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¿Qué sigue después de la inhabilitación de María Corina Machado?

El chavismo, al colocar esta papa caliente en las manos opositoras, juega como suele hacerlo a dividir a los factores prodemocracia

La líder opositora venezolana María Corina Machado. Foto: EFE | Confidencial

30 de enero 2024

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El panorama político-electoral en Venezuela para este 2024 estaba signado por dos grandes interrogantes. La primera ha sido ya develada este viernes 26 de enero con la decisión del Tribunal Supremo de Justicia, que ha ratificado la inhabilitación sobre la candidata María Corina Machado y también ha dejado fuera de juego a Henrique Capriles. La decisión que es más política que jurídica, como sucede en regímenes donde el poder está cooptado en un grupo, desnuda la estrategia oficial: no habrá elecciones competitivas en Venezuela en este 2024.

Meses atrás escribimos en El Estímulo sobre la incapacidad que tiene el chavismo de cometer un suicidio político, y dejar que Machado compitiera electoralmente era sencillamente un harakiri para quienes se han apropiado del poder en Venezuela. El chavismo tiene una y sólo una estrategia central y está consiste en permanecer aferrado al poder, sin importar los costos que esto pueda acarrear para la sociedad y para el país.


Las semanas finales de 2023 y las primeras de 2024 han sido testigo de la consolidación de María Corina Machado como la principal figura de la oposición democrática en Venezuela. El respaldo sin discusión de la Plataforma Unitaria, el espaldarazo de Estados Unidos, junto a una creciente validación suya entre los venezolanos se han conjugado junto a otros factores para hacer crecer a Machado tras su triunfo amplio en las primarias opositoras del 22 de octubre de 2023.

Su evolución en términos de opinión pública y su reconocimiento internacional como la principal favorita para triunfar en unas elecciones presidenciales, si estas ocurrían bajo condiciones justas, era el principal dilema para el chavismo en este 2024. Levantar la inhabilitación sobre Machado y dejarla competir sería una suerte de harakiri; dejarla inhabilitada y por tanto fuera de la carrera presidencial terminaría invalidando, dentro y fuera de Venezuela, a las elecciones y por tanto dejando en situación de ilegitimidad a una eventual reelección de Nicolás Maduro hasta 2030.

Ante ese dilema, el gobierno ha optado por lo segundo. Al dejar por fuera a Machado abre el camino a que las elecciones de este año terminen por no darle a Nicolás Maduro la legitimidad que se le agotó ya con la reelección de 2018. Pero, ciertamente, la comunidad internacional democrática, teniendo a Estados Unidos a la cabeza, parece haber colocado en un segundo plano el tema del autoritarismo y la ausencia de Estado de Derecho en Venezuela, para privilegiar el diálogo directo con el Palacio de Miraflores y la reactivación de la industria petrolera venezolana ante el panorama internacional complejo.

La combinación de conflictos que afectan directa o indirectamente a productores de gas y crudo en otras regiones del mundo, le devuelven a Venezuela la condición de proveedor cercano geográficamente y con gran potencial. La política pragmática ha terminado por imponerse en Estados Unidos y países de la Unión Europea.

Entonces, ha sido develada la determinación final del chavismo, no sólo por la decisión del TSJ sino por declaraciones específicas de Jorge Rodríguez y Héctor Rodríguez, unidas a lo que ya venía señalando Diosdado Cabello, con lo cual se deja en claro que las diversas corrientes del chavismo confluyen en la decisión de cerrarle el paso a María Corina Machado.

La pelota, como se dice coloquialmente, pasa a estar ahora en el terreno opositor y en particular en las manos de María Corina Machado. Ahora será, realmente, el momento para que la candidata demuestre su temple personal y su capacidad estratégica.

Dado que ya, con la decisión del TSJ, se cierra la puerta de la ruta institucional para dejar sin efecto la inhabilitación, una restricción sin duda irrita e inconstitucional, pero políticamente real, ahora el dilema central lo tienen los factores opositores: ¿Se mantendrá en sus trece MCM e insistirá en inscribirse como candidata ante el CNE así esté inhabilitada? ¿Se allanará Machado a designar a un candidato o candidata como su abanderada apostando a que esa persona sí pueda inscribirse y endosarle su respaldo público?

Podrían sumarse muchas otras preguntas, pero estas dos podrían ser representativas para entender el dilema de Machado y la Plataforma Unitaria. El chavismo, al colocar esta papa caliente en las manos opositoras, juega como suele hacerlo a dividir a los factores prodemocracia.

Lo que sí parece descartado como estrategia es aquello de “calle sin retorno”. La sociedad, al acudir masivamente a las primarias, como no lo hizo con el referendo sobre el Esequibo, dio un mensaje claro: está dispuesta a ir a la calle, pero a votar. MCM ha insistido que nada la sacará de la ruta electoral y ahora le tocará activar su plan para ello.

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Andrés Cañizález

Periodista y politólogo venezolano. Doctor en Ciencia Política por la Universidad Simón Bolívar, (Caracas). Investigador asociado de la Universidad Católica Andrés Bello. Fundador y director de Medianálisis.

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