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“La reelección normaliza que Bukele está por encima de la ley y controla el poder absoluto”

Académica y periodistas salvadoreños advierten el mensaje al mundo del “virus Bukele”, en el "que 'lo nuevo' es lo que antes llamábamos dictadura”

El actual presidente y ganador de la reelección, Nayib Bukele, habla desde el Palacio Nacional junto a su esposa Gabriela Rodríguez. EFE | Confidencial

Carlos F. Chamorro

5 de febrero 2024

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El presidente Nayib Bukele se autoproclamó ganador con el 85% de los votos y con 58 de los 60 diputados en la Asamblea Legislativa, sin esperar los resultados preliminares del Tribunal Electoral este domingo 4 de febrero, mientras preserva el control absoluto de todos los poderes del Estado en El Salvador

En una entrevista con Esta Semana y CONFIDENCIAL, la académica Amparo Marroquín, directora del Departamento de Comunicación de la UCA, y los periodistas Cesar Fagoaga, director de a Revista Factum y José Luis Sanz, corresponsal de El Faro en Washington, advirtieron el mensaje al mundo que envía el “virus Bukele”, en que ´lo nuevo´ “es lo que antes llamábamos dictadura”


“La comunidad internacional está aplaudiendo un modelo autoritario que supuestamente funciona en El Salvador y eso es lo que está validando, incluso que no se respeten las leyes dentro de El Salvador. Y el gran problema es que se vaya replicando no solo en el continente ese autoritarismo, con esta forma más novedosa de irrespetar las leyes”, dijo Fagoaga, de la revista Factum.

La experta en comunicación Amparo Marroquín advierte que el estado de excepción seguirá siendo una característica “permanente” en el nuevo período presidencial de Bukele. Marroquín explicó que “la  gente tiene un razonamiento muy pragmático y cortoplacista” para otorgarle una especie de cheque en blanco a Bukele, por el resultado de su política de seguridad ciudadana contra las maras: ”-Me ha resuelto un problema hoy. Yo tenía miedo, no podía moverme por la ciudad, y este señor lo ha resuelto. Y mientras siga resolviendo mi vida cotidiana, voy a seguir apoyando, así esto me implique perder ciertos derechos constitucionalmente establecidos, que en la vida cotidiana de todos modos no los tenía”, dijo Marroquín. 

Por su parte, José Luis Sanz, corresponsal de El Faro en Washington, cuestionó “la doble moral y el silencio cómplice de la política exterior de Estados Unidos, de otros organismos multilaterales, o de la Unión Europea”, que están avalando la reelección inconstitucional de Bukele. Pero admitió que, a diferencia de Guatemala, con el movimiento democrático que lidera el actual presidente Bernardo Arévalo, en El Salvador “no hay una alternativa, un camino o una propuesta desde de la sociedad civil, o una oposición democrática articulada. En las elecciones del domingo 4 de febrero, “la población no tenía alternativas reales, más que votar por Bukele, y eso es una tragedia colectiva para nuestra democracia”, indicó. 

Un estado de excepción permanente

¿Qué significa esta primera reelección presidencial de Bukele, con el control absoluto de la Asamblea Legislativa y de todos los poderes del Estado? ¿Se espera algún cambio en relación al primer periodo presidencial? 

José Luis Sanz: Primero, es la normalización definitiva del hecho de que Nayib Bukele esté por encima de la ley. El presidente Bukele, a partir de su popularidad, ha desafiado a las instituciones que no controlaba, lo que ha sido un proceso de cooptación de toda la institucionalidad del país muy rápido. En 2020, cuando llevaba menos de un año en el poder, empezó a desafiar las instituciones. Incumplió durante la pandemia mandatos directos de la Sala de lo Constitucional o de otros sistemas. Recordemos que llevaba solo nueve meses en el poder cuando entró con el Ejército en el Palacio Legislativo.

Esta es la normalización última del deseo de los salvadoreños por un gobierno de Bukele, su respaldo, y el deseo de Bukele por consolidarse como líder absoluto y tener el control absoluto del país está por encima de la ley. Es la consolidación última de que Bukele, o reforma las leyes a su antojo, o simplemente las rompe. 

¿Qué implicaciones tiene un presidente por encima de la ley? Esta reelección viola por lo menos seis artículos de la Constitución que prohibía la reelección consecutiva, gracias a una reinterpretación que ha hecho de la Constitución la Corte Suprema que nombró Bukele. ¿Tiene esto alguna implicación para la legitimidad nacional o internacional de la presidencia de Bukele? 

César Fagoaga: Esto no se puede entender sin el control absoluto que tiene Bukele del Estado salvadoreño, y eso tampoco se puede entender sin el silencio que ha tenido de parte de la comunidad internacional y muchas veces del aplauso que ha tenido. 

Hay un elefante blanco que está en la sala, que ahora mismo se conoce como el “modelo Bukele”, que para nosotros es más bien el “virus Bukele”, que muchas veces se menciona como --esto está funcionando en El Salvador y lo aplaudimos. 

Lo que está detrás es un irrespeto absoluto de las leyes. El verdadero “modelo Bukele” es irrespetar las leyes, es corrupción al más alto nivel y muchas veces tener un Gobierno totalmente criminal, como se ha demostrado esta semana por investigaciones periodísticas. 

La comunidad internacional está aplaudiendo un modelo autoritario que supuestamente funciona en El Salvador y eso es lo que está validando, incluso que no se respeten las leyes dentro de El Salvador. Y el gran problema es que se vaya replicando, no solo por el continente, con una forma más añeja de ese autoritarismo, sino estas forma más novedosa de irrespetar las leyes. 

Ese fenómeno Bukele, virus o modelo como se le quiera llamar, en estos cuatro años ha tenido un pilar en su estrategia de gobierno que ha sido el estado de excepción durante dos años, que le ha brindado un enorme respaldo político, ha fortalecido su popularidad en el combate contra las maras y la restitución de la seguridad ciudadana, que ha producido un cambio en El Salvador. ¿El estado de excepción es temporal, o permanente? 

Amparo Marroquín: Todo apunta hacia un estado de excepción permanente. Lo que viene es la normalización del estado de excepción, como el momento común en la vida cotidiana de las personas. Y luego, este razonamiento: si hemos perdido ciertas garantías constitucionales, hemos ganado en la vida cotidiana en seguridad. Ese es el razonamiento de esta gran mayoría de personas que está apoyando a Nayib Bukele. 

Lo que estamos viendo desde la universidad es que la gente tiene un razonamiento muy pragmático y cortoplacista de lo que está pasando. Me ha resuelto un problema hoy. Yo tenía miedo, no podía moverme por la ciudad en la vida cotidiana hoy, y este señor lo ha resuelto. Y mientras este señor siga resolviendo mi vida cotidiana de hoy, voy a seguir apoyando, así esto me implique perder ciertos derechos constitucionalmente establecidos, que en la vida cotidiana, de todos modos, no los tenía. 

El vicepresidente Félix Ulloa, que ha sido reelecto con Bukele hoy, le dijo al New York Times en una entrevista que, si es cierto que están desmantelando la democracia, dijo, la estamos eliminando y la estamos sustituyendo por algo nuevo. ¿Qué es lo nuevo? 

José Luis Sanz: La narrativa de que se está construyendo es algo mejor que la democracia, un nuevo concepto de democracia es algo que ha estado entrelíneas constantemente en el discurso de Bukele. La idea de que no hay nada más democrático que el respaldo popular, evidentemente hoy lo hemos visto expresado en las urnas. Pero da igual, esto era un trámite que dentro de su discurso parecía innecesario porque la popularidad es lo que le deja.

Algo muy impactante ha sucedido en las últimas semanas y meses en El Salvador, Nayib Bukele que está en una supuesta licencia de la presidencia, entre otras cosas, para hacer campaña, ni siquiera ha tenido una aparición pública durante la campaña, porque no es necesario. Entonces, en realidad ha habido una no campaña, porque yo creo que lo que se trata de centrar es la idea de que ni siquiera hace falta votar, porque todos supuestamente sabemos lo que queremos como país. Y es Bukele.

Es una desarticulación de la necesidad de participar, de la necesidad de discutir, pero asentado como la idea de que esto en realidad es como una evolución de la democracia, una especie de democracia virtual. Y a mí eso me parece peligrosísimo por el poder de normalización que tiene, no solo en El Salvador, sino, además, en la región. 

El hecho de que Bukele se considere un liderazgo legítimo, y esté legitimado por la comunidad internacional, porque tiene el voto o antes porque tenía la popularidad, a mí me parece que genera una base destructora de la idea de qué es democracia, que no es solo popularidad, que no es solo votar, es lógicamente respeto por las minorías, que es el respeto por el pluralismo. En El Salvador se acabó el pluralismo y eso ha sido algo deliberado, consciente. A mí me parece que lo peligroso es que normalicemos que esto es democrático o seudodemocrático, pero que no es lo que antes llamábamos una dictadura. 

Ustedes como periodistas de El Faro, la revista Factum, han documentado actos de corrupción, detenciones arbitrarias en grandes cantidades de víctimas de lo que alguna gente dice “daños colaterales” del estado de excepción o, incluso, los acuerdos entre Bukele con líderes de las maras, que los ha sacado de la cárcel y luego los busca recapturar.  ¿Esto tiene alguna implicación para la presidencia de Bukele en la opinión pública para la población?

César Fagoaga: Bukele es un publicista que ha hecho muy bien su trabajo. Pese a las contundentes investigaciones y evidencia periodística, no ha cambiado el apoyo mayoritario que el señor Bukele tiene. 

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Esta semana en El Salvador se dio a conocer y eso puede sonar una afirmación fuerte, pero está debidamente sustentada, que tenemos un “Gobierno criminal”, un Gobierno que pactó con pandillas, un Gobierno que puso una Comisión independiente junto con la Organización de Estados Americanos, para investigar la corrupción y cuando encontró corrupción la soterró, un Gobierno que tiene instituciones que están funcionando para sus funcionarios públicos, para sus ministros, para sus diputados, dándoles, créditos para poder comprar casas y mansiones de lujo. 

El señor Bukele ha sido capaz, con una campaña que tiene más de cinco años funcionando, de que la gente no crea en esto, que la gente diga —no pasa nada, es lo que queremos, porque ha solucionado el principal problema que tenemos—, que es la seguridad. Y esto da igual si estamos incumpliendo la Constitución, si estamos incumpliendo la democracia, da igual si estamos entrando en una dictadura. Si el señor Bukele me está cumpliendo la necesidad que yo tengo, que es sentirme seguro, no seguir viviendo en un país tan violento como es El Salvador, se lo voy a permitir, le voy a permitir incluso que sea un ladrón más, que sea un criminal más, porque podemos hablar ya contundentemente de un Gobierno criminal. 

El Salvador está abrazando una dictadura, 90 años después, con aplausos, precisamente porque el Gobierno ha sido lo suficientemente capaz y ha destinado muchísimos recursos en que la gente aplauda este tipo de cosas, de que la gente se sienta segura y no le importe todo lo que está dejando o lo que está perdiendo. Si supuestamente está ganando la posibilidad de estar libre. 

El Salvador del mundo, y Bitcoin, sin una estrategia económica

¿Cuánto de este fenómeno se deriva del carisma personal, de la estrategia de comunicación o de los resultados concretos de la estrategia de Bukele en el tema de seguridad? ¿La gente le está otorgando un cheque en blanco para siempre?

Amparo Marroquín: Pensaría que la mitad de este apoyo incondicional pasa por el tema de seguridad y la otra mitad tiene que ver con el tema de la campaña publicitaria. Que sea un experto en publicidad y marketing, creo que no es un elemento menor, y ahí yo lo que quería era retomar justamente esta afirmación del vicepresidente Félix Ulloa, al decir que estamos construyendo algo nuevo. Una de las características más particulares de la narrativa de este Gobierno es el uso y la alusión a imágenes religiosas. Ya sabemos que es una frase del Apocalipsis, "he aquí que hago nuevas todas las cosas"; y de alguna manera no sabemos realmente qué tan nuevo es lo que está haciendo, pero hacer alusión a una narrativa religiosa en donde El Salvador, ese país que lleva el nombre del Salvador del mundo ha visto a un joven guerrero que es escogido por Dios, para que El Salvador muestre al mundo cosas nuevas, es una narrativa mucho más encantadora que pensar que El Salvador es un laboratorio en donde se están probando procesos de seguridad a ver qué pasa.

Es mucho más lindo pensar, como lo dijo el presidente Bukele en el discurso en Coicom hace unos meses, que mientras El Salvador libraba una batalla por la seguridad aquí en la tierra, una batalla espiritual se estaba librando en el cielo, y Dios escogió a El Salvador para que diera testimonio al mundo de que es posible alcanzar la seguridad.

Este discurso, es parte de lo que ha construido este éxito. Un éxito que tiene que ver, por un lado, con este señor me resuelve la vida cotidiana y, en otra parte, un discurso mucho más encantador, mucho más utópico de realmente vamos a lograr ser grandes porque tenemos mucha fe. Y esa fe pasa por la presidencia, sobre todo por esta sociedad encantada que quiere creer a costa de lo que sea. 

La estrategia de seguridad ha tenido un impacto visible en la recuperación del turismo en El Salvador.  Pero, ¿hay una estrategia de reactivación económica para atraer inversiones, generar empleo y oportunidades? Sabemos que Bukele propuso el bitcoin casi como una panacea, que no ha tenido éxito, ¿tiene una estrategia económica para el país en los próximos cuatro años. 

José Luis Sanz: Si tiene una estrategia económica para el país, no se conoce y no la conocen ni siquiera sus funcionarios. Muchos de ellos no tienen claro, incluso, gente que trabaja en el gabinete económico, exactamente en qué consiste o cuál es el plan.

El bitcoin, aunque en términos prácticos no haya tenido ningún impacto de dinamización de la economía, porque apenas se utiliza, sigue siendo un elemento casi simbólico que se reduce a ciertos espacios turísticos. Muy pocos usuarios lo publicitan como un factor de carácter casi religioso, como una nueva fe, una especie de tecno-fe. Y ha tenido una función muy potente en la redefinición de la imagen de El Salvador que promete Bukele. La promesa de Bukele en realidad es una transformación que tiene algunas cosas prácticas, pero que sobre todo, tiene una idea de nueva dignidad, nueva idea de país, nueva identidad nacional. Y el hecho de que El Salvador se asocie ahora con lo tecnológico, con la vanguardia, incluso con el desafío a Estados Unidos en ciertas etapas, lógicamente, cambia el imaginario nacional para mucha gente, sobre todo en Estados Unidos, por ejemplo, para la diáspora. Significas otra cosa, eres otra cosa, representas otro país, y esa promesa está pesando más que los resultados reales económicos, porque en realidad no hay más generación de empleo, por mucho que haya podido crecer el turismo.

El turismo no es un sector protagónico en la economía nacional, aunque sí lo será en el futuro, pero en estos momentos no lo es, no tiene un poder real de transformación de la economía o de la vida de la gente en términos económicos. De hecho, en las zonas más turísticas, lo que está sucediendo es desplazamiento de la población local que no puede subsistir y adaptarse a la subida de precios de la vivienda o de la vida en las zonas que se están desarrollando turísticamente. Y, además, durante los cuatro años y medio de Gobierno de Bukele, la pobreza que venía disminuyendo de manera casi constante durante la década anterior, ha repuntado, podemos atribuirlo en una parte a la pandemia. Pero lo cierto es que la pobreza existe, hay más hambre en El Salvador, y no hay más empleo y crecimiento, a pesar de que se supone que esto es un modelo exitoso, no solo en términos de seguridad sino en general como modelo de país, la economía no crece más de lo que crecía. Claramente en lo económico el proyecto Bukele, hasta el momento no funciona. Pero hay una promesa mayor, hay un acto de fe y de momento nadie está castigando a Bukele por esa falta de cambio en la vida económica del país. 

Los empresarios grandes, medianos, y pequeños. ¿Cómo se sitúan frente al proyecto de Bukele? 

César Fagoaga: Uno de los problemas que El Salvador tendrá en los próximos cinco años es la economía y tiene mucho que ver con que no se han hecho planes de una manera consistente para lo que vamos a enfrentar. El régimen de excepción es necesario para el Gobierno Bukele, la gente lo ha comprado como una medida contra las pandillas, cuando en realidad no es eso. El régimen de excepción es una medida de control social, es el garrote posterior del que estamos votando, es el garrote que va a reprimir cuando sea necesario. Porque la economía no va por buen camino y vamos a tener problemas económicos en el futuro cercano. Por eso es tan necesario tener una herramienta de control que permita callar voces, que permita meter en prisión a aquellos que se atrevan a disentir o a pensar, ya ni siquiera digo pensar diferente, a pensar.

El régimen de excepción es una medida que se ha prolongado por casi dos años, que le dice mes a mes a la población —si te atreves a pensar aquí está la cárcel—.  Sobre los empresarios, ya sea por conveniencia de los grandes empresarios salvadoreños o por miedo, nadie en El Salvador está diciendo nada. Tenemos la amenaza o el revólver sobre la mesa, que es básicamente, si te atreves a decir cosas, estás a un paso de que te metan preso o de que te cerremos tu empresa. Y eso es bien significativo porque además hay gente que directamente ha dicho bueno, me voy a plegar al Gobierno, gran empresariado que ha dicho —no voy a decir nada—. Y hay otra gente —que nos consta porque hemos hablado con grandes y pequeños empresarios— que dicen —es que me encantaría decir algo, pero no puedo decirlo porque tengo miedo—. 

El miedo, no hay oposición, ¿releeción indefinida?

¿El periodismo independiente, la sociedad civil democrática, los centros de pensamiento, las universidades pueden desarrollarse bajo este clima de estado de excepción y de poder absoluto, o se sienten amenazados o restringidos?

Amparo Marroquín: Yo creo que en una cultura tan autoritaria como la nuestra, en general la gente se puede sentir amenazada. La pregunta para mí no es si podemos, sino si debemos hacerlo. Yo creo que siempre se puede. La historia de Centroamérica en general es una historia de resistencias creativas hacia las distintas formas de autoritarismo. Entonces la pregunta es, cuáles deben ser los procesos para seguir ejerciendo pensamiento crítico, para seguir construyendo investigación y para seguir, de alguna manera, mostrando discursos críticos que sean contrapesos a un poder tan totalitario como el que en estos momentos sigue configurándose en la sociedad salvadoreña. 

En algunos países ya hablan de replicar el modelo Bukele. Y aunque a nivel internacional hubo cuestionamientos a este proyecto reeleccionista que se ha consumado hoy, posteriormente ha habido una cierta aceptación o complacencia, porque esa es la voluntad del pueblo salvadoreño.

José Luis Sanz: La oposición, la política, la construcción partidaria, evidentemente, en buena medida por la represión comunicativa, económica del Gobierno, no ha conseguido regenerarse. Y en esos momentos hay un desafío mayúsculo. Y lo cierto es que no hemos sido capaces, desde la sociedad civil todavía, de encontrar un camino, de construir una propuesta, del fracaso de una candidatura única de oposición. 

Lo es cierto es que no hay alternativas reales para la población que votar por Bukele, aceptémoslo, y esto es una tragedia colectiva para nuestra democracia. El gran contraste con lo que ha sucedido en Guatemala no se debe solo a la doble moral y a la hipocresía de la política exterior de Estados Unidos, de otras organizaciones u organismos multilaterales o de la Unión Europea, también tiene que ver con que, en el caso guatemalteco, una comunidad internacional que estaba resignada a normalizar y aceptar los resultados de una elección que claramente era fraudulenta y aceptar la victoria de quien fuera, con tal de que hubiera algo parecido a estabilidad, cuando hubo una alternativa, una candidatura con vocación democrática y con respaldo popular, ahí la comunidad internacional se sintió cómoda porque el precio político para ellos era menor y puso la carga y apostó y trabajó arduamente con la sociedad guatemalteca para que (Bernardo) Arévalo llegara al poder. Creo que es importante que admitamos que en estos momentos la comunidad  internacional —y no la justifico porque la doble moral y el silencio cómplice a mí me parece que es trágico, claramente es hipócrita—, pero lo cierto también es que desde su pragmatismo no encuentran el camino para construir su relato de, estamos apoyando a una oposición que es vigorosa y que claramente es identificada. No hay una oposición claramente articulada en El Salvador.

Bukele está iniciando un segundo periodo presidencial. Hace unos años dijo que en El Salvador no había reelección y se eligió, ahora dicho también que no hay reelección indefinida. ¿Puede reelegirse para otro periodo? 

Cesar Fagoaga: Las leyes ya no significan nada. Hace algunos años, cuando al señor Bukele se le preguntaba si la reelección era legal o era permitido en El Salvador, él decía que no, lo tenía claro que no, pero también tenía claro —y eso nos pareció de hecho evidente años después— que su proyecto pasaba por controlar el Estado para posibilitar sus elecciones futuras y sus decisiones futuras.

Ahora mismo, si la Constitución, hablando en términos legales, ¿permite una reelección?, No la permite, ¿Permite reelección indefinida?, No la permite. Como las leyes no tienen ningún peso ya en El Salvador y realmente la Asamblea está para hacer lo que el presidente diga y la Corte Suprema está para avalar lo que el presidente diga, aquí puede pasar cualquier cosa. No está permitido. Sin embargo, es una opción que ya pusieron sobre la mesa. 

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Carlos F. Chamorro

Carlos F. Chamorro

Periodista nicaragüense, exiliado en Costa Rica. Fundador y director de Confidencial y Esta Semana. Miembro del Consejo Rector de la Fundación Gabo. Ha sido Knight Fellow en la Universidad de Stanford (1997-1998) y profesor visitante en la Maestría de Periodismo de la Universidad de Berkeley, California (1998-1999). En mayo 2009, obtuvo el Premio a la Libertad de Expresión en Iberoamérica, de Casa América Cataluña (España). En octubre de 2010 recibió el Premio Maria Moors Cabot de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia en Nueva York. En 2021 obtuvo el Premio Ortega y Gasset por su trayectoria periodística.

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