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Miedo a salir y no volver a Nicaragua: La angustia de quienes temen un exilio forzado

Al viajar fuera de Nicaragua, muchos enfrentan el temor de no poder regresar y sufrir un exilio forzado. Tres nicas cuentan su historia

Miedo a salir y no volver a Nicaragua

Nicaragua ha sido convertida en una cárcel para muchos nicaragüenses, que al mismo tiempo temen salir y verse en un exilio forzado. // Ilustración: CONFIDENCIAL

Iván Olivares

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¿Viajar fuera del país o no viajar? Es el dilema de muchos nicaragüenses que temen que no los dejen volver a Nicaragua si viajan al extranjero. El temor al exilio forzado, e incluso a perder sus propiedades —y hasta sus cuentas bancarias o pensiones de jubilación— frena las intenciones de viaje, o simplemente aumenta la ansiedad entre quienes deciden, o necesitan, hacerlo.

Josué, un empleado de una entidad financiera regional; Orlando, un mercadólogo que teletrabaja para una empresa internacional y Estela, una madre que lleva casi tres años sin poder visitar a su hija exiliada cuentan a CONFIDENCIAL su temor a viajar, y que no los dejen volver a Nicaragua.

Hasta principios de 2024, la prohibición de ingreso a Nicaragua parecía una orden que solo se aplicaba en contra de ciudadanos señalados de “opositores”, lo fueran o no. Pero, con el paso de los meses, la orden de rechazar a los nicaragüenses que trataban de regresar al país, se ha ampliado para afectar no solo a quienes adversan a la dictadura, sino también a cualquier ciudadano de forma indiscriminada.

Vivir con el miedo a no volver a Nicaragua

“Si te ponen en su lista roja te dejan sin patria. Te quitan los bienes. Te confiscan. Ese es el terror que hay. Hay una zozobra terrible en el país”, comentó a CONFIDENCIAL el administrador de una empresa del sector alimentario, aunque las confiscaciones ilegales están dirigidas contra personas que han sido condenadas por presuntos delitos políticos, y contra asociaciones que han sido canceladas. 

“Es una forma de represión para que las personas que, según ellos, hacemos ruido en el país, nos vayamos poco a poco y simplemente no queramos volver a Nicaragua por el miedo que ellos mismos han generado”, dijo un ciudadano capitalino que pidió ser identificado como Eduardo.

Otros nicaragüenses, que accedieron a narrar sus experiencias desde el anonimato, explican cómo el temor a viajar, les impide cumplir metas laborales, o necesidades tan básicas como visitar a una hija en el extranjero.

“Yo tengo miedo de viajar y que no me dejen volver a Nicaragua, porque no podría seguir cuidando a mi abuelita”, dice Orlando, quien habita en un municipio cercano a Managua.

Cobran miles de dólares para evitar exilio forzado

Dos nicaragüenses que conocen el temor de viajar y no poder volver a Nicaragua también revelaron la existencia de un esquema extorsivo por medio del cual, a los viajeros de mayor nivel adquisitivo, les cobran una coima de varios miles de dólares para permitirles el reingreso.

“Tengo un amigo al que le cobraron 5000 dólares para dejarlo regresar al país, y no tuvo más opción que pagarlos”, refirió Adolfo, un empresario nicaragüense que vive en el extranjero desde hace décadas.

“Conozco el caso de alguien a quien le cobraron 60 000 dólares. Conozco casos de 25 000, de 10 000, de 5000. Según tu poder económico, así te tasan. Es como un impuesto. Si este viajero vale un millón, cobrale 50 000; este tiene medio millón, pedile 25 000. Este tiene menos dinero, pues cobrale menos, pero que pague, con la amenaza de que si denuncian, los echan presos, los confiscan y los sacan de vuelta”, describió el administrador.

En abril de 2025, el diario La Prensa reveló que el régimen cobra para dejar volver a Nicaragua a quienes les niega la entrada. En junio, el medio Divergentes precisó que la dictadura cobra, como mínimo, 6000 dólares por ciudadano.


Estela: más de dos años sin ver a su hija

Madre y ama de casa, lleva más de dos años sin ver a su hija exiliada. Teme salir y que no le permitan volver o la persigan políticamente

Madre y ama de casa lleva más de dos años sin ver a su hija exiliada

Estela es una ama de casa que tiene más de dos años de no ver a una hija que salió de Nicaragua a mediados de 2022, para evadir la orden de captura que se emitió en su contra, al ser acusada de supuesto “terrorismo”. Desde entonces, el contacto entre ambas mujeres es por teléfono, cuidándose de no decir más de lo necesario.

Si tienen miedo quienes han logrado acumular suficiente dinero como para ser víctimas de una extorsión valorada en miles de dólares, también lo tienen otras personas de ingresos medios. Y hasta los que tienen poco, como Estela.

El dilema para Estela es si intenta visitar a su hija siguiendo los trámites de ley, o si sigue el mismo camino que su hija, y trata de entrar de forma irregular a territorio costarricense. Ambas vías tienen costos difíciles de asumir, porque viajar legalmente implica pedir un pasaporte que le podrían negar después de haberlo pagado. También, porque eso la pondría nuevamente en la mira del régimen. Tanto a ella, como a su otro hijo, un exagente que no quiso regresar a la fuerza policial para evitar reprimir a los nicaragüenses.

El temor de Estela es que los dejen salir del país, y que los rechacen al querer volver a Nicaragua, lo que implicaría perder su vida tal como la ha hecho, y la casita que logró levantar en un municipio norteño, con el apoyo de ambos hijos. Salir por vías irregulares no es, definitivamente, una opción, porque el deterioro físico que le llegó aparejado con la edad, le impide intentar, siquiera, tratar de entrar a territorio costarricense por veredas.


Orlando tiene miedo, pero viajará

Es mercadólogo y trabaja desde casa. A pesar de su buena posición económica teme viajar y perderlo todo, pero tampoco quiere sentirse en una jaula

Trabaja desde casa y teme viajar y perderlo todo
Hay quienes deciden tomar el riesgo de salir, pese al temor. El duelo de no poder volver se vuelve constante. // Ilustración: CONFIDENCIAL

Orlando trabaja desde casa, haciendo mercadeo para una empresa internacional. La buena paga que recibe, y sus hábitos de ahorro, le permitieron construir su casa en una frondosa propiedad familiar en un municipio cercano a Managua. Por eso duda si salir del país, porque no quiere perder el contacto con su abuela, la cercanía de sus cachorros, la casa misma, o los ahorros que ha podido acumular.

Desde hace más de un año, Orlando tiene planes de viajar, pero se ha abstenido de hacerlo. “No sé si al volver a Nicaragua me van a prohibir la entrada. Antes, viajaba con frecuencia, pero he dejado de hacerlo. Tengo muchos familiares que tampoco viajan porque tienen miedo de que no los dejen volver, que les roben sus propiedades, y el dinero que tienen en el banco”, relata.

A pesar del temor, Orlando se rebela a vivir como si Nicaragua fuera una jaula, concluyendo que “a veces toca arriesgarse”.

“Todavía sigo pensando si voy a viajar próximamente, pero no quiero estar bajo esa paranoia de qué pasará o qué no pasará”, comenta. Por eso, como está decidido a viajar —a El Salvador, o Guatemala; a Brasil o Argentina— se está preparando para la opción del destierro, alistando la documentación necesaria para dejar sus propiedades a alguien de su confianza.

Orlando explica que el origen de su temor está relacionado más con su familia, que con sus propias acciones. “Apoyé las protestas, y no estoy a favor del sistema actual que tiene el Gobierno, pero aunque yo personalmente no tuve tanta exposición, sí la han tenido otros familiares, y tengo parientes a los que no han dejado entrar al país por eso mismo”, detalla.


Josué, la tecnología como salvavidas profesional

Durante varios años ha trabajado en una entidad financiera regional y solía viajar con frecuencia. Dejó de hacerlo por temor a ser desterrado

Dejó de viajar por temor a ser desterrado
Nicaragüenses que acostumbraban viajar con frecuencia por motivos de trabajo, han buscado formas de evitarlo, para no arriesgarse a una prohibición de reingreso. // Ilustración: CONFIDENCIAL

Josué es un profesional que trabaja para una entidad financiera en la que desempeña un cargo que requiere efectuar varios viajes al año para representar los intereses de la empresa. Hasta 2024, debía cubrir varios destinos regionales, con los gastos pagados, para generar reportes que mostraran los avances internacionales del negocio. Pero ya no.

Desde finales de 2024, Josué se ha negado a viajar, temeroso de una expulsión en frontera, si los empleados del régimen encuentran sus viejos comentarios en redes sociales. Los mismos que posteó al calor de la Rebelión de Abril de 2018. Quedarse fuera del país implica no solo separarse de su esposa e hijos, sino también del resto de la familia.

Desde el punto de vista económico, dice que no cree que se atrevan a confiscar su hogar, o su auto, pero no lo descarta. El problema vendría de la necesidad de sostener una casa en el país donde se trasladara a vivir, y otra en Nicaragua, incluso en el caso que la empresa le mantuviera el empleo, como ya ha sucedido con otros funcionarios que se vieron en situación de exilio forzado.

Para su fortuna, cuando comunicó sus temores a los directivos de la empresa encontró la comprensión que necesitaba; muy probablemente, porque el miedo de no volver a Nicaragua es compartido.

También su suerte es que la tecnología le permite realizar su trabajo a distancia, “mientras se disipa ese riesgo, cosa que eventualmente tendrá que suceder”, confía.“De momento —relata— en la empresa no han presionado a nadie para viajar”. Visto a posteriori, se da cuenta que la pandemia sirvió como un experimento para demostrar que su trabajo se puede hacer a distancia, sin perder calidad.

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Iván Olivares

Iván Olivares

Periodista nicaragüense, exiliado en Costa Rica. Durante más de veinte años se ha desempeñado en CONFIDENCIAL como periodista de Economía. Antes trabajó en el semanario La Crónica, el diario La Prensa y El Nuevo Diario. Además, ha publicado en el Diario de Hoy, de El Salvador. Ha ganado en dos ocasiones el Premio a la Excelencia en Periodismo Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, en Nicaragua.

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