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Katerine Espinal, la pianista nicaragüense que se abre camino en Noruega

Trabaja como psicoterapeuta musical, lanzó su primer disco “A Nicaragua con amor”, y promueve proyectos de educación musical para jóvenes de Nicaragua

Katerine Espinal

Katerine Espinal, outstanding Nicaraguan pianist who lives in Norway. Photo: Confidencial | Courtesy.

Katherine Estrada Téllez

11 de junio 2023

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Desde los siete años, Katerine Espinal toca el piano. Este instrumento le ha abierto camino musical y profesional en Nicaragua y también en Noruega, donde reside desde hace cuatro años.

“El piano me ayudó a sobrellevar los procesos más duros, en especial cuando me diagnosticaron dos meses de vida. El piano me ha regalado esperanza”, relata Espinal, quien por diez años lidió con la bacteria de estafilococo y casi muere.


La nicaragüense, de 36 años, migró a España a finales de 2018, después que los espacios culturales cerraran en Nicaragua por la crisis sociopolítica del país. Llegó a Madrid y una amiga la llevó a Noruega, donde ahora reside y trabaja.

“Edward John, un cantante británico, hizo posible mi estancia en Noruega. Me invitó a tocar el piano de su iglesia Bautista y, minuto y medio después, me dijo: ‘cancela tu boleto de regreso, te necesitamos aquí’, desde entonces me quedé en Noruega”, recuerda. 

Desde hace tres años, trabaja en la Escuela de Arte y Cultura Gjøvik, donde a través del piano brinda psicoterapia musical a personas con capacidades físicas y trastornos mentales.

Durante estos años ha brindado alrededor de cien conciertos en Noruega, algunos como solista, otros compartiendo con bandas y artistas internacionales. “He tenido la oportunidad de tocar para migrantes y refugiados, retribuir desde el piano el abrazo que uno necesita en un nuevo país”.

En estos momentos, está trabajando en su primer disco “A Nicaragua con amor”, que saldrá próximamente, y tendrá colaboración con músicos nicaragüenses como Eduardo Araica y Carlos Mejía Godoy. 

También desarrolla un proyecto que apadrinará a jóvenes nicaragüenses de barrios marginales de Managua que tengan talento musical. “La bendición de tener un padre que viera en mí el talento y, a pesar de las limitaciones, invirtiera en mí, no todos lo tienen en Nicaragua”.

Los inicios de Katerine Espinal en el piano

Katerine Espinal nació en Managua el 3 de junio de 1987, y creció en el Barrio Venezuela en una familia que vio su talento con la música y la impulsó a desarrollarlo, a pesar de las limitaciones económicas.

“Las perchas de madera y los baldes de la casa fueron mis primeros instrumentos. Destruí varios de mi mamá. Fue ahí cuando mi papá comenzó a comprar mis propios baldes y perchas porque miró en mí el talento”, recuerda.

A los siete años, su papá, Manuel Espinal, la inscribió en el otrora Conservatorio Bautista. Fue ahí donde conoció por primera vez el piano. Al escuchar tocar este instrumento sintió calma.

“Recuerdo que miré el piano y pensé que era un ataúd, estaba llorando de miedo sentada en la primera fila de la clase junto con otros niños, porque era mi primera vez en ese lugar. Cuando de repente, entró una mujer estadounidense que llamó la atención por su aspecto y acento. Comenzó a tocar, y en ese momento, me olvidé que estaba sola, sin mi papá, frente algo que desconocía. Me enamoré del piano”, describe.

Estuvo hasta los 14 años estudiando en el Conservatorio. Estudiantes y profesores reconocieron su talento. Empezó tocando música clásica y desarrollando su oído musical más rápido que la lectura de las partituras. De forma didáctica, también aprendió otros estilos musicales.

En la adolescencia, tocaba para la iglesia Bautista que visitaba con la familia. Luego, profesores de música y músicos nicaragüenses la invitaron a compartir escenarios. “El maestro Mario Rocha fue el primero que me invitó a un escenario. Luego me contactó Juan Solórzano, Norma Elena Gadea, Eduardo Araica, Katia Cardenal, Carlos Mejía Godoy”.

También comenzó a tocar en los eventos de las embajadas de Colombia, Argentina, Chile, Perú, México y de naciones europeas en Nicaragua. En varias ocasiones, fue invitada por la Alianza Francesa y su trayectoria fue “fluyendo poco a poco”, dándose a conocer en Nicaragua y formando parte de eventos en teatros, festivales culturales y como solista popular tradicional latinoamericana.

Katerine Espinal
Katerine Espinal junto con un grupo de músicos noruegos. Foto: Confidencial | Cortesía.

“Noruega me eligió para quedarme”

Espinal llegó de visita a ese país escandinavo en septiembre de 2018, sin imaginar que ahí comenzaría su nueva vida. “Noruega me eligió para quedarme”, reafirma. 

Desde el segundo día en Noruega, comenzó a tocar el piano en la iglesia Bautista, donde los asistentes se enamoraron de su talento y la recibieron. Luego comenzó a dar conciertos gracias a invitaciones que le ofrecían después de escucharla tocar.

Su talento ha conquistado al público noruego. Durante estos años en el país ha ofrecido alrededor de 100 conciertos, más de 50 como solista y alrededor de 30 compartiendo escenario con bandas y artistas internacionales. “Ya son casi cinco años aquí y todo esto se ha dado gracias a recomendaciones. Una vez que me escuchan tocar en un lugar, vienen más invitaciones”, detalla.

Espinal ha empatizado con los migrantes y refugiados noruegos. Organizaciones que apoyan a esta comunidad la han invitado a dar conciertos benéficos. “Se lo que implica migrar y la capacidad de cómo la música sirve de refugio para sobrellevar el proceso”, reflexiona.

El 14 de junio de 2022, Espinal realizó un concierto para los refugiados ucranianos en Noruega en la Escuela de Arte y Cultura Gjøvik, que donó a la Organización Noruega para Solicitantes de Asilo (NOAS).

“Este concierto fue una muestra de agradecimiento a Noruega por abrirme siempre grandes puertas –continúa– y también es una muestra de entregar mi corazón a todas las personas que han tenido que dejar su país en busca de una vida digna para ellos”, menciona.

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Además, fue el primer concierto al que sus padres, Yolanda Meléndez y Manuel Espinal, pudieron asistir en ese país.

El piano, como psicoterapia musical

En 2020, obtuvo su residencia, y el noruego Ola Narten Svendsen la invitó a postular a una oferta de trabajo en la Escuela de Arte y Cultura Gjøvik. Compitió contra siete noruegos con maestrías y doctorados musicales, pero su experiencia de vida y su música le permitieron ganar el puesto.

“Me preguntaron: ‘¿Qué experiencia tienes con la depresión?’ y les hablé de cómo la música me ayudó a sobrellevar mi diagnóstico de estafilococo y los dos meses de vida que aseguraban los doctores que tenía… El piano ha sido y es mi terapia para vivir –prosigue– con el que sobrelleve mi depresión y con el que ahora celebro la vida”.

Espinal con uno de sus grupos de estudiantes en la Casa de cultura, Gjøvik kunst og kulturskole. Foto: Confidencial | Cortesía.

Tiene tres años como repertorista y músicoterapeuta para personas con capacidades físicas y trastornos mentales. “Tocar el piano, funciona para estas personas con problemas emocionales profundos, y en su sonido encuentran un refugio y apoyo emocional. La música les permite conectarse y expresar sus emociones, unos lloran, otros cantan, bailan”, describe. 

“A Nicaragua con amor”

Desde enero de 2023, Espinal comenzó a trabajar en su primer disco llamado “A Nicaragua con amor”, una carta musical que ha grabado con el apoyo del filántropo cultural y empresario nicaragüense, Jaime Lacayo Salazar.

“Las palabras de Lacayo fueron: ‘Vi un vídeo tuyo, me sacaste las lágrimas y quiero apoyar tu talento.. quiero patrocinarte un disco’, y acepté”, cuenta.

El 18 de marzo, Espinal viajó a Madrid para conocer a su productor musical, Billy Herrón, un panameño con quien ha grabado las siete canciones de la primera parte del disco. “ Son seis canciones de música folklórica nicaragüense a piano, el primero de Nicaragua”, recalca.

En la producción, colaboraron músicos nicaragüenses como Eduardo Araica, a cargo de las guitarras; Carlos Luis Mejía, a cargo de las marimbas, y Carlos Mejía Godoy, con la colaboración especial de acordeones en un popurrí de tres canciones de “La misa campesina nicaragüense”, que es su propia obra musical. 

“Es un disco bastante sencillo, pero ya está listo. Quizás la segunda parte va a estar mejor elaborada, pero esta fue mi primera experiencia en un estudio de grabación, yo haciendo los arreglos. Fueron ocho días de mucha presión en el momento de grabación, pero una experiencia enriquecedora”, valora.

Espinal agradeció también a los españoles: Aurelio Estebanez, ingeniero de sonido, el percusionista Sergio Martínez, y el contrabajista Rubén Carles. Al pianista argentino Leo Genovese, quien estuvo a cargo de las cuerdas.

“Musicaragua”

Actualmente, Espinal está estudiando un programa de Gestión Cultural de Proyectos, gracias a una beca de la Orquesta de las Américas. En este programa participan 51 personas de 12 países, que han sido nombrados como “líderes emprendedores y culturales latinoamericanos 2023”. “El director de la Orquesta de las Américas vio un video mío y me contactó”, relata. 

Dentro del programa, Espinal comenzó a desarrollar un proyecto que llamó “Musicaragua”, con la visión de promover en Nicaragua la educación musical cultural y la educación emocional, a través de la música.

El proyecto “Musicaragua” funcionará de manera aleatoria y no tendrá un espacio físico. “La idea es poder conseguir apoyo económico para personas de escasos recursos que tengan un talento musical sin desarrollar”, explica. 

Junto con la escuela de Arte y Cultura Gjøvik ha conseguido patrocinar, a través de este proyecto, a seis personas de Nicaragua para un intercambio cultural en Santo Domingo de República Dominicana.

Espinal tiene sus energías enfocadas en desarrollar el proyecto y desea encontrar talentos escondidos en barrios marginados de Nicaragua y patrocinarlos de forma integral a estas personas.

“Mi deseo, aunque es bastante retador, es invertir así como mi papá lo hizo conmigo y me permitió desarrollarme musicalmente. Mi papá es mi héroe y a él le debo lo que soy hasta hoy”, afirma. 

Noruega la ha hecho sentir en casa

Por el momento, no tiene pensado regresar a Nicaragua. Noruega la ha recibido con amor y oportunidades para desarrollar su talento. Ha encontrado a personas, que ahora llama familia, quienes la han hecho sentir en casa.

“Después de un concierto, Nina, una noruega se me acercó para saludar y de inmediato conectamos. Luego de varias invitaciones a cenar y conversaciones, nos dimos cuenta que ambas cumplimos año el mismo día. Ahora a Nina la llamó mi segunda mamá”, relata.

Katerine Espinal compartiendo su tercera navidad en Noruega con la familia que la ha acogidido y hecho sentir en casa. Foto: Confidencial | Cortesía.

Con la familia de Nina ha pasado las tres navidades y los feriados de Noruega. “Pasar con ellos me hace sentir que pertenezco, que tengo una familia”, destaca.

En la actualidad, colabora con la Alcaldía de Oslo y Gjøvik, con proyectos para tocar en centro culturales y asilos de ancianos. “Mi objetivo es servir y retribuir a la vida, a través de la música”, manifiesta. También estudia en línea Español como lengua extranjera, en la Universidad de Salamanca, con el propósito principal de conocer mejor el idioma y poder enseñarlo en Noruega.

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Katherine Estrada Téllez

Katherine Estrada Téllez

Periodista nicaragüense exiliada en Costa Rica. Se ha especializado en la cobertura de temas de migración, género y salud sexual y reproductiva. También ha trabajado en Marketing y Ventas y ha sido Ejecutiva de Cuentas.

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