4 de junio 2026
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El Gobierno de Alemania ha presentado un proyecto de ley para establecer un registro central en línea donde los herederos puedan consultar información
Cada país tiene su propia manera de gestionar las cuentas abandonadas. Algunos obligan a los bancos a retenerlas a perpetuidad. Otros, con el tiempo, se apropian de ellas. Foto: Angelika Warmuth/REUTERS
Miles de millones de euros permanecen intactos en cuentas bancarias inactivas de Alemania. Con los herederos ajenos a su existencia y sin un registro central establecido, los bancos y los políticos debaten al respecto.
Un informe de 2021, elaborado por el Ministerio de Investigación de Alemania, estimaba que hasta 4,200 millones de euros (4,900 millones de dólares) están en cuentas abandonadas. Otros cálculos incluso elevan la cifra de esas cuentas hasta los nueve mil millones de euros. Los propios bancos no han publicado nada al respecto.
Las cuentas abandonadas, olvidadas o inactivas son depósitos bancarios o valores que permanecen intactos durante un cierto periodo de tiempo. En Alemania no hay un marco jurídico que gestione estas cuentas. Así que la mayoría de las entidades bancaria se rige por los siguientes criterios para definirlas:
Los bancos tienen cierto margen de maniobra a la hora de decidir cuánto invertir en la búsqueda de los propietarios o sus herederos. Además, Alemania cuenta con estrictas normativas de protección de datos.
En Alemania, las cuentas inactivas no pasan a ser propiedad de los bancos ni se entregan al Gobierno. Su titularidad nunca caduca. El Gobierno alemán solo puede reclamar una cuenta si es declarado heredero en virtud de la legislación sucesoria del país. La medida más necesaria en estos casos sería un registro central de cuentas inactivas, afirma Beatrice Eisenschmidt, miembro de la junta directiva de la VDEE, una asociación con sede en Berlín que representa a buscadores profesionales de herederos.
Actualmente, las consultas de ese tipo se tienen que enviar a diversas asociaciones bancarias, proceso que consume tiempo y dinero. Para los herederos, suele ser como dar palos de ciego, ya que ni siquiera saben si existen activos de algún tipo.
“Por esta razón, muchos herederos optan por no llevar a cabo averiguaciones”, comenta Eisenschmidt a DW.
El actual Gobierno de Alemania, encabezado por el canciller Friedrich Merz, ha presentado un proyecto de ley para establecer un registro central en línea, de acceso público, donde los herederos puedan consultar información. Sin embargo, hasta la fecha no se ha aprobado ninguna nueva normativa al respecto.
Una encuesta reciente, encargada por la organización benéfica Aldeas Infantiles SOS, revela que el 86 % de la población desearía que los activos bancarios olvidados se destinasen a un fondo para proyectos sociales tras transcurrir un plazo razonable. Solo el 8 % opina que deberían pasar a manos del Gobierno y un 2 % considera que deberían conservarlo los bancos.
En el Reino Unido, por lo general, las cuentas inactivas se transfieren a un fondo de recuperación social y medioambiental tras un periodo de 15 años. No obstante, el dinero puede ser reclamado de forma indefinida.
En Estados Unidos, se considera que una cuenta ha quedado inactiva tras un periodo de 3 a 5 años. Transcurrido dicho plazo, el banco debe intentar ponerse en contacto con el titular. Si no logra localizar a nadie, la Oficina de Bienes no Reclamados tutela la cuenta, que puede seguir reclamándose indefinidamente.
En Francia, los bancos tienen la obligación de intentar contactar a los titulares. Tras 10 años de inactividad, las cuentas y las pólizas de seguro de vida se transfieren a una institución financiera pública, donde pasan a ser propiedad del Estado francés. 20 años después, ya no se pueden reclamar.
Suiza cuenta con una base de datos centralizada para este tipo de cuentas. Transcurridos 60 años sin que haya habido contacto alguno, se hace pública la información y los herederos disponen de un plazo de un año para reclamarlas. Una vez vencido dicho plazo, el derecho a reclamar caduca, la cuenta se liquida y los fondos se transfieren al Gobierno.
Lo mejor para que nuestro dinero no acabe en el limbo es mantener registros financieros actualizados y compartir esa información con familiares. Estos dos pasos pueden marcar la diferencia entre una herencia bien gestionada y el dinero olvidado en una cuenta.
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