Confidencial / Agencia EFE
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“Nicaragua se convierte en una base militar rusa”, asegura opositor y exreo político Félix Maradiaga
El general de Ejército, Julio César Avilés, saluda al presidente de Rusia, Vladimir Putin, durante una visita a Nicaragua en julio de 2014. // Foto: CCC
El Consejo de la Federación (Senado) de Rusia ratificó su acuerdo para fortalecer la cooperación militar con Nicaragua, firmado en Moscú en septiembre de 2025.
El acuerdo “establecerá las bases legales necesarias para determinar los objetivos, direcciones y formas de cooperación militar bilateral, (y) defenderá los intereses de los ciudadanos de Rusia que cumplen misiones en el marco de dicho acuerdo en la jurisdicción de Nicaragua”, según la nota explicativa de la ley rusa correspondiente.
El pacto estipula además la cooperación entre las partes en varias áreas clave, como el intercambio de información sobre asuntos de interés mutuo en el ámbito militar.
También contempla “la coordinación de esfuerzos para contrarrestar conjuntamente desafíos y amenazas a la seguridad y la estabilidad globales y regionales” y “el intercambio de experiencias e información en la lucha contra ideologías extremistas y el terrorismo internacional”.
Incluye asimismo “el intercambio de experiencias e información en la lucha contra la piratería y el entrenamiento conjunto de tropas”.
El acuerdo fue firmado el 22 de septiembre de 2025 por el ministro de Defensa ruso, Andréi Beloúsov, fecha en la que sostuvo una reunión con el jefe del Ejército de Nicaragua, general Julio César Avilés, y fue ratificado el miércoles 1 de mayo de 2026.
Previamente, en diciembre de 2024, Rusia ya había aprobado un proyecto de acuerdo intergubernamental de cooperación militar con Nicaragua propuesto por el Ministerio de Defensa ruso y coordinado con el Ministerio de Exteriores y otras instituciones rusas, por un período de cinco años.
El proyecto estipuló que la cooperación militar con Nicaragua incluirá intercambio de opiniones e información sobre temas militares de interés mutuo y la coordinación de esfuerzos para enfrentar conjuntamente retos y amenazas a la seguridad y estabilidad global y regional.
Rusia es un antiguo aliado de Nicaragua que durante el primer Gobierno sandinista (1979-1990) dotó de armamento soviético a las Fuerzas Armadas nicaragüenses, una alianza que perdura en la actualidad no solo con ayuda material y militar, sin con apoyo político en las principales organizaciones internacionales.
En agosto de 2024, una investigación de CONFIDENCIAL reveló que una base del Ejército de Nicaragua ubicada en el Cerro Mokorón, al sur de Managua, se ha convertido en los últimos años en uno de los principales centros de espionaje de Rusia.
El reportaje Centro de espionaje ruso opera en base militar de Mokorón en Managua detalla que los funcionarios rusos son los únicos que controlan y manipulan los equipos y la información obtenida, mientras los oficiales nicaragüenses se limitan a brindar “seguridad” en la base, según revelaron las fuentes que han tenido acceso a la instalación militar.
“Nicaragua es el centro más visible de la vigilancia rusa (en Latinoamérica), bajo el apoyo incondicional del régimen de (Daniel) Ortega a (Vladímir) Putin, y los lazos históricos de larga data con la antigua Unión Soviética”, según un informe del Instituto Jack D. Gordon de Políticas Públicas de la Universidad Internacional de Florida (FIU), elaborado por Douglas Farah, investigador en temas de seguridad nacional, detalló un artículo de CONFIDENCIAL, publicado en octubre de 2024.
La ratificación del acuerdo militar entre Rusia y Nicaragua, convierte al país centroamericano “en una base militar rusa”, denunció el dirigente opositor nicaragüense Félix Maradiaga.
En una declaración, el líder opositor, que en febrero de 2023 fue uno de los 222 expresos políticos que fueron desterrados a Estados Unidos y privados de su nacionalidad, advirtió, además, que ese acuerdo “rompe el balance razonable de fuerzas en Centroamérica y vulnera frontalmente el Tratado Marco de Seguridad Democrática en Centroamérica de 1995”.
El también coordinador nacional interino del partido Ruta del Cambio advirtió que los esposos y copresidentes de Nicaragua, Daniel Ortega y Rosario Murillo, no solo violan la soberanía nicaragüense, sino que ponen en riesgo directo la seguridad de Honduras, El Salvador, Guatemala, Costa Rica, Panamá y Belice.
Maradiaga hizo un llamado urgente a los gobiernos centroamericanos a invocar formalmente el Tratado Marco de 1995 y a iniciar el procedimiento para la expulsión del “régimen de Ortega del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA)”.
También llamó a la Organización de los Estados Americanos (OEA) a pronunciarse con la “firmeza que exige” la Carta Democrática Interamericana y a iniciar el proceso de declaración formal de “ilegitimidad del régimen de Ortega”.
Y a los Estados Unidos, a la Unión Europea, al Reino Unido, a Canadá y a los aliados democráticos, a no cerrar los ojos de ese acuerdo de cooperación militar, el cual, alertó, “tendrá consecuencias de seguridad de largo alcance para todo el Hemisferio Occidental”.
“A la comunidad internacional en su conjunto, a comprender que tolerar este pacto en silencio es habilitar una nueva avanzada autoritaria a las puertas mismas del continente americano”, añadió.
Para Maradiaga, lo firmado y ratificado en Moscú “es una base militar rusa instalada a las puertas del continente” americano, y no “un acto rutinario de cooperación bilateral”.
“Es la formalización de un proyecto político inadmisible: la conversión de Nicaragua en un estado satélite de Vladímir Putin, en una plataforma operativa al servicio de los intereses geoestratégicos del Kremlin dentro del hemisferio americano”, señaló.
A su juicio, se trata de un acuerdo redactado como un “cheque en blanco” a favor de Moscú, que contempla el intercambio de información militar y de inteligencia sobre “asuntos de interés mutuo”; coordinación de esfuerzos frente a “amenazas a la seguridad global y regional”; entrenamiento conjunto de tropas; cooperación en guerra radioelectrónica; cooperación en protección radiológica, química y biológica; creación de un grupo de trabajo permanente y un plan anual conjunto de cooperación militar.
Con ese acuerdo, con vigencia de cinco años con prórroga automática indefinida, y que ofrece “protección jurisdiccional especial” a los ciudadanos rusos que cumplan misiones en territorio nicaragüense, “Nicaragua se convierte, a partir de hoy, en una base militar rusa”, sostuvo el dirigente opositor, exiliado en EE.UU, que reprochó el “servilismo geopolítico” de Ortega y Murillo con Rusia.
“Ortega no es aliado de Rusia, es vasallo de Rusia. Y no es la primera vez que arrastra a la patria a una aventura ajena. Quien hoy autoriza este pacto es el mismo que en la década de 1980 involucró a Nicaragua, en su momento más vulnerable, en el peor de los conflictos geopolíticos del siglo XX -la Guerra Fría-, con un costo humano y económico devastador del que aún no nos hemos repuesto”, lanzó.
“Hoy lo vuelve a hacer. Lo hace, además, alineándose con un régimen que invade ilegalmente a Ucrania, que sostiene con sus manos detrás al régimen teocrático de los ayatolás en Irán, y que es una bomba de tiempo para la paz mundial. Ortega, con codependencia abyecta y servilismo confeso, vuelve a apostar la suerte entera de un país a los intereses de una potencia extranjera”, continuó el líder opositor, que calificó ese acuerdo de “un acto vendepatria”.
El octogenario presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, en el poder desde el 2007, copreside la nación centroamericana con su esposa, Rosario Murillo, y es el principal aliado en la región del presidente de Rusia, Vladímir Putin.
Nicaragua, junto con Corea del Norte y Siria, son los únicos países que han reconocido la legalidad de la anexión por Rusia de las regiones ucranianas de Donetsk, Lugansk, Zaporiyia y Jersón.
Con anterioridad, Nicaragua reconoció las independencias de las regiones separatistas georgianas de Abjasia y Osetia del Sur, respaldadas por Rusia.
*Con información de EFE
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Confidencial es un diario digital nicaragüense, de formato multimedia, fundado por Carlos F. Chamorro en junio de 1996.
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