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La paradoja del “colón fuerte”: Desplome del dólar asfixia a unos y alivia a otros en Costa Rica

Nicaragüenses en Costa Rica relatan cómo la caída del dólar a niveles de hace 20 años golpea sus salarios; aunque para otros abarata envío de remesas

Foto: Tomada de la web de la UCR

Iván Olivares

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Luis llegó a Costa Rica en el segundo semestre de 2022. Tuvo que exiliarse porque intentaron incriminarlo en la comisión de un delito, como represalia por su actividad profesional (que prefiere no detallar). Después de varios días buscando dónde alquilar en San José, encontró un lugar a un costo muy alto para los estándares de Nicaragua: 250 000 colones, que en ese momento equivalían a 440 dólares. Ahora, en marzo de 2026, tiene que cambiar 545 dólares para comprar esa misma cantidad de colones. 

En Costa Rica, el dólar estadounidense ha caído a niveles históricos, perforando la llamada “barrera psicológica” de los 500 colones y alcanzando mínimos que no se registraban desde junio de 2005.

Para muchos nicaragüenses como Luis —que llegaron a San José con ingresos en dólares a mediados de 2022— la percepción del golpe es aún mayor. En ese entonces, Costa Rica registraba un récord de su punto más alto, con casi 700 colones por un dólar. De esa manera, el desplome entre ambos extremos deja una pérdida del poder adquisitivo de hasta un 32%.

Para pagar los cien dólares adicionales que cuesta el mismo alquiler, Luis hoy “renuncia” a algunos productos que antes se daba el “lujo” de adquirir. Aunque otros nicas, con ingresos en colones, han encontrado un alivio en las mismas condiciones.

La dinámica del colón costarricense deja ganadores: quienes tienen deudas en dólares; perdedores: quienes tienen salario en dólares; y, en medio, muchos a quienes no les afecta, porque ganan en colones y gastan en colones.

Además de hablar con Luis, CONFIDENCIAL conversó con Paula, un ama de casa que envía dinero para su hija y su madre en Managua; Gabriel, que ha visto cómo se erosiona su salario en dólares ante la constante devaluación del dólar. Y con Ángel, que está generando ahorros de casi 20 000 colones al mes, al comprar dólares baratos para enviar a su familia en Jinotega.

Paula y Ángel salen ganando

Los nicas con salarios en colones, que compran dólares para enviar a sus familias en Nicaragua, están entre los ganadores. Como Paula y como Ángel.

Paula llegó a trabajar a Costa Rica en 2025. Lo hizo para ayudar a su mamá y a su hija, que quedaron en Managua. En cuanto consiguió un empleo, comenzó a enviar dinero a su casa, para pagar los gastos de escuela y comida de la niña. “No gano mucho, pero me las arreglo para mandar 100 dólares mensuales para mi niña, lo que me cuesta 52 000 colones por envío”.

Relata que en enero (de 2026) pagó los 52 000 colones, y simplemente guardó el recibo. Su sorpresa llegó en febrero cuando repitió el mismo ritual, pero esta vez sí revisó el papel. Decía que la cantidad entregada en Managua era de 105 dólares. “Yo no entiendo mucho de esas cosas, pero me alegré porque mi familia recibió una pequeña ayuda más”, comenta. Ahora que sabe que los envíos están más baratos, seguirá enviando los mismos cien dólares, lo que le permitirá un ahorro de 3000 a 4000 colones.

“No es mucho, pero ayuda”, estima.

Ángel tiene mucho más tiempo de haberse establecido en Costa Rica. Llegó en 2016 y cada vez que ha tenido empleo, a lo largo de esta década, ha cumplido con su obligación de enviar dinero a cuatro mujeres en Nicaragua: a su mamá, a la mamá de su niña, a una tía y a su abuela. Dos de los envíos destacan por sobre los demás: el que envía a su madre y el que está destinado a su tía.

“Envío 150 dólares mensuales a mi mamá para sus gastos, y otros 150 dólares a mi tía, para abonar a la deuda de un solar que estoy pagando a plazos”, explica. Dado que siempre envía un monto fijo, puede precisar que si en 2025 el envío le costaba 93 800 colones, la última vez que envió esos mismos 150 dólares solo tuvo que pagar 82 000 colones.

Es un ahorro de casi 20 000 colones, si suma ambos envíos.

“Veo que el dólar está bajando y el colon está subiendo, pero no sé por qué pasan esas cosas”, confiesa.

Lo que sí sabe es qué hacer con ese inesperado dinero adicional. El primer mes lo ahorró ante la expectativa de que en algún momento se quedara sin trabajo. En vez de eso, febrero le reportó ingresos extraordinarios, cuando sus jefes en la empresa de vigilancia para la que trabaja, le pidieron que hiciera varios turnos dobles.

Como resultado, pudo enviarle más de 300 dólares a su tía, que es quien se encarga de pagar el solar. Aunque no entiende la dinámica financiera que ha deprimido tanto el precio del dólar, solo espera que el fenómeno se mantenga por suficiente tiempo. La idea es terminar de pagar su solarcito y tal vez, solo tal vez, decidirse a comenzar a pagar uno nuevo.

Luis y Gabriel salen perdiendo

En el otro extremo están aquellos que han visto sus finanzas asfixiadas por la apreciación del colón. Luis y Gabriel están en este grupo.

Luis trabaja para un empleador que le encarga estudios y consultorías, y le paga en dólares según una tabla fija. Tiene varios años de estar trabajando con ellos, y un ingreso fijado en dólares. Eso sería muy bueno… si no tuviera que gastarlos en Costa Rica.

La depreciación del dólar “ha disminuido mi poder adquisitivo, porque a menos precio del dólar, menor disponibilidad de colones para comprar comida. A la vez, se me hace más caro el alquiler”, analiza. Su contrato de alquiler, de tres años de vigencia, establece un canon de arriendo de 250 000 colones al mes.

Cuando comenzó ese contrato, bastaba con cambiar 440 dólares para pagar la mensualidad, pero al depreciarse el dólar, el costo cambió. “Ahora tengo que cambiar casi 545 dólares para poder depositar esos mismos 250 000 colones”, lamenta. Son 105 dólares menos cada mes.

Al disponer de menos dinero “compro menos comida, porque sigo enviando la misma cantidad de dinero a Nicaragua. Lo que estoy haciendo es disminuir —o definitivamente evitar— la compra de algunos productos que antes me daba el ‘lujo’ de adquirir. No tengo posibilidad de disminuir los montos de las remesas que envío a Nicaragua, porque tengo un familiar enfermo, así que ahorita no hay chance para hacer una reducción”, detalla.

Gabriel llegó a Costa Rica a inicios de esta década. Como tal, vivió la escalada del precio del dólar, que la nación costarricense pudo observar a medida que se iba diluyendo el peligro de la pandemia de covid – 19. El techo de esa cotización fue de 697 colones por dólar.

Tras aquel máximo a mediados de 2022, el precio del dólar ha ido a la baja. Cuando el viernes 20 de marzo alcanzó el mínimo los 464.5 colones por dólar que indicaba la página del Banco Central de Costa Rica, Gabriel acumulaba, en la práctica, una pérdida de 33.4% en sus ingresos, medidos en colones.

Si a eso se le suma la inflación acumulada en esos mismos cinco años, su pérdida debe rondar el 40%, aún teniendo los mismos ingresos en dólares.

¿Por qué sube y baja el dólar en Costa Rica?

El dinero también es (o puede ser) una mercancía. En ese caso, su valor se establece con base en la cantidad de dólares que los compradores y vendedores de esa mercancía, estén dispuestos a pagar por ella: si hay muchos dólares disponibles y poca gente queriendo comprarlos, su precio baja.

En Nicaragua, la tasa de cambio del córdoba nicaragüense la dicta el Banco Central, pero en Costa Rica el valor del colón se establece por el juego de la oferta y la demanda. Esto provoca que la moneda pueda subir o bajar día a día, rompiendo la lógica de devaluación constante a la que está acostumbrado un nicaragüense, aún después del congelamiento del tipo de cambio ordenado por la dictadura Ortega Murillo a partir de enero de 2024.

El problema es que la oferta de dólares se ha elevado tanto en los últimos meses, que la consecuencia ha sido la apreciación del colón. O lo que es lo mismo, la depreciación del dólar, encareciendo la vida de quien no gana en la moneda local.

“Costa Rica es un país que tradicionalmente ha tenido un buen flujo de dólares”, asegura el economista Fernando Rodríguez, académico de la Universidad Nacional.

El ingreso de esas divisas es producto de las exportaciones, de una disminución de la factura petrolera en 2025, y la inversión extranjera. Además se mencionan algunas “actividades especulativas, así como flujos ilegales de dólares”.

Rodríguez explica que la afectación al ciudadano promedio es relativamente poca y que, de hecho, hay mucha gente que se ve beneficiada. Eso se vuelve realidad “en la medida en que la revaluación cambiaria reduce el costo de las deudas establecidas en dólares”, detalla. 

Sin embargo, sostiene que “hay personas vinculadas a empresas exportadoras y a actividades turísticas, que sí se han visto perjudicadas con lo que está sucediendo. Es gente que tiene ingresos en dólares, y por esos dólares está recibiendo menos colones”.

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Iván Olivares

Iván Olivares

Periodista nicaragüense, exiliado en Costa Rica. Durante más de veinte años se ha desempeñado en CONFIDENCIAL como periodista de Economía. Antes trabajó en el semanario La Crónica, el diario La Prensa y El Nuevo Diario. Además, ha publicado en el Diario de Hoy, de El Salvador. Ha ganado en dos ocasiones el Premio a la Excelencia en Periodismo Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, en Nicaragua.

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