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¿Feliz Año Nuevo?

Recordando, de donde venimos, iniciamos el año con un homenaje a esa chispa nicaragüense. Reír es también resistir. No dejemos de hacerlo en 2026

Fotografía del 20 de diciembre de 2025 de personas observando la decoración navideña de la Plaza de la Revolución en Managua. //Foto: EFE

Gioconda Belli

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Nuestro gran poeta, Carlos Martínez Rivas (1924-1998) dijo en un poema que los nicaragüenses hacíamos “nuestro agosto en la tragedia” una metáfora significativa de la manera en que solemos reírnos de nuestras propias desgracias.

En la medida en que las desventuras han aumentado en los últimos años de la administración Ortega-Murillo, uno tendría que pensar que la risa se ha alejado un poco de las vidas que llevamos. Felicitarnos por un año nuevo, por ejemplo, puede que suene a simple hábito. En el fondo, no sólo por Nicaragua, sino por el resto del mundo, la perspectiva de un año nuevo feliz se ve empañada por la incertidumbre de la realidad contemporánea. Y, sin embargo, como comprobé en mi celebración de año nuevo con un grupo de amigos nicaragüenses, la risa no desmaya en nuestros espíritus.

Y es que quienes hemos crecido o vivido tiempo en Nicaragua, sabemos del humor y el gusto por la broma que caracteriza el carácter de ese pueblo que somos.  A través de nuestra existencia en esa geografía espectacular de lagos, volcanes, y lujuria vegetal y tropical; a través de los terremotos, huracanes, gobernantes crueles o carentes de visión de estadistas, hemos tenido la sabiduría de mantener dentro de nosotros la alegría de estar vivos. Esa alegría denota en el fondo un espíritu rebelde que niega a los poderosos y hasta a la naturaleza, la capacidad de vencer ese rabioso afecto que nos inspira la vida y el gusto que nos da la compañía ajena.

Hay que celebrar que la política no nos impida cuando nos juntamos, el revivir lo mucho de gozo que hemos compartido gracias al ingenio y la gracia de nuestros coterráneos. Nos reímos mucho en la pasada noche vieja rememorando los frecuentes apodos que usamos, el divertimento benigno o a veces malicioso de calificar a las personas con motes creativos y jocosos, para definir cualidades tanto de quienes queremos como de quienes nos caen mal. Además de “gordo” y “flaco” que se usan afectuosamente, recordamos el dedicado a un dientón a quien llamaban “el terror de los elotes”, o el “cara de piña” a uno con acné, o el “cara de pedo” para uno muy feo, o el “pana de agua” a un panzón al que la panza le bailaba al moverse. A otro, de no muchas luces, alguien le llamó “caballo con ropa”. Carlos Mejía Godoy eternizó en su música al niño al que le gustaban las cometas con la canción “Quincho Barrilete” que le ganó premio en la OTI.  Son inolvidables también “Clodomiro el Ñajo” o “La Tula Cuecho” y algún otro que olvido.

Los apodos son metáforas populares, inventos juguetones de un pueblo de poetas, amantes de las equivalencia o símiles.

Recordando quienes somos, de donde venimos, iniciamos el año con un homenaje a esa chispa nicaragüense, ese tesoro de nuestra irreverente idiosincrasia que nadie nos podrá arrebatar. Reír es también resistir. No dejemos de hacerlo en este 2026.

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Gioconda Belli

Gioconda Belli

Poeta y novelista nicaragüense. Ha publicado quince libros de poemas, ocho novelas, dos libros de ensayos, una memoria, y cuatro cuentos para niños. Su primera novela “La mujer habitada” (1988) ha sido traducida a más de catorce idiomas. Ganadora del Premio La Otra Orilla, 2010; Biblioteca Breve, de Seix Barral (España, 2008); Premio Casa de las Américas, en Cuba; Premio Internacional de Poesía Generación del ‘27, en España y Premio Anna Seghers de la Academia de Artes, de Alemania; Premio de Bellas Artes de Francia, 2014. En 2023 obtuvo el premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, el más prestigioso para la poesía en español. Por sus posiciones críticas al Gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo, fue despatriada y confiscada. Está exiliada en Madrid.

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