Censo Agropecuario “avanza” sin resultados públicos ni detalle de gastos
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Ganaderos denuncian escaso apoyo y falta de información, pese a que el régimen destina, desde 2024, un presupuesto millonario para controlar la plaga
Ganaderos nicaragüenses vigilan que sus animales estén libres del gusano barrenador. //Foto: IPSA
En abril de 2024, en Nicaragua se decretó una alerta sanitaria animal a nivel nacional, al confirmar la presencia en el país del gusano barrenador del ganado. Más de 24 meses después, y pese a contar por dos años consecutivos con un presupuesto que, combinado, suma más de 1200 millones de córdobas, la plaga sigue agobiando a los ganaderos.
Los datos de febrero y marzo, los más recientes que han sido publicados por el Instituto de Protección y Sanidad Agropecuaria (IPSA), muestran que a mediados de marzo, en el país se contabilizaban 323 seres humanos infectados por el gusano barrenador. Esto es, 52 casos más que los 271 reportados a mediados de febrero.
Managua sigue siendo el departamento más afectado, con 134 casos (114 en febrero). Le siguen Masaya con 37 (30 en febrero); Chinandega 36 (26); Carazo con 22 (19); León 20 (17). Cierran el conteo la Costa Caribe Norte con 15 casos, y Jinotega con 11.
Los distintos hatos existentes en el país también están sufriendo. El dato a marzo contabiliza 29 241 animales afectados, lo que añade 1325 infecciones al dato de febrero, que fue de 27 916. La especie más afectada es la bovina, con 19 946 casos. También se han contabilizado 4208 porcinos, 2541 caninos, 1481 equinos, 480 ovinos, 190 caprinos, 25 aves, y 43 especímenes de fauna silvestre.
Al declararse la alerta sanitaria nacional, el director ejecutivo del IPSA, Ricardo Somarriba, ordenó activar el Dispositivo Nacional de Emergencia en Sanidad Agropecuaria (Dinesa). Además, declaró “áreas de cuarentena oficial”, con la intención de prevenir, controlar y erradicar al gusano barrenador del ganado. Las infecciones ocurren cuando la mosca que la transmite deposita sus huevos en la herida abierta de cualquier ser de sangre caliente, humanos incluidos.
Controlar la plaga representa un gasto público, por todas las tareas que deben ejecutarse, incluyendo gastos de personal, así como en la implementación del control biológico, por medio del esparcimiento de moscas estériles.
Datos oficiales incluidos en diversos informes del Ministerio de Hacienda y Crédito Público muestran que en 2023, el año previo a la detección de la plaga, el IPSA recibió una partida presupuestaria de 558.6 millones de córdobas. El monto para 2024 fue 13.1% más alto, hasta llegar a los 631.8 millones de córdobas, aunque solo se ejecutaron 603.1 millones.
Eso incluyó dos ampliaciones presupuestarias para el IPSA. Una por 96 millones, por pago de servicios prestados, y otra por 27.1 millones para gastos de capital. De ese monto, cuatro millones eran para reemplazar una bodega en la sede central del IPSA, mientras los 23.1 millones restantes fueron en concepto de transferencias de capital.
El presupuesto asignado para 2025 también superó los seiscientos millones de córdobas (604.1 millones), con la misión urgente de fortalecer las acciones sanitarias llevadas a cabo por su Departamento de Vigilancia Epidemiológica.
Para 2026 se asignaron otros 622.2 millones de córdobas a la espera de contener —y de ser posible erradicar— la plaga. El objetivo final es “proteger el patrimonio pecuario del país y evitar riesgos a la salud pública”.
En efecto, esta plaga también afecta la rentabilidad del sector ganadero por la pérdida de peso de los animales, y el costo de los medicamentos. A eso se suma el riesgo de que al país se le apliquen restricciones comerciales internacionales, lo que podría derivar en mayores controles sanitarios para el producto, la imposición de multas al precio al que nos lo compran o, definitivamente, el cierre total de determinados mercados a la carne nicaragüense.
Desde que se declaró la alerta sanitaria animal, el director Somarriba ha tenido mucho trabajo adicional. Reportes de medios oficialistas lo sitúan en reuniones con productores de Kukra Hill (Costa Caribe Sur), Villa El Carmen, San Rafael del Sur y Mateare (Managua), El Jícaro (Nueva Segovia), La Conquista (Carazo) y Tisma (Masaya), entre enero y marzo.
Entre abril y mayo, también tuvo reuniones en Muelle de los Bueyes (Costa Caribe Sur), y San Miguelito (Río San Juan). Adicionalmente, se reporta que se reunió con 230 productores en Poza Oscura (Estelí), y con otros 110 productores en Santa Rosa, San Francisco Libre (Managua).
Todo eso es parte de una serie de acciones de vigilancia y control que incluyen la visita a 157 937 fincas y 15 406 viviendas en todo el país. Esas actividades se han visto complementadas con 3800 charlas informativas a efectivos de la Policía, el Ejército, del Ministerio de Salud, y centros educativos, entre otros sectores.
A pesar de todo, la movida agenda del funcionario parece ser insuficiente.
Dos ganaderos de distintos municipios del centro del país, se quejaron de la escasa presencia del personal del IPSA, al punto que se preguntaron si en realidad existe un plan oficial para ayudarles a enfrentar esa plaga. Ambos hombres accedieron a hablar por CONFIDENCIAL a condición de ser identificados solo con seudónimos.
Roberto dice que ha habido muy poca presencia o apoyo de los especialistas del IPSA para ayudarles con el manejo de la plaga. “A veces recibo visitas de los técnicos, pero tardan mucho en regresar”, aseguró.
Ernesto también ha visto “en algún momento” a técnicos del IPSA que entregaban a los productores un tipo de veneno para controlar al gusano. Otros llegaban a las fincas para explicar cómo tratar las heridas de los semovientes, con la recomendación de recoger los gusanos en una bolsa, y quemarlos. Con todo, advierte que siempre hay incidencia de la plaga en algunas fincas de los alrededores, pero que es baja.
“Los productores suponen que han soltado esas moscas esterilizadas que ayudan a controlar la plaga, pero no tienen certeza de nada”, asegura. Señala que los productores están a ciegas, porque “no hay gremios que les informen, ni el Gobierno tampoco es claro en decir si cuentan con apoyo de Estados Unidos, país al que le preocupa erradicar esa plaga para que no avance hacia su territorio”.
De ahí que llegue a la conclusión que “el programa del gusano barrenador es un enigma. A nadie le informan nada. Los técnicos han hecho alguna presencia en algunas fincas, repartiendo un spray que lleva azul de metileno y algún tipo de insecticida para controlar los gusanos. Repartían también un insecticida que la gente mezcla para controlar los gusanos, pero no hay un programa que sea abierto, o que informe a los productores de lo que se está haciendo”.
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Periodista nicaragüense, exiliado en Costa Rica. Durante más de veinte años se ha desempeñado en CONFIDENCIAL como periodista de Economía. Antes trabajó en el semanario La Crónica, el diario La Prensa y El Nuevo Diario. Además, ha publicado en el Diario de Hoy, de El Salvador. Ha ganado en dos ocasiones el Premio a la Excelencia en Periodismo Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, en Nicaragua.
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