Quién será el nuevo secretario general de la ONU: 6 claves
PUBLICIDAD 4D
PUBLICIDAD 5D
Ingenieros o consultores de Latinoamérica pueden mudarse fácilmente y ganar en dólares o euros y vivir en un entorno del primer mundo
Foto: Pexels.
América Latina vive una paradoja demográfica muy particular. Muchos gobiernos miden el éxito económico mediante el flujo de remesas. Sin embargo, la región pierde hoy a sus mejores profesionales. Una hemorragia de capital intelectual y financiero que está transformando la fisonomía de sus clases medias profesionales.
Los jóvenes cualificados que migran, pertenecientes a las generaciones mileniales (de entre 30 y 45 años aproximadamente) y centeniales (de 16 a 30), no buscan solo la supervivencia económica. Estos trabajadores persiguen estabilidad institucional y seguridad jurídica, además de anhelar mejores oportunidades de desarrollo profesional en entornos más estables. Se trata de las generaciones que poseen mayor nivel formativo de la historia regional y su movilidad representa una gran transferencia de talento.
España es el principal destino europeo para este valioso grupo de jóvenes, ya que la afinidad lingüística y la cercanía cultural facilitan mucho su adaptación. Esto evita las barreras de idioma presentes en otros países.
En el pasado, Norteamérica era el principal imán migratorio, pero el sueño americano ha perdido su brillo original. El modelo de bienestar europeo resulta ahora mucho más atractivo.
Este desplazamiento de interés responde a cuatro factores determinantes que separan a las generaciones actuales de sus predecesoras:
La tradicional fuga de cerebros ha cambiado de forma. Según el Instituto Nacional de Estadística de España (INE), hay un crecimiento sin precedentes de profesionales graduados que emigran a grandes urbes españolas. Los flujos de profesionales extranjeros se concentran principalmente en Madrid y Barcelona, por las oportunidades corporativas, y en Valencia, Málaga y Alicante, por un equilibrio entre calidad de vida y auge tecnológico. Este fenómeno forma parte de los sistemas globales de migración, para los que la seguridad y la cultura actúan como potentes atractores.
Esto es crucial en momentos de inestabilidad regional. Para los mileniales y la generación Z, España es un refugio sin barreras. El nuevo visado para teletrabajadores, contemplado en la Ley de Empresas Emergentes, facilita enormemente este proceso. Los profesionales ya no necesitan un contrato de trabajo local. Ingenieros o consultores de Latinoamérica pueden mudarse fácilmente, realizando una elección geográfica que les permite ganar en dólares o euros y vivir en un entorno de primer mundo.
¿Por qué emigra un joven con buena educación? La respuesta está en la debilidad de las instituciones y la inestabilidad del sistema, que expulsa de forma directa al talento. En América Latina, la incertidumbre afecta la vida diaria. La violencia y la inflación constante frenan el desarrollo, mientras que los títulos universitarios ya no garantizan el ascenso social.
Los jóvenes enfrentan mercados de trabajo muy estresantes. La conciliación entre vida y empleo es casi inexistente y faltan políticas que protejan el bienestar de los trabajadores.
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) señala la vulnerabilidad regional. Los niveles de satisfacción ante las crisis son bajos. La tranquilidad social europea ofrece algo invaluable: la normalidad.
La seguridad en España permite una mayor libertad económica. El dinero ya no se gasta en blindaje personal, como sucede en diversas ciudades latinoamericanas desarrolladas pero inseguras, entre ellas Monterrey (México) o Sao Paulo (Brasil). Esos recursos se destinan ahora a nuevos emprendimientos.
La emigración de profesionales altamente cualificados genera costos significativos para los países latinoamericanos al reducir el retorno de la inversión realizada en capital humano, debilitar la capacidad de innovación y disminuir la base fiscal futura.
Este proceso suele acompañarse de la internacionalización del patrimonio privado, evidenciada por el creciente interés de las family offices (gestoras de patrimonios personales o familiares) latinoamericanas en el mercado inmobiliario español como mecanismo de diversificación y protección frente a la volatilidad económica regional.
En el caso de México, la modernización del Tratado de Libre Comercio entre México y la Unión Europea (TLCUEM) refuerza esta dinámica al ampliar la cooperación en servicios y facilitar la movilidad de profesionales cualificados, fortaleciendo el atractivo de España.
Bajo este paraguas diplomático, el perfil cualificado de Latinoamérica –y de México en particular– es percibido en España como un activo estratégico para la economía del conocimiento europea.
No se trata de una llegada pasiva de rentistas. Estos profesionales se integran plenamente en el mercado laboral y aportan conocimiento especializado a sectores clave del país.
Las autoridades españolas diferencian bien estos perfiles migratorios. Aprecian a quienes pagan impuestos y dinamizan la innovación. Su éxito real depende de su integración en la sociedad.
Si bien el Tratado de Libre Comercio entre México y la Unión Europea (TLCUEM) facilita el acceso institucional, la inserción y legitimidad social de estos migrantes depende, principalmente, de su capacidad para generar conocimiento, integrarse al entorno productivo y participar en la vida económica y cultural del país receptor.
Este movimiento de jóvenes profesionales no es solo económico. Refleja el deseo de vivir en sociedades más justas. Los jóvenes buscan instituciones sólidas que premien el esfuerzo. La partida no ocurre por desinterés hacia su patria, sino que representa una respuesta lógica para asegurar el bienestar propio.
El fenómeno expone las debilidades de los gobiernos latinoamericanos, que son incapaces de retener a las mentes más brillantes. Es una señal que alerta sobre la crisis del actual contrato social en muchos de estos países.
España se beneficia al recibir este valioso capital humano. Mientras tanto, América Latina enfrenta un desafío urgente de retención y un problema de confianza democrática, derivada de la falta de oportunidades y de seguridad.
Es urgente abrir un debate profundo sobre esta realidad. Debemos reconstruir la confianza en nuestras propias naciones. Si no actuamos, el talento seguirá buscando su futuro fuera.
*Este artículo se publicó originalmente en The Conversation, firmado por Juan Martín Flores Almendárez (especialista en capital humano, Universidad de Guadalajara), y Diana Laura Núñez Ornelas (especialista en negocios internacionales, Universidad de Guadalajara).
PUBLICIDAD 3M
The Conversation es una plataforma editorial sin ánimo de lucro que difunde artículos y análisis de la comunidad académica e investigadora. Se fundó en Australia, en marzo de 2011, y cuenta con ediciones en varios países e idiomas.
PUBLICIDAD 3D