Museo de Memoria itinerante sobre Nicaragua
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Ganar tiempo mientras el vendaval amaina, preservando el control hegemónico del poder, aunque deba hacer concesiones tácticas

Los dictadores Daniel Ortega (izq.), de Nicaragua, y Nicolás Maduro, de Venezuela, se saludan durante una cumbre del ALBA-TCP, el 14 de diciembre de 2024. Foto: Tomada de X
Arranquemos con las capacidades de Daniel Ortega para lidiar con las crisis. La principal característica del dictador es su falta de escrúpulos, bien sea para dejar morir a su propio hermano y tener la desfachatez tomarse una foto junto al moribundo, o comulgar como “buen cristiano”, o mandar a asesinar a centenares de nicaragüenses. La segunda característica es su destreza para administrar los tiempos políticos, identificar las contradicciones del momento y reconocer las oportunidades.
Esos “atributos” están a prueba hoy más que nunca, pues durante los 45 años que lleva en el poder o cerca del poder probablemente no ha pasado un momento de mayor vulnerabilidad, salvo tal vez en 1989 con ocasión de la invasión norteamericana a Panamá.
Ganar tiempo mientras el vendaval amaina, preservando el control hegemónico del poder, aunque deba hacer concesiones tácticas.
Sin duda, Ortega ha identificado que su principal oportunidad radica en que la administración Trump prioriza intereses estratégicos, seguridad y estabilidad. La democracia y los derechos humanos son harina de otro costal. Por ello, y considerando que Nicaragua no tiene petróleo ¿Qué puede poner sobre la mesar?
Póngale sello que está buscando afanosamente una negociación en la que ofrezca:
Salvo este último punto, los anteriores ya habían sido objeto de entendimientos con administraciones estadounidenses anteriores, según filtraciones de otros tiempos.
En paralelo al empeño negociador, apretará tuercas: llevará al extremo la vigilancia a sus cercanos: Todos son sospechosos. Desplegará la maquinaria represiva para mantener el clima de temor y reforzará el control territorial pues, aunque improbable, en su cabeza ronda siempre el fantasma de un levantamiento popular.
Es presumible que acompañe estas medidas con algún paquete populista: aumento al salario mínimo, ajuste a las pensiones, paquetes alimentarios, becas estudiantiles, en sintonía con una fuerte campaña mediática. Pero cero ataques al imperialismo y al “yanqui, enemigo de la humanidad”.
El complemento de esta estrategia es el tejemaneje con la oposición. El dictador está consciente de que una de sus principales fortalezas es, contradictoriamente, la debilidad de los grupos opositores. En consecuencia, exhibirá esas debilidades, y utilizará un argumento “A la Corina”. Además, intensificará el trabajo de sus infiltrados en grupos opositores y la manipulación mediática de tontos útiles, para seguir alimentando discordias, polarización y dispersión. Una táctica que le ha significado un éxito incuestionable.
Este marco estratégico tiene un dilema y un riesgo. Hasta ahora, uno de los pilares de la estrategia de la dictadura dinástica ha sido venderse como aliado y socio estratégico de Rusia, Irán y China. Con Rusia e Irán, tal vez pueda manejarlo. Pero ¿qué hará con los chinos?
La cantinela de aeropuertos, puertos, trenes mágicos, megaproyectos, zonas económicas especiales y demás cuentos chinos como recurso para enfrentar al imperio y ruta al desarrollo ¿En qué quedaría? ¿Qué pasará con los convenios firmados?
Haga lo que haga, la estrategia de los aliados estratégicos, las rutas, la franjas y demás están cayendo de cuajo.
En cuanto a los riesgos, el principal es que aparezca embadurnado en el juicio contra Nicolás Maduro.
El dictador en otros momentos menos amenazantes ha declarado que duerme con un ojo abierto. Pues bien, de ahora en adelante deberá estar las 24 horas en vigilia permanente. Y ya ni en su círculo de seguridad integrado por cubanos le dará reposo.
Paranoia y delirio de persecución elevados a su máxima expresión. Ortega suele decir que “duerme con un ojo abierto”. Hoy, ambos los tendrá abiertos de par en par. Lo que se aproxima para él es una mezcla de paranoia y sensación permanente de amenaza: el precio de su estrategia para resistir en medio de la borrasca.
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Economista y abogado nicaragüense. Aficionado a la historia. Bloguero y conductor de la plataforma de comunicación #VamosAlPunto
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