, ni apoyo popular. Y eso los saben perfectamente bien todos sus cómplices: los generales del Ejército y la Policía, los flamantes ministros económicos, los operadores políticos del régimen, y sus testaferros y paramilitares. Saben que la dinastía está destinada al fracaso, porque, además, nunca podrán confiscar la alegría y la esperanza del pueblo, y la libertad de conciencia.

Después de haber vivido durante cinco años bajo un Estado policial de facto que ha conculcado todas las libertades, los nicaragüenses siguen condenando, en silencio, la injusticia. La resistencia cívica, en la cárcel y en el exilio, es una conquista democrática más poderosa que los fusiles y las calumnias de la dictadura en su estado actual de total degradación moral.

Es posible que en la mentalidad mafiosa de los dictadores, Martín y Bernardo Arguello sean vistos como meras fichas de cambio, como rehenes para intentar acallar a Miss Universo Sheynnis Palacios. Pero, esa una apuesta inútil, porque Sheynnis nunca ha sido ni pretende ser un actor político. En cambio, la explosión de alegría que está desatando su triunfo ya forma parte de una nueva ola de cambio que, más temprano que tarde, terminará enterrando a una dictadura decrépita.

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Carlos F. Chamorro

Periodista nicaragüense, exiliado en Costa Rica. Fundador y director de Confidencial y Esta Semana. Miembro del Consejo Rector de la Fundación Gabo. Ha sido Knight Fellow en la Universidad de Stanford (1997-1998) y profesor visitante en la Maestría de Periodismo de la Universidad de Berkeley, California (1998-1999). En mayo 2009, obtuvo el Premio a la Libertad de Expresión en Iberoamérica, de Casa América Cataluña (España). En octubre de 2010 recibió el Premio Maria Moors Cabot de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia en Nueva York. En 2021 obtuvo el Premio Ortega y Gasset por su trayectoria periodística.

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