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El pronóstico económico de 2024 será “más de lo mismo” o “un poco menos” que 2023

8000 millones de dólares recibidos en remesas entre 2022 y 2023, no compensan la pérdida de capital humano en Nicaragua

Remesas en la economía de Nicaragua

5 de enero 2024

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El crecimiento desmesurado de las remesas, el cierre del Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep) y sus cámaras; el quiebre de Mercon (CISA, en Nicaragua), y la resiliencia que mostraron empresarios y consumidores, destacan como los hechos más importantes de 2023, según cuatro empresarios y economistas entrevistados por CONFIDENCIAL. La opinión general sobre 2024, es que en gran medida, será más de lo mismo… o un poco menos.

Con este pronóstico económico para 2024, coincide hasta el mismo presidente del Consejo Directivo del Banco Central de Nicaragua (BCN), Ovidio Reyes, quien declaró a un medio oficialista que esa entidad estaba proyectando que “el crecimiento económico de 2023 se ubique en un rango de entre 4.0% y 5.0% y que en 2024 se ubique en un rango de entre 3.5% y 4.5%”.


“Ningún dato estadístico de la dictadura es creíble, porque todo pasa por un filtro político”, asevera el economista Juan Sebastián Chamorro, exviceministro de Hacienda. “La cifra precisa no es creíble, como nada es creíble de lo que dice la dictadura que tiende a inflar los datos hacia arriba cuando le conviene, o hacia abajo cuando no les conviene”, especifica.

El impacto de la migración y las remesas en Nicaragua

Si se cumple la previsión de Reyes, eso solo confirmará el éxito de la política de incentivar (o simplemente, permitir), la migración de los ciudadanos para reducir el ejército de desempleados y la cantidad de descontentos, a la vez que crece el número de quienes envían remesas al país.

“Las remesas familiares acumuladas a octubre se ubicaron en 3844.4 millones de dólares, creciendo en 49.1% interanual”, declaró Reyes. Si se mantiene ese ritmo de crecimiento, el envío de los ahorros de los nicaragüenses en el exterior podría cerrar el año en 4808.4 millones de dólares, después de cerrar 2022 con 3224.9 millones de dólares.

Aunque se reconoce el efecto positivo de esa inmensa masa de recursos entrando a la economía nacional –en especial, para dinamizar el consumo– también destaca el hecho que las otras fuentes de divisas no aumentaron demasiado: si al cierre de octubre de 2022, las exportaciones totales de Nicaragua eran de 6595.2 millones de dólares (15.4% más que a octubre de 2021), al 31 de octubre de 2023 había decaído 2.1%, para acumular 6456.8 millones.

Inversión extranjera sin efecto derrama

A los ingresos por inversión extranjera directa (IED), no le está yendo necesariamente mejor. Datos presentados en el informe de Evolución de la Inversión Extranjera Directa en Nicaragua al primer semestre de 2023, elaborado por el Banco Central, muestran que, entre enero y junio, los ingresos brutos de inversión extranjera ascendieron a 1447.0 millones de dólares, lo que superó en 28.9% al monto registrado en igual período de 2022, que fue de 1122.9 millones.

La historia es distinta cuando lo que se mide es el flujo neto de IED: si en el primer semestre de 2022 fue de 898.6 millones de dólares, en el primer semestre de 2023 disminuyó en 30.7 millones (3.4%), para cerrar en 867.9 millones de dólares. La caída es más pronunciada al medirla como porcentaje del PIB: si la IED de los primeros seis meses del año pasado equivalían al 11.9% del producto, el neto captado en ese mismo período de este año solo alcanza a equivaler al 10.4% del PIB.

“La inversión extranjera que sí hay, no tiene un efecto derrama. Está muy concentrada: una planta de gas en Puerto Sandino, o inversiones en oro, pero la base económica real de Nicaragua es la agricultura, la ganadería, la industria, los servicios, el comercio. En un país normal, con la inversión en carreteras, en electrificación, en puertos, debería haber filas de inversionistas nacionales y extranjeros invirtiendo en todos los sectores económicos, y no ocurre”, dijo un industrial que conversó con CONFIDENCIAL solicitando el anonimato.

Añadió que “la causa es política, es de confianza. La inversión que predomina es la del Estado, pero está basada en deuda, no en ahorro interno, y eso va a generar a corto plazo, que el rubro más alto del Presupuesto General de la República no sea educación, ni salud, ni inversiones en carreteras, sino el servicio de la deuda, y eso nos va a llevar a una crisis fiscal”.

2023 y el aporte extraordinario de las remesas

Cuando el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo mostró su decisión de permanecer en el poder a sangre y fuego reprimiendo a balazos a los ciudadanos que exigían el fin de ese Gobierno y el amanecer de una nueva oportunidad de elegir en libertad y vivir en democracia, fue cuando las oficinas de Migración se vieron desbordadas de personas que entendieron que su futuro estaba más allá de las fronteras.

Si el éxodo comenzó a medirse en término de miles de personas, el fenómeno fue escalando de forma sostenida hasta llegar a decenas de miles y a centenas de miles, mientras en paralelo crecían los montos captados en concepto de remesas, que sumaron 1390.8 millones de dólares en 2017, y saltaron hasta 1501.2 millones en 2018, y a 1682.4 millones en 2019.

Luego, mientras se profundizaba la recesión que vivía el país desde octubre de 2018, y se convertía en depresión económica al amanecer de 2020, los montos recibidos en concepto de remesas siguieron creciendo: 1851.4 millones de dólares en el año de la pandemia; 2146.9 en 2021; 3224.9 en 2022, y 3844.4 millones a octubre de 2023, que podrían superar los 4800 millones en el acumulado del año.

“Lo más destacable de la economía nicaragüense en 2023 fue el aporte extraordinario que nuestros compatriotas le han dado al país y a sus familias, saliendo a buscar su sobrevivencia al extranjero amarrándose los pantalones y aguantando enormes limitaciones, aportando así alrededor del 30% del producto interno bruto con sus remesas”, señaló el industrial.

Un economista que también prefirió mantener su nombre en reserva, explicó que no es lógico esperar que las remesas mantengan ese ritmo de crecimiento y esa alta participación en el PIB, “por una condición natural del ser humano”, en referencia a que después de un tiempo, es normal que disminuyan los flujos de remesas en la medida en que los migrantes se asientan en el país de destino y adquieren obligaciones; o cuando sus seres queridos crecen (o migran), lo que disminuye la disponibilidad y la necesidad de enviar remesas.

Remesas para comer, no para crecer

De forma adicional, Chamorro alertó del doble error que implica anclar el crecimiento de la economía a la llegada creciente de divisas en concepto de remesas. Primero, porque el flujo de migrantes tiende a decrecer y segundo, porque a mediano plazo es más lo que pierde el país en concepto de capital humano, que lo que recibe en concepto de capital contante y sonante.

Cualquiera que sea el verdadero crecimiento que vaya a tener Nicaragua en este y en el próximo año, Chamorro advierte que el mismo no sería sostenible, porque “la teoría económica ha fundamentado desde hace décadas, que el crecimiento sostenible lo genera el crecimiento del capital en sus diferentes formas: capital físico y capital humano, y no estamos viendo ninguna de las dos cosas en Nicaragua: el capital humano se está yendo del país, producto de un sentimiento de desesperanza, y las inversiones son cada vez más escasas”.

El industrial señaló que las remesas permiten que las familias sobrevivan y que la economía no se hunda, pero también “genera un espejismo que el Gobierno pretende manipular proyectándolo como un éxito, cuando es un fracaso, porque la sociedad ve perder a su fuerza juvenil, que no ve futuro en su patria, y que tiene que buscar alternativas de sobrevivencia afuera para mantener a su familia”.

Si bien 8000 millones de dólares en remesas captadas entre 2022 y 2023 contribuyen a que la economía funcione, “esa no es una solución estructural y estratégica de los retos del país, porque se usan para consumo y no hay inversión”. Esos 300 o 400 dólares que envían los remesantes son “aportes de hormiguita; dinero que se va en comida, en pago de servicios públicos, en salud o educación. Ese circulante contribuye a que la economía no se hunda, pero no genera los niveles de crecimiento económico que el país necesita”, mostró.

Chamorro consideró que la aplicación de una política de expulsión de ciudadanos muestra “la crueldad de la dictadura, que fomenta esa salida para que luego envíen recursos y la economía pueda estar medio a flote, y digo medio porque el crecimiento que observamos se basa en el consumo proveniente en gran medida de las remesas, pero el crecimiento verdadero en economía, no se genera a través de la expulsión de capital humano, sino precisamente lo contrario: del fortalecimiento del capital humano”.

Resiliencia para sobrevivir

Otro de los hitos económicos de 2023 es, en opinión de un antiguo líder gremial, “la desaparición del Cosep y sus cámaras, porque un factor fundamental de la economía es que los gremios puedan organizarse para promover políticas que favorezcan el desarrollo empresarial, o para defenderse de las decisiones que pudieran afectarlas”.

Desde que la dictadura canceló la personería jurídica de la organización empresarial, junto a otras 18 cámaras, tanto los productores como los empresarios de todos los rubros afectados, perdieron la línea directa que tenían con las autoridades nominales de su sector, mientras que el Gobierno perdió el acceso a información privilegiada, útil para prevenir (o reaccionar ante) los problemas que pudieran surgir, así como para indagar en el cumplimiento de los planes anuales de producción agropecuaria.

El economista citado anteriormente, destacó la resiliencia que mostraron los consumidores “sobre todo por el aspecto inflacionario”, y los empresarios para “sobrevivir a las adversidades en término de ambiente de negocios, que sigue siendo complejo”, en referencia, entre otros, a los riesgos que enfrentan, así como a “la alta presión tributaria y procedimental en general”, en referencia a los numerosos trámites que deben cumplir.

Con base en lo vivido en 2023, los economistas y empresarios consultados vaticinan que 2024 no será tan distinto. El antiguo líder gremial destaca que como los comerciantes chinos operan con sus propias reglas, en determinado momento los comerciantes nicas no podrán competir con ellos.

“2024 será igual que 2023, con el agravado de las especulaciones en cuanto a lo que va a pasar con las propiedades, además que no veo rubros que tengan mucho crecimiento: hay riesgos para la exportación de oro, por las sanciones estadounidenses en contra de esa industria; el cierre de CISA sumará dificultades a la exportación de café, y el sector de la construcción está tímido: nadie quiere invertir porque los bancos no quieren financiar”, enlistó.

Juan Sebastián Chamorro vaticina que todavía se verá un crecimiento del consumo, aunque tal vez un poco desacelerado, mientras que en el largo plazo, Nicaragua será un país que perdió a centenares de miles de profesionales, de personas aptas para trabajar, que ahora están buscando trabajo en otras economías, particularmente en Estados Unidos”.

El industrial opina que no habrá cambios, “porque la causa fundamental de nuestro estancamiento económico es la falta de confianza que hay con el país, y el aislamiento político al que nos han sometido nuestros socios tradicionales. El problema de Nicaragua es político, no macroeconómico. Aquí no hay más inversión extranjera directa porque no hay confianza en Nicaragua, al punto que los capitales nicaragüense prefieren reinvertir sus utilidades en otros países, pero no en el propio”.

Recordó que el país tuvo que sustituir el financiamiento que conseguía con el BID y con el Banco Mundial a tasas preferenciales del 1% y el 2%, con tasas del 6.5% anual del BCIE, y cómo se le está dando la espalda a la cooperación de Estados Unidos y Europa Occidental, que no ha sido sustituida por Cuba. Ni siquiera han podido sustituir la cooperación taiwanesa, mientras que lo que dan China y Rusia son préstamos. Los chinos no te regalan nada”, reiteró.


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Iván Olivares

Periodista nicaragüense, exiliado en Costa Rica. Durante más de veinte años se ha desempeñado en CONFIDENCIAL como periodista de Economía. Antes trabajó en el semanario La Crónica, el diario La Prensa y El Nuevo Diario. Además, ha publicado en el Diario de Hoy, de El Salvador. Ha ganado en dos ocasiones el Premio a la Excelencia en Periodismo Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, en Nicaragua.

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