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Un ángel misterioso

Reseña literaria del libro “El ángel de la ciudad”. Obra de la novelista española Eva García Sáenz de Urturi

Portada del libro “El ángel de la ciudad”, de la novelista española Eva García Sáenz de Urturi

Guillermo Rothschuh Villanueva

19 de noviembre 2023

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I

Los escritores de sagas literarias deben mostrarse cuidadosos. No tienen forma de escapar al escrutinio. Las obras precedentes constituyen mojones ineludibles. Especialmente tratándose de novelistas laureados. Deben resguardar de manera celosa la fama ganada. Aun cuando toda comparación resulte odiosa, la reaparición del mismo personaje en una nueva trama es pasada con lupa. Están sujetas a cotejo escrupuloso. Una verdad que muchas pasan por alto. ¿No comprenderán que el prestigio acumulado puede derrumbarse y venir a menos? Caen atrapados por el deseo legítimo de mantener con vida al personaje. ¿Qué hacer para no caer rendidos en brazos del ruido publicitario? Las grandes editoriales se han transformado en cajas de resonancia. Inflan a sus autores.


El libro convertido en objeto mercantil no escapa a los escarceos propagandísticos. Adversarios de los integrantes del boom latinoamericano, creyendo rebajar su estatura, argumentaron que sus novelas eran un cachinflín publicitario. Olvidaron que detrás de sus creaciones había una inventiva cautivante y maravillosa. El tiempo transcurrido confirma su calidad literaria. Más allá de deslegitimaciones sus obras se encargan de refutar los anatemas. Con antecedentes a mano los novelistas tienen que mostrarse cautelosos. Ser los primeros en blindar sus producciones literarias. Las sagas deben permanecer ajenas a recriminaciones acerca de la flojera de sus tramas o que el tema terminó saliéndoseles de las manos. Un revés imperdonable e inexplicable.

La publicación de El ángel de la ciudad (Planeta, 2023), estuvo alimentada por una marejada de expectativas. Eva García Sáenz de Urturi regresaba con una novela donde reinstalaba a Kraken como personaje principal, el policía infalible nacido de su inspiración. Para volver más atractivo el lanzamiento, algunos medios publicaron reseñas de la trilogía que precedía al nuevo parto. Creí necesario acercarme a sus páginas con ojos y sentidos abiertos. Tengo a Urturi entre mis predilectas. Me lancé a sus páginas sin tomar precauciones. Disfruté Aquitania (2020), con fruición emotiva. El dominio sobre el entramado geográfico y el conocimiento de la trayectoria política de Leonor de Aquitania servían de credenciales. Nunca pondría en entredicho su capacidad fabulatoria.

Sentí que un imán me atrapaba y conducía por un universo encantador. Toda historia novelada referida a libros prohibidos concita mi interés. La mediación de Unai López de Ayala —Kraken— me servía de hilo conductor. La solvencia del personaje resulta indiscutible. El escenario seleccionado —Venecia— me parecía capcioso y la exposición de libros antiguos contenidos en el Índex español, auguraban una aventura prodigiosa. No hacía mucho había terminado de empinarme El año que nació el demonio (Seix Barral, 2023), cuyo epicentro son las tribulaciones sufridas por los peruanos, provocadas por los santones de la inquisición. El relato de Roncagliolo resulta primo-hermano de este nuevo engendro. Estaba frente a una narración que enervaba mis ánimos. 

Los saltos temporales justos y necesarios, El ángel de la ciudad transcurre en dos momentos asidos por los vínculos existentes entre Ítaca y Unai. La novela se desplaza entre octubre de 2022 y enero de 1992. Un hiato que desafía la imaginación. Los vínculos familiares terminan ampliándose. Ítaca seduce por su condición de falsificadora de cuadros antiguos. Me instaló en el instante que libreros audaces burlaban prohibiciones impuestas por la Iglesia católica. Son nuestros dioses tutelares. Sin su audacia jamás hubiésemos tenido acceso a novelas, cuentos y leyendas proscritas por los custodios de la fe y moral cristianas. ¿Cómo no identificarme con seis personas cuyo destino estaba ligado con su responsabilidad en el montaje de una exposición de libros prohibidos?

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II

Los primeros tres capítulos bastaron para sentirme suspendido en vilo. Me dejé arrastrar regocijado. El telón se abre el 31 de octubre de 2022. Una celebración parecida a Halloween (Gau Beltza, la noche negra), realizada de manera entusiasta por el abuelo de Unai, junto con su esposa e hija, hace que el misterio que se cierne sobre la tradición se vea de pronto interrumpido por la noticia que, en el Palazzo de la isla de Santa Cristina, una de las salas de exposición de libros pertenecientes a la Biblioteca Nacional de Madrid ardía en llamas. Un preámbulo siniestro para adelantar el empaque del thriller urdido por Urturi. ¿Sería una maldición sacar los libros de las estanterías para ser expuestos ante de miles de curiosos que asistirían a la Feria Internacional del Libro Antiguo en Venecia?

Dos aspectos sirven de pivote a García Sáenz de Urturi, para redondear a El ángel de la ciudad. Envueltos en una densa neblina apuesta a despistarnos. Uno está vinculado con la desaparición y posible muerte de Alistair Morgan, Benedict Callaghan, Salomon Terranova, Gaspar Abad, Alicia Lasarte y una mujer sin identificar. El otro tiene que ver con la aparición de un ángel blanco, de pezuñas negras, del tamaño de unos diez centímetros. Los dos secretos requieren ser develados. Luego introduce un tercer aspecto. Estíbaliz comunica a Unai que el joven Markel se acercó para decirle que su abuelo conoce el nombre de los implicados en la muerte de su padre. La mención de Olivier le suena familiar. Otro enigma qué resolver. ¿Podríamos intuir de quién se trata?

La escritora Eva García Sáenz de Urturi. Foto: EFE/David Aguilar

Tengo la impresión que al haber introducido la posibilidad de aclarar el fallecimiento del progenitor de Kraken, se transformó en elemento distractor. ¿Urturi complicó la trama con el propósito de mostrarnos que podía hacerse cargo de dos o tres historias simultáneas para volver más atractivo y complicado el relato? Unai tiene que desplazarse indistintamente por dos escenarios diferentes. Está llamado a resolver la posible muerte de su madre, supuestamente consumida por las llamas en el Palazzo de Santa Cristina y esclarecer los motivos que subyacen en el homicidio del que fue víctima su padre en la Librería de la Almendra. Tenía la posibilidad de acabar con la angustia que consumía su existencia. Estaba ansioso por conocer las causas que precipitaron su muerte.

El desafío mayor para escritora y lectores consiste en plantear y discernir el paralelismo de dos historias sostenidas por los mismos actores. Transitan por sus propios carriles sin obviar los vasos comunicantes que les unen. Su contenido roza Unai. En ambas se trata de salvar la vida de Ítaca, su madre. Fugado de la cárcel Calibán ha jurado matarles. La pena de muerte que pende sobre Ítaca y familia se origina en falsificaciones de libros y cuadros famosos. Dueña de una inteligencia múltiple, Ítaca se desliza a sus anchas por las dos avenidas. Las conexiones en el tiempo no pueden perderse de vista. Si lo hacemos navegaremos perdidos. No lograremos establecer los nexos de dos historias sutilmente concebidas por Urturi. La revoltura de los dos relatos reta la imaginación.

El hecho de haber metido en una misma novela dos historias con los mismos personajes supone un desafío para los lectores. También para la novelista. Al final queda claro que el periplo abarca treinta años. La inclusión del asesinato del padre de Unai impactó de manera adversa. El ir y venir a través del tiempo restó encanto y frescura a la propuesta de Urturi. ¿Se vio obligada a forzar y precipitar los acontecimientos? Nunca pensé que el gesto de Leone de haber perdonado a Ítaca, por facilitar el asesinato de su madre, serviría de pretexto para conferir a El ángel de la ciudad un insospechado happy end. No lo imaginé. ¿El fuelle de la novelista se extravió en el laberinto de ambas narraciones? No supo acreditar la credibilidad de ambos sucesos. En eso consiste el reto para todo novelista.

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Guillermo Rothschuh Villanueva

Guillermo Rothschuh Villanueva

Comunicólogo y escritor nicaragüense. Fue decano de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Centroamericana (UCA) de abril de 1991 a diciembre de 2006. Autor de crónicas y ensayos. Ha escrito y publicado más de cuarenta libros.

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