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Yonarqui Martínez sobrevive al cáncer, el exilio y el orteguismo

La defensora de presos políticos de Nicaragua habla, por primera vez, sobre su lucha contra el cáncer de mama, y la esperanza de justicia en Nicaragua

Imágenes de la abogada de presos políticos de Nicaragua, Yonarqui Martínez. // Fotoarte: Confidencial

Redacción Confidencial

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La abogada nicaragüense Yonarqui Martínez ha superado varios obstáculos desde 2018: la persecución del régimen orteguista, la inhabilitación de por vida para ejercer su profesión y el exilio junto a sus hijos. Sin embargo, desde mayo de 2025 libra una batalla más: fue diagnosticada con cáncer de mama en estado avanzado y con metástasis en su cuerpo. La enfermedad, identificada lejos de su patria, fue una “oportunidad” —según la nicaragüense— para “sobrepasar los límites de la muerte”.

“Yo sé que si esta situación de salud la hubiera tenido en Nicaragua, quizás los resultados hubieran sido otros. Quizás ahorita se estuviera hablando de un deceso. Así que creo que cada cosa que ha pasado, Dios siempre ha estado ahí”, dice.

A Yonarqui siempre se le ha visto como una mujer fuerte. Se le vio así durante los años en que defendió a más de un centenar de presos políticos del régimen. También, cuando sostuvo —literalmente con su cuerpo— a las madres de los reos de conciencia que clamaban justicia o tan siquiera poder verlos. O cuando tuvo que cruzar la frontera de noche para resguardar su vida y libertad junto a sus hijos menores de edad. Y así se le ha visto, desde el día en que decidió enfrentar el cáncer y se animó a contarlo públicamente.

“Queridos amigos, hace unos meses recibí un diagnóstico de cáncer. La noticia me devastó, luego de un tiempo de reflexión y pidiendo sabiduría a Dios he decidido luchar y vencer la enfermedad”, escribió en sus redes sociales, en mayo de 2025.

El camino por vencer el cáncer ha sido duro, admite. Le ha cuestionado a Dios por qué de esta situación, pero también le ha agradecido por salvar su vida. Tras año y medio de lucha, su cuerpo ya está libre de la enfermedad. Aunque seguirá en tratamiento de remisión durante los próximos tres años y enfrenta las secuelas que le dejó la batalla por sobrevivir. 

Esta es la primera entrevista que Yonarqui Martínez, la abogada de los presos políticos de Nicaragua, brinda tras esta dura etapa en su vida. La defensora se encuentra “en algún país de Europa”, cuyo nombre prefiere no mencionar por su seguridad. 

Cuatro años de exilio    

Yonarqui Martínez, de 42 años, está convencida de que su propósito en la vida era ser abogada. No siempre pensó así, admite, de pequeña decía que quería ser médico, pero el derecho pudo más. Ahora que ya no puede ejercer, ve películas o documentales donde hay juicios o incluyen tramas de abogados y se recuerda de los años en que era ella quien lideraba las defensas.

“No me arrepiento de nada”,  dice con su tono de voz decisivo de siempre. 

La vida profesional de Yonarqui ha sido agitada. Por su trabajo fue amenazada de muerte, secuestrada e incluso hasta la intentaron sobornar. “Me ocurrieron un montón de cosas, pero jamás me imaginé saliendo de Nicaragua en la situación en que salí. Sería una mentira decir que yo dimensioné que esto iba a terminar de esta manera”.

Antes de 2018, la abogada no ejercía el derecho penal. Trabajaba como asesora legal en un banco. Pero la situación de injusticia del país fue tan grande que no pudo mantenerse al margen. Así que asumió las primeras defensas sin cobrar, hasta que, sin quererlo, llegó a estar a cargo de más de un centenar de casos, como defensora o como asesora. Su vocación fue tanta que puso en segundo plano su salud y hasta sus hijos. 

“Lo que sí lamenté en un momento fue que mis hijos tuviesen la vida que tuvieron durante esos años, porque ellos no tenían una vida en paz, vivían en persecución. Mi hijo menor lo primero que me pidió cuando salimos del país fue que lo llevara a un parque. Eso fue doloroso para mí”, dice.

Milagro en diagnóstico de muerte 

La salud fue otro aspecto de la vida que Yonarqui Martínez dejó a un lado durante sus años como defensora de presos políticos. Fue hasta que se exilió en un tercer país que se hizo un chequeo médico que acabó con el diagnóstico de cáncer. 

“Yo tenía una afectación que era mínima, siempre estaba con ciertos dolores (que ignoraba)” confiesa.

El diagnóstico no fue favorable, los médicos le informaron que ya no tenía esperanzas de vida porque el cáncer estaba en etapa avanzada y tenía metástasis. Lo único que podían hacer era tratamientos paliativos.

“Yo en un principio pensaba que era mentira y te lo digo honestamente, yo llegué a llorar y a decirle a Dios por qué, por qué si he sufrido tanto, por qué si dejé mi país, por qué si perdí mi casa, por qué perdí tantas cosas”, confiesa. 

El reclamo en uno de los momentos más duros de la enfermedad fue recompensado con un milagro. “Un milagro que hoy la tiene con vida compartiendo su testimonio”, dice. 

“Yo tenía dos resonancias magnéticas y dos biopsias. Resulta que las biopsias y las resonancias indicaban que yo tenía el cáncer en etapa de metástasis. Y cuando estaba esperando a ver si me daban quimioterapia, y estando sin tratamiento, me hacen un tercer estudio y me dicen que el cáncer puede ser operado y que ya no tengo metástasis. Los médicos no lograban comprender cómo la metástasis fue sanada”, cuenta. 

Tras el “milagro”, la nicaragüense fue operada y también comenzó el tratamiento de quimioterapia para vencer el cáncer. El proceso es “dolorosísimo”, subraya. “Cuando entraba la quimioterapia sentía como me iba quemando. Las uñas se me pusieron negras, me quedaba sin fuerzas, me quedaba dormida, me desmayaba en el baño”. 

“Después de la operación estuve en cuidados intensivos y he quedado con secuelas en los huesos, me duelen las articulaciones, tengo riesgo de quebradura en la columna, debo cuidar de no caerme”, explica la abogada. “Pero ahora estoy mejor. Ya no está el cáncer en mi cuerpo”. 

“Me negaron atención médica”

El apoyo de las personas que la conocen fue fundamental para enfrentar la enfermedad, asegura Yonarqui Martínez. Tanto emocional, como económicamente. “Las llamadas telefónicas, cada mensaje positivo que llegaba en las redes sociales, cada oración que las personas hacían para mí, era como un abono en una planta que está creciendo”, dice. 

“Yo cuando miraba, cuando me leían, porque hubo momentos en que yo no podía leer, yo no podía estar con el teléfono, pero me ponían un audio de alguien conocido, entonces esa voz de esa persona, yo la reconocía y era como volver a vivir”, agrega. 

Enfrentar esta enfermedad en el extranjero, en otro idioma y lejos del círculo familiar es una de las partes más duras, cuenta. Sin embargo, la defensora está convencida que de haber tenido este diagnóstico en Nicaragua “habría muerto”. Durante la pandemia de la covid-19 le negaron atención médica. 

“Cuando a mí me dio covid-19, no me quisieron atender en el hospital público. Yo tuve problemas serios con el covid (…) además, el sistema de salud donde estoy me permitió por lo menos tener una esperanza de poder sobrepasar los límites de la muerte porque en Nicaragua, al no tener medicina, al no tener atención médica o al tener una atención médica no adecuada, quizás yo estuviese en otra situación”, detalla. 

Volver a Nicaragua 

Yonarqui Martínez ha pensado poco en volver a Nicaragua. Volver en las condiciones actuales es imposible ante la falta de garantías de seguridad. Además que para sus hijos está construyendo el futuro que les arrebató el régimen. “Yo tengo que estar ahora mismo viendo por la seguridad, por el bienestar de mis hijos que todavía son menores de edad”. 

Los tres hijos de la nicaragüense son trilingües, van a estudiar sus carreras profesionales y, de a poco, están recuperando la tranquilidad que habían perdido. Sin embargo, la defensora —aunque esté lejos— quisiera aportar a la construcción de un mejor país. 

“Me gustaría muchísimo ver la parte de justicia. Aportar en algo para que hubiera justicia para todas esas personas que fueron víctimas en diferentes etapas y en diferentes dimensiones. Si en un momento estuve ahí defendiendo, me gustaría participar de esa forma”, dice. 

Agrega: “quizás no podamos regresar a los muertos, no vamos a poder curar las heridas de los que tienen heridas, de los que tuvieron tortura, pero sí va a ser una gran satisfacción mirar que hay justicia. Esa sería una de las etapas de mi vida que sí me gustaría vivir, que me gustaría observar”. 

El anhelo por ver justicia fue el motor que la impulsó durante todos estos años. Por su vocación lo perdió todo, pero ahora lucha por reconstruir su vida aunque sea a miles de kilómetros de su patria.

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Redacción Confidencial

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Confidencial es un diario digital nicaragüense, de formato multimedia, fundado por Carlos F. Chamorro en junio de 1996. Inició como un semanario impreso y hoy es un medio de referencia regional con información, análisis, entrevistas, perfiles, reportajes e investigaciones sobre Nicaragua, informando desde el exilio por la persecución política de la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo.

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