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Católicos se refugian en iglesias para conservar tradiciones de Semana Santa ante acoso policial

Las procesiones y tradicionales velas se realizan en las parroquias ante la prohibición del régimen Ortega-Murillo de que “santos salgan a las calles”

Padre Edwin Román

Vigilia pascual en la parroquia El Calvario de Masaya. Foto: Tomada del Facebook de Puntada Gráfica

Redacción Confidencial

6 de abril 2023

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Angela es devota de las tradicionales velas de Semana Santa en Masaya. No se pierde ninguna. “Todos los años voy a todas las casas de los mayordomos de los santos”, dice esta señora de 74 años. A ella nunca le ha gustado la playa, prefiere pasar en oración pidiendo por ella y su familia. Pero este año ha tenido que asistir a la parroquia de El Calvario, en Masaya, para participar en estas tradiciones, por la prohibición del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo de que los santos salgan a las calles.

“Es un crimen atroz contra nuestro pueblo que es mayoritariamente católico”, insiste esta mujer de Masaya, una de las ciudades donde hay mayor vigilancia policial para no permitir ninguna procesión ni vela, más allá de los alrededores de los templos.


Para Angela nunca había pasado algo similar. “Ni siquiera los somocistas se atrevieron a tanto, porque saben que no se puede jugar con el amor del pueblo por Dios y Jesucristo”, afirma.

La tradicional procesión del domingo de Ramos, la vela de Jesús atado a la columna, la procesión de la Virgen de Dolores, son algunas de las actividades que se han realizado en los alrededores de las parroquias de Nicaragua. “Aunque quieran limitar nuestra fe, no importa donde se hagan lo importante es que somos un pueblo con mucha oración y ningún maligno podrá con nosotros”, manifestó Angela.

Iglesia católica bajo asedio permanente

Desde inicios de 2023 la dictadura orteguista ordenó la prohibición de procesiones emblemáticas para los católicos, empezando por la de Jesús Sacramentado, que se realiza cada 1 de enero, luego impidió celebraciones religiosas locales de fiestas patronales y, a mediados de febrero, ordenó que ningún Nazareno saliera en viacrucis penitencial.

“Es un no parar. Actividad religiosa que queremos hacer no nos dejan”, dice Andrés, un joven católico que pertenece a una agrupación de una parroquia de Managua.

La última vez que intentaron hacer una reunión con varias personas en una casa de uno de los integrantes “llegaron policías a merodear la zona”, revela. “Por eso hemos optado por no hacer nada en casas particulares y no tener reuniones de más de diez personas porque todo eso es sospechoso para este régimen que pretende silenciarnos”, añade.

Una de las tradiciones de Semana Santa realizadas en el atrio de la iglesia. Foto: Tomada del Facebook de la Parroquia El Calvario de Masaya.

La investigadora Martha Patricia Molina calcula que más de 30 procesiones han sido canceladas en lo que va del año, aunque aclara que “es un número conservador”, al tomar en cuenta que solo la Arquidiócesis de Managua administra 118 parroquias en los departamentos de Managua, Masaya y Carazo, y cada una tiene sus respectivas celebraciones, además de las tradiciones propias de Semana Santa.

Por eso la feligresía católica está viviendo esta Semana Santa de 2023 con mucho dolor, porque se sienten impotentes ante las violaciones constantes a su derecho a la libertad religiosa y han tenido que refugiarse en los templos para expresar su fe.

“Es doloroso que en este país no podemos decir nada, no podemos expresar nuestra fe, y si ellos pudieran prohibirían hasta que pensemos, porque lo que quieren es esclavos que los obedezcan”, señala Andrés.

Soportando en silencio

“Están maltratando el fervor del pueblo cristiano católico y no dejan que expresemos nuestra fe. Esto es demasiado triste, y lo peor es que en su discurso, tanto Daniel Ortega como Rosario Murillo, se la pasan hablando de creencia, de Dios, incluso pretenden imponer una supuesta normalidad en Semana Santa, pero la realidad es otra”, manifiesta Roberto, un hombre católico de Diriamba.

Él tenía como promesa cargar a Jesús en varias procesiones. “Pero mi fe es participar, no está medida por si lo he hecho por cinco kilómetros, y ahora lo hago por cuatro cuadras. No voy a dejar de ser católico porque esté mal visto para esta dictadura”, insiste.

Roberto apunta que lo único que hace el régimen es “no ganarse el odio, sino la lástima del pueblo” porque “demuestran debilidad ante la Iglesia”.

El régimen de Ortega y Murillo ha recrudecido la persecución a la Iglesia e impuesto una vigilancia policial y de sus operadores en las diferentes parroquias del país, donde los sacerdotes soportan, en silencio, asedios y amenazas, mientras en el Sistema Penitenciario Jorge Navarro, conocido como La Modelo, el obispo de Matagalpa, monseñor Rolando José Álvarez, paga una ilegal sentencia de 26 años y cuatro meses impuesta por un judicial orteguista, tras negarse ser desterrado.

El Centro Nicaragüense de los Derechos Humanos (Cenidh) ha criticado “la prohibición de procesiones de cuaresma y Semana Santa” en Nicaragua, lo que ha calificado como “una flagrante violación a la libertad de conciencia, religión у libertad de expresión”.

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“El régimen Ortega-Murillo no solo quiere desterrar y desnacionalizar, ahora también destruye lo más solemne y sagrado del pueblo: su fe cristiana y sus tradiciones, que son parte de su identidad”, ha denunciado la organización.

“Lo que promueven es el bacanal”

Pobladores de Madriz, Estelí y Nueva Segovia han dejado de asistir a los templos al sentir frustración de las prohibiciones a las procesiones de los santos y otras actividades religiosas. Un recorrido realizado por CONFIDENCIAL constató que hay una menor afluencia en las misas y muchos han denunciado que no van por la vigilancia del orteguismo en las iglesias.

También, porque las procesiones, en el caso de Somoto, son organizadas por empleados de las alcaldías y por funcionarios del Instituto Nicaragüense de Turismo (Intur).

A la par de la prohibición y abusos contra las procesiones y los religiosos, el régimen ha intentado usurpar las tradiciones de Semana Santa con actividades “turísticas” de su manufactura. Una pasarela canina en el Tiangue de Monimbó sustituyó este año a la tradicional procesión de San Lázaro, que era organizada por la parroquia de Santa María de Magdalena, en Masaya.

Las alcaldías de Masaya y otras municipalidades controladas por el régimen patrocinaron el desfile de carretas decoradas con la imagen de Jesús del Recate que llegó al Santuario Nacional de Popoyuapa, en el departamento de Rivas, el mismo día que la Iglesia católica anunció que la tradicional procesión del Viernes de Dolores fue cancelada por “motivos ajenos a nuestra voluntad”.

En el Palacio de Bellas Artes de Jinotepe, el régimen organizó el certamen nacional “Reina amor de verano 2023”, con representación de jóvenes de cada departamento del país.

“Lo que ellos promueven es el bacanal, el beber guaro, y de repente algunas cosas que las quieren vender como turísticas para aparentar normalidad, pero con eso no engañan a nadie”, dice Armando, un joven de Nindirí, Masaya. En ese municipio, la Policía Nacional, bajo la orden de Ortega, prohibió el pasado lunes el tradicional recorrido de los “Cirineos”, en honor al hombre que cargó la cruz de Jesucristo y que se celebra todos los años en la Semana Santa. Tras la orden de no dejarlos salir en la procesión, los policías empezaron a perseguir a los promesantes, en su mayoría jóvenes.

Los pobladores de Nindirí divulgaron, a través de redes sociales, videos y fotografías que evidencian el asedio, las amenazas y la persecución de los policías. En algunas de las imágenes se mostraban cruces y vestimentas religiosas tiradas en las calles después de que los fieles huyeran de las fuerzas de seguridad.

El régimen de Ortega, a través del Intur, promovía hasta el año pasado esa costumbre religiosa, que calificaba de una tradición de fe y amor a Jesús Nazareno inspirada en Simón de Cirene, quien ayudó a Jesucristo a llevar la cruz camino al calvario, según el relato bíblico.

“Se habla de dos jóvenes detenidos pero no tenemos más información, las calles permanecen bajo vigilancia policial y de fanáticos del régimen”, explica Armando, uno de los jóvenes “Cirineos”.

Un año nefasto para la fe católica

El régimen suspendió unilateralmente, a mediados de marzo pasado, las relaciones diplomáticas con la Santa Sede, luego que el Papa Francisco calificó como una “dictadura hitleriana y grosera” al régimen en Nicaragua, de cuyo máximo dirigente, Daniel Ortega, comentó —“con mucho respeto”— que padece "un desequilibrio".

A principios de 2023, la investigadora Molina valoró que este año sería “nefasto” en términos represivos contra la Iglesia católica. Además, destacó que Ortega “tiene la intención desalmada e ilógica de eliminar la fe católica del país porque sabe que la Iglesia Católica es la única institución creíble, respetada y amada que a la luz del evangelio está anunciando y denunciando todas las arbitrariedades y maldades que comete la dictadura”.

Molina, quien es autora de los informes Nicaragua: una iglesia perseguida, subrayó que el régimen “ha cruzado todos los límites” en su escalada represiva en contra de la Iglesia, incluso el de la agresión física como el ataque con ácido a un sacerdote, o el “terrorismo”, como calificó el cardenal Leopoldo Brenes el ataque con una bomba incendiaria a la imagen de la Sangre de Cristo en la catedral de Managua.

En el último año, el régimen expulsó del país al nuncio apostólico, Waldemar Stanislaw Sommertag; canceló organismos y medios de comunicación de la Iglesia; y asedió los templos católicos, mientras 21 religiosos fueron desterrados, encarcelados, exiliados y declarados “traidores a la patria”.


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Redacción Confidencial

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Confidencial es un diario digital nicaragüense, de formato multimedia, fundado por Carlos F. Chamorro en junio de 1996. Inició como un semanario impreso y hoy es un medio de referencia regional con información, análisis, entrevistas, perfiles, reportajes e investigaciones sobre Nicaragua, informando desde el exilio por la persecución política de la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo.

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