Así se hace “periodismo en el exilio” en Nicaragua, Cuba, Venezuela y El Salvador
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La procesión del domingo 10 de agosto marca el cierre de diez días de fiestas, que comenzaron el 1 de agosto con la “bajada” de la pequeña imagen
Pobladores de Managua participan en la procesión de Santo Domingo de Guzmán, en la capital de Nicaragua, el 10 de agosto de 2025. // Foto | EFE/STR
El nicaragüense Aníbal Dinarte, de 32 años, se disfrazó de “vaca” para despedir las fiestas en honor a Santo Domingo de Guzmán, en Managua, las más concurridas de Nicaragua.
Para Dinarte, cada paso y cada giro que da como “vaca” es un acto de gratitud a Santo Domingo de Guzmán. Desde hace 17 años, según cuenta a EFE, participa en esa danza tradicional que consiste en portar un arco adornado con flores y cachos de vaca.
Su compromiso surgió tras la sanación de su abuela enferma, un favor que atribuye a la intercesión de Santo Domingo de Guzmán. Desde entonces paga promesa y recorre las calles de Managua, junto al santo y a los chinegros, con fervor y devoción.
“Bailo la vaca de corazón siempre por ese favor recibido”, afirma a EFE minutos antes de que la imagen de Santo Domingo de Guzmán iniciara el 10 de agosto de 2025 su recorrido de regreso a su parroquia, en Las Sierritas, al sur de Managua.
A pocos metros de Aníbal se encuentra Filadelfo Noel bailando con su cuerpo desnudo cubierto de aceite usado de motor. Sigue la tradición de los “diablitos”, que simulan ser esclavos africanos, que acompañan la procesión.
Según comenta a EFE, este 2025 cumple una década de participar en estas fiestas religiosas, luego que Santo Domingo de Guzmán intercediera por la recuperación de su hija.
Desde entonces participa en la “bajada” y en la “subida” del santo, en un recorrido de unos diez kilómetros, que se dan los 1 y 10 de agosto de cada año.
La romería, dice, la hace completa. “Lo traigo y lo llevo”. Ahora también lo acompañan su esposa y su hija. El pago de promesa lo ha convertido en un compromiso y tradición familiar.
La procesión del domingo marca el cierre de diez días de fiestas, que comenzaron el 1 de agosto con la “bajada” de la pequeña imagen de Santo Domingo de Guzmán, de apenas 18 centímetros, resguardada en una urna de vidrio y adornada con flores rosadas y blancas.
La peregrinación de regreso a Las Sierritas, al sur de la capital, recorrerá diez kilómetros en un trayecto que dura unas doce horas.
Durante el camino, la imagen es cargada en hombros por grupos que se turnaban para “bailarla” entre aplausos, música de filarmónicos y el saludo de miles de fieles que salen a recibirla en cada barrio.
En este desfile de fe y color se entrelazaban trajes típicos, disfraces, promesantes caminando descalzos, y devotos cubiertos de aceite negro y tinte rojo.
La festividad, autorizada por las autoridades y custodiada por la Policía Nacional, se desarrolla en un ambiente donde lo religioso y lo popular conviven.
Las oraciones y cantos se mezclaban con la música, el bullicio, y hasta con el consumo de licor en algunos grupos, reflejando una tradición que conserva elementos tanto católicos como paganos.
Según la historia, la devoción a Santo Domingo de Guzmán. en Managua, comenzó en 1885, cuando su imagen apareció en el tronco de un árbol hallado por el leñador Vicente Aburto.
Aunque Santiago Apóstol es el patrono oficial de la ciudad, para los managuas “Minguito” es el santo más querido y venerado por los capitalinos.
Cada año, miles de personas participan en estas fiestas, muchas movidas por la fe, otras por la cultura, y algunas por la curiosidad.
Pero para devotos como Aníbal y Filadelfo, es un compromiso de vida: promesas que se renuevan con cada paso, con cada baile, y que, dicen, cumplirán mientras tengan fuerzas para caminar.
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Agencia de noticias internacional con sede en Madrid, España. Fundada en Burgos durante la guerra civil española en enero de 1939.
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