Daniel Ortega: “Aquí no volverá a haber elecciones”
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Cancelación de elecciones competitivas profundiza aislamiento del régimen, y pone en riesgo acuerdos comerciales con un modelo similar a China y Cuba
Daniel Ortega da su discurso en el acto oficial por los 47 años de la Revolución Sandinista, el 19 de julio de 2026, en la Plaza de la Fe, en Managua. // Foto: CCC
El anuncio del dictador Daniel Ortega de cancelar la celebración de procesos electorales en Nicaragua, generó una ola de rechazo por parte de líderes de la oposición nicaragüense, así como de la Secretaría General de la Organización de Estados Americanos (OEA). Los críticas coinciden en que la declaración hace que el régimen termine de quitarse la máscara, a la vez que advierten severas implicaciones políticas, de derechos humanos y económicas.
Ortega dijo, durante los actos por el 47 aniversario de la Revolución Popular Sandinista, que en Nicaragua no volvería a haber elecciones, alegando que el país jamás volvería a ser gobernado por un partido afín al somocismo, o dependiente de Estados Unidos.
Al respecto, el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Albert R. Ramdin, afirmó en una publicación en la red social X, que la declaración oficializa lo que las acciones del régimen venían demostrando en materia de abandono de la democracia. Eliminar las elecciones es la “negación definitiva del derecho soberano del pueblo a elegir su gobierno”, sintetizó.
Añadió que los comicios periódicos no son opcionales en el sistema interamericano, a la vez que alertó del riesgo de un efecto contagio. Al respecto detalló que la erosión institucional en un país “nunca es un asunto exclusivamente interno”, pues impacta la estabilidad, la gobernanza y los valores compartidos de todo el hemisferio.
“Los derechos democráticos del pueblo nicaragüense siguen siendo inalienables, y esta secretaría general continuará defendiéndolos”, prometió.
Tres líderes políticos se pronunciaron denunciando la concentración de poder que el proyecto de Ortega implica, así como la réplica del modelo de partido único al estilo chino.
El economista y líder opositor Juan Sebastián Chamorro sostuvo que Ortega busca emular el modelo político centralista de países como China, Corea del Norte y Cuba, sustituyendo el voto popular por elecciones internas dentro del partido sandinista para elegir únicamente a ciertos funcionarios.
Chamorro considera que el discurso demuestra que las demandas unificadas de la oposición y el respaldo de entidades como la OEA, la Unión Europea y Estados Unidos, le restan tranquilidad al régimen. “Nos menciona y, si lo hace, es porque le duele”, aseveró.
El también economista criticó el despliegue del acto oficialista, describiendo la marcha de jóvenes subordinados, policías, y el Ejército exhibiendo “armatostes viejos regalados por los rusos” y empleados públicos encuadrados en la plaza, como una “demostración del Partido Nazi”.
Por su parte, el politólogo y activista Félix Maradiaga, dijo en una nota de opinión publicada en Confidencial Digital, que Ortega enfrenta la contradicción de querer eliminar los comicios, pero necesita a los partidos “zancudos” para simular legalidad. Sostuvo que “la dictadura tiene miedo porque sabe que no es invencible”, y que esta retórica busca ocultar que el régimen no ha logrado neutralizar por completo a la oposición ni cuenta con respaldo popular.
El empresario Alfredo Gutiérrez, de Liberales por Nicaragua, denunció que el discurso colocó una “lápida sobre cualquier proceso electoral competitivo”, y lanzó una alarma por el llamado de Ortega a sus estructuras para que incrementen la vigilancia. A su criterio, esa orden anticipa un repunte de la persecución, cárcel, exilio y represión paramilitar.
Para Rodrigo, un líder liberal que pidió ser identificado solo con un seudónimo, el anuncio carece de sentido práctico dentro de la dinámica que ya ejercía el oficialismo. En primer lugar, por considerar que los ejercicios eleccionarios previos ya eran un “mamotreto”. El régimen ya operaba bajo un esquema “fraudulento y atropellador”, por lo que no había necesidad de ponerse en evidencia ante el mundo, declaró.
Erick, un empresario que sobrevive dentro del tinglado económico que se ha establecido en el país, considera que la decisión de Ortega “es el planteamiento de un hombre que sabe que tiene 80 años, y apuesta por dejar un legado a sus hijos y a su base fanática, para quedar como el que no se rindió. Como el hombre que murió en el poder, y al que los yanquis no pudieron botar”.
“Un hombre que no está pensando a largo plazo. Su horizonte es el tiempo que le queda de vida. Él quiere convertirse en un prócer de la revolución. El hombre que fue capaz de sobrevivir al asedio yanqui, el que no se rindió”, y dejarle esa estafeta a su familia.
Rodrigo, el líder liberal, opina que el anuncio puede traer serias consecuencias sobre la economía nacional, al socavar lo que está escrito en los acuerdos con Estados Unidos y con la Unión Europea.
La postura del régimen “expone a Nicaragua a sanciones y revisiones severas por parte de la administración del presidente estadounidense Donald Trump, poniendo en riesgo el Tratado de Libre Comercio (DR-CAFTA, por sus siglas en inglés). También el Acuerdo de Asociación con la Unión Europea, si se deciden a aplicar la cláusula democrática.
Esta medida es “un atentado contra la economía”, que tiene todo el potencial para afectar la inversión extranjera directa, alertó.
“Las consecuencias económicas no le importan a Ortega. Su prioridad es el poder”, concluyó Erick.
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Periodista nicaragüense, exiliado en Costa Rica. Durante más de veinte años se ha desempeñado en CONFIDENCIAL como periodista de Economía. Antes trabajó en el semanario La Crónica, el diario La Prensa y El Nuevo Diario. Además, ha publicado en el Diario de Hoy, de El Salvador. Ha ganado en dos ocasiones el Premio a la Excelencia en Periodismo Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, en Nicaragua.
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