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No son locos quienes declaran las guerras, son fabricantes de armas

En ninguna de las guerras regionales e internacionales combaten las familias propietarias de la industria bélica de ningún país

En este cártel se lee: 'Stop Putin. Stop War', (Paren a Putin. Paren la guerra), durante una manifestación por la paz el 28 de febrero en Colonia, Alemania. // Foto: Confidencial | EFE

Onofre Guevara López

15 de marzo 2022

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El general Dwight Einsenhower, comandante de varios frentes en la II Guerra Mundial y presidente de los Estados Unidos (1953-1961) calificó de Complejo Industrial Militar a los verdaderos promotores y beneficiarios de las guerras. Es decir, él tenía porqué conocer del negocio de la guerra.

Basta revisar unos pocos hechos bélicos en la historia, para no pensar que los jefes de Estado que han declarado las guerras lo hicieron porque estaban locos. No es lógico omitir el hecho de que toda guerra es consecuencia de discordias políticas por conquistas de tierras y mercados, y que la política de cada nación es dirigida según los intereses de las clases sociales que detentan el poder.


Entre esas clases, están quienes se dedican al negocio de la fabricación de instrumentos de guerra. Quizás sea esta una muy simple forma de explicar los orígenes de las guerras, pero más simple es la realidad de que, en toda guerra, se juegan esos intereses mencionados. Y hay un hecho todavía más simple: en ninguna de las guerras regionales e internacionales combaten las familias propietarias de la industria bélica de ningún país.

II

El ejército alemán combatió y fue derrotado en las dos guerras mundiales (1914-1918 y 1939-1945) utilizando cañones fabricados por Alfred Krupp, desde 1862… ¡27 años antes de que naciera Adolf Hitler! Después su nieta Bertha, heredera del negocio, creó en 1918 el famoso cañón Bertha, utilizado por el ejército alemán en la segunda guerra… ¡cuando a Hitler le faltaban quince años para llegar al poder! Pero a Hitler, todo el mundo le ha dicho loco, pero nadie lo ha dicho de la familia Krupp ni a otros fabricantes.

Guillermo II, emperador de Alemania, y Adolfo Hitler fueron los personajes más visibles en el Estado alemán al servicio de los intereses del gran capital que pretendía –apurado por su pujante desarrollo industrial— repartirse el mundo, como los demás colonialistas.

Las dos guerras mundiales fueron iniciadas por Alemania y sus aliados, buscando un lugar a su país en el reparto del mundo subdesarrollado, resultado de una contradicción inter colonialista, luego inter capitalista e inter imperialista (la sucesión nominal del capitalismo) que ha provocado muchos genocidios.

III

Sobre el eterno y siempre actual tema bélico, existen hechos históricos irrefutables: los Estados Unidos han estado participando en guerras civiles, regionales, mundiales y como gran vendedor de armas durante 161 años (1861-2022).

Concluida la guerra civil y la expansión territorial del norte capitalista desarrollado hacia el sur subdesarrollado y esclavista, le hizo la guerra a México para quedarse con California, Nuevo México y Texas (1868). Treinta años después le declaró la guerra a España para quitarle a Cuba, Puerto Rico y Las Filipinas y otras ínsulas en el Asia.

Antes del acto terrorista de 2001… ¡en su territorio ninguna casa de pueblo ni de ciudad había perdido ni una teja por causa de esas guerras! Y, que se sepa… ¡en todos esos momentos bélicos ninguno de sus presidentes estuvo loco!

Mientras calculaban si participaban o no en la Segunda Guerra Mundial, los Estados Unidos se vio obligado a participar después del ataque traicionero japonés –sin previa declaración de guerra—a su base militar de Pearl Harbor (1941), en su colonizado archipiélago de Hawai.

Dos días antes de los tres meses de finalizada la guerra (8 de mayo 1945) hubo el primer gran genocidio atómico de la historia, cuando el 6 de agosto de ese año, los Estados Unidos lanzaron la primera bomba atómica contra la población civil de Hiroshima, produciendo 140 mil muertos, y tres días después lanzaron la segunda bomba contra Nagasaki con el resultado de 70 mil muertos. En total… ¡210 mil seres humanos asesinados sin contar los heridos y los que por años sufrieron las consecuencias de la radiación atómica!

Al quien ordenó estos genocidios, Harry S. Truman, solo se le menciona como “político y expresidente estadounidense”, y no hubo campaña mediática llamándolo loco y genocida ni acusándolo de servidor del complejo industrial militar de su país, como han sido todos los presidentes que tuvieron y tienen que ver con su geopolítica.

IV

Siguiendo con las cosas sencillas –que son las más reales de este mundo—, los dueños de ese complejo industrial militar no han tenido nada que perder con las guerras… ¡pero lo han ganado todo con ellas! Tampoco se conoce que algunos de los accionistas de los monopolios que gobiernan en su país, incluyendo al fabricante de armas de guerra, sea una colectividad de locos, sino de ambiciosos de gran potencia.

Quizás valga mejor más hablar de actitudes demenciales de los presidentes y sus patrocinadores, causantes de situaciones caóticas, disparatadas y desproporcionados daños físicos y espirituales a la humanidad. En la primera guerra, las pérdidas humanas sumaron más de siete millones, y en la segunda guerra los muertos sumaron casi sesenta millones, de los cuales solo a la Unión Soviética, correspondieron más de veinte millones de sus ciudadanos que resistieron y vencieron a los nazis en una guerra que no provocó este país.

V

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Solo lo visto someramente sobre algunas causas de las guerras, es más que suficiente para no reducir las responsabilidades a la locura personal de ningún gobernante, porque detrás suyo están fuertes y determinantes intereses privados que dominan la política exterior de sus países.

No obstante, no todos los políticos demenciales que ha habido y hay en el mundo corresponde a un determinado sistema social, como hemos visto en estos casos, pues también los hubo en otros sistemas sociales y no precisamente capitalistas.

Para concluir con este tema de las locuras de las guerras y de quienes les dicen locos, me referiré brevemente al caso de José Stalin, por la actualidad que tiene la Rusia de Vladímir Putin, con el conflicto con Ucrania. No se trata de locos, aunque sí, de tipos autoritarios.

El primero actuó criminalmente contra sus propios compañeros de lucha y de partido por sus distorsionadas concepciones políticas partidarias, que animaron a los revolucionarios rusos a materializar el ideal de construir una sociedad socialista. Pero, al final, con sus retorcidas concepciones políticas y su demencial ambición de poder, Stalin deformó y debilitó al partido que conduciría la transformación del país, y dejó sembradas las condiciones que terminarían con la propia Unión Soviética, la que –tras extraordinarias victorias en todas las actividades humanas— su resistencia a las agresiones y vencedora en duras batallas de guerra, no resistió la acción corrosiva de los oportunistas de adentro.

Sobre los restos de la URSS se restituyó el capitalismo, y de la situación caótica de los primeros gobernantes post soviéticos, apareció Putin, quien no solo es artífice del neo capitalismo, sino también estimuló el renacer del tradicional nacionalismo ruso, pero manteniendo el desarrollo independiente del país, buscando restituir su condición de potencia mundial.

No era eso lo que esperaban los históricos y principales rivales de la URSS, los Estados Unidos. Para este país, la Rusia capitalista debería de ser no solo una aliada incondicional, sino también en la condición sumisa, similar a que tiene la Unión Europea.

Quizás esa frustración produjo la animadversión contra Putin, y más que todo, comenzaron a crearle un cerco militar a Rusia en los territorios de las ex repúblicas soviéticas y del antiguo campo socialista. Ucrania es el más grande e importante vecino de Rusia donde los Estados Unidos y la OTAN lograron imponerle un gobierno de ultra derecha con finalidades de provocación, comenzando por la guerra de ocho años contra las repúblicas rebeldes de Donetsk y Luhansk. El resto ya se conoce, y los peligros de una guerra más amplia, también.

Y, por supuesto, hay otros detalles…

Al margen de estas cuartillas

*Toda guerra tiene su imagen en la propaganda de guerra, como reflejada en un espejo, con la ventaja de que la propaganda gana batallas que no existen…

*Y casi siempre ganan esas batallas, pero solo en la conciencia del respetable público lector y televidente más desprevenido…

*Eso pasa en cualquier lugar y tiempo: durante la invasión contrarrevolucionaria en Cuba, en un diario nicaragüense vieron “huir” a Fidel y “suicidarse” al Ché…

*Ahora que la tecnología informativa permite ver cualquier cosa en cualquier lugar y a cualquiera hora, aunque ninguna cosa exista…

*Los noticieros televisivos ofrecen las imágenes de edificios destruidos en Kíev por los bombardeos rusos…

*Pero también presenta los edificios destruidos por la guerra de Ucrania contra Donetsk y Luhansk, como si fueran de Kíev…

*En una escena de guerra extradramática de televisión, un niño ucraniano va llorando, solitario, sobre una carretera huyendo de la guerra, hacia el exilio…

*Al mismo tiempo, adultos pasan junto al niño, tan indiferentes que ni siquiera lo vuelven a ver…

*Si esa escena fuera auténtica, entonces, motiva pensar en que: tan inhumana es la guerra como la indiferencia de los adultos ucranianos, ante la tragedia de un niño, además, su paisano…

*El comal critica a la olla: a los políticos rusos le dicen oligarcas, quienes en sus países aún mantienen a monárquicos parásitos de origen medieval…


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Onofre Guevara López

Onofre Guevara López

Fue líder sindical y periodista de oficio. Exmiembro del Partido Socialista Nicaragüense, y exdiputado ante la Asamblea Nacional. Escribió en los diarios Barricada y El Nuevo Diario. Autor de la columna de crítica satírica “Don Procopio y Doña Procopia”.

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