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Llamen al chef: “The Menu” sirve la venganza demasiado fría

El buen comer es objeto de sorna nihilista en “El Menú”, una ácida sátira social con actores que salvan el evento

Juan Carlos Ampié

20 de noviembre 2022

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Margot (Anya Taylor-Joy) y Taylor (Nicholas Hoult) tienen una cita espectacular: reservaciones para Hawthorne, un exclusivo restaurante ubicado en una isla privada. En el barco que los recoge en tierra firme, conocen al resto de comensales: Lilliam (Janet McTeer) es una reconocida crítica gastronómica, acompañada de su editor (Paul Adelstein). Tenemos a un famoso actor (John Leguizamo) en el molde de Adam Sandler, y su novia (Aimee Carrero). Tres altos ejecutivos financieros (Rob Yang, Arturo Castro, Mark St. Cyr) emanan masculinidad tóxica. Completan el grupo un adinerado magnate (Reed Barney) y su esposa (Judith Light). Elsa (Hong Chau) comanda al numeroso staff con mano de hierro enguantada en seda. La anticipación crece hasta que aparece el chef Slowik (Ralph Fiennes), quien promete una velada inolvidable. No necesariamente por la comida.

Una selección aparentemente aleatoria de extraños se reúne en un lugar aislado, sin saber que recibirán castigo por ofensas pasadas. Esta es básicamente la trama de “And Then There Were None”. La novela de Agatha Christie, originalmente publicada en 1939, ha sido adaptada innumerables veces. No hay pecado en repetir la receta. “El Menú” recalienta la premisa y la adereza para el paladar contemporáneo. Hay una subtrama con referencias al movimiento #MeToo, que le ha pasado la cuenta, merecidamente, a algunas estrellas de la cocina. Sin embargo, la principal ofensa es pertenecer a la clase privilegiada. No importa si son capitanes de industria, nuevos ricos o farándulas.


Hay un rico filón de entretenimiento populista, centrado en darle un escarmiento a los ricos. Hollywood es quizás la única institución que compite con Daniel Ortega a la hora de explotar resentimientos de clase para ganar dinero. La cruel ironía es que los que hacen y venden estos productos son ellos mismos privilegiados. Y, en la vida real, es poco probable que se dispense justicia, real o simbólica. “El Menú” puede satisfacer a la hora de torturar a personajes deleznables, pero la reivindicación que le ofrece a los explotados es pírrica: cobra tu venganza, pero tienes que inmolarte en el proceso.

Fiennes puede hacer este papel sonámbulo, pero no deja de ser magnético por ello. Debería conservar el monopolio sobre figuras mefistofélicas. El duelo ético que sostiene con Taylor-Joy sirve la verdadera sustancia de “El Menú”. Hay algo de duplicidad en Margot y el chef, un maniático del control, lo nota. “Vos no estás supuesta a estar aquí”, le dice. Y tiene razón. Ella es una suplente de última hora, reclutada cuando la cita original de Taylor da de baja. Por lo menos, eso no la condena ‘a priori’. El chef le ofrece una salida. Tiene que decidir en qué bando se queda. “¿Eres de los que sirven, o de los que toman?” ¿Qué diferencia hace, si todos terminan en el mismo lugar?

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“El Menú” es secretamente reaccionario, pero no está desprovisto de placeres. El reparto está lleno de actores que, con su mera presencia, sugieren un universo de experiencias. Lástima que el guion de Seth Reis y Will Tracy no les da mucho que hacer. Las principales ofendidas son Judit Light, como una esposa sufrida cuya pasividad no contiene matices. McTeer es hilarante como una intelectual de ego monstruoso. “¡Todo esto es teatro hecho para nuestro beneficio!”, exclama satisfecha ante un despliegue particularmente grotesco de violencia.

El director Mark Mylod tiene un par de largometrajes en su haber, pero el grueso de su copiosa experiencia se circunscribe a televisión de primera línea, en episodios de series como “Game of Thrones” y “Succession”. Quizás de ahí viene un estilo visual plano y directo. Es eficiente para dispensar narrativa y mantener el ritmo, pero uno no puede evitar preguntarse qué habría hecho un director más creativo con este mismo material.

“El Menú” es una distracción perversa que trata de salvar su alma en la recta final, dispensando algo de culpa a sus víctimas –“¿Por qué nos dejaron hacer todo lo que les hicimos?”– . Quiere enmascarar el mal de sabor de boca, tratando de rescatar la validez del placer creativo de la cocina, inseparable del placer de consumir. La tragedia del chef es que sin sus comensales, él no es nada. Es “El Triángulo de Tristeza” (Ruben Östlund, 2022) pero más tolerable.

El Menú
(The Menu)
Dirección: Mark Mylod
Duración: 1 hora, 46 minutos
Clasificación: * * (Regular)

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