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Los problemas no resueltos de la economía global

Abordar los desafíos que enfrenta el mundo, desde la deuda hasta el cambio climático y los ingresos fiscales, será difícil en el mejor de los casos

Vista de una sesión de la Conferencia anual de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP28), celebrada en Dubái. Foto: EFE

12 de diciembre 2023

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La agenda económica mundial ha estado abarrotada en 2023. En julio se reunió el Foro Político de Alto Nivel de las Naciones Unidas , dedicado a monitorear el progreso hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible. En septiembre se celebró la segunda Cumbre de los ODS , al igual que la cumbre del G20 en Nueva Delhi, seguida en octubre de las reuniones anuales del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional en Marrakech. En noviembre, la ONU adoptó una importante decisión sobre cooperación tributaria internacional. Ahora, los líderes están reunidos en Dubái para la Conferencia anual de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP28).

Una lección básica de las reuniones celebradas hasta el momento es que el mundo está tardando demasiado en alcanzar los ODS (especialmente poner fin a la pobreza y garantizar la seguridad alimentaria) y lograr avances significativos en la lucha contra el cambio climático. Otra es que los responsables de las políticas económicas enfrentan múltiples riesgos generados por la economía mundial: en 2022, un aumento de la inflación provocó rápidos aumentos de las tasas de interés en muchos países, lo que, junto con los altos niveles de la deuda pública limitó la capacidad de los Gobiernos para utilizar una política fiscal expansionista para contrarrestar la desaceleración del crecimiento. Aunque la inflación está bajando, persisten altas tasas de interés y un crecimiento más lento.


Entre las medidas que se han propuesto durante y en torno a las reuniones de este año, se destacan tres. La primera es que la financiación internacional para el desarrollo debe ampliarse significativamente. En segundo lugar, los países en desarrollo necesitan más apoyo que les permita su contribución a la provisión de bienes públicos globales, en particular a la lucha contra las pandemias y el cambio climático, y gestionar los efectos de las perturbaciones económicas internacionales. En tercer lugar, se debe proporcionar alguna forma de alivio a los países con alto riesgo de sobreendeudamiento, un grupo que incluye al menos un tercio de las economías en desarrollo.

Se han tomado pocas decisiones sobre cómo lograr estos objetivos, pero parece estar surgiendo un consenso en torno a algunas ideas. En particular, los bancos multilaterales de desarrollo (BMD) deben ir más allá de su función tradicional de financiar proyectos de inversión de países en desarrollo en políticas sociales e infraestructura, para promover su contribución a la provisión de bienes públicos globales. Esto último requiere financiación concesional, incluso para los países de ingresos medios, así como para las inversiones del sector privado en estos bienes respaldadas por estas instituciones.

Además, los países altamente endeudados necesitan acceso a las líneas de crédito recientemente diseñadas y, posiblemente, la suspensión del servicio de la deuda e incluso la reducción de sus pasivos en tiempos de crisis. Junto con los BMD, el FMI debería contribuir a través de mecanismos especiales de financiación tales como el Fondo para la Resiliencia y la Sostenibilidad y el Fondo para la Reducción de la Pobreza y el Crecimiento, que fueron creados para financiar a los países en desarrollo con los derechos especiales de giro (el activo de reserva del Fondo) no utilizados de los países desarrollados. Se pueden establecer fondos similares para canalizar los DEG no utilizados a los países en vía de desarrollo a través de los BMD.

Algunas de las propuestas más interesantes se relacionan con la reforma del Banco Mundial. Un componente clave de la hoja de ruta de evolución de la institución es la mejora de su capacidad financiera utilizando el capital existente, posiblemente complementado con recursos de instituciones privadas y un uso más activo de garantías de crédito.

Pero hay dos problemas con estas propuestas. En primer lugar, requieren importantes recursos si las instituciones internacionales van a aumentar el apoyo a los países en desarrollo y de ingresos medios inmersos en crisis y contribuir a la provisión de bienes públicos globales por parte de ellos. Pero muchos países de altos ingresos no están cumpliendo los objetivos de asistencia oficial para el desarrollo establecidos por la ONU hace medio siglo y no han contribuido tanto como se esperaba a los fondos especiales. De esta manera, convencerlos para que financien estas nuevas iniciativas será difícil.

El segundo problema es que la capitalización de los BMD sólo será posible con el apoyo de importantes miembros, como los Estados Unidos. Existe mucha controversia sobre el capital, o “cuotas”, tanto en el Banco Mundial como en el FMI. Las propuestas de aumentar las cuotas —y por la influencia en las decisiones— de las economías emergentes, especialmente de China, han encontrado una resistencia considerable en los países ricos. Ahora hay una propuesta para aumentar las cuotas del FMI en un 50%, pero dar al Directorio Ejecutivo hasta 2025 para desarrollar nuevos enfoques para la distribución de las cuotas. Aún no hay acuerdo sobre la capitalización del Banco Mundial.

En materia de deuda prácticamente no se ha decidido nada. Lo único que se determinó en las reuniones anuales del FMI y el Banco Mundial fue que se necesitaba más discusión. Y la declaración de los líderes del G20 de la cumbre de Nueva Delhi ofreció poco más que una reafirmación de que el G20 respeta los compromisos asumidos en el Marco Común para el Tratamiento de la Deuda.

Quedó sin respuesta la cuestión de si se debe dar acceso a algunos países vulnerables de ingresos medios al Marco Común, que se creó en 2020 para ayudar a los países de bajos ingresos con deudas insostenibles a hacer frente a la pandemia de covid-19. En cualquier caso, este mecanismo hasta ahora ha resultado ineficaz, debido a retrasos en las negociaciones con los acreedores y al temor de los deudores de que su calificación crediticia se vea afectada.

En cuanto a la cooperación tributaria internacional, los acuerdos alcanzados en 2021 en el Marco Inclusivo de la OCDE aún esperan su implementación. Dados los escasos beneficios de estos acuerdos para los países en desarrollo, el Grupo Africano de la ONU presentó una resolución para crear un comité intergubernamental para elaborar los Términos de Referencia de una Convención Marco de la ONU sobre Cooperación Tributaria. La resolución fue aprobada en noviembre por un amplio margen, pero la división entre países en desarrollo y desarrollados (estos últimos votaron en contra, excepto Noruega, que se abstuvo) establecerá el contexto para futuros acuerdos en 2024, cuando las negociaciones entre los dos grupos de países serán esenciales.

Abordar los desafíos que enfrenta el mundo, desde la deuda hasta el cambio climático y los ingresos fiscales adecuados, será difícil en el mejor de los casos. Pero las perspectivas económicas mundiales están lejos de ser halagüeñas. El FMI predice que el crecimiento global será bajo tanto en 2023 (3%) como en 2024 (2.9%), en comparación con el 3.7% anual en la década anterior a la pandemia, y que tanto los países desarrollados como los en desarrollo tendrán dificultades. Si bien la inflación está disminuyendo, el FMI recomienda que los bancos centrales adopten un enfoque cauteloso con respecto a las tasas de interés, bajándolas sólo cuando la inflación esté completamente bajo control. Esto no augura nada bueno para el crecimiento.

*Artículo publicado originalmente en Project Syndicate.

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José Antonio Ocampo

Economista, sociólogo y político colombiano. Fue subsecretario general de las Naciones Unidas y ministro de Hacienda y Crédito Público. Es profesor de la Universidad de Columbia, miembro del Comité de Políticas de Desarrollo de la ONU y de la Comisión Independiente para la Reforma de la Tributación Internacional de Empresas.

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