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Monaldi: EE. UU. controla economía petrolera de Venezuela, pero son improbables grandes inversiones

No basta con ley de Delcy Rodríguez: inversiones de largo plazo demandan estabilidad con EE.UU, un marco institucional, consenso político y democracia

Fotografía de archivo de plataformas petroleras en el lago de Maracaibo (Venezuela). EFE/ Henry Chirinos

Carlos F. Chamorro

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Un mes después de la intervención militar de Estados Unidos que provocó la captura del dictador Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, ahora sometidos a un proceso judicial en Nueva York por narcotráfico, el Gobierno de Estados Unidos mantiene un control total de las exportaciones de petróleo de Venezuela y está diseñando el futuro de la economía petrolera, a través del gobierno de Delcy Rodríguez y de inversionistas extranjeros, principalmente empresas norteamericanas.

El control de las exportaciones y la reinyección de los fondos en Venezuela por disposición de Estados Unidos ya ha tenido un efecto positivo en la economía venezolana, al estabilizar el precio del dólar y disminuir las presiones inflacionarias. Y aunque el presidente Trump ha brindado distintas opiniones sobre cuál será el destino de los fondos que se manejan desde una cuenta en Catar, “por ahora hay total pragmatismo, ese dinero está fluyendo hacia Venezuela y además con un descuento mucho menor que en el mercado negro”, explica el economista venezolano Francisco Monaldi, y “va a haber una recuperación de la economía venezolana solo por ese hecho, pero está por verse si eso va a llevar a mayor inversión y a mayor producción de petróleo”.

En una entrevista en el programa Esta Semana, que se transmite en el canal de YouTube de CONFIDENCIAL, debido a la censura televisiva de Nicaragua, Monaldi advirtió que para lograr la recuperación de la economía petrolera se necesitan grandes inversiones de largo plazo, por unos 100 mil millones de dólares, que a su vez “requieren una relación estable con Estados Unidos, un nuevo marco institucional creíble de largo plazo, y un consenso político, derivado de la transición democrática, que de una certeza de largo plazo”.

El experto en políticas de energía, director del Centro Baker, de la Universidad de Rice, en Houston, destacó que no es suficiente con las promesas de Donald Trump a los inversionistas, “ni con lo que está haciendo (la presidenta interina) Delcy Rodríguez al reformar la ley de hidrocarburos, al incorporar en la ley lo que ya estaban haciendo de facto al otorgar concesiones a algunas empresas”, desmontando el modelo petrolero estatal de Hugo Chávez.

Si no se crean condiciones para grandes inversiones de largo plazo y una recuperación sostenible de la economía de Venezuela, “la pregunta es si Delcy Rodríguez será capaz de tomar el crédito por cierta mejora que va a haber en la economía, y si esto le termina sirviendo para mantenerse en el poder con un poco más de autonomía”, advirtió Monaldi.

A un mes de la intervención militar de Estados Unidos en Venezuela que capturó al dictador Nicolás Maduro, ¿cómo funciona hoy la economía petrolera bajo el tutelaje de la administración Trump?

Es un cambio de 180 grados. Venezuela en el mes de noviembre estaba exportando 80% de su producción a China al mercado negro, alrededor de un 15% a los Estados Unidos a través de una licencia que tenía Chevron, y el resto, un 4% estaba yendo a Cuba.

Con el cambio de gobierno, aunque obviamente dentro del mismo chavismo, se ven obligados a aceptar las condiciones de Estados Unidos que está mercadeando todo el petróleo de Venezuela. Chevron sigue exportando y ahora va a exportar un poco más, pero el resto lo va a exportar a Estados Unidos a través de unas compañías de trading y ese dinero va a ser depositado en el Banco Nacional de Catar y Estados Unidos va a decidir cuánto regresa a Venezuela o qué otros usos se le dan por ahora a 500 millones de dólares, que es lo primero. El primer dinero que entró se envió a bancos venezolanos y lo cambiaron en el sistema bancario venezolano para que los importadores venezolanos pudieran acceder al dólar. Y eso ha llevado a que el Bolívar se aprecie un poco y haya menos escasez de dólares, como había antes, es un cambio absolutamente radical.

Ese control que está ejerciendo Estados Unidos sobre los ingresos petroleros de Venezuela a través de esta cuenta en Quatar. guardando las distancias, recuerda las intervenciones en el siglo pasado de Estados Unidos en Centroamérica, cuando controlaba los ingresos de las aduanas o de los ferrocarriles en países como Nicaragua. ¿Este es un esquema viable? ¿Qué tipo de consecuencias puede provocar y qué impacto tiene en la economía a corto plazo?

Empezando por el impacto, dependerá mucho de cómo se utilice el dinero, el presidente Trump ha dicho cosas totalmente diferentes en diversos momentos. Ha dicho que Estados Unidos se va a quedar con una parte del ingreso de esas exportaciones, ha dicho que Venezuela debe solo importar de los Estados Unidos. Por ahora hay total pragmatismo, ese dinero está fluyendo hacia Venezuela y además con un descuento mucho menor que en el mercado negro. Entonces, va a haber una recuperación de la economía venezolana solo por ese hecho y está por verse si eso va a llevar a mayor inversión y a mayor producción de petróleo, algo de mayor inversión va a ocurrir.

Como tú bien dices, esto recuerda esos episodios del siglo pasado, también pasó con la República Dominicana durante muchos años y no son episodios que nadie recuerde como exitosos desde el punto de vista del desarrollo económico de los países que estuvieron en esas circunstancias. Con la complejidad que hoy en día tiene una economía, aunque la venezolana sea relativamente simple en la parte de que básicamente exporta petróleo, pero la complejidad que tiene el tejido de las importaciones que tienen que ocurrir en un país de casi 30 millones de habitantes, es difícil que Estados Unidos se ponga a administrar esto, caso por caso, y lo más probable es que este pragmatismo continúe pudiera fortalecer a Delcy Rodríguez, si ella es capaz de tomar crédito por cierta mejora que va a haber en la economía. La pregunta es si eso le termina sirviendo para lograr aguantar en el poder hasta que alguna circunstancia le permita que se distraiga la administración Trump y tener otra vez un poco más de autonomía.

¿Cómo se lee en Venezuela, y sobre en ese gran espectro de la sociedad venezolana que está fuera del régimen chavista, el alegato del presidente Trump de que Venezuela le robó el petróleo a Estados Unidos y por eso ahora Trump lo está recuperando para las empresas norteamericanas?

La vasta mayoría de los venezolanos en el exterior y la mayoría de los venezolanos en Venezuela, según una encuesta que realizó recientemente Bloomberg, apoyan lo que hizo Donald Trump con Nicolás Maduro. Y aunque no en el mismo nivel de apoyo, ven positivo que Estados Unidos ayude a recuperar a la industria petrolera venezolana. 

Por supuesto, la noción de que Venezuela le robó el petróleo a Estados Unidos, no tiene asidero, ni legal ni histórico. Lo que ocurrió en Venezuela es que primero en los años 70 las concesiones que iban a expirar en el año 1983 el gobierno venezolano las nacionalizó por adelantado ocho años antes y compensó a las empresas. Nunca el petróleo fue propiedad de ninguno de los concesionarios, sino era del Estado venezolano y lo que le daba era un derecho a extraerlo y a comercializarlo.

En el caso de Chávez, está el argumento válido de que expropió a dos empresas norteamericanas CONOCO y Exxon y no las compensaron, hubo un arbitraje internacional que decidió en favor de estas empresas y solo una pequeña fracción de ese dinero se ha pagado,  entre las dos les deben casi 14 000 millones de dólares, mientras que Venezuela debe casi 170 mil millones de dólares a diversos acreedores internacionales, y estas empresas son solo unas de ellas.

El presidente Trump se reunió hace varias semanas con los representantes de las grandes compañías petroleras norteamericanas e internacionales. Las invitó a regresar a invertir en Venezuela, bajo la garantía de Estados Unidos que protege sus intereses. ¿Cuál ha sido la respuesta de la industria?

Ha sido diferenciada, a las empresas grandes, en particular Exxon y CONOCO, que son estas dos que fueron expropiadas, a Trump le disgustó que el presidente de Exxon dijo que Venezuela era un país “non investor”, que no se puede invertir en las presentes circunstancias en Venezuela. Para empresas de este tipo que tienen que invertir miles de millones de dólares para desarrollar grandes proyectos de infraestructura, no tiene sentido hacerlo mientras no haya claridad sobre el futuro político de Venezuela, la estabilidad política, el marco institucional.

Hay otro tipo de empresas que tienen una visión un poco diferente. Unos son los que ya están en Venezuela y en particular Chevron produce el 25% del petróleo en Venezuela. Ya tienen un flujo de caja muy importante generado por las exportaciones de Venezuela. Ellos no tienen que arriesgar ningún dinero adicional, simplemente reinvierten parte de sus ganancias y no tienen que desarrollar gran infraestructura para seguir incrementando su producción, los riesgos son menores y uno sí puede esperar que una empresa como Chevron siga invirtiendo.

Las empresas pequeñas, las que llaman “independientes” en Estados Unidos, que están dispuestos a invertir en proyectos de corto plazo, en que toda la infraestructura ya está lista, la maneja en este momento Petróleos de Venezuela y ellos invertirían en un contrato de servicio para operar un campo, pero es una cuestión de meses o años recuperar la inversión.

Pero ninguna de esas inversiones que a las que me referí va a hacer que Venezuela recupere los niveles del pasado solamente van a lograr una modesta recuperación.

Las sanciones internacionales que se le impusieron a Venezuela todavía se mantienen. ¿Qué impacto económico tendría su suspensión en la economía petrolera?

Depende mucho de cómo lo hagan. Un levantamiento completo de las sanciones no pareciera estar planteado, pero si puede haber, por ejemplo, una licencia general que permita que todas las empresas de cierta característica puedan operar en el sector petrolero venezolano por un periodo de tiempo. O también puede haber que lo que ha hecho la administración Trump e incluso la de Biden antes, que es dar licencias específicas, es decir, a empresa por empresa le tienen que analizar el caso y dar una licencia.

En la medida que se flexibilicen las sanciones y más licencias de este tipo se den, más probabilidad hay que haya mayor inversión. Pero esto es frágil porque depende completamente de una administración específica de Estados Unidos. Las sanciones las decide el Ejecutivo en Estados Unidos, puede cambiar dentro de tres años cuando venga otro presidente y por tanto, para la mayoría de las empresas es muy difícil tomar decisiones de largo plazo con esa fragilidad, a menos que lleguen a la percepción de que las relaciones entre Venezuela y Estados Unidos se van a mantener en el futuro, de una manera abierta y constructiva. Por eso es improbable que inversiones grandes de largo plazo se realicen, incluso si se dan estas licencias, como parece que más allá de Chevron, se están empezando a dar.

La reforma a la Ley de Hidrocarburos que se está aprobando por iniciativa de la presidenta encargada Delcy Rodríguez en Venezuela, ¿qué impacto puede tener en esta iniciativa de Estados Unidos y del gobierno chavista en atraer inversionistas?

Están legalizando lo que de facto ya estaban haciendo, es decir, el contrato que le habían dado a Chevron que claramente no estaba en la ley y lo mismo unos contratos de servicio que habían otorgado a 13 proyectos, muchos a gente allegada al régimen, una distribución de rentas de allegados a Delcy Rodríguez. Estos dos tipos de contratos, tanto el modelo Chevron, que también lo está adoptando Repsol y algunas otras empresas europeas, y el nuevo tipo de contrato, se estarían legalizando. Con lo cual, ahora ya no de facto, sino, de hecho, se está desmontando completamente el modelo petrolero que Hugo Chávez implantó en Venezuela, que era de un control muy significativo del Estado y de la empresa estatal PDVSA. Eso ha generado cierta incomodidad en las filas del oficialismo, porque no hay manera de ocultar que es directamente lo opuesto que Hugo Chávez quería para el sector petrolero venezolano.

Francisco Monaldi, economista venezolano, experto en políticas de energía, director del Centro Baker, Universidad de Rice, en Houston. Foto: Cortesía

Hace poco publicaste un artículo en Américas Quarterly, argumentando que la recuperación sostenida de la industria petrolera de Venezuela no será posible si no hay inversiones a largo plazo. ¿Qué se requiere para que este tipo de inversiones puedan establecerse en Venezuela?

Primero, que los inversionistas perciban que no van a volver las sanciones, y que no se van a cancelar las licencias. En los últimos años ha habido una política fluctuante en Estados Unidos en que se aprieta y a veces se afloja un poco, pero no se pueden hacer inversiones de largo plazo si hay la percepción de que no es una cosa duradera.

En segundo lugar, se requiere un nuevo marco institucional y no es suficiente lo que está haciendo Delcy Rodríguez. Un marco institucional creíble de largo plazo, sin la discreción que tiene lo que están haciendo ahora con Delcy Rodríguez, y tiene que reflejarse en cambios institucionales en la parte judicial en Venezuela, en el tema de arbitraje internacional, probablemente, crear una agencia regulatoria independiente.

Finalmente, la percepción no solo de que hay un consenso político en Venezuela para la apertura al sector privado, la apertura del sector petrolero, porque en Venezuela eso ha sido siempre un tabú. Si los inversionistas sienten que esto es una cosa temporal impuesta por los Estados Unidos, eso no es duradero, esa será la realidad. Es verdad que en este momento tanto la oposición como el chavismo parecieran querer abrir el sector petrolero, pero eso se tiene que transformar en ese andamiaje institucional. Y, por supuesto, la percepción de que va a haber un mínimo de estabilidad política. Las empresas petroleras están acostumbradas a invertir en países complicados, no es que les importe si un país es democrático o no, lo que sí les importa es la estabilidad de sus contratos.

En el esquema de manejo que ha propuesto Marco Rubio como ejecutivo del presidente Trump para Venezuela, se habla de tres fases: estabilización, recuperación y por último, una transición que hasta hoy no está claramente definida. ¿Cuál es tu opinión sobre esa secuencia y la indefinición en lo que respecta a una eventual transición democrática?

La administración Trump, sobre todo porque no quieren poner tropas en el terreno como han dicho tantas veces, le tenía miedo a la posibilidad de inestabilidad política con el descabezamiento del gobierno de Maduro y apostó por estabilizar lo que queda del gobierno con Delcy Rodríguez, que en el pasado había negociado con las empresas petroleras y había demostrado cierto pragmatismo, a pesar de que ella es, desde el punto de vista ideológico, una radical revolucionaria, que ha sido pragmática en el manejo de sus relaciones tanto con las empresas, como con Estados Unidos.

La idea ahora supuestamente es recuperar la economía y que eso permita estabilizar al país y permita hacer una transición. La pregunta es si a la administración Trump realmente le importa generar las condiciones para que vuelva la democracia en Venezuela o se puede sentir cómodo con esta especie de control remoto autoritario, que es la apuesta de los hermanos Rodríguez, que es hacer lo que ellos han hecho en el pasado, posponer la confrontación, aceptar las cosas que le impone el gobierno de Estados Unidos, pero tratando de evitar lo que les quite el control político del país y esperando a que un cambio político en Estados Unidos, eventos internacionales, les vuelvan a permitir mantener su autonomía. Ellos tienen la dificultad de que el 80% de los venezolanos están en contra del gobierno de Delcy Rodríguez y tienen la expectativa de que esa transición política ocurra.

¿Estados Unidos percibe la transición democrática como un factor que puede generar inestabilidad? Supongo que en eso coincide con el chavismo que está gobernando hoy Venezuela. ¿Qué relevancia tiene para la economía petrolera que en Venezuela se restablezcan instituciones democráticas y haya una transición verdadera?

Es una condición no suficiente, pero es una condición necesaria. Y cuando alguien me pregunta, pero ¿cómo es que entonces en el Medio Oriente hay gobiernos autoritarios que producen mucho petróleo? Esos son gobiernos autoritarios, monarquías que tienen una visión de muy largo plazo y han sido capaces de ofrecer derechos de propiedad estables a muchos de los inversionistas internacionales. Pero, además, tienen empresas estatales dominantes que tienen muchísimo dinero porque los costos en el Medio Oriente son bajísimos y ese no es el caso de Venezuela. Venezuela necesita 100 mil millones de dólares de inversión privada internacional para subir la producción. En un contexto con un país que tiene una tradición democrática, en una región en que las dictaduras son la excepción y no la regla, sería realmente imposible crear esas condiciones de largo plazo de Estado de Derecho, sin llegar a una transición democrática. Por eso la mejor apuesta para recuperar la economía venezolana, no hay duda de que pasa por una transición, además de, las razones normativas de derechos humanos, por lo que uno quiere que haya una vuelta a la democracia.

Las exportaciones de petróleo venezolano eran claves para el sostenimiento de la economía cubana que está colapsando. Trump dice –No más petróleo de Venezuela para Cuba. ¿Qué impacto puede el cierre de la llave de Venezuela para Cuba?

El impacto puede ser brutal. Venezuela estaba proveyendo mucho menos petróleo que en el pasado, pero la mitad más o menos de las necesidades de Cuba para mantener la electricidad funcionando y los vehículos moviéndose. Cuba es un país totalmente dependiente del petróleo para producir electricidad y eso la hace mucho más vulnerable que otros países al tema petrolero.

Pero, además, la presión que ahora le está poniendo Rubio a Claudia Sheinbaum para que tampoco México, que era el otro proveedor, le envíe el crudo a Cuba, que lo estaba haciendo subsidiado, pero menos que Venezuela, esa combinación es letal para la economía cubana. Si ya la situación estaba muy mal, no me quiero imaginar lo rápido que se puede poner muchísimo peor. Y uno se pregunta si el objetivo de Marco Rubio más importante no es tratar de lograr un cambio de régimen en Cuba incluso antes que el de Venezuela, es posible que veamos una agresiva presión al régimen cubano.

Supongamos que esta fase de estabilización y recuperación se prolonga indefinidamente sin llegar a una transición democrática. ¿Qué impacto tendrían estos flujos económicos que ya se están generando de la economía petrolera en Venezuela? ¿Quiénes serían los ganadores de este proceso, el Gobierno, las empresas, la población venezolana?

No hay duda de que algo de mejoramiento para la economía en general y para la población, porque ya se ha estabilizado el dólar, no se está devaluando la moneda como venía muy rápidamente, ya el espectro de la hiperinflación, pareciera que se está eliminando y eso obviamente le hace bien a los bolsillos de los venezolanos. Pero Venezuela es una economía enana, minúscula. Era una de las economías más ricas de la región, hoy en día es una de las más pobres. Entonces, un aumento del 10, 20% de la producción petrolera en Venezuela va a llevar a cierto crecimiento económico, a cierta estabilidad y a cierta mejora en la calidad de vida de la gente. Pero ese salto de una economía minúscula a una un poquito menos diminuta no va a generar las condiciones para que millones de venezolanos que están fuera del país quieran regresar, o para que Venezuela desarrolle verdaderamente su potencial.

Algunos empresarios van a hacer dinero porque las ganancias en el sector petrolero son muy altas, entonces inversiones de corto plazo van a llevar a que a que gente haga dinero, tanto venezolanos como estadounidenses, pero en realidad no va a ser una recuperación sostenible del país.

Este flujo de inversión de 100 mil millones de dólares que has mencionado requiere un periodo de tiempo. ¿De cinco, diez años, o más?

Más de cinco años, seguro, probablemente más cercano a una década. En la historia de Venezuela ha sido muy raro el período en que se ha logrado en más de dos años con un aumento de producción de 200 000 barriles diarios de capacidad adicional. Esto sería superar todos los récords históricos durante un periodo continuado de una década, porque se estarían llegando a un promedio de 300 000 de aumento, no es un reto fácil. Técnicamente, es completamente posible, el petróleo está ahí, la geología es súper atractiva en Venezuela, los temas todos tienen que ver con lo que llamamos riesgos sobre la superficie, es decir, riesgo político, regulatorio.

Y si este esquema funciona sin transición democrática, ¿también podría terminar estabilizándose y fortaleciéndose el actual régimen chavista?

No creo que sea exitoso en una recuperación significativa y sostenida, pero ciertamente pudiera estabilizar al régimen, hacerlo menos impopular y ayudarlo a mantenerse en el poder.

La idea de que Venezuela puede ser como alguna gente habla, una especie de Vietnam, un país que está en buenas relaciones con Estados Unidos, que es un país de partido único, régimen socialista, pero a la vez capitalista en su modelo económico lo veo muy improbable, no solo por el récord que tienen de manejo de la economía y de respeto a los derechos en este Gobierno, pero porque no veo en esto en un equilibrio sostenible en una región como América Latina.

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Carlos F. Chamorro

Carlos F. Chamorro

Periodista nicaragüense, exiliado en Costa Rica. Fundador y director de Confidencial y Esta Semana. Miembro del Consejo Rector de la Fundación Gabo. Ha sido Knight Fellow en la Universidad de Stanford (1997-1998) y profesor visitante en la Maestría de Periodismo de la Universidad de Berkeley, California (1998-1999). En mayo 2009, obtuvo el Premio a la Libertad de Expresión en Iberoamérica, de Casa América Cataluña (España). En octubre de 2010 recibió el Premio Maria Moors Cabot de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia en Nueva York. En 2021 obtuvo el Premio Ortega y Gasset por su trayectoria periodística.

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