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Pérez-Reverte desafía nuestra imaginación

Los indicios que va soltando permiten asirnos y aceptar su invitación de tratar de resolver un triple asesinato

3 de diciembre 2023

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“Nunca hasta ese momento, pese a mi larga experiencia
cinematográfica, había comprendido la fuerza intensa
que la ficción puede alcanzar entre los seres humanos”.

El problema final

La inmersión de Arturo Pérez-Reverte en el apasionante mundo de la creación literaria constituye una muestra de su versatilidad como novelista. El regreso a lo que él piensa como verdadera novela negra supone un desafío. Un juego ingenioso. Un reto para él y otro para sus lectores. En la medida que desarrolla la trama siembra pistas que ayudan a resolver los asesinatos ocurridos en la pequeña isla Utakos, frente a las costas de Corfú. Para ser fiel con su propuesta nos sitúa en el año de1960. En acto de prestidigitación saca de su chistera a Hopalong Basil, “Ormond”, cuya valía obedece por haber encarnado a Sherlock Holmes, celebérrimo detective inglés, en catorce películas como lo reitera en El problema final (Alfaguara, 2023). Una aventura con consecuencias inesperadas.  


Cuando Pérez-Reverte declaró que su nueva novela era como armar un rompecabezas, pensé que pretendía encasillarnos y forzarnos a leerla asumiendo de antemano su punto de vista. Al final rendí mi rey y terminé compartiendo su criterio. Era la forma más adecuada de asomarnos a sus páginas. Una novela escrita con goce inusitado. Los indicios que va soltando permiten asirnos y aceptar su invitación de tratar de resolver un triple asesinato. El viejo actor aceptó la invitación del productor Pietro Malerba de viajar en su yate. Le prometió que podría formar parte de una coproducción de la Warner Bross y Radio y Televisión Italiana (RAI). La oferta le supo a manjar. Basil no pudo rechazarla. Aunque la televisión le parecía un arte menor implicaba volver a la pantalla.

Al momento de escribir una historia en la que regresaba y asumía como propios los cánones de la novela negra, nadie se ha divertido tanto como Pérez-Reverte. Con cálculo premeditado volvió a las llamadas novelas-problemas, donde para descubrir los hechos criminales lo que importaba más era el cómo y no quién había realizado estos actos. Menciona los nombres de los escritores que hicieron época con estas novelas: Edgar Alan Poe, Agatha Christie, Gaston Leroux, especialmente a Arthur Conan Doyle. Afín a su temperamento planta cara contra Raymond Chandler y Dashiell Hammett. Una apuesta absolutamente pérez-revertiana. Son los responsables de haber introducido otro tipo de novela negra. Sirvieron de modelo a imitadores que saturaron de basuras el mercado.  

En su empeño por mostrarse como lector consecuente con los propulsores del género mayor, centra su atención en quien fuese durante muchísimos años el más celebrado y avezado escribidor de novelas-problemas. Cada capítulo porta como señas de identidad epígrafes alusivos a distintas obras de Sir Conan Doyle. En un alarde de creatividad, durante el desarrolla del relato engrana citas tomadas de su vasta bibliografía. Solo un conocedor del universo literario del inglés sería capaz de encajar en los diálogos múltiples referencias encaminadas a mejorar nuestra visión, para intentar conocer cómo y quiénes fueron las personas que cometieron los delitos. Señuelos que invitan a morderlos. Un deleite supremo para quien ha navegado sobre esas aguas y un reto para los lectores.

Antes de que ocurriese la primera muerte, durante el encuentro inesperado entre Pietro Malerba y Hopalong Basil, al presentárselo a la señora Najat Farfallah, célebre soprano y antigua semidiosa, ella lo llama sin pudor señor Sherlock Holmes. Prueba irrefutable de la forma que había calado su figura entre miles de seguidores de las decenas de escenas nacidas de la obra imperecedera del inglés. Sin imaginarlo igual identificación harán de su persona el resto de visitantes del hotel Auslander en la isla Utakos. Francisco Foxá se acercó a su lado y se le presentó como su admirador. Había visto todas sus películas. Para enfriar su ánimo Basil le respondió que la última había sido El perro de Baskerville y eso había ocurrido diez años atrás. No obtuvo los efectos deseados. Foxá insistió.

Le confiesa haberlo visto hacía poco en un serial televisivo. Con la intención de quitárselo de encima le responde que eso no fue nada serio. Pérez-Reverte mete la primera banderilla: “Es igual lo que haga o deje de hacer, porque Sherlock Holmes sigue siendo usted”. A tono con los tiempos tiene conciencia que Holmes no saldría ahora en la televisión por ser famoso. A la inversa. Sería famoso por salir en la televisión. Alude a los poderes supremos de la apariencia. Sabemos que para adquirir carta de ciudadanía la gente necesita estar expuestos al mayor número de veces ante las cámaras de televisión. La segunda banderilla fue recordarnos que, en las novelas de Doyle, “existía un pacto entre autor y lector que de algún modo renunciaba a su realidad adulta y sentido crítico”.

La elección para que fuese Ormond quien aclarara la muerte de Edith Mander se debió a sus distintas representaciones de Sherlock Holmes. El detective que habían visto en la pantalla no era una interpretación. Hopalong Basil constituía su reencarnación. Para evitar ser involucrado alegó a su favor que había una diferencia sustancial entre interpretar a un personaje que serlo. Él solo era o había sido un actor. Como parte de sus fintas Pérez-Reverte transforma al personaje en persona. Basil finalmente comprendió, pese a su larga permanencia en las pantallas, la fuerza suprema que adquiere la ficción entre los seres humanos. Para quienes insistían en asignarle el papel lo hacían bajo la convicción que nadie más de los presentes podía resolver el misterio de los asesinatos.

El escritor Arturo Pérez-Reverte posa durante una entrevista. Foto: EFE | Confidencial

En la medida que avanzaba iba armando el “puzle”, no temo confesar que ante los avances de la investigación de Basil y el apoyo recibido de Foxá, asumía el papel de Watson, debido a su condición de escritor de novelitas populares de intriga, muchas veces creí haber dado con el o los asesinos. A Foxá le surgían dudas a cada paso —Nada excepcional. Yo también participaba divertido y tropecé varias veces. Al final corroboré que Pérez-Reverte me había ganado la partida. Desconozco como les fue a los demás. ¿Lograron descubrirlos? Estoy seguro que existen personas hábiles en diferenciar el polvo de la paja, al asesino de los presuntos culpables. Me perdí en el laberinto tejido con astucia por el experimentado lector de novelas-problemas que fue Pérez-Reverte.

Al incriminarse como presunto asesino, Basil me hizo recordar que el crimen perfecto es aquel donde el investigador resulta ser el asesino. Llegué a creer que Basil había matado a Klemmer con las pesas del reloj del hotel. También llegué a sospechar que su muerte atroz fue realizada por Raquel Auslander. Tenía sobradas razones para ejecutarlo. El huésped Hans Klemmer había sido miembro de las SS creadas por Heinrich Himmler y la señora Auslander fue una víctima más. Permaneció prisionera en los campos de concentración alemanes. El novelista provoca dudas. Una vez de concluida la lectura de El problema final fue que logré enterarme que quién había fraguado y ejecutado todas esas muertes era la postiza Vesper Dundas. La policía no logró descubrirla.

Tres meses después de ocurridos los acontecimientos, Basil visitó el lago de Garda para hacerle saber a Edith Mander que había descubierto que ella había sido la asesina. Viajó expresamente para demostrarle que por exceso de confianza se puso en evidencia. Lectora de Conan Doyle gustaba coquetear con el peligro. Conocía de memoria cada una de sus páginas. Primero suplantó la identidad de Edith y robó los pasaportes, después mató al doctor Karabin y por último a Klemmer. Devela una a una sus conclusiones. A través de un tiro a ciegas logró que Edith trastabillara y asumiera, aunque de soslayo, su condición de asesina. Para no implicarse Edith le dijo que se trataba de un juego. Misterios y enigmas quedaron resueltos hasta que lo supe por boca de Basil.

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Guillermo Rothschuh Villanueva

Comunicólogo y escritor nicaragüense. Fue decano de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Centroamericana (UCA) de abril de 1991 a diciembre de 2006. Autor de crónicas y ensayos. Ha escrito y publicado más de cuarenta libros.

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