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Entre política y religión: Trump versus León XIV

Al rechazar que Trump justifique en el cristianismo la guerra en Irán, el papa León XIV pone en la balanza el peso político de la Iglesia en su país

Ilustración: Connectas

Connectas

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A mediados de abril, el papa León XIV y el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, tuvieron un encontronazo verbal inédito. Desde el medioevo no se había dado un choque de este nivel “entre poder temporal y espiritual”, afirmó el diario español El País. El centro de la disputa era la guerra de Irán, que ha estado en entredicho por no tener objetivos y resultados claros, además de provocar una crisis económica y energética global. Ante el cierre del estrecho de Ormuz, Trump había declarado que, de no permitir el paso, acabaría con “la civilización” iraní.

Ante esa declaración, que impactó en la opinión mundial, su paisano Robert Francis Prevost declaró “verdaderamente inaceptable” la amenaza del mandatario estadounidense. Como respuesta, Trump llamó “débil” y “nefasto” en política exterior al pontífice. Además, en sus redes sociales publicó una imagen realizada en IA de él mismo como Jesucristo curando enfermos, lo cual algunos grupos religiosos interpretaron como blasfemia. Mientras volaba a un viaje pastoral a Angola, el papa respondió serena, pero contundentemente: “no tengo miedo. Seguiré hablando contra la guerra”.

Diego Mauro, miembro del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) de Argentina, considera que mientras Trump hizo ataques personales, el pontífice se limitó a contestarle que seguirá difundiendo el Evangelio. “Con ello, lo dejó knockout. Es como ese boxeador que sube, pega muchos golpes y el otro solo devuelve uno, pero en el mentón. Me parece que Trump quedó bastante maltrecho, porque además tiene muchas tensiones internas en su país”.

La primera de ellas proviene, por supuesto, de la importante comunidad católica estadounidense. De acuerdo con datos del Centro de Investigación Pew, el católico es uno de los grupos religiosos más numerosos en Estados Unidos, “superando en número a cualquier denominación protestante”. De hecho, diversos personajes mediáticos afines al movimiento Make America Great Again (MAGA), liderado por Trump, comenzaron a desmarcarse del mandatario y llamarlo “anticristo”.

Pew publicó en marzo de 2025 un informe según el cual 20% de los adultos estadounidenses, aproximadamente 53 millones, se declaran católicos. De esa cifra, más del 40% eran inmigrantes o hijos de inmigrantes. Además, que el 53% de los católicos inscritos en el censo electoral se identificaban con el Partido Republicano, y 43% con el lado Demócrata.

“Estados Unidos tiene la cuarta población más grande de católicos en el mundo, después de Brasil, México y Filipinas”, apunta Nicolás Dallorso en un artículo publicado en la revista Bordes. Explica que la Iglesia católica es “la más grande confesión religiosa del país”. Y en algunos lugares está sumando fieles. Recientemente el diario The New York Times publicó que “en decenas de arquidiócesis a lo largo del país los obispos observan una intensa oleada de nuevos adeptos”, y que “la gente se está uniendo a la Iglesia católica en cifras sorprendentes”. Subraya que desconoce la razón, aunque no parece tener que ver con el papado de Prevost.

En las cúpulas del poder también hay una fuerte presencia católica: seis de los nueve jueces de la Corte Suprema son fieles, según datos de catholic.net. En el propio gabinete de Trump hay católicos. Es el caso del secretario de Estado, Marco Rubio, y del vicepresidente, James D. Vance, converso desde 2019. “En 2024, Donald Trump ganó el voto católico con un margen que ningún republicano había logrado en décadas. Nunca un gobierno estadounidense había tenido tantos integrantes católicos en sus círculos de poder”, apunta Univisión. Por ello, el enfrentamiento con el papa implica una fuerte presión política interna para Trump.

Mauro encuentra que la coalición MAGA se ha venido resquebrajando internamente, principalmente por las diferencias entre los sectores católicos tradicionalistas y el mandatario. “Ya venían teniendo tensiones con Trump por su guerra en Irán, porque ellos entienden que está impulsada por el evangelismo sionista, es decir, por sectores del mundo cristiano evangélico que tienen sintonía con el Estado de Israel y que entienden que este es parte de una lectura muy mesiánica, muy apocalíptica”. Además, para estos sectores un Estado de Israel consolidado es fundamental para la esperada segunda venida de Jesús.

El pleito Trump-Prevost también provocó una ola de reacciones a nivel mundial sobre el papel del pontífice frente a las embestidas bélicas del mandatario. El País, por ejemplo, tituló su nota “León XIV se convierte al fin en el papa anti-Trump”. Llama la atención el “al fin”, como si el papa se hubiera quedado corto en las expectativas al momento de su elección el 8 de mayo de 2025.

En efecto, cuando el Cónclave lo escogió como su mejor opción para conducir el futuro de la Iglesia, muchos pensaron que le haría un fuerte contrapeso al discurso beligerante de Trump. Pero el pontífice optó casi por el silencio. Pero Trump “finalmente lo subió al ring”, piensa Mauro. Además, cree que ese “empujón” permitirá a Prevost  mantener la cohesión religiosa, “porque detrás de él cerraron filas todos los católicos”. Así, “Trump le hizo un favor al papa en cuanto a fortalecerlo como símbolo de la unidad y porque, además, Prevost no exageró al responderle”, concluye.

Y ese empujón no le vino nada mal, porque León XIV tiene entre sus misiones integrar a la Iglesia católica. Esta enfrenta un “quiebre cultural”, como dice Jesús Enciso González, académico de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo. Es decir, “una separación radical entre los valores de la iglesia y los del mundo contemporáneo”, que no está resuelta. Por ejemplo, la ausencia de un factor en particular. “Por todos lados se está hablando de transparencia, menos en la Iglesia”, señala. Otro aspecto es la estructura piramidal jerárquica eclesial, que “deja fuera las grandes diversidades”, dijo a CONNECTAS.

Como escribe Domínguez, también vemos “la apropiación del discurso religioso y los valores cristianos por parte de la ultraderecha para dar una pátina de legitimidad moral a sus argumentos”. Y el propio papa ya había advertido “a los obispos españoles en noviembre del riesgo de que la ultraderecha manipule el mensaje cristiano”, continúa el periodista.

La voz de Prevost tiene un peso específico en el escenario político de Estados Unidos, pero no hay unanimidad en cuanto a su importancia. “Porque ahí los católicos no son mayoría, nunca lo fueron, no lo van a ser. Porque el catolicismo es la religión de los migrantes y porque Estados Unidos es un país de una enorme pluralidad religiosa”, cuestiona Ernesto Bohoslavsky, investigador en el Centre National de la Recherche Scientifique de Francia.

De hecho, el profesor Enciso espera que, en los próximos años, Prevost siga mostrándose como defensor de la paz y contra las iniciativas militares de Estados Unidos, “porque esa es la carta de presentación de la Iglesia. Siempre me ha parecido muy creíble esta postura de la Iglesia ante las guerras”. En su momento, el papa Francisco calificó como “vergüenza” la guerra de Ucrania y pidió “diálogo en lugar de armas”.

En este primer año, Prevost dio algunos pasos relevantes en su propio proyecto. Uno de ellos fue proponer la exhortación apostólica Dilexi te (Te he amado), con la idea central de no ver a los más pobres como “meros objetos de compasión, sino maestros del Evangelio. No se trata de ‘llevarles a Dios’, sino de encontrarlo entre ellos”, se lee en el documento.

Mauro piensa que esta exhortación “refuerza la línea de la doctrina social de la Iglesia que había planteado Francisco”, pero con una postura más conservadora. “Sigue estando en el cuadrante izquierdo, en términos ideológicos, pero es más moderado, más conservador, en términos de moral y doctrina”.

El papado de Francisco fue “muy exitoso en términos internacionales”, reflexiona Mauro. Recuerda que cuando llegó al trono de San Pedro en 2013, “la iglesia estaba en una crisis muy profunda”, principalmente por los casos de abusos sexuales y corrupción. “Francisco entiende que tiene que generar una pequeña especie de revolución, al menos en términos de comunicación, y lo logra. Construye prestigio internacional. Se convierte en una voz relevante sobre muchos temas”. Por lo mismo, no era fácil para León XIV ser papa después de Francisco, “por su carisma, por su constante presencia y espontaneidad”.

Más allá de los aspectos doctrinarios, para la Iglesia de Roma, la escogencia de Prevost fue esencial, por su doble nacionalidad estadounidense y peruana. Prometía continuidad a la línea de Francisco, pero menos radical. Como explicó Mauro a CONNECTAS, es “un agustino misionero, acostumbrado a vivir en las periferias, pero que al mismo tiempo conoce de cerca el corazón del imperio”. Esto hace ver, por un lado, la necesidad de un contradiscurso que esté por encima del líder mesiánico. Y por otro lado, refuerza que América Latina sigue siendo uno de los lugares con mayor cantidad de fieles católicos, a pesar de la fuerte expansión del mundo evangélico.

Los expertos coinciden en que León XIV tiene muchos desafíos. El primero, frenar el retroceso del catolicismo a nivel global. Aunque Mauro encuentra que hay “un pequeño revival”, porque muchos jóvenes están buscando bautizarse, sobre todo en Estados Unidos, Francia y Argentina. Aun así, piensa que “el catolicismo está retrocediendo en términos relativos frente al islam y al mundo evangélico. En América Latina eso es bastante evidente”.

La Iglesia católica también debe  terminar con la corrupción y los escándalos de pederastia, así como dejar de ser una institución patriarcal y colocar a más mujeres en posiciones relevantes, como cuando Francisco nombró a una de ellas jefa de Estado del Vaticano. Sin embargo, no logró modificar “en términos teológicos el sacramento sacerdotal”, critica Mauro.

Actualmente, advierte Bohoslavsky, “muchas de las fuerzas de derecha no tienen la simpatía de la Iglesia católica y en cambio sí tienen más afinidad con las iglesias neopentecostales”. En estas, señala el investigador, se encuentra instalada una teología de la prosperidad, la cual “supone que efectivamente la diferenciación social es no solo un resultado inevitable y deseable del mercado”, sino una gracia de Dios.

Al elegir a Prevost, la Iglesia también reconoció la relevancia geopolítica de América Latina, sobre todo frente a otras partes del mundo “donde el catolicismo es una religión de viejos o minoritaria. Sin embargo, la Iglesia católica más viva es la latinoamericana”, profundiza Bohoslavsky.

Así, al enfrentarse a Trump, León XIV dejó una gran expectativa  con respecto al actuar del pontífice en el futuro. Habrá que ver si el papa estará interesado en elevar el tono en torno a las guerras o se mantendrá en la discreción discursiva, mientras trata de mejorar la reputación, la apertura a nuevos valores sociales y la unidad que tanto le hacen falta a esa institución religiosa. 

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