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La condena: 21 de diciembre 1959

Diario de un Preso: “Nadie puede resucitar sin haber sido crucificado. Este es pues el fin…pero es también el comienzo”

Diario de un preso

Fotoarte: Confidencial

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Hoy va a pasar lo mismo que las otras dos veces.

El escenario es igual. Los jueces son iguales. Los curiosos, iguales.


Nosotros los presos siempre tenemos permiso para lavar la ropa, para remojar con jabón nuestro uniforme de rayas. Para retorcerlo buen y ponerlo a secar durante un buen rato, y a “planchar” después, aplastándolo con las manos, contra el suelo.

Luego nos dejan juntos y jugamos a las cartas en las pequeñas celdas, hasta que los pasos de la escolta que ha de conducirnos se oyen en el pasillo.

Nos ponemos la camisa y salimos afuera.

Hace sol. Caminamos en un patio y luego por los interiores de un cuartel oloroso a creolina y sudor. Después subimos a una camioneta dentro de la cual hay ya algunos soldados y detrás de nosotros suben más soldados.

Descendemos de la Loma de Tiscapa para entrar en otro cuartel y nos detenemos frente a la llamada Sala de justicia.

Allí están ya los jueces vestidos de gala. Llevan sus uniformes kaky abrochados con botones dorados. Sus mangas y hombreras lucen parchecitos de color con insignias y latitas que brillan; están sudorosos, recién bañados, pero con las frentes perladas de sudor.

Así ha sido las otras veces.

Anuncian que van a hablar los defensores, y estos suben al estrado con un legajo de papeles. Dicen frases hermosas, hacen citas legales, toman vasos de agua, y bajan después con aire de triunfo.

Pero nadie les hace caso.

Luego le toca el turno al fiscal y lee diez o catorce páginas preparadas de antemano. Su uniforme es nuevo; sus anteojos negros parecen dos cuencas oscuras, y su micrófono emite sonidos altisonantes, tremendos.

Nos llama asesinos, traidores, malos hijos de Nicaragua, forajidos, equivocados, etc., etc., y alaba las bondades del Gobierno.

Así ha sido siempre.

Dan las seis de la tarde. Se pone el sol frente a Managua y los corrillos de la sala van repletándose con más curiosos; es gente que trabaja en el cuartel y ha terminado sus labores, de modo que está en libertad de divertirse un rato.

Afuera están nuestros familiares. Muy afuera, al otro lado de los muros. Están de pie nuestras madres y nuestras esposas, esperando un resultado que ya conocen. Están en la calle vecina.

El sol se ha puesto. Son los días próximos a la Navidad; días bellos y frescos, llenos de cánticos y corrientes de aire.

Nos condenaron más o menos a las diez de la noche.

No me fijé exactamente la hora. Qué me importa la hora…?

Qué me importa que me hayan condenado…?

Volvemos a la Loma de Tiscapa en la misma camioneta. Managua es una extensa alfombra de luces; irregular, caprichosa, con manchas opacas.

Chirrian las aldabas de las puertas. Calzan los barrotes en su lugar de siempre. Coloco mi ropa encima de una caja y me recuesto en la cama.

Tres veces y vuelto condenado a este mismo lugar, con la misma ropa, a la misma cama, y cargado del mismo cansancio.

Las tres veces he sentido lo mismo: es necesario resucitar.  Hay que resucitar!

Dice un amigo mío a quien quiero como hermano, que un fracaso es como una crucifixión, y que nadie puede resucitar sin haber sido antes crucificado.

Este es pues el fin…pero es también el comienzo.

*“La condena” es el último capítulo del libro “Diario de un Preso”, de Pedro Joaquín Chamorro C. publicado en 1962, como un testimonio de la cárcel sufrida después de la rebelión de Olama y Mollejones. Periodista y luchador democrático antisomocista, Pedro Joaquín Chamorro fue asesinado hace 46 años por la dictadura somocista el 10 de enero de 1978. En 2012, fue declarado Héroe Nacional de Nicaragua con el título de "Mártir de las libertades públicas" por Decreto Legislativo de la Asamblea Nacional.

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Pedro Joaquín Chamorro Cardenal

Héroe Nacional de Nicaragua "Mártir de las Libertades Públicas". Fue periodista, escritor y luchador antisomocista. Era el director del diario La Prensa hasta su asesinato el 10 de enero de 1978.

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