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Nueva narrativa sobre historia de Nicaragua

Nada más gratificante que leer un libro ameno e inquietante. 200 años en veremos se asoma sin complejos a la historia de un país que no conoce sosiego

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Siempre resultará necesario leer la historia de Nicaragua con visión renovada, evitar que esta continúe siendo vista y leída a través de los ojos de los vencedores. Disponen de eficientes portavoces para enaltecer sus hazañas. La manera como ha sido establecida la periodización de eventos sociopolíticos que sacuden nuestra historia, responde a los intereses de quienes han sido suficientemente conscientes para imponer su criterio. Cada cierto tiempo aparecen nuevas investigaciones, prueba irrefutable de no estar de acuerdo con las narrativas precedentes. Para vadear la corriente, Abelardo Baldizón realizó un giro metodológico y se asistió de otras fuentes: discursos, memorias, cartas y reportes periodísticos. Ubica la comunicación como hecho fundacional de la política.

1. Con sentido oportuno, Mario Urtecho, emprendió el camino para hacer su propia lectura de acontecimientos que han contribuido a conformar el rostro de Nicaragua. Comparto su visión desacralizadora, acercarse sin antifaces al análisis de los hechos desde otra perspectiva y escribir con desenfado, son dos atributos que permiten desmarcarse del enfoque prevaleciente. Totalmente elocuentes. Al realizar su propia lectura no rechaza textos cardinales de la historia nacional. Otros, muy valiosos, todavía figuran como textos marginales. Su existencia supone que tienen valor intrínseco, testimonios nacidos al calor de los acontecimientos, expuestos por actores cruciales. En su vasto mural, Urtecho, junta lo disperso y olvidado.


2. Nada más gratificante que recorrer un libro ameno e inquietante (200 años en veremos, marzo 2021), ajeno a toda vacuidad. Se asoma sin complejos a la historia de un país que no conoce sosiego. En su aproximación, Urtecho establece normas de periodización muy parecidas a las delineadas por distintos historiadores. La diferencia estriba en la manera cómo incorpora y valora sucesos deliberadamente omitidos. Una diferencia radical. Estar de acuerdo con algunos hechos no supone plasmar una misma apreciación sobre estos acontecimientos. Enfatiza el carácter personalísimo de la política nicaragüense, a través de más de una centuria, puerta por la que introduce y remarca el sesgo caudillista de la política casera. Su peso inconmensurable.

3. 200 años en veremos me hace recordar la forma que Eduardo Galeano reescribió la historia de nuestra América. Memorias del fuego (Siglo XXI Editores, 1982-1986), continúa siendo trilogía indispensable para repensar nuestra historia. Asistido de un lenguaje poético y enorme capacidad de síntesis, el uruguayo se mete hasta en los recovecos menos pensados. Nos demuestra que la historia también la hacen las putas, artistas, bailarinas, homosexuales y rufianes, no solo los políticos. Urtecho condensa en breves párrafos acontecimientos cuyo discurrir requirió de meses, cuando no años. La brevedad y el tratamiento nada zalamero, vuelven apetecibles sus propuestas. Gozan del estatuto de la iconoclasia. Algo más que urgente y necesario.

4. Una de las omisiones constantes de los historiadores, ha sido la exclusión sistemática de actores a los que no conceden el mínimo valor, por no haberse comportado dóciles ante los arrebatos de políticos a quienes prestaban servicios. Muy pocos han reconocido la osadía de las putas recuperando armas que los liberales tiraron en las aguas del puerto de Bilwi, para entregarlas a columnas guerrilleras al mando de Augusto C. Sandino. Otros evitan mencionar la traída de negros esclavizados, arrancados a la fuerza de África Occidental. Urtecho salva la omisión. Nos recuerda que la heroicidad de Rafaela Herrera, estaba al servicio de la corona española, no de Nicaragua. En su listado rescata a decenas de desconocidos con sus nombres y apellidos.

5. En vísperas de los 200 años de independencia, Urtecho sintió necesidad de detenerse a revisar con detenimiento los fraudes electorales. Peca al omitir sus nombres. No nos dice quiénes fueron o son estos malandrines. No existe un solo hecho histórico donde los humanos no hayan participado. Capítulo crucial de la historia nicaragüense, merecía ser develado en todas sus aristas. Continuamos navegando sobre las mismas aguas. La ganancia de quiénes cuentan los votos sigue siendo monedita corriente. La desconfianza ha llegado a tal extremo que, para cada elección, los nicaragüenses claman por la presencia de observadores internacionales. En Nicaragua se convirtió en hábito, que quien cuenta los votos gana, no quien saca más.

6. Como decenas de historiadores, Urtecho reitera que el poder radica en manos de quienes tienen los fusiles. Al valorar el paso de Violeta Barrios de Chamorro por la presidencia de Nicaragua (1990-1997), considera como hecho capital, que haya mandado a retiro de la comandancia del Ejército de Nicaragua, al general Humberto Ortega Saavedra. El País expuso que “Por primera vez, un general fuese separado de las fuerzas armadas sin mediar una revuelta, un golpe de Estado o una revolución en el país centroamericano…”. El general Emiliano Chamorro, destacó lo vital que resultaban “las cañas huecas”, para ejercer el poder. Una realidad apabullante en la Nicaragua contemporánea. Estado-Caudillo-Ejército, forman la santísima trinidad.

7. Urtecho cree indispensable transcribir literalmente el mensaje que el general Augusto C. Sandino, envió desde Yalí, con fecha del 24 de mayo de 1927, al Jefe del Destacamento de Marines. En él considera que la intromisión de Estados Unidos en Nicaragua era de buena fe. El héroe de las Segovias, le propone “como condición sine qua non para deponer nuestras armas, que asuma el poder un gobernador militar de los Estados Unidos mientras se realicen las elecciones presidenciales supervigiladas por ellos mismos”. Algo totalmente impensable. Un texto poco conocido e indigerible para quienes Sandino tuvo una actitud intachable frente al filibusterismo. Comulgo con Rilke, todo Ángel es terrible. El héroe nacional nos ofrece una prueba contundente. Un trago amargo.

8. Era inevitable que Mario Urtecho aludiera lo trágico que han resultado para los nicaragüenses los pactos firmados por los políticos. Únicamente escapa el Pacto Providencial suscrito por legitimistas y democráticos (1856), para poder deshacerse de William Walker. Los otros apestan. Desde el Pacto del Espino Negro (1927), Pacto Somoza García-Cuadra Pasos (1948), Pacto Chamorro-Somoza García (1950); Pacto Agüero-Somoza Debayle (1971); Pacto Alemán-Ortega (1999). Todos han sido arreglos bajo la mesa con la intención de repartirse el poder entre los representantes legales de los partidos firmantes. Los acuerdos jamás han producido beneficio al país. A eso obedece la repulsa generalizada que suscitan entre los nicaragüenses.

9. El cronista trae a cuento las amnistías, estableciendo que en Nicaragua son aprobadas cada vez que los gobernantes desean librarse de responsabilidades jurídicas futuras. Son emitidas en su propio beneficio, se equivocan quienes piensan que son libradas para favorecer a las fuerzas antagónicas. El uso de este expediente data de 1829 cuando se acordó la primera. En el recuento pormenorizado de este instrumento, Urtecho subraya que el comandante Daniel Ortega Saavedra, lleva emitidas hasta ahora 9. Un síntoma revelador de luchas enconadas entre nicaragüenses. Aunque debemos insistir que su intencionalidad obedece a los deseos de quienes pretenden eximirse de pasaderas de cuentas, una vez alejados del poder. Nada más.

10. Tal vez en lo único que disiento de Urtecho (y no se trata de una cosa menor), fue no haber captado en toda su extensión, algo que resultó diáfano y meridiano para la mayoría de los nicaragüenses: el 19 de abril de 2018 marcó una ruptura total en el discurrir histórico en lo que va del siglo veintiuno. Es una equivocación valorar lo ocurrido ese día, como un evento más dentro del apartado: Daniel Ortega regresa al poder (2007- ¿). La rebelión estudiantil ratificó el rol fundamental que han jugado a lo largo de la historia nacional, con el propósito de evitar que los desheredados y condenados de la tierra, vivan en eterna miseria. El descalabro político surgido en abril pica y se extiende. Produjo como resultado una crisis de gobernabilidad.

200 años en veremos se ubica en las antípodas de quienes siguen creyendo que las luchas políticas en Nicaragua —haciendo una lectura maniquea de los hechos— son un diferendo entre buenos y malos. La adjetivación sería aceptable si los buenos son quienes se proponen instaurar la democracia, el Estado de Derecho, la división de poderes, el libre juego político, donde el disentimiento no es criminalizado, se respetan los derechos de asociación, reunión, movilización y libertad de expresión. El desencuentro entre las familias nicaragüenses continúa profundizándose. Germinan nuevos rencores. A solo tres meses de que se cumplan dos siglos de independencia (1821-2021), la rueda de la historia sigue atascada, reeditando el pasado. Se siguen produciendo heridas incurables.

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Guillermo Rothschuh Villanueva

Comunicólogo y escritor nicaragüense. Fue decano de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Centroamericana (UCA) de abril de 1991 a diciembre de 2006. Autor de crónicas y ensayos. Ha escrito y publicado más de cuarenta libros.

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