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¿Dónde está Quincho Barrilete?

¿Está Quincho entre los cincuenta mil jóvenes y niños muertos a los que, en vez de darle un lápiz y un papel, se les entregó un fusil?

«Quincho Barrilete», de Carlos Mejía Godoy, ganó el Festival Iberoamericano de la Canción OTI, en 1977. Confidencial | Agencias

4 de enero 2018

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El sábado 12 de noviembre de 1977, en el Centro Cultural de la Villa de Madrid, la canción «Quincho Barrilete», de Carlos Mejía Godoy, venció el último obstáculo: se impuso ante su gran rival, «Hombre», del reconocido cantautor mexicano José María Napoleón. Trecientos millones de telespectadores siguieron la transmisión en vivo.

Meses antes, en Managua, la memorable canción se había antepuesto a la gran favorita para representar a Nicaragua en ese sábado 12 de noviembre en la sexta edición del Festival Iberoamericano OTI: «Almohada», de Adán Torres, cuya fama se debió a su valor lírico y a la interpretación de José José.


España llevaba dos años viviendo en democracia, luego del fallecimiento de Francisco Franco en 1975; quizás por eso la historia de un niño de la calle que trabaja para mantener a su familia hizo eco en los corazones que vieron en la Falange Española la gran amenaza a los ideales de la lucha popular.

El intérprete de «Quincho Barrilete», Eduardo «Guayo» González, siempre dudó en alzarse con el primer lugar en el concurso. Según él, nadie entendería los nicaraguanismos de la canción: «bolis» (helado), «marimba de chavalos» (uno entre numerosos hijos), «tayacán» (persona valiente), «barrilete» (cometa), «chelín» (moneda de veinticinco centavos), «Open Tres» (barrio ubicado en las periferias de Managua, hoy Ciudad Sandino), «penquearse» (trabajar duro), «chavalo» (niño).

Dudas al hombro, Eduardo González se presentó en el teatro madrileño acompañado por cinco niños que le hacían coro en esa especie de polka nicaragüense compuesta en forma binaria, es decir, por dos secciones (A y B) que se repiten tres veces, y está estructurada como una marcha gracias al arreglo de Manolo Gas.

No resultó extraño que la canción recibiera el primer puesto en el certamen, pues reflejaba la galopante pobreza en la que vivían millones de personas, incluso los niños, cuya miseria contrastaba con la opulencia de las poderosas dictaduras de derecha que gobernaban con mano de hierro a varios países hispanoamericanos.

Los únicos extrañados fueron el propio compositor, el intérprete y toda Nicaragua que, en noviembre de 1977, preparaba la ofensiva final para derrocar al último de los Somoza. Por supuesto, el diario oficial, Novedades, tildó la canción de «cirquera».

El adjetivo no podía ser más desacertado porque la canción compuesta por Carlos Mejía Godoy se insertaba dentro de la gran tradición de Atahualpa Yupanqui, Victor Jara, Violeta Parra y otros folcloristas que habían alzado la voz en favor de los pobres y los campesinos.

«’Quincho Barrilete’ no es el producto de mi imaginación, existe en los miles de niños que son víctimas de la explotación y la injusticia y contra lo cual es nuestra obligación luchar en la reivindicación de los derechos populares… Considero que un compositor musical, en mi caso, no puede abstraerse del proceso de liberación que vive nuestro país, y tiene que dar en la medida de sus posibilidades, su testimonio, tanto en el aspecto artístico como personal. En tal sentido el canto tiene que ser un mensaje que concientice sobre los graves problemas que afronta la mayoría del pueblo nicaragüense», dijo Carlos Mejía Godoy luego de enterarse que su canción había triunfado en el Festival OTI.

En los años setentas los índices de deserción escolar y pobreza infantil eran alarmantes. Al menos el cuarenta por ciento de los niños hispanoamericanos vivían en extrema pobreza. Quincho Barrilete representaba a cada uno de esos niños que, en vez de jugar al trompo y a las escondidas, debían realizar trabajos peligrosos para sobrevivir.

La Prensa de Nicaragua enalteció el triunfo de esta manera: «Drama nica ganó en OTI». En ese entonces no existía un jurado de cuerpo presente que diera su fallo en el teatro madrileño. La canción que acumulaba más votos de los telespectadores que llamaban al concurso resultaba ganadora.

Hispanoamericana se conmovió por el «drama nica», pues los tiempos llamaban a mejorar las condiciones del Tercer Mundo. Incluso la Iglesia, luego de la reunión del Consejo Episcopal Latinoamericano realizado en Medellín en 1968, había producido grandes cambios y la teología de la liberación, de cara a los pobres, estaba en pleno apogeo.

A la altura del año 2018, a cuarenta años del triunfo de la canción y del malestar social que la provocó, tal y como había provocado muchas otras grandes canciones en el resto de Hispanoamérica, estamos en capacidad de entender a profundidad lo inquietante que resultan las dos últimas estrofas de «Quincho Barrilete»:

El tiempo sigue, incontenible, su camino,
y el chavalito que vivió en el Open Tres
no volverá a ponerse más pantalón chingo,
ni la gorrita con la visera al revés.

Un día va a enrollar la cuerda del cometa
y muy feliz mirando al sol se marchará.

Enfrentará las realidades de su pueblo
y con los pobres de su patria luchará.

1979, el año de la insurrección que derrocó a Anastasio Somoza Debayle, estaba a la vuelta de la esquina, y la guerra civil entre Contras y Sandinistas iba derecho a producir el peor baño de sangre en la historia de Nicaragua.

El niño que vendía bolis a los diez años para mantener a sus hermanos, en 1983 cumplió 16, es decir, ya estaba en edad legal para ir, por voluntad propia o no, a la guerra. El brillante futuro que Carlos Mejía Godoy auguraba para los niños nicaragüenses se estrellaba en las trincheras de una guerra fratricida.

¿Está Quincho entre los cincuenta mil jóvenes y niños muertos a los que, en vez de darle un lápiz y un papel, se les entregó un fusil? Quizás no. Tal vez ahora Quincho sea un hombre de cincuenta años sin un brazo, una mano o una pierna a consecuencia de los charnelazos que el mismo compositor alabó durante los ochentas en canciones como «No pasarán», «La consigna» y todas las del disco Guitarra armada.

La canción es un triunfo musical que Nicaragua no ha olvidado. Sin embargo, ha servido de poco para crear conciencia en aquellos nicaragüenses que desprecian e insultan a los cientos de Quinchos que hoy venden agua helada en los semáforos de Managua, y aquellos otros que hacen posible la multiplicación de los Quinchos Barrilete y la aparición de la prostitución infantil.

De acuerdo con cifras brindadas por la UNICEF en 2011, sólo en Latinoamérica y el Caribe hay más de 81 millones de niños pobres. En Nicaragua las cifras son pocos confiables y a veces contradictorias dada la inmensa cantidad de niños que trabajan en las calles.

La nueva canción hispanoamericana nos brindó mucha poesía y la esperanza de un futuro mejor que no ha llegado. Lejos de ello, podemos escuchar «Quincho Barrilete» sin asociar su mensaje con las cifras de la UNICEF respecto a los niños que viven en pobreza.

En esos niños que bajo el abrasante sol hoy limpian los parabrisas de los carros y hacen piruetas con fuego para ganarse la vida y que son despreciados por muchos, allí habita Quincho Barrilete.

*Roberto Carlos Pérez (Granada, Nicaragua, 1976) es músico, narrador y ensayista, miembro colaborador de la Academia Norteamericana de la Lengua Española.


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Roberto Carlos Pérez

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