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Cuidar a la Tierra como a una niña recién nacida

La Tierra es una maravilla única en el universo y su gente somos un desastre

La Tierra límites

La Tierra, nuestro planeta, vista desde el espacio. (Imagen gráfica virtual). M. Gann/blickwinkel/McPHOTO/picture alliance

Guillermo Cortés Domínguez

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Muchísimas evidencias científicas apuntan a que el planeta Tierra, y los seres humanos, somos una insólita casualidad en el universo, producto de una casi irrepetible seguidilla increíble de causalidades positivas, afirmación que pudiera parecer prepotente, pero ahora que sabemos más del cosmos, tenemos conciencia de que este es un lugar híper violento, donde la mayoría de los planetas están casi a merced de la voracidad de las galaxias, de los soles, de las estrellas enanas, de agujeros negros, de rayos gamma, y de múltiples eventos astrofísicos como la explosión de una estrella masiva al final de su ciclo de vida (súper nova).

Sin embargo, siendo una singularidad tan asombrosamente especial y excepcional en la nebulosa de Orión, espiral de la Vía Láctea, en nuestro maravilloso planeta no nos comportamos en correspondencia con semejante fenómeno cósmico, por ignorancia, o por cierta naturaleza humana autodestructiva, lo cual es un contrasentido gigantesco y absurdo, una estupidez del tamaño creciente del universo. No solo estamos destruyendo nuestro paraíso, sino que nos damos una mala vida con las guerras, inmigraciones masivas forzadas, genocidios, narcotráfico, dictaduras, criminalidad, hambrunas, etcétera.

En el cosmos —contrario a la situación de aquí adentro—, la Tierra ha tenido el muy raro privilegio de vivir en paz durante casi toda su existencia, pese a la alta frecuencia con que ocurren eventos cataclísmicos (que impactan con violencia inaudita a muchos años luz
alrededor) en el universo, y en particular en la Vía Láctea, donde han ocurrido numerosas explosiones de supernovas, como la que originó la Nebulosa del Cangrejo, hace unos mil años.

La Vía Láctea también ha absorbido varias galaxias enanas, y está previsto que colisione con la galaxia de Andrómeda en unos 4.5 mil millones de años. Otro evento cataclísmico es la formación de agujeros negros, por el colapso de estrellas masivas o por la fusión de agujeros negros más pequeños. La Vía Láctea alberga un agujero negro supermasivo en su centro, conocido como Sagitario A*, que tiene una masa de unos 4 millones de veces la del Sol.

La Vía Láctea también ha experimentado explosiones de rayos gamma, que son de las más poderosas del universo, y pueden ocurrir cuando una estrella masiva colapsa en un agujero negro, o durante la fusión de estrellas de neutrones. Aunque se estima que están a miles de años luz de distancia, si una explosión de rayos gamma ocurriera lo suficientemente “cerca”, podría tener efectos devastadores en la vida en la Tierra.

La Tierra ha escapado a toda esta violencia brutal, gracias a su ubicación en la Vía Láctea, ya que se encuentra lejos del centro, a 27 mil años luz, entre el centro de la galaxia, y de su borde exterior, sitio que ha resultado un lugar excepcionalmente apacible durante millones de años, lo que permitió el tiempo suficiente para que surgieran las bacterias y se desarrollara la vida. Los únicos inconvenientes han sido el terrible impacto en el inicio de nuestro planeta, que formó la Luna, y el asteroide que hace 66 millones de años chocó en el Golfo de México, y tuvo consecuencias planetarias, extinguiendo a los dinosaurios.

La constante ocurrencia de fenómenos súper destructivos que desbaratan galaxias enteras, planetas y soles, que los convierten en gigantescas nubes de polvo y gas de miles de años luz de extensión, o que los sacan de su ancla gravitacional y los mandan a vagar por el cosmos, donde pueden impactar con otros cuerpos celestes, vuelve no factible el pensamiento supuestamente lógico de que siendo tantos los astros en el universo, no puede ser la Tierra la única con seres vivos. Caen hechos pedazos los cálculos estadísticos y las leyes de las probabilidades.

Solo la Vía Láctea alberga unos 400 mil millones de estrellas, y 500 mil millones de planetas. Ante estas cifras colosales, surge con fuerza la hipótesis de que no podemos estar solos. Sin embargo, el número de astros potencialmente habitables se reduce notablemente debido a la violencia destructiva que prevalece en el universo. Los científicos ya han establecido ciertas “zonas de paz” donde podría ser posible la vida.

No obstante, hay más peligros: la Tierra también es demasiado afortunada porque está en un sistema planetario modelo, donde todas las esferas siguen trayectorias estables y predecibles alrededor del Sol. Un equilibrio entre la fuerza gravitacional de este, y la inercia de los planetas, crea un sistema relativamente invariable. En la Vía Láctea el 70% de las estrellas son enanas rojas, un peligro para los astros, sin embargo, no hay estas amenazas en el brazo de Orión.

La distancia entre los planetas y sus respectivas estrellas también es fundamental, y la Tierra se encuentra en una posición muy conveniente respecto al Sol, pues no nos achicharra, y más bien nos beneficiamos de su calor, sin el cual no habría vida; y cuenta con una Luna protectora que contribuye a estabilizar el eje de rotación, lo que permite un buen el clima. La gravedad de nuestro satélite es responsable de las mareas en los océanos, las que son importantes para muchos ecosistemas marinos, la navegación y la pesca.

La Luna se constituyó hace unos 4.5 mil millones de años, poco después de la formación del sistema solar, tras una colisión gigante con la Tierra de un cuerpo del tamaño de Marte. Una gran cantidad de material de la corteza y el manto terrestre fue expulsado al espacio, el cual, con el tiempo, se fue juntando y formó el satélite.

Además, en nuestro sistema solar está el gigante gaseoso Júpiter, que es tan grande, que podría albergar mil 300 planetas como el nuestro, y que funciona como un guardaespaldas de la Tierra, ya que durante millones de años en su superficie han chocado una gran cantidad de asteroides y cometas atraídos por su enorme gravedad que, de otro modo, podrían haber colisionado con la Tierra.

Las estrellas de neutrones llamadas púlsares se forman a partir de la explosión de supernovas, y si un planeta se acerca demasiado, podría ser afectado por su intensa gravedad y radiación, igual ocurriría con los cuásares, que contienen agujeros negros en su centro. Adicionalmente, las galaxias y las supernovas generan interacciones gravitacionales y procesos que pueden llevar a la fusión o destrucción de astros.

El universo tiene unos 13.8 mil millones de años, la edad de la Tierra es de 4.5 mil millones, y los seres humanos nos originamos hace unos 300 mil. Si consideramos a los ancestros, los homínidos han estado en este planeta desde hace 6 a 7 millones de años. Tanto tiempo ha transcurrido, y aun no es evidente que haya otras formas de vida inteligente, quizás porque el cosmos es de una violencia tan inaudita, en una escala tan inmensa, que escapa a nuestra imaginación, que la vida solo puede ser posible como una excepción.

Díganme, por favor, si no son razones suficientes para cuidar a la Tierra como a una niña recién nacida.

(Con datos tomados en Google, de fuentes especializadas).

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Guillermo Cortés Domínguez

Guillermo Cortés Domínguez

Periodista nicaragüense. Escribió prensa clandestina y fue redactor y editor del diario Barricada. Coautor de "Corresponsales de Guerra". Fundador y director de la revista Medios y Mensajes y la editorial Editarte. Ganó el Premio Latinoamericano de Periodismo José Martí, de la agencia de noticias Prensa Latina S.A. Además, es autor de "Huérfanas de Guerra" y "El oráculo de la emperatriz", entre otros libros.

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