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Pionero de la odontología

Gilberto Martínez González tenía que empalmar con los fundamentos que conforman las bases de la cultura occidental

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En la conjunción de sus aportes académicos, sensibilidad y riguroso ejercicio profesional, encontramos la explicación del parto de la Etimología Greco-Latina Médica Básica (Managua, Mayo 2016) del doctor Gilberto Martínez González. El estudioso comprueba en el aula las dificultades de sus estudiantes y sale en búsqueda de respuestas. Su deber le exige ir a fondo, aunque para ello tenga que invertir más de ocho años de investigación y sesenta años de entrega sin pausas —con pasión desbocada— a estudiar, analizar y ejercer de manera exitosa la odontología. Como pionero, tenía que ir a la raíz de los problemas que confrontan sus alumnos. El contacto directo con los pacientes y su relación diaria con los estudiantes, le permiten diagnosticar con agudeza los síntomas que están en la base y prescribir con acierto lo que debe hacerse. El maestro no conoce reposo, desea salvar vacíos y establecer los procedimientos adecuados que permitan curar al enfermo. Desea que conozcan el significado trascendente de las palabras.

Un pionero como Gilberto Martínez González, tenía que empalmar con los fundamentos que conforman las bases de la cultura occidental. Decide instalarse en el corazón de esta cultura y no en los márgenes. James Joyce proclama a grandes voces en Ulises (1922), que había que helenizar el mundo. Gilberto reitera la importancia de conectarnos con el hilo de Ariadna. Los cimientos de nuestra cultura siguen siendo greco-latinos, muy a pesar que la cultura anglosajona sigue avanzando en su pretensión de hegemonizar el mundo. Con deleite hunde el escalpelo para develar el significado primigenio de las palabras que sostienen el ejercicio médico. Bucea en las profundidades para conocer los giros del lenguaje. Gilberto encontró en Hipócrates —ese gran médico de la Antigua Grecia— la inspiración suficiente para seguir sus pasos. Se ha entregado en cuerpo y alma a la docencia. Su condición de Rector de la Universidad de Ciencias Médicas de Nicaragua (UCM) le permite trazar nuevas perspectivas en la educación nacional. Este ha sido norte en su vida.


Para ser pionero Gilberto tenía que situarse en el borde delantero, fundó y se encargó de asumir la dirección del servicio de Cirugía Oral del Hospital El Retiro. Se impuso prestar sus servicios médicos y compartir su saber con la nueva generación de nicaragüenses que ansiosos buscaban abrirse campo en odontología. Era el paso requerido para multiplicarse. Tenía urgencia de poner a disposición de sus estudiantes, lo aprendido en sus muchos años de estudios —dentro y fuera de Nicaragua— durante sus noches de vigilia. Irradiaba su humanismo por los cuatro puntos cardinales. Persistente, hizo de la enseñanza el vehículo más apropiado. Desde la década de los cincuenta del siglo pasado, el doctor Martínez González, encaró el desafío de abrir la Escuela de Odontología de Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, (León, (1954). Enrumbaba el camino hacia la docencia. No contento impulsó la creación de la especialidad de Cirugía Oral y Maxilofacial, (Minsa-Unan, 1981), uno de sus más grandes y permanentes legados.

Gilberto fue el primero al que abrieron las puertas de los hospitales. Cuando todavía estaba prohibida la presencia de odontólogos logró incorporarse como cirujano en el antiguo Hospital de Managua. Contó con el apoyo y solidaridad de los doctores Luis Navas y Rodolfo Bolaños Vargas —para franquearle el paso— lo nombraron como su asistente en otorrinolaringología. Su valía profesional le permitió dar por inaugurada una nueva etapa en el ejercicio de la medicina en Nicaragua. Sabía que su logro beneficiaría en el corto plazo al resto de compañeros. El primer reto consistió en operar un tumor que tenía en su cara un adolescente. El logro médico cambio para siempre la vida de Ricardo e incidió en el futuro profesional de Gilberto. Traspasaba barreras. Atrás quedaban recelos y suspicacias. Los nuevos aprendizajes adquiridos en México, donde se había graduado antes como odontólogo, empezaban a rendir frutos. Su entrega no conocía ni conoce horarios. Un ejemplo a seguir.

Para escalar la cima, el doctor Gilberto Martínez González, recibió la influencia beneficiosa —esa que ahora él mismo prodiga a sus discípulos— de los doctores Henri Debayle y José Luis Arguello, dos eminencias médicas empecinadas en ensanchar su espacio profesional. Gilberto aprovechó el espaldarazo. No habría vuelta atrás, quería mostrar que brillaba con luz propia. Después vendrían los saltos cualitativos en su vida de odontólogo. El cirujano se entregaba gozoso a realizar operaciones complicadas: deformidades y lesiones en el rostro. Por algo se había empeñado en la creación de la cátedra de Cirugía Maxilofacial. En el hospital El Retiro se empeñó hasta conseguir que en Nicaragua se graduara la primera promoción de Cirujanos Maxilofaciales. El doctor Jorge Gurdián Callejas fue el primero en titularse. Gilberto marcaba nuevos rumbos en la enseñanza de la odontología. Prestigioso y prestigiado, su constancia y formación lo colocaban en primera fila. Continúa estándolo.

En el contexto de la enseñanza de la medicina en Nicaragua, el libro de Gilberto aparece en el mejor momento. Lo escribió con el ánimo de mejorar la formación académica de los estudiantes de medicina, el libro trasciende las aulas universitarias. Un texto del que pueden también echar mano profesores y lingüistas. Consultarlo con el mismo interés que escudriñan las páginas del diccionario de Productos de Laboratorios Médicos (PLM). Gilberto percibe como contradictorio que las universidades que imparten ciencias médicas, no otorguen suficiente importancia al aprendizaje de las raíces griegas y latinas, “bases fundamentales del léxico científico”. Con la misma decisión que se incorporó a trabajar como médico en el viejo hospital de Managua —lo hacía de manera gratuita— Gilberto hace entrega a la sociedad nicaragüense, de un texto producto de su esfuerzo individual. Su pretensión es que se apropien del significado íntimo de las palabras que conforman su universo científico. Aspiración que deja sentada en la introducción.

El glosario Etimología Greco-Latina Médico Básica viene a ser la joya que corona su larga y rica trayectoria profesional. Su acusociedad y espíritu juvenil, su amor por la profesión y su permanencia en la academia, fueron guías entusiastas para alcanzar este nuevo galardón. Seguir el itinerario del doctor Gilberto Martínez González resulta contagiante. Después de sesenta años de estar metido en clínicas, hospitales y universidades, labora con la energía del primer día. Su vida familiar —inspiración no solo de los suyos— y su trayectoria médica, se integran de manera armoniosa. Marcó rutas a hijos y nietos. Su luz es tan potente, que irradia por toda Nicaragua. En una ocasión el doctor Amín Hassan Morales me comentó, que el doctor César Amador Kull le había dicho: “Amín, son los pacientes quienes  jubilan a los médicos”. Debemos dar por hecho, que si el doctor Gilberto Martínez González no decide retirarse, ¡no habrá manera que sus pacientes lo jubilen! ¡Gilberto logró convertirse en un referente nacional

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Guillermo Rothschuh Villanueva

Comunicólogo y escritor nicaragüense. Fue decano de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Centroamericana (UCA) de abril de 1991 a diciembre de 2006. Autor de crónicas y ensayos. Ha escrito y publicado más de cuarenta libros.

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