De tradiciones y mutaciones

Se produce el fenómeno de una dictadura con métodos derechistas ultraconservadores de gobernar, usando una máscara revolucionaria de izquierda

Caricatura FSLN

18 de julio 2023

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Es un hecho histórico harto conocido que los adjetivos derecha e izquierda tiene origen en un hecho fortuito a raíz de la revolución francesa (1789-1799), cuando en la Convención Nacional que proclamó la república (1793) la bancada de los girondinos —la burguesía ilustrada— ocupaban la derecha del plenario y los montañeses —defensores de la pequeña burguesía y los sectores populares— se ubicaban a la izquierda. De este hecho fortuito surgió la definición ideológica de cada tendencia política con similares posiciones en la lucha política por el poder.

Posteriormente, hasta nuestros días, las categorías derecha e izquierda valen para señalar posiciones ideológicas, pero también como el reflejo que son de realidades objetivas que definen e identifican a quienes están por la inmovilidad del estatus quo, y a quienes están por las transformaciones sociales.


(En cualquier lado de una Asamblea o de un Parlamento que se sienten las bancadas políticas; incluso, aunque un Gobierno de izquierda les cierre las puertas de su Asamblea a los de derecha, y un Gobierno de derecha no deje entrar a su Parlamento a los de izquierda —y estos son los casos mayoritarios en este mundo— nadie por eso, ni por otras cosas peores, dejará de ser de izquierda o de derecha).

En nuestro país, cuya división de clases posterior a la independencia formal de 1821, era entre los criollos herederos de familias coloniales, dueños del poder político, de las tierras y de los medios de producción, con sus concepciones políticas conservadoras, incluyendo la religiosidad católica; y los de abajo, los indígenas y mestizos pobres analfabetas trabajadores de los feudos en condiciones casi de servidumbre.

Hasta muy adelante, al introducirse el sistema del trabajo asalariado con el desarrollo económico del país, estos sectores pasaron a integrar el campesinado asalariado del campo; y en los centros urbanos, estaban los mestizos alfabetizados, pequeños propietarios y trabajadores artesanales. Tampoco entonces, los de arriba ni los de abajo tenían presente en sus ideas y en su lenguaje los términos políticos derecha e izquierda, aunque existiera objetivamente esa división, pero no había madurez política que los motivara a utilizarlos.

Incluso, pasó algún buen tiempo para que los partidos políticos de la clase dominante dejaran de llamarse con los folklóricos términos de Timbucos y Calandracas (imágenes representativas de los gordos bien comidos, y los flacos, aunque no precisamente por hambre, pero de menor nivel social); luego se identificaron como Legitimistas y Democráticos, y terminaron siendo conocidos como los partidos Conservador y Liberal.

II

Pese a las obvias posiciones conservadoras, y las posiciones liberales reformistas, los términos de izquierda y derecha todavía no aparecían en la lucha política cuando José Santos Zelaya, representativo de una burguesía cafetalera liberal vinculó al país al mercado capitalista mundial, después de haber puesto fin a la dominación de la oligarquía conservadora de treinta años, con la revolución de 1893.

La etapa conservadora (1863-1893) había sido una democracia limitada a la alternabilidad en el poder por medio de elecciones entre partidarios y familiares; eran elecciones con grandes limitantes para la población que, por analfabeta y pobre (la mayoría) no tenía derecho a votar; en este sistema político y social en que se asentó el poder oligárquico del Partido Conservador en alianza con la Iglesia católica, a través de cual influenciaban a la población indígena y mestiza; entre tanto, el Partido Liberal representaba a la naciente burguesía, pequeña burguesía y profesionales.

El Partido Liberal zelayista impuso reformas importantes, como quitar a la Iglesia funciones de carácter público (educación, el registro civil y otros); la lucha política histórica entre liberales y conservadores (con sus terribles episodios de violencia) propició la injerencia estadounidense, primero con la Nota Knox, y después con la presencia armada derrocaron a José Santos Zelaya, y obligaron las renuncias a sus sustitutos presidentes liberales José María Estrada y José Madriz.

Con su empleado Adolfo Díaz en la presidencia, restauraron el dominio conservador, la que han llamado “segunda república conservadora”, siendo solo un protectorado estadounidense, impuesto con las armas. Esta intervención que, con un breve intervalo a mediados de los años 20, duró más de 22 años, ha sido la más larga en el continente, exceptuando la de Puerto Rico que, bajo su condición colonial disfrazada de “Estado libre asociado”, ya dura 134 años.

Durante los 46 años que tuvo vigencia la criatura dictatorial somocista que nos heredó aquella intervención armada, tampoco se utilizaron los términos derecha para los conservadores, ni izquierda para los liberales, quizás porque ya eran iguales como cipayos primero y como vendepatrias después, aunque no sería raro que estos términos se utilizaran en las declaraciones internacionales de apoyo a la lucha del general Sandino.

Los tantas veces mencionados términos, se asentaron en Nicaragua hasta en los primeros años los años 30 con la fundación del primer Partido de los Trabajadores (1931) y del Partido Socialista Nicaragüense (1944); siguieron utilizándose hasta la emergencia del Frente Sandinista en la política nacional a partir de 1960, cuando tomaron vigencia definitivamente.

III

Cuando las manifestaciones populares de 2018 fueron reprimidas a sangre y fuego por la nueva dictadura, se le cayó la máscara de izquierda que el FSLN se había ganado con la revolución de 1979, y ahora la dictadura se mantiene utilizando el signo de izquierda de forma mentirosa; lo denuncian sus políticas económicas e institucionales (sin respeto a la Constitución Política) como un régimen de derechas sin ninguna duda o, mejor dicho, solo con la duda de sus adormilados amigos del exterior.

De hecho, y con muchas dudas, después de la derrota de 1990 siguió vigente esa imagen de izquierda del FSLN, y estas dudas se confirmaron a partir de 2007, cuando sufrió definitivamente su mutación a la derecha, al mando de Daniel Ortega, con su conversión capitalista y de su familia en el poder, y le confirmaron el carácter capitalista a la economía nacional y a su sistema político. A estas alturas, ya superó a las dictaduras neoliberales burguesas sudamericanas.

Pese a esta mutación, sectores de derechas —más que todo, de origen somocista— siguen utilizando el término de izquierda para referirse al orteguismo, y este, muy complacido, lo acepta porque le conviene para mantener esa falsa imagen de izquierdas hacia el exterior, aunque es bien conocido su tránsito a la derecha desde la derrota electoral de 1990, más aceleradamente con el pacto con Arnoldo Alemán en el 2000, y quedó confirmado en el proceso iniciado en 2007.

IV

En nuestro país, se produce el fenómeno de una dictadura con métodos derechistas ultraconservadores de gobernar, usando una máscara revolucionaria de izquierda. Y, en otros países, se está viendo un fenómeno diferente: sectores de derechas enemigos de la justicia social, de los derechos del LGTBI, de la igualdad y los derechos de la mujer, y actúan vinculados a sectores religiosos ultraconservadores.

De este modo, la ultraderecha está luchando en contra de la democracia liberal donde se respetan estos derechos, dejando la defensa de esta democracia liberal en manos de las izquierdas; recuérdese a Trump, a Bolsonaro y otros ultraderechistas que están apareciendo en Argentina y otros países de Suramérica.

V

Ahora, un hecho casual: cuando escribíamos, recibimos un correo electrónico del poeta Mario Urtecho, quien se identificó con el tema de nuestra columna anterior, y nos transmitió el siguiente hecho real narrado en su novela inédita El país del trueno:

“Temprano del domingo, 14 de octubre, Walker ordenó al Estado Mayor vestir galas militares y asistir a la iglesia católica. Recordé que en su niñez había sido militante de los Discípulos de Cristo y aún le atraía el poder divino. En primera fila oímos la misa oficiada por el granadino Agustín Vijil Selva, 54 años, de ideas políticas liberales, graduado de abogado en León, donde conoció a personajes de la historia nacional (…) y para darle ese gusto a su madre, se ordenó sacerdote en Cartagena de Indias en 1836. Desde el púlpito escuchamos la afamada elocuencia del padre Vijil. Se refirió a las desgracias de Nicaragua, causadas por excesos políticos y aconsejó extirpar las pasiones revolucionarias para conquistar la paz y establecer, con poder enérgico, la concordia entre familias, amigos y vecinos. Y finalizó su memorable sermón:

“—Bendigo a los gallardos militares estadounidenses al mando del coronel William Walker que, lejos del confort de sus hogares, están con nosotros en Granada para ayudarnos con sabiduría a restaurar el país —y mirando a Walker concluyó: —El Señor bendiga a nuestro Ángel tutelar de la Paz.”

Al margen de estas cuartillas

*El poeta Mario Urtecho, está viviendo en el exilio, porque la dictadura le impidió el derecho de reingresar a su patria…

*Urtecho, había viajado a Suecia, invitado a participar en actividades meramente culturales…

*Él no ha tenido actividades políticas partidarias, aunque como buen nicaragüense, ha criticado las represiones de esta dictadura…

*Su exilio es un delito más… hecho en el taller Ortega, quien sigue ampliando la cantidad de nicaragüenses alejados de su patria, sin ningún derecho…

*Y también con ausencia de razón, pero con mucha celeridad, esta dictadura rompió todos los récords del somocismo.


Onofre Guevara López

Fue líder sindical y periodista de oficio. Exmiembro del Partido Socialista Nicaragüense, y exdiputado ante la Asamblea Nacional. Escribió en los diarios Barricada y El Nuevo Diario. Autor de la columna de crítica satírica “Don Procopio y Doña Procopia”.

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