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Así se hace “periodismo en el exilio” en Nicaragua, Cuba, Venezuela y El Salvador

Pablo Díaz, Diario de Cuba; Luz Mely Reyes, Efecto Cocuyo, Carlos Dada, El Faro: “no es sostenible, pero trabajamos en esas condiciones”

Panel Esta Semana

Los periodistas Pablo Díaz, Diario de Cuba; Luz Mely Reyes, Efecto Cocuyo, de Venezuela; y Carlos Dada, El Faro, El Salvador. //Collage: Confidencial

Carlos F. Chamorro

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La Clasificación Mundial de Libertad de Prensa de Reporteros Sin Fronteras 2026 coloca a Nicaragua en el último lugar en América Latina, con la peor clasificación de libertad de prensa en el puesto 168 entre 180 países evaluados, mientras Cuba ocupa el 160, Venezuela el 159, y El Salvador el 143.

En estos cuatro países, según la metodología de la Clasificación, se combinan condiciones extremas de restricciones en el acceso a la información, criminalización contra el ejercicio del periodismo y la libertad de expresión, imposición y abusos de leyes de “seguridad nacional”, que imponen una situación “muy grave” de ausencia de libertad de prensa. 

Sin embargo, en Cuba, Nicaragua, Venezuela, y El Salvador, existe un ecosistema de medios de comunicación independientes, desde el exilio, que representa la única opción para brindar información confiable y de utilidad para los ciudadanos y derrotar la censura.  

En el programa Esta Semana, que se transmite en el canal de YouTube de CONFIDENCIAL, debido a la censura televisiva en Nicaragua, conversamos con Pablo Díaz, director de Diario de Cuba, Luz Mely Reyes, directora de Efecto Cocuyo, de Venezuela; y Carlos Dada, director de El Faro, de El Salvador; sobre los principales retos del periodismo en el exilio en América Latina: ¿cómo contar un país en el que ya no estás, donde incluso las fuentes de información tienen temor y se encuentran amenazadas? 

Pablo Díaz: “El periodismo independiente cubano ha revelado la verdadera estructura de ese régimen que está en manos de una corporación mafiosa económica que rige los destinos del país, la realidad cubana hoy sería incomprensible si no fuese por el periodismo independiente cubano”.

Luz Mely Reyes: “En la madrugada del 3 de enero, cuando capturaron a Nicolás Maduro, duramos más de 10 horas corridas haciendo cobertura en caliente en streaming, en una alianza entre periodistas en Venezuela y en el exilio”.

Carlos Dada: “La semana pasada publicamos una nota en que contamos cómo el hermano de Nayib Bukele y la esposa de Bukele lideran una comisión secreta que decide quién se queda en la cárcel y quién sale libre. Esta es información muy útil, sobre todo en un país con tantos presos, es útil para la ciudadanía”.

Y ante la pregunta del millón: ¿cómo hacer sostenibles los medios independientes cuando el exilio deja de ser una emergencia, y se convierte en una condición permanente?, todos coinciden que “no es sostenible, pero son las condiciones en las que tenemos que trabajar, el hecho de no haber capitulado, de seguir intentándolo, ya es un triunfo bajo estas circunstancias.”

El informe de Reporteros Sin Fronteras dice que en Nicaragua el panorama mediático está en ruinas, con una represión sistemática y un estado de criminalización total del ejercicio del periodismo y la libertad de expresión. Sin embargo, desde el exilio, el periodismo de CONFIDENCIAL y la prensa independiente está derrotando la censura en Nicaragua. ¿Cómo se hace periodismo desde el exilio en Cuba con el bloqueo de internet y con la represión del Estado, para brindarle a la población las noticias y la información que oculta el régimen cubano?

Pablo Díaz, director Diario de Cuba. Nosotros somos veteranos en el tema de llevar información libre a la isla, y sobre todo nos apoyamos en las nuevas tecnologías, que tienden a hacer de la isla menos isla, todos los medios independientes que operan en Cuba tienen formatos híbridos. La experiencia que tenemos de décadas, ha ido perfilando la forma de trabajar de nuestras redacciones, con periodistas dentro del país y periodistas afuera, las redacciones, los servidores, la tecnología afuera, y con colaboradores y fuentes dentro del país. Hay periodistas que firman con sus nombres, generalmente los más reconocidos, los que tienen ese colchón de seguridad, que, si las fuerzas represivas los atacan, pues tendrían más repercusión mundial, y hay otros que firman con seudónimos. Trabajamos desde la premisa de que queremos hacer periodismo en la calle, y no ser mártires o héroes.

En los últimos 20 años, y yo lo he vivido en primera persona, el periodismo independiente cubano ha dado un salto de calidad tremendo. Recuerdo cuando los periodistas no eran profesionales, eran activistas, autodidactas, informadores. Hoy, la mayoría, es profesional, o tienen estudios de periodismo, hacen todo tipo de periodismo, de datos, periodismo de investigación, narrativo, con lo cual nos enfrentamos a un régimen que controla la comunicación. Esta profesionalización aprovecha cada rendija de este muro contra la libertad de información en la isla, y hoy en día no se entendería la realidad cubana sin el periodismo independiente.

Reporteros sin Fronteras describe la libertad de prensa en Venezuela en una situación de incertidumbre después que hace tres meses cayó el dictador Nicolás Maduro y se dictó una amnistía de presos políticos. ¿Ha mejorado en algo la situación de la libertad de prensa en Venezuela?

Luz Mely Reyes, directora de Efecto Cocuyo. Seguimos bajo un gobierno de facto porque quien sustituye a Maduro es su vicepresidente, seguimos en dictadura, por tanto, yo no veo un espacio de incertidumbre sino de reacomodo de este autoritarismo. En el Índice, Venezuela subió un puesto y esto tiene que ver con la excarcelación de más de veinte personas que trabajan en medios que fueron excarcelados, eso es una buena noticia. Lo que no es tan bueno es que la mayoría de ellos sigue con medidas cautelares y que la ley de amnistía no ha sido aplicada a todos, y que todavía hay muchísima gente con su pasaporte suspendido. Según el informe de Espacio Público, que se encarga de monitorear la libertad de expresión en Venezuela, eso no es incertidumbre, todavía hay mucho temor. 

En estos días, hubo unos grandes reportajes del país de España dentro del territorio venezolano, todas las fuentes, exceptuando dos, hablaron con condición de anonimato. Cuando una fuente no quiere dar la cara, es evidentemente que está en un contexto de bastante represión. De manera que sí ha cambiado un poquitito, pero la gran
modificación para mí ha sido que el dictador antes era hombre y ahora es mujer.

Reporteros sin Fronteras registra en El Salvador el deterioro más rápido y profundo de libertad de prensa en pocos años, y lo ubica en el puesto 143. El Faro trabaja desde el exilio desde el año pasado, ¿afecta el exilio la calidad del periodismo para sus audiencias?

Carlos Dada, director de El Faro. Es una pregunta que yo espero estar en mejor posición para contestarte dentro de algún tiempo. Dentro de pocos días cumplirá la redacción entera un año en el exilio y estamos aprendiendo de nuestros colegas de Cuba, Venezuela, y Nicaragua, que nos llevan alguna ventaja. 

Efectivamente, es el deterioro más dramático. Además, con esta situación paradójica de que mientras los gobiernos de Venezuela, Cuba, y Nicaragua durante años han sido considerados parias por la comunidad internacional, reconocidos como dictaduras, el presidente Bukele, a medida que ha ido atacando y acosando a todas las voces críticas, en paralelo se ha ido convirtiendo en un referente exitoso internacionalmente, lo cual le facilita caminar con acallar esas voces críticas, sin pagar el precio del desprestigio internacional que han tenido que pagar gobiernos de los demás países. 

El hecho de que El Salvador esté entre los cinco peores países de América Latina, porque son nuestros cuatro países más Perú, que está en el 144, te habla de un deterioro dramático en un país que además estamos viendo el fin de nuestra era democrática.  

¿Cómo hacer periodismo desde ahí? Estamos en ese aprendizaje, pero sobre todo muy concentrados y alerta en saber que no podemos seguir contando el país que dejamos atrás, que ese país sigue vivo, aunque nosotros no estemos ahí, y necesitamos crear herramientas para seguir en contacto con el país, para seguir contando la vida que continúa en el país, aunque nosotros ya no estemos ahí. En el caso de El Faro, el periódico que yo dirijo, este es nuestro mayor desafío en nuestros 27 años de historia: ¿cómo reportar un país en el que ya no estamos? Y ahí ustedes nos llevan ventaja y estamos aprendiendo las lecciones.

CONFIDENCIAL está cumpliendo 30 años en 2026. Nacimos en 1996, en la transición democrática en Nicaragua, como una newsletter impresa y un programa de televisión. Hoy somos un medio digital fiscalizando a una dictadura. En los últimos cinco años, en condición de exilio permanente. Y la pregunta que nos hacemos es: ¿hasta cuándo permaneceremos en el exilio? ¿Es sostenible el periodismo latinoamericano en el exilio? 

Luz Mely Reyes. Después de estar tres años totalmente en el exilio, es un desafío. Hemos estudiado cómo puede hacerse periodismo desde el exilio. ¿cómo cuentas un país en el que no estás, pero hay mucha gente que está en ese país? Nosotros hemos combinado las destrezas y capacidades no solamente de la redacción de Efecto Cocuyo, sino de los periodistas que están dentro de Venezuela. Un ejemplo de esto fue la cobertura que hicimos en caliente, en streaming, en la madrugada del 3 de enero, cuando capturaron a Nicolás Maduro, duramos más de 10 horas corridas haciendo cobertura. Y la estrategia que utilizamos fue que los periodistas que estamos fuera del país, que tenemos esta capa de protección porque no nos pueden tocar la puerta y llevarnos presos como les han hecho a otros, dimos la cara. Pero detrás de todo eso había un gran grupo de periodistas trabajando, no solo de Caracas sino de otras regiones. 

La otra respuesta que hemos ido encontrando tiene que ver con la cuestión tecnológica, antes en los exilios del Cono Sur los periodistas que iban a un país de acogida tenían que integrarse a ese país, no podían trabajar para sus respectivos países. Nosotros, prácticamente todo el trabajo que hacemos es para nuestros propios países, y eso significa que al menos puedes buscar algún tipo de vía de financiamiento. Yo no creo que sea sostenible, pero uno siempre ve el exilio como algo temporal, y la historia se ha encargado de mostrarnos que no es una etapa temporal.

La prensa cubana tiene la veteranía de un largo período trabajando desde el exilio. ¿Qué lecciones se pueden aprender para lograr la sostenibilidad de la persistencia de la prensa cubana en el exilio?

Pablo Díaz. En el mundo entero, la prensa digital está afrontando grandes cambios, la inteligencia artificial, y todo abunda en el tema de la sostenibilidad. Y además de esos retos globales, el periodismo en el exilio tiene otros, que hacen todavía más difícil la sostenibilidad. 

En el caso cubano, no hay una receta, gran parte del periodismo cubano se sostiene a través de mecanismos de cooperación internacionales, organizaciones de defensa de la libertad de expresión. Pero también triangulamos a través de terceras organizaciones, damos cursos, talleres, asumimos asignaciones, producimos contenidos para otras plataformas, tenemos canales de ayuda para que los propios lectores financien los medios, temas publicitarios, y organización de eventos como fuentes de ingresos que a veces funcionan. También los propios periodistas, las redacciones comparten trabajos, se dedican no solamente a hacer el periodismo diario, sino también trabajan en otras cosas para ganarse la vida. En general, no es sostenible, pero son las condiciones con las que tenemos que trabajar.

El Faro es uno de los recién llegados a este grupo de medios latinoamericanos en el exilio y hay otros colegas salvadoreños que están en la misma situación, pero vienen también con un largo bagaje y una gran experiencia de hacer periodismo de investigación en El Salvador. ¿Es sostenible ese periodismo en estas nuevas condiciones? ¿Hay comprensión en el entorno internacional de que la prensa en el exilio requiere de otro tipo de estrategias de apoyo para lograr su sostenibilidad?

Carlos Dada. No es una respuesta sencilla porque tu pregunta tampoco es de sí o no. Yo creo que hay mucha más conciencia afuera, entre fundaciones, de la necesidad de apoyar el periodismo en el exilio, porque cada vez son más en el mundo, no solo en América Latina. Pero, por otro lado, esas mismas fundaciones están ahora bajo ataque directo de algunos gobiernos que, cada vez son más en el mundo también, que persiguen a las voces críticas, que no les gustan ni los medios independientes ni ese apoyo que recibimos. Bajo una dictadura, el acoso contra la prensa no es solo político, no es solo judicial, no es solo fiscal, es también económico, es tratar de asfixiar todas tus fuentes de ingresos por todos lados, lo cual convierte esto mucho más difícil.

Yo discrepo de Luz Mely, tal vez porque soy más optimista, cuando ella decía que el exilio no es temporal, nosotros estamos exiliados de nuestros países donde se vive una realidad política que nos impide estar, pero la mayor lección de la historia es que estas etapas de la vida política de nuestros países también se terminan. Esto se convierte un poco como una carrera a largo plazo donde nosotros esperamos seguir en la pista corriendo cuando esta etapa se termine. A mí me gusta mucho la frase que suele decir nuestro colega José Rubén Zamora de Guatemala, que: “en nuestra situación política el periodismo no es una carrera de 100 metros, sino una maratón, y hay que tener paciencia y saber administrar energías para llegar hasta el final de la carrera”. Cuando esta etapa de nuestra historia nacional termine, nosotros queremos seguir aquí. Pero eso implica reinventarse de muchas maneras, no solo de cómo reportear, sino de cómo conseguir fondos. La pregunta de si es sostenible o no, todo parece indicar que no, pero como decía Pablo, es lo que tenemos y es lo que hay que hacer, y necesitamos encontrar la manera de volverlo sostenible. 

Ustedes han encontrado la manera de sostenerse hasta hoy, que llevan mucho más largo tiempo en esto, a pesar de que todo indicaba que no era sostenible, y aquí siguen. Y no solo ustedes, sino también nuestros colegas de otros países siguen en el esfuerzo diario por sobrevivir, y llegar a fin de mes. Pero, solo ese hecho de no haber capitulado, de seguir intentándolo, ya es un triunfo bajo estas circunstancias. 

Por cierto, aprovecho para felicitar a todo CONFIDENCIAL por estos 30 años, ustedes han sido un referente en la región, han sido un norte en muchos sentidos. Yo me acuerdo cuando eran un boletín impreso y ahora son los decanos del periodismo que estamos haciendo. Así que en buena hora y muchas felicidades. Creo que deberían celebrar en lo alto, a pesar de las circunstancias, con mucho orgullo por el camino avanzado.

Veamos ahora la otra cara de la moneda. ¿Qué consecuencias tendría la desaparición de este periodismo en el exilio en estas sociedades que están bombardeadas por la desinformación, y por la propaganda oficial de las maquinarias que están generando estos vacíos de información? ¿Estamos haciendo un periodismo que pueda ser útil para los ciudadanos bajo ese entorno?

Pablo Díaz. Definitivamente, reitero, la realidad cubana hoy sería incomprensible si no fuese por el periodismo independiente cubano. Porque los medios internacionales o las agencias de prensa, hacen una cobertura bastante desbalanceada, incompleta, porque responden a las agendas de otros países, o de otros públicos, entonces, la fiscalización que hace el periodismo independiente cubano hoy en un ambiente que todavía es totalitario, de cero libertad de expresión, donde no hay ningún contrapoder, donde todos los medios, por mandato constitucional, pertenecen al Estado, es fundamental. 

El periodismo independiente cubano ha hecho múltiples investigaciones, ha revelado la verdadera estructura de ese régimen que está en manos, una corporación mafiosa económica que es la que realmente rige los destinos del país. 

Es un periodismo, cada vez más interpretativo, incluso el periodismo diario. O sea, va más allá de la noticia e interpreta las claves de lo que está pasando, une los puntos y por tanto da muchas más herramientas a los ciudadanos cubanos para que tomen sus decisiones de una manera más informada, y tiene un enfoque plural, pro-democrático. Investiga e interpreta la realidad, informa el día a día y revela una sociedad, en que la prioridad número uno del sistema propagandístico del régimen es ocultarla. Entonces, si no fuera por ese periodismo, a los cubanos les costaría trabajo saber qué realidad están viviendo. 

Eso incluye además la cobertura de los países vecinos, de lo que pasa en Venezuela y en Centroamérica. Nosotros nos centramos bastante en América Latina, con ese mismo afán de darle información a los ciudadanos.

Luz Mely Reyes. Yo me sumo a esas felicitaciones a CONFIDENCIAL, pero también a una felicitación a El Faro y también al periodismo que se hace en Cuba. Porque hay algo que tiene que ver con la esperanza de que hablaba Carlos Dada anteriormente. Yo siempre sigo siendo optimista, y cuando estamos defendiendo no claudicar, no tirar la toalla, uno de los ejemplos que surgía, era el de Cuba. Y decía, pero si Cuba tiene 60 años en esta situación apenas le cae un poquito de agua, es decir, un poquitico de libertad y emergen iniciativas, en Venezuela, que hay un terreno abonado, eso va a ser muchísimo mayor. Quienes estamos en exilio en Venezuela hemos logrado en muchos casos articular alianzas, eso es muy importante, con periodistas que están en el terreno. Hemos hecho una distribución de los riesgos, y eso es algo que el autoritarismo a veces no puede entender. Por supuesto, hemos tenido muchísimas situaciones que cuando le dicen a uno, usted sabe trabajar bajo presión, entonces tú le dices, bueno, sí, he trabajado en golpes de Estado, salir por la frontera, allanaron la casa, me asfixiaron económicamente, he inventado modelos de negocios, no sé cuántas veces. Eso también es un aporte a toda la situación.

El vínculo que se da entre periodistas en exilio, periodistas que están en los países en régimen cerrado, pero también de periodistas que trabajan para medios que están en países libres, es fundamental, y eso se ha logrado básicamente por la situación de exilio de muchos de nosotros.

¿Qué dicen las fuentes y las audiencias de El Faro? ¿Se mantiene la confianza en el medio de comunicación en el exilio para hacer un periodismo de utilidad?

Carlos Dada. No creo que El Salvador sea un caso típico o que sirva para explicar una situación más allá de El Salvador, porque es una dictadura muy popular. Nayib Bukele sigue teniendo índices de apoyo popular, superando el 80 %. Y lo que es natural en una dictadura es polarizar la situación de tal manera que quien no está con la dictadura es el enemigo del pueblo. 

Este discurso, con una dictadura popular, cala bastante, pero también polariza las lealtades o la credibilidad del medio. Para la gente que nos sigue leyendo, probablemente nuestros índices de credibilidad han subido muchísimo, mientras hay otra gente que por más pruebas que le entregues, siguen preguntándote dónde están las pruebas, te siguen acusando de inventarte todo. La semana pasada publicamos una nota en que contábamos cómo el hermano de Nayib Bukele y la esposa de Bukele lideran una comisión secreta que decide quién se queda en la cárcel y quién sale libre. Dos personas que no tienen ningún cargo oficial en el sistema de administración de justicia en el país con la mayor tasa carcelaria del mundo. Ellos deciden el destino de decenas de miles de personas capturadas en estos años. Esta es información muy útil, sobre todo en un país con tantos presos, es información útil para la ciudadanía, si no, no lo haríamos. Esta información habla del país en el que ya no estamos, y te ilustra muy bien ese afán de seguir siendo útiles a la ciudadanía.

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Carlos F. Chamorro

Carlos F. Chamorro

Periodista nicaragüense, exiliado en Costa Rica. Fundador y director de Confidencial y Esta Semana. Miembro del Consejo Rector de la Fundación Gabo. Ha sido Knight Fellow en la Universidad de Stanford (1997-1998) y profesor visitante en la Maestría de Periodismo de la Universidad de Berkeley, California (1998-1999). En mayo 2009, obtuvo el Premio a la Libertad de Expresión en Iberoamérica, de Casa América Cataluña (España). En octubre de 2010 recibió el Premio Maria Moors Cabot de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia en Nueva York. En 2021 obtuvo el Premio Ortega y Gasset por su trayectoria periodística.

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