Museo de Memoria itinerante sobre Nicaragua
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Regresaremos decididos a que nunca más en Nicaragua ser o pensar diferente sea un pretexto para el aniquilamiento o la separación

Varios jóvenes con una bandera de Nicaragua participan en una protesta, en Managua. Foto: EFE/ Jorge Torres
Las dictaduras, a lo largo de la historia, han recurrido a diversas formas de aniquilamiento del supuesto “enemigo”. Así han considerado a toda persona (nacional o extranjera), que piense diferente, que disienta o que ponga en riesgo su actuar fascista y dinástico, su seguridad y la de su clan.
El sistema dictatorial que Daniel Ortega y Rosario Murillo han implementado en Nicaragua y de manera transnacional, no ha sido la excepción. Entre sus crímenes contra la humanidad han recurrido al destierro y al despojo de la nacionalidad como mecanismos de castigo y escarmiento.
El 15 de febrero de 2023, junto a 93 compatriotas más, fui despojada de mi nacionalidad nicaragüense. Fui privada de todos mis derechos civiles y políticos.
Hoy la apatridia alcanza además de nuestro grupo de los 94, a los 222 y los 135 connacionales hombres y mujeres y expresos políticos desterrados hacia Estados Unidos y Guatemala respectivamente. Sumado a la cantidad indeterminada de apátridas de facto a quienes les han impedido de ingresar al país o no se les permite obtener un pasaporte.
Sin duda alguna se nos declaró apátridas con la aspiración de conducirnos a una muerte civil: que perdiéramos el sentido de territorio, de comunidad y de patria; que termináramos sintiéndonos muertos en vida.
No ha sido fácil. Duele. Genera problemas legales y socioeconómicos. Lacera la dignidad. Por momentos, el enojo y la impotencia embargan el espíritu.
Pero lo más importante es que su estrategia de aniquilamiento, dirigida contra hombres y mujeres dignas, no les funcionó. Se les revirtió.
Porque como nicaragüenses estamos hechos de una fibra que no renuncia a sus valores ni se doblega ante la injusticia. No estamos hechos para la parálisis ni para la aceptación sumisa.
Desde cada lugar donde nos encontramos, con nuestras habilidades y capacidades, junto a otros nicaragüenses en el exilio político y dentro de Nicaragua, hemos logrado que el mundo sepa y confirme con testimonios vivos que Daniel Ortega y Rosario Murillo, junto a sus cómplices, ya no son aquellos que se autodenominaban “revolucionarios”, sino un grupo que mata, que se cree el Estado, la ley y hasta los dioses a quienes todos debemos obediencia y pleitesía.
Somos nicaragüenses y de raíces profundas. De los que añoran a sus madres y padres, a la familia, al vecindario, la pulpería, la iglesia, las fiestas y la alegría; ese calor humano que brota como las flores de los pinares esparcidos por todo el país.
Hoy demandamos una transición política ordenada y pacífica hacia la democracia y que siente las bases para la no repetición de la historia de pactos y componendas, en la que el pueblo siempre ha sido el perdedor. Una transición que debe iniciar por:
1. Liberar inmediatamente y sin condiciones a todas las personas presas políticas y desaparecidas.
2. El retorno seguro de todo el exilio político.
3. El cese de la represión y el restablecimiento de todas las libertades fundamentales.
4. Derogar la Constitución impuesta y todas las leyes represivas.
5. El desmantelamiento y desarme de los paramilitares.
6. Reorganizar y depurar los cuerpos policiales y de seguridad.
7. El retorno de los organismos internacionales de derechos humanos como garantes de este proceso.
No hay duda de que lo lograremos, porque su represión la hemos convertido en fuerza con valores, en más convicción, en más entendimiento y sabiduría y en esa resistencia en la que la rendición y la resignación no cuenta.
Y también regresaremos.
Regresaremos con un corazón ardiente y un espíritu renovado, decididos a que nunca más en Nicaragua ser o pensar diferente sea un pretexto para el aniquilamiento o la separación.
Cada día se acerca más el retorno. El regreso. El abrazo en familia y en comunidad. La construcción de esa paz que en 200 años no hemos logrado tejer plenamente: ese gran tejido nacional que nunca más nadie podrá romper.
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Activista nicaragüense exiliada. Licenciada en Ciencias Sociales y máster en Integración y Desarrollo. Fundadora del Instituto de Liderazgo de Las Segovias (ILLS). Tiene más de 30 años de experiencia en defensa de los derechos humanos, y es consultora en planeación y desarrollo, integración regional, políticas públicas, participación ciudadana, empoderamiento y democracia.
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