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Volver a las aulas: La lucha de tres nicaragüenses por graduarse en el exilio tras ser expulsadas

Reanudar sus carreras en el exilio y sin documentos fue difícil. Esta es la historia de tres jóvenes que lograron retomar sus estudios fuera del país

Estudiantes expulsados de la UNAN - Managua

Más de un centenar de estudiantes fueron expulsados de la UNAN - Managua, por participar en las protestas de 2018. Varios de ellos cursaban los últimos años de su carrera. // Ilustración: CONFIDENCIAL

Redacción Confidencial

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Seis años le tomó a Heyling Marenco volver a las aulas después de que fue expulsada arbitrariamente de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN-Managua). No porque durante este tiempo le haya importado poco seguir estudiando. Sino porque hacerlo en el exilio, lejos del apoyo familiar, sin pasaporte y sin documentos académicos que respalden sus años de esfuerzo, fue una misión casi imposible. 

El sueño de Heyling por volverse una profesional le fue arrebatado por la dictadura Ortega Murillo en dos ocasiones. Primero en agosto de 2018, cuando la recién nombrada rectora, Ramona Rodríguez, autorizó la expulsión de los universitarios que se unieron a las protestas. La segunda, en 2022, cuando la Universidad Pablo Freire —que la había becado a ella y a otros expulsados de la UNAN— tuvo que cerrar después de que le cancelaron su personería jurídica.

“A mi la vida se me cayó. Se me vino el mundo al suelo. Yo era la primera de mi familia en ir a la universidad”, dice Heyling, de 31 años, al recordar el momento en que supo que había sido expulsada por primera vez. 

UNAN Managua
Universitarios protestando en la UNAN – Managua, en 2018. // Foto: Archivo | CONFIDENCIAL

Los universitarios expulsados de la UNAN-Managua

Más de un centenar de universitarios fueron expulsados de sus casas de estudios en 2018, como “venganza política” de la dictadura Ortega Murillo por protestar en su contra. La decisión fue tomada en una “misa negra” en la que les declararon muerte académica, les prohibieron entrar a los campus y a algunos les borraron o negaron sus expedientes, impidiendo que retomaran sus estudios. 

Los universitarios, que en su mayoría estaban en sus últimos años de carrera, no supieron de qué los acusaron ni cuáles fueron las pruebas. Tampoco tuvieron derecho a defenderse.

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universitarios fueron expulsados de los recintos en Nicaragua, según datos de la Comisión Interamericana de Derecho Humanos (CIDH), publicados en junio de 2019.

El grupo Acción Universitaria informó en noviembre de 2020 que de las 109 expulsiones que ellos documentaron, sólo 13 fueron revertidas. No sé sabe bajo qué proceso o condición.

A la fecha, no hay cifras de cuántos de este centenar de universitarios pudieron retomar sus carreras en el extranjero o dentro de Nicaragua. Se sabe que al menos un 30% estaba en cuarto o quinto año. Acción Universitaria tiene una muestra de 69 de los 109 estudiantes expulsados que documentaron. De estos sólo el 20.3%, unos 14, afirmó que seguía estudiando en otra universidad. Mientras, que un 42%, 29 estudiantes, dijo que siguió estudiando y un 37.7% prefirió no responder.

A varios de estos no los aceptaron en otras universidades o les pedían dejar su activismo estudiantil. Así le pasó a Alejandra Centeno, quien en 2022 finalmente pudo graduarse como licenciada en Relaciones Internacionales, en la Universidad Loyola, en España. Ella fue expulsada cuando estaba en su último año de carrera.

Universitarias expulsadas de la UNAN - Managua
Alejandra Centeno, Yasuri Potoy y Heyling Marenco fueron expulsadas de la UNAN – Managua. // Collage: CONFIDENCIAL

En ocasión del Día del Estudiante, que se conmemora en Nicaragua cada 23 de julio, en recuerdo de la masacre estudiantil de León, ordenada en 1959 por la guardia somocista, en CONFIDENCIAL buscamos a aquellos estudiantes expulsados, para conocer cómo han logrado continuar sus estudios. Algunos de ellos, lograron cumplir sus metas, tras superar varios obstáculos. Estas son las historias de Alejandra, Yasuri y Heyling.


I. Sueño cumplido

“Nadie puede quitarnos lo que somos ni lo que aprendimos”

Tras ser expulsada de su universidad en Nicaragua por activismo, Alejandra Centeno viajó hasta Europa para cumplir su sueño de ser profesional

Alejandra Centeno
Alejandra Centeno estudiaba el último año de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales, cuando fue expulsada de la UNAN – Managua. // Foto: Archivo | CONFIDENCIAL

Alejandra Centeno tuvo que viajar a más de 8000 kilómetros de Managua para cumplir su sueño de ser profesional. No porque haya querido hacerlo así, sino porque no se le abrió ninguna de las puertas que tocó en Nicaragua y en Centroamérica, en un intento para recuperar su carrera universitaria. 

“A mi me expulsaron por una supuesta ‘falta grave’, pero yo sé que en realidad fue una represalia por mi activismo”, explica Alejandra. “El día en que me di cuenta que me habían expulsado lloré mucho, me sentí muy triste por mí y por mi familia. Yo no tenía otro plan además de estudiar y luego trabajar”.

Centeno sabía que quizás la expulsarían porque desde julio de 2018 había escuchado rumores de que sancionarían a los estudiantes atrincherados de la UNAN, pero en su interior trataba de convencerse de que no sería su caso. Sin embargo, su destino fue sentenciado por una comisión especial que, a puerta cerrada, decidió echarla de la universidad.

Centeno tenía 20 años, cursaba quinto año de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales, era excelencia académica y líder universitaria. “En ese momento hasta tuve una pequeña crisis de identidad, porque nosotros hablábamos por los derechos de los estudiantes, la defensa de la autonomía universitaria, pero ahora cómo iba ser líder estudiantil fuera de la comunidad estudiantil, porque ya ni siquiera podíamos acercarnos a la universidad”, cuenta. 

Sin embargo, su sueño de ser profesional no se acabó allí. Intentó conseguir una beca en una universidad privada, pero no lo consiguió porque le pidieron “comprometerse” a dejar el activismo a cambio de la beca, y no aceptó. Decidida a continuar estudiando le escribió a varias universidades centroamericanas y al no recibir respuesta, buscó una oportunidad en una casa de estudios lejana: la Universidad Loyola de España.

“Conocí al director de la Agencia de Cooperación Española en Nicaragua, él me recomendó a alguien de esa universidad y le escribí. Yo no lo conocía, pero me atreví a mandarle un correo contándole toda mi historia, las notas que pude descargar del sistema (que no tenían ni firma ni sello). Eso fue el 11 de octubre de 2019”, describe.

Cuatro días después, le llegó un correo de respuesta donde le decían que iban a estudiar su caso. “No tuve ninguna noticia hasta finales de noviembre cuando me dijeron que me iban a dar una beca completa de corte administrativo”. 

“Yo no lo podía creer. Porque con total honestidad nunca pensé en irme a estudiar a Europa. Yo pensaba recuperar mi carrera en Nicaragua o en Centroamérica. Fue increíble”, recuerda con emoción. 

En ese punto, Alejandra y su familia se enfrentaban a otro problema, porque la beca solo cubría los gastos académicos. Por su parte, ella tendría que buscar cómo sobrevivir en un país lejano, sin familia ni red de apoyo. Y tendría que ser rápido porque la estaban convocando a integrarse a la carrera de Relaciones Internacionales, a finales de enero de 2020. 

Así comenzó su búsqueda por conseguir dinero para sobrevivir los primeros meses en España, mientras conseguía un trabajo allá. Rastreando llegó hasta la fundación Niñas Arriba, una oenegé estadounidense que apoya mujeres jóvenes a acceder a educación superior, pero su enfoque está en El Salvador. 

“Aunque yo no era de El Salvador, les escribí. Les conté mi caso y me dieron la beca para vivir allá”, recuerda. 

A finales de enero de 2020, Alejandra dejó toda vida en Nicaragua, su familia y sus amigos, para empezar de nuevo una carrera universitaria.

Centeno sí pudo recuperar su historial académico porque hubo un momento en que la UNAN-Managua entregó algunos certificados de notas en el portón 2 del campus. El suyo no estaba, pero después de exigirlo, casi al borde de las lágrimas, las autoridades decidieron dárselo. Con estas notas pudo convalidar unas cuantas clases.

En julio de 2022, finalmente se convirtió en profesional. Un sueño que pudo compartir con su mamá y su hermano, quienes pudieron viajar a la ceremonia después de hacer una recolecta pública en GoFundMe

“Si no hubiera sido por esa campaña, y por todas las personas que donaron, yo no sé ni siquiera si hubiera ido a la graduación. Ese día mi mamá definitivamente estaba más feliz que yo”, recuerda.

Tras graduarse, Alejandra hizo pasantías en una organización suiza, después hizo un fellowship (beca de perfeccionamiento) con una organización colombiana, que trabaja temas de justicia social, ambiental, migraciones. Y ahora está de nuevo viviendo en Suecia, donde quiere aprender el idioma. 

“Aunque parezca que todo lo que construimos se perdió en un instante, nadie puede quitarnos lo que somos ni lo que aprendimos con todo lo que vivimos. Lo que hemos vivido es demasiado valioso”, dice la joven siete años después de esa expulsión.


II. Doble expulsión 

El camino de vuelta a las aulas no fue el mismo para todos los expulsados. Hay quienes, como Heyling Marenco, no pudieron conseguir una beca fuera de Costa Rica, donde se refugió, porque ni siquiera fue una opción ante la falta de pasaporte o de un documento de viaje. 

O como Yasuri Potoy, quien estaba en quinto año de Enfermería y Obstetricia cuando fue expulsada. Por más que intentó seguir su carrera, tuvo que decidir entre estudiar o trabajar para mantenerse ella en Costa Rica y sus papás en Nicaragua. Pero tras años de esperar una oportunidad finalmente consiguió una beca para estudiar Psicología en la Universidad Central de Costa Rica. 


“Tenga la edad que tenga, me graduaré de enfermería en la UNAN”

Expulsada de la universidad en Nicaragua por ayudar a heridos, Yasuri Potoy sueña con graduarse de enfermera, mientras estudia Psicología en Costa Rica

Yasuri Potoy
Yasuri Potoy estudiaba el quinto año de Enfermería y Obstetricia cuando fue expulsada de la UNAN – Managua. // Foto: Cortesía

Yasuri Potoy soñaba con graduarse. Con vestir con orgullo el atuendo blanco que usan las enfermeras. Con entregarle su título universitario a su mamá y dedicarle el poema de “Los 200 pesos”. Estando tan cerca de graduarse en 2018, lo veía como un sueño casi cumplido. 

“Yo tuve una madre buena. Yo tuve madre Santa”, comienza el emblemático poema de Jorge Calderón, quien agradece el sacrificio de una madre por la educación de su hijo. 

“Cuando yo estaba en Nicaragua, mi mamá lavaba pisos, lavaba ropa, realizaba labores domésticas en casas particulares, para poder darme el dinero para estar en la universidad y para cubrir mis movilizaciones a las áreas prácticas”, dice la joven.

Yasuri es originaria de la Isla de Ometepe, en el Lago Cocibolca, y aunque no fue la primera de su familia en ir a la Universidad, si fue la primera en estudiar en una de las universidades más importantes de Nicaragua. Sin embargo, su esfuerzo académico fue arrebatado abruptamente en agosto de 2018.

“Lo primero que pensé fue en mi mamá, en todo el sacrificio que había hecho por mantenerme y acompañarme durante mis cinco años de carrera”, recuerda Yasuri, quien no sabe ni quiénes integraron la Comisión que decidió echarla en un proceso arbitrario donde ni pudo defenderse. 

Su “pecado” fue brindar atención médica a los estudiantes que resultaron heridos durante la represión policial. Por la misma violencia que se vivía en el país, vivió varios meses resguardada hasta que finalmente partió a Costa Rica ilusionada con retomar sus estudios. Sin imaginar que el camino no sería fácil.

“Intenté acceder a la Universidad de Costa Rica (UCR) en dos ocasiones, pero como no tenía una red que me apoyara a sostenerme en este nuevo país tuve que decidir entre estudiar o trabajar porque comenzar la carrera implicaba invertir todo mi tiempo”, explica.

Aplicó a programas de becas para cubrir sus gastos, pero entonces en Costa Rica no había mucha sensibilización, sobre todo en el área académica, de la situación de los exiliados nicaragüenses. “Pedían muchos requisitos”, dice Potoy. 

Ante estos obstáculos y la urgencia por trabajar, Yasuri tuvo que parar sus estudios. Fue hasta en 2021 que la ilusión por volverse profesional regresó a su vida cuando la Universidad Pablo Freire le ofreció una beca para estudiar en línea. Allí fue cuando decidió comenzar su carrera de Psicología. Sin embargo, la alegría le duró poco porque, en febrero de 2022, la dictadura les canceló la personería jurídica y perdió todo lo que había avanzado. 

“De la Universidad Pablo Freire no tengo ningún respaldo, solo quedó en mi memoria, en mis recuerdos de que estudié allí, porque todo quedó les fue despojado”, lamenta. 

A finales de 2023, Yasuri se ganó una beca otorgada por la Red Internacional de Derechos Humanos Europa (RIDHE) , para estudiar Psicología en la Universidad Central de Costa Rica. Actualmente se encuentra en su octavo cuatrimestre del bachillerato en Psicología. 

“Esta beca significó una luz de esperanza. Una puerta hacia la búsqueda de justicia. Yo, Yasuri, no me voy a cansar hasta buscar justicia por el derecho que se me violentó y se me negó. Y creo que a través de esta formación me va a dar la oportunidad de seguir alzando la voz en los espacios donde estoy”, afirma. 

Para Yasuri, retomar sus estudios en este contexto adverso es una forma de resistencia, de decirle “a la dictadura que estamos formándonos, estamos fortaleciendo nuestras competencias, porque vamos a regresar a Nicaragua preparadas, vamos a tener todas las competencias para poder aportar a la conformación de una sociedad donde prevalezca siempre el respeto hacia los derechos humanos, la igualdad, la libertad de expresión, la autonomía universitaria, el acceso a una educación de calidad sin ideologías partidarias, donde realmente se desarrolle el pensamiento crítico”, reflexiona. 

“Tenga la edad que tenga, sea el año que sea. Yo me voy a graduar como enfermera obstétrica en la UNAN-Managua. Porque ese es mi sueño”, sentencia. 


“No terminaron con mis sueños de poder estudiar”

Expulsada y sin documentos, Heyling Marenco enfrentó varios duelos en Costa Rica. Ahora estudia Psicología, retomando su sueño gracias a una beca

Heyling Marenco
Heyling Marenco intentó completar su carrera de Trabajo Social en dos ocasiones. Ahora estudia Psicología en Costa Rica. // Foto: Cortesía

En Costa Rica, Heyling Marenco ha vivido varios duelos. El duelo de llegar a un país desconocido, sin documentos ni familia. El duelo de perder en dos ocasiones la oportunidad de graduarse de su carrera de Trabajo Social, de la cual estaba por terminar en la UNAN, porque la expulsaron injustamente y porque cerraron la otra universidad que le dio la oportunidad de retomar su proyecto académico. Así lo cuenta ella, en primera persona:

“Fue un proceso largo darme cuenta que una etapa de mi vida que definitivamente no iba a poder continuar, pero que tampoco mi vida terminaba ahí. Fue duro poder entenderlo y poder reconciliarme con eso.

Yo no tenía a nadie de mi familia acá. Era un país nuevo, donde ni siquiera entendía la moneda. De Costa Rica lo único que había escuchado era a mis vecinas que venían a trabajar en diciembre, pero no mencionaban lo carísimo que es este país. 

Eso significaba que tenía que trabajar para pagar la comida y el lugar donde vivo, y fue sumamente retador por lo caro de este país y porque al poco tiempo nos enfrentamos a la pandemia y tuve que reconfigurar mi vida de nuevo. Así que por un tiempo me dediqué a sobrevivir y puse en pausa mi proyecto universitario. 

Sin embargo, para mí siempre fue importante seguir preparándome. Así que tomé cursos cortos que no tenían nada que ver con mi carrera de Trabajo Social, pero estaban más relacionados con derechos humanos, activismo, y esos me ayudaron muchísimo. 

En 2021 intenté retomar mi carrera por segunda vez, aunque empezando de cero, en la Universidad Pablo Freire, pero de nuevo este sueño me fue arrebatado cuando les quitaron la personería jurídica. Entonces lo viví con menos duelo y me dediqué a seguir trabajando y a organizarme como feminista. 

Al tomar esos cuatro años de herramientas que aprendí en mi carrera de Trabajo Social, que aunque no están escritas en un papel, ni están firmadas, selladas y apostilladas, es conocimiento que ni el régimen ni la universidad me puede quitar. Ellos no van a poder quitarme jamás mi inteligencia y todos mis conocimientos. 

El año pasado, en 2024, me gané una beca con la Red Internacional de Derechos Humanos Europa (RIDHE) y así fue como finalmente, después de muchos años volví a estudiar una carrera universitaria. Yo no tuve acceso a mi expediente académico, los únicos documentos con los que contaba era con mi diploma de bachillerato, que ni siquiera estaba apostillado. Sin embargo, tuve que explicar en la universidad toda mi situación. Les expliqué que como persona refugiada no podía acceder a mucha de la documentación, ni siquiera podía apostillarlo y finalmente lo entendieron. 

En este nuevo proceso decidí comenzar la carrera de Psicología. Primero porque ya tenía dos intentos de querer terminar mi carrera de Trabajo Social y no pude, así que quizás la vida me está diciendo que debo soltarlo. Y también porque durante mi proceso personal descubrí que la Psicología es una gran herramienta para la construcción que requiere el país. 

Ya estoy a poco tiempo de terminar mi primer año en la Universidad Central de Costa Rica. Estoy muy feliz y aprovechando al máximo esta beca. Ha sido complejo porque estudio de noche, después de todo un día de trabajo y de mis actividades. La ventaja es que por el momento trabajo como consultora y eso me permite organizarme para darle prioridad a mis estudios. 

Si no hubiera sido por esta beca, probablemente no podría estar estudiando, primero porque en la universidad pública, o trabajas o estudias. Y la privada es demasiado cara. Yo no tengo los recursos para pagarme, por ejemplo, la universidad donde estoy. 

Sin embargo, me ilusiona mucho pensar en que más allá de que por fin voy a tener un cartón (un título) es demostrarle a la dictadura o a quienes tomaron la decisión de expulsarnos que no terminaron con mis sueños de poder estudiar, conocer y desarrollarme en lo que me gusta, que siempre es el campo de lo social”.

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Redacción Confidencial

Redacción Confidencial

Confidencial es un diario digital nicaragüense, de formato multimedia, fundado por Carlos F. Chamorro en junio de 1996. Inició como un semanario impreso y hoy es un medio de referencia regional con información, análisis, entrevistas, perfiles, reportajes e investigaciones sobre Nicaragua, informando desde el exilio por la persecución política de la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo.

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