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“El efecto espejo de El Salvador en América Latina: es un laboratorio de la construcción del nuevo autoritarismo del siglo XXI, la ‘eficracia’”
Una mujer pasa frente a un mural alusivo al presidente salvadoreño, Nayib Bukele, en el centro de San Salvador, en junio de 2025. // Foto | EFE/Rodrigo Sura
El pasado 30 de julio, el Congreso de El Salvador controlado por el partido Nuevas Ideas del presidente Nayib Bukele aprobó, a través de una reforma exprés a la Constitución, la reelección presidencial indefinida.
Un viejo procedimiento utilizado por las dictaduras de Venezuela y Nicaragua, para justificar la perpetuación en el poder de los caudillos, pero en el caso de El Salvador el Gobierno de Donald Trump en Estados Unidos considera que es un mecanismo democrático, a pesar de que viola la Carta Democrática Interamericana y contradice una resolución de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.
En una entrevista en el programa Esta Semana que se transmite en el canal de YouTube de CONFIDENCIAL, conversamos con el analista político Daniel Zovatto, director de Radar Latam 360, sobre las implicaciones que tiene en América Latina la reelección presidencial indefinida de Bukele con el apoyo político de Donald Trump.
“Es grave, por el efecto espejo que tiene en América Latina: El Salvador con Bukele es un laboratorio de la construcción del nuevo autoritarismo del siglo XXI, que yo llamo eficracia”, que construye su popularidad en base a resultados”, dijo Zovatto.
“Es un sistema autoritario populista, muy sofisticado en materia de comunicación”, explicó Zovatto, en el que estos liderazgos “van colonizando desde dentro del Estado todos los otros poderes para quedarse con el control absoluto. Y a partir de ahí reformar la Constitución para que le permitan (quedarse) de manera indefinida en el poder”, resumió.
La Asamblea Legislativa del Salvador, controlada por el partido del presidente Nayib Bukele, aprobó una reforma a la Constitución para establecer la reelección indefinida. ¿Qué significa esta reelección presidencial indefinida para el Salvador y para América Latina?
Es una pésima noticia para el Salvador, para la democracia salvadoreña, y es una muy mala noticia, por el efecto espejo, para América Latina, sobre todo por la complicidad vergonzosa de la Administración Trump, que lejos de condenar una reforma que habilita la reelección presidencial de manera indefinida.
La reforma reduce el periodo presidencial que debía expirar en 2029 a 2027, esto se podría interpretar como que es un gesto democrático, no, lo trae al 2027 para juntar la elección presidencial con la elección de Congreso y con elecciones locales, para usar al presidente con un efecto arrastre. Y cambia la segunda vuelta por un voto de una sola vuelta, lo cual facilita poder ganar por una diferencia mínima en primera vuelta y aumenta la duración del periodo presidencial de cinco a seis años. La Administración Trump felicita a Bukele y a El Salvador por esta reforma que considera que es una reforma hecha en democracia.
Tomando en cuenta la enorme popularidad que mantiene el presidente Bukele en El Salvador y en otros países de América Latina, ¿por qué la reelección indefinida es antidemocrática? Bukele dijo que la mayoría de los países desarrollados, que son regímenes parlamentarios, permiten la reelección indefinida. Y dice —me están cuestionando a mí, porque es un intento de limitar la autodeterminación del Salvador.
¿Cuántas veces no hemos oído este argumento? Acuérdate con Evo Morales, que incluso llegó a decir que prohibirle la reelección indefinida era violarle un derecho humano.
Desde el punto de vista político, la popularidad no es sinónimo de legitimidad. Bukele es un presidente que no tiene legitimidad de origen, ha sido reelecto de manera inconstitucional en 2024 y tiene legitimidad de ejercicio. Ha concentrado todos los poderes, aunque los mantiene formalmente, pero él es el dueño. Es una suerte de jeque, más que de presidente democrático. Ha violentado un principio central que de la Carta Democrática Interamericana en su artículo 3, que es la división de poderes. Sobre esto debió haber tomado nota Trump y su secretario de Estado, Marco Rubio.
Hay una opinión consultiva de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, la 28-21 emitida hace cuatro años sobre el tema de la reelección indefinida. Es una opinión que solicitó el Gobierno de Colombia de aquel momento, y la Corte dijo tres cosas. Uno, ¿es la reelección indefinida un derecho humano o no, reconocido en el Pacto de San José? No, dijo la Corte. Dos, ¿reglamentar la reelección a solamente una reelección más, que es por lo general lo que se estila ¿constituye una violación de las garantías de la Convención Americana? No, dijo la Corte Interamericana. Tercero, ¿por qué es peligrosa la reelección indefinida? Porque de una manera u otra fortalece aún más el hiperpresidencialismo, concentra aún más poder en el Ejecutivo, debilita la división de poderes, debilita la posibilidad de alternancia, debilita el pluralismo.
Otro argumento falso de parte de Bukele, dijo: el 90% de las democracias desarrolladas tienen reelección. Sí, es cierto, pero el 90% de las democracias desarrolladas no tienen sistemas presidenciales, tienen sistemas parlamentarios, y uno no puede asociar la reelección en un sistema parlamentario, donde con un voto de censura vos cambias Gobierno, hay tribunales de garantías constitucionales totalmente independientes, y el Ejército guarda una absoluta autonomía del Poder Ejecutivo, a un régimen presidencial, hiperpresidencialista como el de Bukele, en el que no hay una justicia independiente, ha cooptado al Ejército, que es uno de sus principales aliados, y a su vez rompe tajantemente la división de poderes.
El último argumento lo hizo su primo, el presidente del Partido Nuevas Ideas, el partido oficialista, Xavier Zablah, que dijo el síndrome del líder y del hombre indispensable: —Bukele es el único líder que puede llevar a El Salvador por el camino que lo está llevando. Una suerte de salvador de El Salvador, un hombre imprescindible. Todos estos argumentos, los hemos escuchado antes en América Latina, son falsos y terminan siempre en lo mismo, en consolidar un régimen crecientemente autoritario que tarde o temprano termina entrando en crisis, Fujimori, Chávez, y una larga lista de líderes.
La otra justificación que mencionó la Administración Trump para avalar la reelección indefinida de Bukele, es que dijo se origina en una decisión democrática del Congreso salvadoreño. Y en segundo lugar, dijo: es diferente que las dictaduras que existen en otras partes de América Latina, donde hay reelección definida. La estamos viviendo en Nicaragua con la dinastía de los Ortega-Murillo y en Venezuela. En otro momento se impuso en Bolivia, pero se revirtió. ¿Qué diferencia hay hoy entre esta dictadura de Bukele y las dictaduras de Nicaragua y Venezuela?
Desde el punto de vista del régimen político, las características esenciales son bastante similares. Obviamente, en El Salvador todavía hoy no tenés el nivel de persecución política y el número de presos políticos que tenés en una situación condenable, para mí la peor de todas, que es la de Nicaragua, con esta dictadura dinástica matrimonial de los Ortega-Murillo, que ha llevado no solamente a presos políticos, a una represión tremenda con más de 350 muertos en abril de 2018, a expulsar a más de 400 personalidades, incluido tu persona, a quitarles la nacionalidad, cuando vos comparas la situación de El Salvador con la de Nicaragua, claramente en ese nivel no está. Pero eso no quiere decir que Bukele no haya empezado ya su represión, porque no solamente está persiguiendo a los delincuentes, está persiguiendo a activistas de derechos humanos, Ruth López, una de las principales defensoras de derechos humanos, una abogada muy calificada denunciando corrupción del régimen, está presa de manera totalmente arbitraria. Cristosal, una ONG de mucha credibilidad, tuvo que cerrar sus oficinas en El Salvador por la persecución. Muchos periodistas tuvieron que dejar entre mayo y junio (de 2025) El Salvador para no terminar presos, El Faro ha venido siendo víctima de acoso, de persecución, de vigilancia, ha ido cerrando los espacios de la sociedad civil con esta ley de agentes extranjeros, en la cual si vos querés crear una ONG, tenés que pedirle permiso y pagar 30% de impuestos, muy similar a lo que se aprobó en su momento en Rusia en 2012 y que algunos otros países, Nicaragua, Venezuela, también están utilizando últimamente.
El régimen, claramente, tiene todas las características de un régimen autoritario. Dice Estados Unidos, que lo aprobó el Congreso. Sí, lo aprobó el Congreso, pero Estados Unidos se olvida de que, en enero de 2025, ese mismo Congreso tomó una decisión muy importante, abusando de su mayoría de los 60 (diputados), antes eran 84, y en las reformas que hizo en 2024 redujo a 60, precisamente para tener mayor control del Congreso. Con ese Congreso, que tiene totalmente bajo su control, se aprobó en enero de 2025 una modificación a cómo se debe reformar la Constitución, porque originalmente en el plan de Bukele estaba adoptar una nueva Constitución. Pero después alguien le dijo: ¿Para qué vas a hacer todo eso? Si cambiando la manera en cómo se reforma la Constitución, —hasta enero, una legislatura hacía la reforma y la siguiente legislatura tenía que ratificarla—. Ahora es una reforma exprés, como se hizo, en cuestión de minutos, pasando la aplanadora de la mayoría absoluta, en una sola legislatura y en 15 minutos, terminas modificando la constitución, haciendo todos estos cambios. Eso es lo grave.
Con este aval de la Administración Trump a la reelección indefinida de Bukele, ¿qué se puede esperar de la Organización de Estados Americanos, que ha sido el foro de América Latina y del continente, para debatir estos temas? Vos acabas de mencionar que esto implica una violación a la Carta Interamericana Democrática. ¿Acaso la OEA hoy podría aplicar la Carta Democrática a Bukele por esta flagrante violación y por contradecir lo que ha dicho la Corte Interamericana de Derechos Humanos? ¿Puede hoy la OEA, con el liderazgo actual, con la presidencia de Trump y con la correlación política que hay en América Latina, reaccionar a la imposición de esta nueva dictadura?
Lo grave de esto es que no solamente la OEA con el nuevo secretario (Albert) Ramdin y con el presidente Trump en la Casa Blanca y con Marco Rubio en el Departamento de Estados, sino la anterior OEA. Yo me peleé con el anterior secretario general, Luis Almagro, porque Almagro me decía que yo veía autoritarios por todos lados, porque yo vengo denunciando que Bukele va en una ruta autoritaria desde hace rato. Se le debió haber aplicado la Carta Democrática Interamericana. Gana en 2021 (la mayoría en el congreso), el primer día, en cuestión de horas, con esa mayoría, Bukele descabezó al Fiscal y cambió todos los miembros de la Sala de lo Constitucional, que fue luego la Sala que reinterpretó la jurisprudencia de la anterior Sala de lo Constitucional y le permitió buscar su reelección inconstitucional en 2024.
Esto ha venido pasando en frente de todos nosotros, en frente de la anterior Administración (Biden), en frente del anterior secretario general de la OEA, y ahora ha cristalizado en este golpe mortal, en este ya punto de inflexión absoluto.
(Christopher) Landau, el secretario adjunto del Departamento de Estados Unidos, en la reciente reunión de Antigua y Barbuda de la OEA con el nuevo secretario Ramdin, le dijo: usted no está haciendo nada en favor de la democracia, ahí está el tema de Venezuela, la tragedia de Haití, pero no mencionó en ese momento a El Salvador.
Señor Landau, señor Rubio, señor Trump, ¿cuál es la democracia? Porque para todo el hemisferio hay una serie de requisitos. Esos requisitos no se cumplen en El Salvador, por lo tanto, lo que usted está haciendo es realmente aplaudir al carcelero de ustedes en Centroamérica.
En la política exterior transaccional, de matonismo internacional, y de chantaje y de negociación permanente, Trump está cambiando democracia por detención en el CECOT (Centro de Confinamiento del Terrorismo). —Yo te mando los indeseables y el amigo Bukele se le ha ofrecido a su amigo Trump —Yo te recibo todo lo que tú me envíes y yo te hago de carcelero. Y eso le ha ganado que sea Bukele el único presidente de América Latina que fue invitado en estos 200 días que lleva Trump de regreso en la Casa Blanca, el único mandatario invitado oficialmente, el único que se reunió oficialmente en la Casa Blanca con Trump, y lo llenó de elogios a Bukele y Bukele a Trump.
Esto manda un mensaje de máxima preocupación, para mí es la situación más grave, porque las otras dictaduras están totalmente deslegitimadas y desprestigiadas. Lo único que hacen es resistir a punta de bayoneta y de represión, pero en el caso de El Salvador es peligroso porque tiene un nivel de apoyo popular bastante importante, pero esa popularidad no es lo mismo que la legitimidad democrática.
En estas contradicciones entre la presidencia de Trump y la propia OEA, si la OEA no tiene capacidad de deliberar y de aplicar la Carta Democrática a El Salvador, simplemente estaría ratificando la irrelevancia total de esta institución democrática. Vos hablas del mecanismo de contagio, de El Salvador. Por ejemplo, aquí en Costa Rica hay elecciones en febrero de 2026, el presidente saliente, Rodrigo Chaves, está convocando a demoler las instituciones democráticas. ¿Qué diferencia tendría una acción de ese tipo en Costa Rica que en El Salvador?
Un elemento muy negativo y peligroso en este laboratorio salvadoreño de la construcción del nuevo autoritarismo del siglo XXI, yo lo he llamado “eficacia”. Es un sistema autoritario populista, muy moderno, muy sofisticado en materia de comunicación, redes sociales, que aprovecha el descrédito absoluto de los anteriores partidos políticos, el desprecio de la ciudadanía por la partidocracia, con razón, pero emergen estos liderazgos que dan resultados en aquellos temas que son más sensibles para la población, en el caso de El Salvador, el tema de la inseguridad ciudadana.
Con base en eso, construyen popularidad y apoyo, y esa popularidad la transforman en apoyo electoral y van colonizando desde dentro del Estado todos los otros poderes para quedarse con el control absoluto. Y a partir de ahí reformar la Constitución para que le permitan (quedarse) de manera indefinida. Bukele tiene 44 años, o sea que si las cosas le van bien, podría estar los próximos 40 años. Bukele construyó su régimen autoritario de 2019 a 2025, en seis años, cuando a otros les costó muchos más años, porque le encontró esta vuelta de dar resultados, y le encontró la vuelta ahora de un firme apoyo de (Donald) Trump. Por eso la situación es extremadamente peligrosa.
En el caso de Costa Rica, vamos a ver cómo termina. El presidente ahora tiene que ser sometido a una investigación por parte de una Comisión de la Asamblea Legislativa, que tiene que tomar una decisión, si le quita o no la inmunidad. Si le llega a quitar la inmunidad, tiene que hacer frente a un juicio. Él ha dicho que no se va a ir de Costa Rica, que él va a enfrentar todo lo que haya que enfrentar, que él no se va a callar. Y hay que recordar que Chaves no solamente recibió a Bukele en 2024, sino que lo condecoró. O sea, lo que era hasta hace poco una de las democracias de mayor calidad en la región, junto con la de Uruguay, termina condecorando a un autoritario como Bukele, como diciendo: —Este es el ejemplo, hacia ahí es donde tenemos que ir. Eso es lo grave de lo que estamos viendo, no que otro régimen autoritario aplauda a Bukele, sino que una democracia como la costarricense le rinda tributo y condecore a un líder autoritario como Bukele.
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Periodista nicaragüense, exiliado en Costa Rica. Fundador y director de Confidencial y Esta Semana. Miembro del Consejo Rector de la Fundación Gabo. Ha sido Knight Fellow en la Universidad de Stanford (1997-1998) y profesor visitante en la Maestría de Periodismo de la Universidad de Berkeley, California (1998-1999). En mayo 2009, obtuvo el Premio a la Libertad de Expresión en Iberoamérica, de Casa América Cataluña (España). En octubre de 2010 recibió el Premio Maria Moors Cabot de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia en Nueva York. En 2021 obtuvo el Premio Ortega y Gasset por su trayectoria periodística.
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