Colombia elige presidente entre la polarización, la violencia y la incertidumbre
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“La tenían colgada y dijo al oficial que llegó a torturarla que la matara, porque si una mano le quedaba libre, iba a ser para combatir a la Guardia”
Mapas publicados por los diarios La Prensa y Novedades sobre la ruta y movimientos de la columna Jacinto Hernández, mayo de 1979. //Foto: Mónica Baltodano.
Estos relatos muestran la sobrehumana lucha que libró el pueblo de Nicaragua para poner fin a la dictadura somocista, en particular, en los últimos meses, marcados por enormes derramamientos de sangre y por las extraordinarias muestras de decisión y arrojo popular, provenientes de las más diversas condiciones sociales. Espero contribuyan a la comprensión de que Nicaragua necesita romper con la espiral recurrente —principalmente dentro de la clase política— del caudillismo, el aferramiento al poder, la confrontación y la intolerancia.
Como parte del proceso de unidad de las tres tendencias del FSLN, se decidió abrir un nuevo frente en los departamentos de Chontales y Boaco en el que operarían dos columnas, la Camilo Chamorro y la Jacinto Hernández.
La organización de esta unidad correspondió a la Tendencia Proletaria (TP). El responsable fue Luis Carrión Cruz, miembro de la dirección de dicha tendencia. En los departamentos donde operaría, históricamente el FSLN no había desarrollado un trabajo organizativo sólido. La tendencia GPP mantenía algunas bases estudiantiles y contactos en Boaco, Santo Tomás y Juigalpa; en esos mismos territorios también existían algunos vínculos terceristas.
Luis Carrión se desplazó con un grupo de militantes provenientes del Pacífico, entre ellos Gerardo Arce, Ricardo Pereira, Javier Guerra, Tomás Maldonado, Adolfo “Popo” Chamorro, Miguel Guzmán y Horacio Cuadra. También contaron, inesperadamente, con un pequeño grupo guerrillero organizado por Adrián Gutiérrez, “el Chelito”, y otros estilianos con alguna experiencia combativa e instalados cerca del Río Siquia.
La columna Jacinto Hernández se organizó en Costa Rica. Su jefatura quedó a cargo de Óscar Benavides Lanuza, conocido como “Rosendo” o “El Camaradita”. Con una larga trayectoria desde 1960 en los sindicatos de zapateros de Estelí, entrenado en Casa Colorada en 1962, integrante de la guerrilla de Carreteras, en Matagalpa, en 1963, entrenado en Cuba en 1968. Capturado en enero de 1970, y rescatado por el comando Juan José Quezada en diciembre de 1974.
El segundo jefe de la columna era Iván Montenegro Báez (1953-1979). Se vinculó al FSLN en 1972 en León, donde estudiaba biología. Llegó a ocupar responsabilidades de dirección en la organización urbana del FSLN en Occidente y posteriormente en Managua, donde fue capturado en 1976. Fue liberado en 1978 durante la operación “Muerte al Somocismo” y luego se incorporó a la tendencia tercerista.
El tercer jefe de la columna era Adolfo García Barberena (“Domingo”) quien había migrado a Costa Rica en los años 40, participando en la guerra civil de 1948. Se integró entonces a Vanguardia Popular en la que militó hasta su muerte. Le decían Garcillón por ser alto y corpulento. De oficio zapatero, estaba organizado con otros de su oficio y entró en contacto con fundadores del FSLN. En 1961 participó en un intento guerrillero “la guerrilla de los zapateros” dirigido por Manuel Andara Úbeda. Entró desde Costa Rica por el Río San Juan, junto a Luis Morales, quien cayó en ese intento. En 1977 García Barberena se incorporó a la lucha guerrillera con la tendencia tercerista
Según algunos sobrevivientes, la columna estaba organizada en tres unidades. No existe una cifra exacta del número de combatientes, pues los sobrevivientes dan números distintos, entre cien y ciento cincuenta, entre ellos tres mujeres. La Guardia Nacional reportó oficialmente 68 muertos, incluidas dos mujeres.
El campamento donde se entrenaban los combatientes fue visitado por periodistas internacionales. Emilio Castellanos, en una crónica publicada en El Nacional de Caracas, afirmó que entre los guerrilleros había venezolanos, panameños, argentinos, chilenos y, por supuesto, nicaragüenses. Sin embargo, en las reconstrucciones históricas posteriores únicamente ha sido posible confirmar la presencia de costarricenses, hondureños, panameños y un español.
Castellanos describió además un contingente fuertemente armado, equipado con bazucas, morteros, ametralladoras, fusiles FAL, rifles Garand, M-16 y M-14, subametralladoras Madsen y Uzi, granadas de fragmentación y bombas de contacto.
La columna ingresaría a Nicaragua por la ribera atlántica del río San Juan, avanzando hacia el sector de Nueva Guinea. Era una región donde el FSLN no contaba con ninguna base social. Las colonias agrícolas habían sido promovidas por el somocismo a través del Proyecto Rigoberto Cabezas y del Instituto Agrario Nacional (IAN), mediante la entrega de tierras a campesinos desplazados del occidente del país debido a la expansión algodonera. Paralelamente, se había fortalecido la presencia de iglesias evangélicas y del trabajo clientelar somocista. En otras palabras, la base social era más bien adversa a la insurgencia por lo que algunos de los campesinos participaron incluso, en la persecución y la captura de guerrilleros.
Otro problema fue que el ingreso de la columna fue detectado casi de inmediato por la Guardia Nacional, que movilizó fuerzas superiores tanto en número como en armamento, incluyendo apoyo aéreo. Los cálculos de que se podría avanzar y llegar a zonas urbanas más amigables, no tomaron en cuenta el enorme dispositivo de la GN hacia esos territorios.
La jefatura sostenía la tesis de avanzar rápidamente hacia zonas más pobladas, bajo el entendido de que la insurrección urbana era inminente. Fue una decisión, a mi juicio equivocada, costosísima en vidas humanas, pues todos los que decidieron continuar fueron masacrados. Los sobrevivientes fueron los que decidieron regresar, una parte importante en contra de las decisiones del mando.
Varios sobrevivientes relataron posteriormente que el terreno representó otro enorme obstáculo: extensas zonas pantanosas, territorios planos y lluvias persistentes dificultaron el desplazamiento.
A ello se sumó un grave problema de coordinación. Las columnas Jacinto Hernández y Camilo Chamorro no mantenían comunicación operativa. La jefatura de la Camilo Chamorro conoció de los combates a través de los medios de comunicación y por ello decidieron atacar El Rama el 14 de mayo, intentando disminuir la presión militar sobre la Jacinto Hernández.
Igualmente, Germán Pomares decidió adelantar el ataque a Jinotega para el 19 de mayo al conocer las dificultades que enfrentaba la columna en Nueva Guinea. Para entonces, la Jacinto Hernández ya había sido aniquilada.
La columna Jacinto Hernández ingresó al territorio nacional a finales de abril de 1979. Su primer enfrentamiento con la Guardia Nacional ocurrió el 1 de mayo. Inicialmente, Aquiles Aranda Escobar, vocero de la Guardia, negó públicamente la penetración guerrillera en el sector de Nueva Guinea. Sin embargo, en las carreteras comenzó a observarse una intensa movilización de tropas y equipo militar.
Somoza incluso suspendió una entrega de títulos de propiedad prevista en la zona, mientras pobladores reportaban el desplazamiento de decenas de vehículos militares desde Juigalpa hacia Nueva Guinea. La magnitud del operativo motivó a La Prensa a publicar un mapa de la región en su primera plana.
El 5 de mayo, a las once de la noche, la clandestina Radio Sandino informó sobre las operaciones insurgentes en Nueva Guinea. Según la transmisión, la presencia guerrillera buscaba aliviar la presión militar sobre la franja del Pacífico y obligar a la Guardia Nacional a dispersar sus fuerzas. Confirmaron, además, que el primer combate se había producido el 1 de mayo en Caño Chacalín, afluente de Punta Gorda, cerca de las colonias agrícolas Verdún y Nueva Guinea.
Habitantes de la región denunciaron posteriormente la creciente militarización: retenes, cateos y sobrevuelos constantes sobre El Almendro, La Tronquera, Bambú, Jerusalén y Jericó. A partir del 2 de mayo llegaron cerca de 300 guardias nacionales que instalaron cuarteles en Nueva Guinea y Verdún.
El 9 de mayo, La Prensa denunció que unos treinta campesinos montados a caballo fueron confundidos con guerrilleros y ametrallados desde helicópteros en la zona de Toro Bayo, a unos sesenta kilómetros de Nueva Guinea.
El 10 de mayo, el diario Novedades desmintió a La Prensa y afirmó que los guerrilleros se encontraban atrapados en Nueva Guinea. Reportó enfrentamientos sucesivos en Chacalín, luego en Punta Gorda y más tarde en el río Camastro. La Guardia Nacional aseguró haber abatido a 61 combatientes y mostró armamento supuestamente capturado.
La Guardia permitió a algunos medios visitar la zona, excluyendo deliberadamente a La Prensa. Los periodistas observaron armas y municiones incautadas, pero no pudieron ver los cadáveres de los guerrilleros, pues la institución afirmó que habían sido enterrados en el mismo lugar donde cayeron.
El 14 de mayo, la Oficina de Leyes y Relaciones Públicas de la Guardia Nacional anunció oficialmente el aniquilamiento de la columna y publicó en primera plana una fotografía antigua de Adolfo García Barberena.
Posteriormente, el 18 de mayo, la Guardia informó sobre la muerte de otros siete combatientes, entre ellos Iván Montenegro Báez y Óscar Benavides Lanuza. Según el comunicado oficial, el combate ocurrió la mañana del 17 de mayo en el lugar conocido como Paso de la Yegua. El somocismo se ufanó de su victoria y mostraron fotografías de los cadáveres destrozados de algunos de los mandos.
En la columna participaron tres mujeres: Yelba María Antúnez, Aída Alemán y Martha Cruz Conrado.
Yelba María Antúnez tenía apenas quince años. Era hija de la profesora Rosario Antúnez, de Ocotal, una gran colaboradora. Yo había vivido en la clandestinidad en su casa en 1975 y todavía recuerdo a “Yelbita” como una niña inteligente y estudiosa, pero también bromista y juguetona. Yelba había sido capturada en Honduras donde sufrió vejaciones y torturas por parte del ejército hondureño. Salió por presiones a Panamá y ahí se incorporó al Frente Sur.
Martha Cruz Conrado, “Susi”, originaria de Jinotepe, tenía una historia que mostraba su voluntad y arrojo. Combatía manejando ametralladoras calibre 30 y 50. Fue capturada con vida y posteriormente violada, torturada y asesinada.
La cocinera del campamento de la GN en la zona, capturada después del triunfo revolucionario, relató:
“La tenían colgada y le dijo al oficial que llegó a torturarla que la matara, porque si era una mano la que le quedaba libre, esa mano iba a ser para combatir a la Guardia. En ese momento los guardias comenzaron a arrancarle los pechos con una tenaza”.
Aída Alemán, conocida como “Jossy”, era una internacionalista panameña perteneciente a la Brigada Victoriano Lorenzo y logró sobrevivir a la masacre. En 1980 publicó un doloroso poema sobre la Columna y su experiencia. Ha mantenido también una presencia testimonial sobre su participación en varios espacios.
La reconstrucción de la lista de combatientes muertos ha sido compleja. Existen registros oficiales plagados de errores e inconsistencias. A continuación, se presentan, en orden alfabético, los nombres que diversas fuentes y testimonios de sobrevivientes han permitido confirmar.
La actuación de la GN a lo largo de su historia se caracterizó por irrespetar los derechos humanos y las normas internacionales de la guerra. En Nueva Guinea esto fue evidente porque no se reportaron grandes combates, ni bajas de la GN. Una parte importante de los guerrilleros al encontrarse en total desventaja fueron capturados, algunos ya heridos y sometidos a torturas hasta la muerte. Al rescatar el cadáver de Adolfo García Barberena, por ejemplo, se constató que había sido sometido a crueles torturas, y estaba atado a otro combatiente con alambres de púas.
La mamá de Yelba María Antúnez, la profesora Rosario Antúnez, relató que, en septiembre de 1979, el padre de Iván Montenegro Báez le dijo que tenía la ubicación de donde se encontraban algunos cadáveres y viajó con él a buscarlos.
“Nos fuimos con él a Nueva Guinea y desenterramos a seis incluyendo a Iván y Yelba. También desenterramos a Óscar Benavides, un comandante guerrillero de Estelí, y a un niño de 12 años. Yo pensaba que solo iba a encontrar los huesos, pero mi hija estaba entera. Viera qué grande que se me había hecho”, narró.
San José, 20 de mayo 2026.
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Guerrillera, revolucionaria y política nicaragüense. Participó en la insurrección contra la dictadura somocista. Exdiputada de la Asamblea Nacional. Fundó el disidente Movimiento por el Rescate del Sandinismo. Tiene una licenciatura en Ciencias Sociales y una maestría en Derecho Municipal de la Universidad de Barcelona, España. Es autora de la serie "Memorias de la Lucha Sandinista".
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