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La nicaragüense, originaria de Estelí, llegó a Colombia en julio de 2018 y desde agosto de 2025 abrió un bar-café en el centro de Bogotá
Fachada del bar-café El Bochinche, en Bogotá, Colombia. / Foto: Andrés Galeano El País
La nicaragüense Katya Acuña Rodriguez llegó a Colombia para estudiar una maestría y con la vida “más o menos” trazada. Nada hacía prever que terminaría detrás del mostrador de “El Bochinche”, su propio bar-café en el centro de Bogotá, donde esta antropóloga esteliana sirve café orgánico y, los fines de semana, tostones con queso y salsa.
Katya Acuña Rodríguez, de 37 años, llegó a Bogotá en julio de 2018 para estudiar —con una beca— una maestría en Psicología. No era el destino que había elegido con calma: era el primer país que la aceptó en medio de la crisis sociopolítica de Nicaragua.
“Estaba queriendo estudiar en otro país, en Latinoamérica. Empecé a aplicar a diferentes programas de becas y Colombia fue el primer destino donde me salió una beca para estudiar una maestría en Psicología”, recuerda la esteliana.
En julio de 2018, Nicaragua acababa de vivir meses de brutal represión. Los tranques habían sido desmontados a la fuerza y las calles, que semanas antes eran escenario de resistencia, habían quedado marcadas por la violencia. Katya se fue en medio de todo eso.
“Me vine en plena crisis. El país prácticamente se estaba quemando. En julio acababan de desmontar los tranques. Me vine con una necesidad de salir, pero también con una culpa, un peso, por irme en un momento tan complejo”, confiesa.
Después de terminar su maestría, consiguió algunos empleos en cooperación internacional —su “área de toda la vida”—, pero la estabilidad nunca llegó del todo. Trabajo temporal, pausa, otro contrato, otro corte. El ciclo se repetía. El último golpe vino de afuera: los recortes de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), en enero de 2025, vaciaron el mercado laboral en el que ella se movía.
“La competencia aquí (Colombia) es mucha, hay mucha gente que necesita trabajo y menos opciones. Y con el tema de ser extranjera, fue más difícil”, sostiene. Fue en ese momento —sin trabajo, con los ahorros reduciéndose y encerrada en casa con trabajos remotos— cuando la idea de un negocio propio empezó a tomar forma.
Katya Acuña habló con su pareja Andrea Montes Vargas, con quien lleva más de siete años, y con Valentina Padilla Montes, la hija de Andrea, quien es creadora de contenido y apasionada de la salsa. Entre las tres empezaron a imaginar un espacio propio y así se hicieron socias.
“Yo soy una apasionada por el café y también soy de buen comer. En principio hablamos de la posibilidad de poner un café, después surgió la idea de tener un bar, y Andrea quería un espacio donde pudiéramos hacer eventos para promover la salsa”, cuenta.
Encontraron un local en el centro de Bogotá con renta accesible, pero en condiciones deplorables. Desde mayo de 2025 empezaron a buscar espacios y comprar materiales. La remodelación se tragó más de lo planeado: lo que iba a costar 20 millones de pesos terminó siendo 70 millones —unos 18 000 dólares—. La diferencia la reunieron con préstamos de amigos y familia.
“Como buenas novatas, ignorantes de todo lo que implica meterse en algo así, ese presupuesto inicial se infló. Pero gracias al apoyo de nuestras amistades logramos abrir el espacio”, admite entre risas.
El nombre lo eligieron buscando una palabra que capturara la esencia del proyecto. “Bochinche”: un término que existe tanto en Nicaragua como en Colombia, y que evoca algarabía, desorden alegre, el ruido de la gente reunida.
“Aquí en Colombia la palabra tiene que ver con la comunicación, con juntarse, con hacer desorden, pero no en mal sentido, sino relacionado con el chisme y la algarabía”, explica la nicaragüense.
El 20 de agosto de 2025 fue la inauguración oficial. Valentina, con su comunidad construida en Instagram y TikTok alrededor de la salsa, convocó a sus seguidores. El resultado superó todo lo que las tres socias esperaban.
“Ese día estuvo llenísimo. Creo que llegaron más de 140 personas, fue una locura”. dice emocionada.
El local tiene dos pisos: abajo, la cafetería con unos 80 metros cuadrados; arriba, el bar para las noches de jueves a sábado. El horario divide la semana: de lunes a miércoles, café y comida de 10 a. m. a 7 p. m.; de jueves a sábado, el bar abre a las 5 p. m. y cierra a las 3 a. m.
En “El Bochinche” se sirve café especial de fincas colombianas con producción orgánica, ubicadas en zonas de reserva campesina. Y en la carta, un toque nica que al principio nadie creyó que funcionaría.
“Tenemos tostones con queso y pico de gallo, y nachos con frijoles y quesitos. Me decían que eso aquí no se come, que no iba a funcionar, pero yo insistí. Esas son las cosas que se ofrecen en un bar nica”, destaca.
Más allá del café y la salsa, “El Bochinche” tiene una declaración de intenciones clara. Katya Acuña es feminista y el equipo está integrado, principalmente, por mujeres: la cocinera es mujer cabeza de hogar y la diseñadora que maneja las redes tiene diversidad funcional. Los carteles en el local no dejan lugar a dudas.
“Promovemos un espacio seguro para mujeres y disidencias de género, libre de discriminación y para todas las identidades. Vienen muchas personas trans, mujeres lesbianas, personas afro. Saben que no vamos a permitir ningún tipo de abuso o de discriminación”, afirma.
Los eventos refuerzan esa identidad: ciclos de cine independiente, noches de DJs exclusivamente mujeres para visibilizar a selectoras emergentes, karaoke y conversatorios en alianza con otras organizaciones.
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Nicas Migrantes es un proyecto periodístico de CONFIDENCIAL especializado en abordar temas de interés y utilidad para la población nicaragüense migrante en el mundo, principalmente en Costa Rica, Estados Unidos y España. El proyecto pionero nació en 2020 y produce contenidos en diferentes formatos periodísticos y plataformas.
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