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Cartas del profesor José de la Cruz Pérez que son historia

Mis cartas a la presidenta, que Tito Castillo escribió a la presidenta Violeta Barrios de Chamorro con el seudónimo de profesor José de la Cruz Pérez

Violeta Barrios de Chamorro. Foto: La democracia de Pedro Joaquín y presidenta Violeta

Onofre Guevara López

28 de mayo 2024

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Advertir, percibir, prevenir es lo mismo que llamar la atención sobre algo. Utilizar estos tres sustantivos son de uso muy común, lo que no es común para todos, es utilizarlos con certeza sobre cosas que podrán ocurrir en el transcurso del tiempo. Los hechos o los acontecimientos políticos que ocurrirán en un futuro, más o menos inmediato no serán sorpresivos, porque alguien ya fue capaz de advertirlos, percibirlos o prevenirlos.

Es lo que hizo Ernesto (Tito) Castillo Martínez (1939-2019) en Mis cartas a la presidenta (2002), dirigidas a la señora presidenta Violeta Barrios de Chamorro (1991-1997), publicadas en El Nuevo Diario con el seudónimo del “Profesor José de la Cruz Pérez”. Quienes las hayan leído, habrán advertido la capacidad previsora de su autor con respecto a los hechos políticos ocurridos entre el 7 de febrero de 1992 y el 26 de mayo del 2000.


Aunque para esta última fecha doña Violeta ya no gobernaba, le siguió escribiendo y llamándola presidenta, pues nunca le escribió al sucesor, Arnoldo Alemán. Más bien, en el título de la carta del 3 de febrero de 1993, le dice: “A Arnoldo Alemán hay que acusarlo ante los tribunales de justicia… y después, cuando se le imponga el merecido auto de prisión, trasladarlo de la Alcaldía a la Modelo”.

Eran los tiempos de la robadera en la alcaldía de Managua. No haber aceptado estas sugerencias preventivas –tan sencillas como eran, pero complicadas en términos políticos— resultó en una corrupción sin precedentes en el Estado, pues Alemán no solo quedó impune por los abusos en la alcaldía, sino que llegó a la presidencia (1996-2002) dejando un saldo extraordinario de delitos económicos. Esto lo refleja Tito Castillo en una de las cartas: pasó… “De la Chinampa al Louvre, pasando por Tailandia”, y “Mañana (25 de marzo del 2000) llega a París (con) cincuenta y siete acompañantes que se darán una paseadita como si se tratara de ir a Pochomil (…) gastando como jeques petroleros.”

Es cierto que el presidente Enrique Bolaños lo llevó a la cárcel tardíamente, y de resultó peor la cura que la enfermedad, porque eso le permitió a Daniel Ortega negociar la cárcel por el pacto con Alemán, el cual lo llevó a la presidencia en el 2007.

II

Si aquello se hubiese limitado en el tiempo y a la cantidad de lo robado hasta entonces, ahora fuera una anécdota más en la historia, y algo que tuviera que lamentarse en el presente, pues el pacto Alemán-Ortega tuvo una continuidad de la corrupción compartida, que nos dejó como herencia una dictadura de más de quince años y…quién sabe por cuántos años más.

El contenido de las misivas a la presidente Barrios de Chamorro parecían señalar hechos casuales, pero eran parte de un largo proceso en hechos causales de la corrupción y una dictadura, que ahora amenaza convertirse en una dictadura dinástica.

Todos los sucesos semanales mencionados en cada una de las cartas dirigidas a la presidenta Barrios de Chamorro, fueron fieles a la verdad, además, escritas con ironía, lenguaje popular sin vulgaridades y, sobre todo, sin partidismo político, pero no políticamente neutro. El doctor Castillo Martínez, no omite los nombres propios de conocidos políticos y ministros que corrompían la administración pública, contrarios a la buena voluntad y a la honestidad de doña Violeta, libre de mañas políticas, pero, a la vez, “supo responder a su cargo”, dice Castillo.

El valor histórico de esas 95 cartas está intrínseco los hechos señalados, y porque las personas que los protagonizaron dejaron sus huellas –para bien o para mal— en el momento que les tocó actuar y en su proyección al futuro político que ahora es nuestro presente. No menos importantes son los señalamientos de hechos históricos casi desconocidos, olvidados u omitidos, como el hecho de que el general Stinson, delegado imperial en la traición bajo el Espino Negro (Tipitapa, 1927), culminó su carrera como ministro de la guerra en la administración Truman, ordenando dejar caer en Hiroshima la bomba atómica que dejó más de 300 mil muertos. (5 de agosto 1945, y la segunda bomba en Nagasaki, cuatro días después)

Este mismo Stimson fue quien dijo a Moncada para que se rindiera: Mi gobierno ha reconocido al presidente Díaz y los Estados Unidos de América no puede cometer error. De Moncada en adelante, las palabras de Stimson… se han quedado grabado para siempre en la mayoría de nuestros políticos.     

III

La carta del 20 de enero, es titulada: “Ésta es la número cien” (página 223) aunque es la número 58 en el libro, indicando que se excluyeron 34 cartas; pero de la página 223 hasta el final hay 34 cartas más, para sumar las 95 cartas. Se ignora cuántas fueron las cartas escritas y dirigidas a la presidenta Barrios de Chamorro por el doctor Tito Castillo

Es posible que ni la mitad de la generación actual haya tenido la edad ni la oportunidad de leer esas cartas y el libro, que recogen trozos de la historia política de nuestro país. Como se recuerda, a doña Violeta le correspondió encabezar el gobierno nacional en un momento crucial. Nada menos que en el tránsito pacífico en los días de una guerra caliente de una revolución –autoritaria por los mismos cambios que se propuso— y combatida desde interior y el exterior por fuerzas de derechas.

Los residuos de la violencia y las contradicciones socio políticas ayudaron a frustrar el período de la transición democrática, que se inició con doña Violeta, siguió Alemán arrasando junto al huracán Micht y terminó con Enrique Bolaños. Total, dieciséis años de 1991 a2007.

Imposible intentar siquiera hacer un extracto de las alusiones irónicas, ya no se diga de todas las cartas, sino de pocas cartas, porque, además, son alusiones continuas en los párrafos de cada carta. Sin embargo, vale la pena hacerlo siquiera con unas pocas. Las vamos a transcribir en cursivas, para no abusar de las comillas.

IV

En la primera carta, Tito Castillo se refiere al espinoso caso del aquel momento: la continuidad o la sustitución de Humberto Ortega, de la jefatura del Ejército, todavía Sandinista:

No solo usted se sorprendió (…) al saber 25 de febrero del 90 que asumiría la presidencia de este país, en circunstancias tan difíciles. Muy pocos creyeron que usted asumiría el cargo con entereza y juzgaron que sería fácil mangonearla. (…) La noche antes de la toma de posesión, el mismo Pablo Antonio (Cuadra) casi la induce a cometer lo que hubiera sido un gravísimo error (…) sustituir a general Humberto Ortega.

Y más adelante: Usted bien sabe que en cualquier momento puede destituir al general, y él también sabe, que el ejército puede desconocerla y derrocarla a usted sin dispar un solo tiro. Sensatez suya y del general ha sido encontrar una salida a los problemas de este país.  

Y, nombrándole a los politiqueros que la rodeaban, le agrega: Tampoco aquí nadie se equivoca pensando que la UNO es la que captó los votos. Los votos se los dieron a usted, como alternativa de paz.

En torno a la oposición oficial sandinista que pretendía gobernar “desde abajo” y los oportunistas ubicados en la UNO, el doctor Castillo le escribe a doña Violeta:

Su obligación es, señora presidenta, como dijo usted, recibir ese nacatamal que se le entregó en abril del 90. Habrá que sacarlo de la porra con sus propias manos, aunque el agua esté a punto de hervir, debe desamarrarlo con cuidado para que no se le deforme y, sobre todo, estar consciente de que de ese nacatamal tenemos que comer más de dos millones de nicaragüenses y que hay que tener mucho cuidado para que no sean unos pocos los que se lleven la carne y la masa y a los muchos solo les dejen las hojas.

En la última carta –26 de mayo del 2000— en el quinto año del gobierno de Arnoldo Alemán, le dice: Usted sabe, señora presidenta, que aquí estamos con politólogos, analistas, científicos sociales y hasta visionarios del futuro, y por lo menos para mí, ninguno de ellos nos ha podido dar respuesta, lógica y aceptable, del fenómeno político que ha resultado el gobernante actual.

Este gobernante se ha volado todas las trancas. (…) La democracia que se inició con usted, es la responsable de tener que soportar al gobernante actual. Pero me atrevería a pensar que esa incipiente democracia solo lo llevó a la alcaldía de Managua en el 90 por pura casualidad. En esas circunstancias pudo haber sido cualquiera, lo mismo daba Chana que Juana. Lo que estaba en juego era otra cosa.

¿Se imagina lo que hubiera pasado si hubiera sido este señor (Alemán) el que sucediera a Daniel Ortega? Porque en ese entonces no eran amigos ni comían en el mismo plato; su proceso de acercamiento ha sido muy particular. Bravuconadas primero; luego privó el pragmatismo de comé y comamos. Me refiero a ellos y sus protegidos, porque el nicaragüense común y corriente sigue entre la espada y la pared, y cada vez más pobre e inseguro.

Al margen de estas cuartillas

*Y se sabe cuánto tiempo y de cuántas cosas comieron juntos…

*Ya que mencionamos a Stinson y a los políticos que guardan en su mente sus palabras de que… Los Estados Unidos no pueden mentir, aquí tenemos una muestra de actualidad:

*”El uso del comercio como herramienta de coerción política por parte de China no solo afecta a Guatemala (…) sino una amenaza para la estabilidad y soberanía de las naciones (…) frente a las presiones imperialistas de Pequín”…

*Palabras de Félix Maradiaga, que no ha querido decirlas en sesenta años, pero ahora le cambió el nombre de “Guatemala” por Cuba, y “las presiones imperialistas de Pequín”… por las presiones imperialistas de Washington.

*Es que, ¿verdad, Félix? Estados Unidos… ¡tampoco ha podido bloquear a nadie!

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Onofre Guevara López

Onofre Guevara López

Fue líder sindical y periodista de oficio. Exmiembro del Partido Socialista Nicaragüense, y exdiputado ante la Asamblea Nacional. Escribió en los diarios Barricada y El Nuevo Diario. Autor de la columna de crítica satírica “Don Procopio y Doña Procopia”.

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