Por qué se necesita una verdadera oposición para el cambio político en Nicaragua
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La dictadura quiso reducirlo al silencio; su muerte, en cambio, debe convertirse en una acusación permanente.

Brooklyn Rivera.
La dictadura sandinista de Daniel Ortega y Rosario Murillo le arrebató la vida a Brooklyn Rivera, líder histórico del pueblo miskito, cofundador de YATAMA (Yapti Tasba Masraka Nanih Aslatakanka, o “Hijos de la Madre Tierra”) y una de las voces más importantes de la autonomía indígena en Nicaragua.
Brooklyn fue secuestrado, incomunicado y sometido a torturas por una dictadura que durante casi tres años negó toda información sobre su paradero. El régimen lo ocultó mientras su familia, su pueblo y la comunidad internacional exigían una prueba de vida. Solo cuando su cuerpo ya evidenciaba un deterioro extremo, la dictadura decidió mostrar fotografías cuidadosamente administradas, en circunstancias que apuntan a un crimen de Estado.
Es probable que Brooklyn haya sido asesinado hace tiempo, y que la dictadura haya decidido exhibir tardíamente supuestas pruebas de vida para fabricar la apariencia de una muerte reciente.
Esa hipótesis debe investigarse, porque no nace de una especulación, sino de un patrón criminal ya conocido del Frente Sandinista y de su uso del aparato estatal para encubrir sus crímenes. La responsabilidad recae directamente sobre Daniel Ortega, Rosario Murillo y la estructura represiva del sandinismo. La muerte de Brooklyn debe incorporarse al expediente de crímenes de lesa humanidad cometidos contra el pueblo nicaragüense. Exigimos una investigación internacional e independiente, acceso a la verdad, identificación de todos los responsables y justicia.
La trayectoria de Brooklyn encarna la lucha de los pueblos originarios por su autonomía, su territorio y su derecho a no ser tratados como ciudadanos de segunda clase por los poderes centralistas. Representó, con todas las complejidades de su vida política, la defensa de las comunidades indígenas frente al abandono, la violencia y el despojo.
Conocí a Brooklyn hace casi tres décadas, en el marco de mi trabajo en desarme, reintegración de excombatientes y construcción de paz. Retomamos comunicación cuando intentamos conformar, sin éxito, la Coalición Nacional en 2020 y 2021.
No siempre coincidí con sus posiciones políticas, pero puedo dar testimonio de algo: Brooklyn nunca dejó de poner en el centro de sus decisiones los intereses de los pueblos originarios del Caribe. Cuando le pregunté por su alianza legislativa con el FSLN, me respondió que su prioridad era evitar represalias mayores contra sus comunidades. Sabía que la dictadura no castiga solo al dirigente que se rebela, sino también al pueblo que ese dirigente representa.
Nuestra última conversación fue en mayo de 2021, en las instalaciones de Canal 10 en Managua, adonde ambos habíamos sido citados por separado a una entrevista. Hablamos con franqueza sobre su salida de la Coalición y sobre las brutales presiones que enfrentaba.
Me dijo: “Esta es una dictadura que no tiene escrúpulos, y cualquier decisión que yo tome va a tener un impacto sobre mis comunidades. Debo ser cuidadoso. Pero no tengan dudas de qué lado estoy. Nuestros pueblos indígenas hemos sufrido desde los años ochenta la represión de los sandinistas y por eso los conocemos bien. Pero ahora no tenemos armas y por eso debemos buscar otras formas de resistencia”.
Aquella mañana me confió algo que retrata la falta de escrúpulos de la dictadura: “Me dijeron que si YATAMA seguía en la Coalición, quitarían del Presupuesto General de la República proyectos de agua potable y salud para mis comunidades. Debo pensar en mi gente y en las consecuencias que ellos tendrían, pero vos sabés de qué lado estoy”, insistió.
Le creí entonces, y por eso considero importante dejar este testimonio. Después de esa conversación no me quedó duda de que él estaba sometido a una presión enorme y al chantaje del FSLN. Si se sumaba abiertamente a la oposición, las consecuencias serían mucho más graves no solo para él, sino para las comunidades por las que tanto luchó.
También me dejó entrever que la dictadura podía atentar contra su vida. “Cuídese”, me dijo. “Estos nos pueden desaparecer y no les tiembla la mano”.
Nos despedimos con un apretón de manos. Yo fui arrestado arbitrariamente poco después.
Brooklyn tenía corazón de opositor, aunque cargaba sobre sus hombros una responsabilidad que muchos no alcanzaban a comprender. La persecución contra él se aceleró después de que, en abril de 2023, llevara ante el Foro Permanente de la ONU para las Cuestiones Indígenas la denuncia sobre la invasión de colonos y las violaciones sistemáticas contra los pueblos indígenas y afrodescendientes de la Costa Caribe. Su voz ante la ONU fue recibida por la dictadura como una afrenta imperdonable. El 24 de abril, en Houston, fue informado de que no podía abordar rumbo a Nicaragua.
Volvió clandestinamente por la Mosquitia hondureña para refugiarse entre los suyos en Bilwi. Meses después, el 29 de septiembre, agentes policiales irrumpieron en su vivienda. Desde entonces, fue sometido a desaparición forzada.
En una entrevista concedida en julio de 2018 a Courtney Parker, del medio Intercontinental Cry, en plena rebelión cívica contra la dictadura, fue categórico y dijo: “Apoyamos plenamente al pueblo y nos oponemos a la represión. Participamos en el marco de nuestros intereses como pueblos indígenas”.
Y cuando le preguntaron qué debían saber los pueblos indígenas del mundo sobre Nicaragua, dijo: “Que nuestros pueblos indígenas hemos seguido sufriendo bajo el régimen sandinista desde la década de 1980; pero, al mismo tiempo, seguimos resistiendo”.
Esas palabras de Brooklyn, pronunciadas en medio de las protestas de 2018, son hoy su testimonio.
Hoy recordamos también a todos los asesinados por la dictadura, a los presos políticos, a los desterrados, a los desnacionalizados y a todas las víctimas de una tiranía que ha hecho de la crueldad un método de poder.
Mi más sentido pésame y mi solidaridad con su familia, con el pueblo miskito, con YATAMA y con toda la resistencia indígena de la Costa Caribe.
La dictadura quiso reducirlo al silencio; su muerte, en cambio, debe convertirse en una acusación permanente.
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Politólogo, académico y activista político nicaragüense. Fue secretario general del Ministerio de Defensa y director de Protección Civil durante la Presidencia de Enrique Bolaños. Es codirector fundador del Instituto de Liderazgo de la Sociedad Civil. Miembro de la opositora Unidad Nacional Azul y Blanco, exprecandidato presidencial, excarcelado político y desterrado por la dictadura orteguista.
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